Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 13
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13: Ascension Y Revelación 13: Ascension Y Revelación Día 10, 6:23 AM – Mazmorra, Nivel 5 Bran había peleado antes.
Contra monstruos.
Contra golems.
Contra el Fenrir que había matado a Hana.
Pero nunca había sentido esto.
Seraphine se movía como tormenta viviente.
Su espada trazaba arcos de luz que cortaban el aire mismo.
Cada ataque era letal.
Cada movimiento, perfecto.
Y Bran…
Bran estaba sonriendo.
No era alegría.
Era algo más profundo.
Más oscuro.
Era la sensación de finalmente—después de diez días de supervivencia desesperada—encontrar a alguien que lo empujaba más allá de sus límites.
Era éxtasis de combate.
—Área de Control: cinco metros.
Su dominio se expandió.
Dos metros adicionales no parecían mucho, pero dentro de ese espacio, Bran era absoluto.
Seraphine entró en el área.
Bran manipuló la gravedad.
—Gravedad: multiplicar por tres.
Seraphine se hundió ligeramente, su velocidad reducida por una fracción.
Solo una fracción.
Pero fue suficiente.
Bran lanzó su Segadora del Vacío.
La espada cortó el espacio mismo, dejando una grieta momentánea en la realidad.
Seraphine la bloqueó, pero el impacto la lanzó fuera del área.
—¡Mejor!
—gritó Seraphine, su voz cargada con entusiasmo—.
¡Pero no es suficiente!
Atacó con diez veces más ferocidad.
Mientras Bran peleaba, el resto del equipo no estaba ocioso.
Natsumi había desenvainado su nueva espada del cofre.
Era una obra maestra—hoja de hielo eterno que nunca se derretía, empuñadura tallada con runas antiguas.
La llamó Frostfang.
Cada corte generaba olas de frío extremo.
Natsumi se movía con gracia mortal, sus guantes de hielo amplificando cada hechizo.
Creó una tormenta de cuchillas congeladas que obligaron a Seraphine a defenderse.
Yuki volaba en corrientes de viento, atacando desde ángulos imposibles.
Rei coordinaba relámpagos precisos.
Selene usaba su poder de Calamidades para predecir cada movimiento de Seraphine, gritando advertencias.
Pero Seraphine era inmortal por una razón.
Quinientos años de experiencia.
Quinientos años de combate.
Quinientos años de perfeccionar su arte marcial.
Ella los estaba jugando.
—Suficiente calentamiento —dijo Seraphine.
Su espada brilló con luz cegadora.
Y se dividió.
Una espada se convirtió en dos.
Dos en cuatro.
Cuatro en ocho.
Hasta que treinta y dos espadas de luz flotaban alrededor de ella, cada una moviéndose independientemente.
—Danza de las Mil Espadas: Forma Básica.
Las treinta y dos espadas atacaron simultáneamente.
Bran expandió su dominio desesperadamente.
—¡Área de Control: siete metros!
¡Barrera espacial: máxima!
Veinte espadas rebotaron contra su barrera.
Doce atravesaron.
Una cortó el brazo de Yuki.
Otra atravesó el hombro de Rei.
Tres más rozaron a Natsumi, dejando cortes profundos.
Solo Selene esquivó completamente, su poder de Calamidades permitiéndole ver cada trayectoria fatal.
Bran sintió sangre caliente correr por su costado.
Otra espada lo había alcanzado.
Dolor.
Fatiga.
Maná casi agotado.
Estaban perdiendo.
Y entonces…
Bran lo vio.
No con sus ojos.
Con algo más profundo.
Vio el patrón.
Cada espada seguía una línea invisible.
Cada ataque estaba conectado por hilos de maná.
Y en el centro de todas esas líneas…
El corazón de Seraphine.
Ahí.
Un nudo de energía.
El punto de control de todas las espadas.
—Lo veo…
El mundo se ralentizó.
No realmente.
Era su percepción expandiéndose.
Cada milisegundo se estiraba.
Cada movimiento se volvía predecible.
Esto era el éxtasis.
El momento donde un guerrero trasciende sus límites.
Donde el combate se vuelve arte.
Donde la muerte y la vida bailan en el filo de una navaja.
—Área de Control…
Bran sintió su poder explotar hacia afuera.
No gradualmente.
No controladamente.
Como una presa reventando.
—¡DIEZ METROS!
Su dominio se expandió instantáneamente.
Y dentro de esos diez metros, Bran comprendió.
No era solo Control Espacial.
Era Control de Área Total.
Espacio.
Gravedad.
Elementos.
Todo dentro de su dominio respondía a su voluntad absoluta.
—Maná: restaurar al 100%.
Su maná agotado se rellenó instantáneamente.
No de una fuente externa.
Simplemente porque dentro de su área, él decidía cuánto maná tenía.
—Gravedad en las espadas: multiplicar por cincuenta.
Las treinta y dos espadas cayeron al suelo como rocas.
—Elemento: Rayo.
Electricidad pura erupcionó del aire mismo, convergiendo en Seraphine.
Ella la bloqueó, pero la fuerza del impacto la hizo retroceder.
—Elemento: Oscuridad.
Sombras sólidas envolvieron sus piernas.
—Elemento: Luz.
Un rayo de luz concentrada la cegó temporalmente.
Seraphine liberó una onda de poder que destruyó todo a su alrededor.
Pero Bran ya no estaba ahí.
Se había teletransportado—no con magia, sino simplemente decidiendo estar en otro lugar dentro de su dominio.
Apareció detrás de ella.
—Elemento: Vacío.
Un orbe de nada pura—ausencia de espacio, materia y energía—apareció junto al rostro de Seraphine.
Ella lo esquivó por milímetros, pero el vacío consumió parte de su cabello.
—¡IMPOSIBLE!
—gritó Seraphine, genuinamente alarmada—.
¡Magia del Vacío requiere años de entrenamiento!
¡No puedes simplemente—!
—Dentro de mi área —interrumpió Bran, su voz resonando con poder—, yo soy la ley.
Si decido que existe fuego, existe.
Si decido que existe vacío, existe.
Si decido que tu velocidad es cero…
Seraphine se congeló.
No completamente.
Pero su velocidad se redujo a una décima parte.
—…entonces es cero.
Bran levantó su mano.
Y por primera vez, intentó algo completamente nuevo.
—Elemento: Caos.
El aire alrededor de Seraphine explotó en colores imposibles.
Rojo que no era rojo.
Azul que dolía mirar.
Formas geométricas que no deberían existir en tres dimensiones.
La magia del Caos—la antítesis del orden, la encarnación de la entropía pura.
La magia que distorsiona realidad misma.
Seraphine gritó.
No de dolor.
De sorpresa absoluta.
Liberó toda su energía en una explosión masiva que destruyó el Nivel 5 entero.
Piedra, runas, todo se vaporizó.
Cuando el polvo se asentó, los seis—Bran, Natsumi, Selene, Yuki, Rei y Seraphine—estaban de pie en un cráter de treinta metros.
Seraphine estaba sangrando.
No mucho.
Pero sangrando.
—Ganaste —dijo, sonriendo—.
No puedo creerlo, pero ganaste.
Se sentó en el suelo, riendo.
—Quinientos años.
Quinientos malditos años y un niño de diez días me hace sangrar.
Miró a Bran con respeto genuino.
—Eres más fuerte que el Emperador Eterno a tu edad.
Mucho más fuerte.
Si sobrevives…
si llegas a Altheria…
serás aterrador.
◆ ◆ ◆ CURACIÓN Y DESCUBRIMIENTO Día 10, 7:34 AM – Ruinas del Nivel 5 Yuki se desangraba.
El corte en su brazo era profundo, casi hasta el hueso.
Rei no estaba mejor—el agujero en su hombro sangraba profusamente.
Bran colapsó de rodillas, su maná completamente drenado ahora que el éxtasis había pasado.
El cuerpo cobraba su precio.
—Necesitan curación —dijo Seraphine, su tono ahora serio—.
Y rápido.
Tienen tal vez cinco minutos antes que el sangrado sea crítico.
—No tenemos curandero —respondió Natsumi, presionando su abrigo contra la herida de Yuki.
—Entonces aprende.
Seraphine miró directamente a Bran, luego a Natsumi, luego a Selene.
—Ustedes tres tienen el potencial.
Control de Área, Manipulación Elemental, Predicción de Calamidades.
Todos requieren comprensión profunda de cómo funciona la realidad.
La curación es lo mismo.
Se puso de pie, acercándose a Yuki.
—Curación no es regenerar.
Es restaurar.
Regresar el cuerpo a un estado previo.
El cuerpo recuerda estar entero.
Solo necesitas recordárselo.
Colocó su mano sobre la herida de Yuki.
Luz verde suave emanó de su palma.
La carne comenzó a tejer, la sangre a coagular, el músculo a reconectarse.
En veinte segundos, la herida desapareció.
Como si nunca hubiera existido.
—Magia de Curación: Restauración Menor.
Ahora inténtenlo.
Bran miró su propia mano ensangrentada.
Sentía el maná moverse lentamente de regreso a su núcleo.
Extendió su percepción.
Vio las células.
Vio cómo las rotas gritaban por reconexión.
Vio el patrón de lo que debería ser.
—Restauración…
Luz verde débil apareció alrededor de su herida.
La piel comenzó a cerrarse.
Lentamente.
Dolorosamente.
Pero funcionó.
Natsumi lo intentó en Rei.
Luz verde más brillante—su control elemental le daba ventaja.
La herida del hombro de Rei se cerró en treinta segundos.
Selene curó a Yuki.
Su versión fue diferente—vio la “calamidad” de la herida y simplemente la revirtió.
Los tres lo habían logrado.
Magia de Curación desbloqueada.
—Bien —dijo Seraphine—.
Ahora que no van a morir…
Su expresión se volvió seria.
—Necesitan saber lo que viene.
El Día 15.
◆ ◆ ◆ LA REVELACIÓN FINAL Día 10, 8:12 AM – Ruinas del Nivel 5 Los cinco se sentaron en círculo alrededor de Seraphine.
Ella había conjurado fuego—no mágico, solo calor reconfortante—y miraba las llamas mientras hablaba.
—Los Cálices aparecerán al amanecer del Día 15.
Eso ya lo saben.
Lo que no saben es dónde.
Hizo una pausa.
—Aparecen en la Fortaleza Central.
La base donde los Siete Inmortales hemos vivido por siglos.
Protegida por barreras antiguas.
Rodeada por un ejército de construcciones que hemos acumulado durante cuarenta y nueve ciclos.
Natsumi palideció.
—¿Nos están diciendo que para llegar a los Cálices…
tenemos que atravesar todos ustedes?
—No solo nosotros.
Trescientas construcciones de combate.
Cincuenta golems de obsidiana.
Veinte dragones menores.
Y los Siete, defendiendo con todo nuestro poder.
Silencio absoluto.
—Es battle royale —continuó Seraphine—.
Todos los supervivientes convergiendo en un solo punto.
Luchando unos contra otros.
Luchando contra nosotros.
Luchando contra el ejército.
Solo los que toquen un Cáliz escapan.
—¿Cuántos Cálices hay?
—preguntó Bran, su voz fría.
—Cien.
Siempre cien.
No importa cuántos sobrevivan hasta el Día 15.
Solo cien escapan.
Rei se puso de pie bruscamente.
—¡Eso es imposible!
¡Si hay doscientos supervivientes, la mitad morirá de todas formas!
—Exacto —dijo Seraphine—.
La isla exige su tributo final.
Cuantos más sobrevivan hasta el final, más brutal será el último día.
Se puso de pie, mirando hacia arriba como si pudiera ver a través de treinta metros de roca.
—Ustedes tienen cuatro días para prepararse.
Cuatro días para entrenar.
Cuatro días para decidir si van a luchar solos o juntos.
Miró a Bran.
—Y tú, niño Supremo.
Tienes cuatro días para expandir ese dominio.
Diez metros no serán suficientes.
El Emperador tenía cincuenta cuando enfrentó la prueba final.
Y apenas sobrevivió.
—¿Por qué nos dices esto?
—preguntó Selene—.
¿Por qué ayudarnos?
Seraphine sonrió.
Era una sonrisa triste.
—Porque estoy aburrida.
Quinientos años de lo mismo.
Ciclo tras ciclo.
Los débiles mueren.
Los fuertes sobreviven.
Los Cálices aparecen.
Y comienza de nuevo.
Sus ojos brillaron con algo parecido a la locura.
—Pero tú…
tú eres diferente.
Más fuerte que nadie en cincuenta ciclos.
Si alguien puede romper el patrón, cambiar las reglas, sobrevivir lo imposible…
serás tú.
Comenzó a desvanecerse en luz.
—Nos vemos en cuatro días, Bran Ashford.
En la Fortaleza Central.
Donde o te conviertes en leyenda…
o mueres como todos los demás.
Desapareció.
Los cinco quedaron en silencio.
Procesando.
Comprendiendo la magnitud de lo que venía.
Finalmente, Bran habló.
—Necesitamos encontrar a Steven.
A Zerek.
A Erwan.
A todos los que podamos reunir.
Se puso de pie, ignorando el dolor en su cuerpo.
—Cuatro días.
Entrenaremos.
Nos haremos más fuertes.
Y en el Día 15…
Miró hacia arriba, hacia donde sabía que estaba la superficie.
—…les mostraremos a esos inmortales lo que significa enfrentar al Ciclo 49.
◆ ◆ ◆ Día 10, 9:00 AM – Superficie de la Isla Bran y su grupo emergieron de las ruinas de la mazmorra.
El sol brillaba intensamente—demasiado alegre para lo que acababan de experimentar.
A lo lejos, podían ver humo elevándose desde el centro de la isla.
La Segunda Evaluación había terminado.
Y en algún lugar allá, Steven, Zerek, Erwan y los demás esperaban.
Cinco días restantes.
Cien Cálices.
Un ejército de inmortales.
Y la pregunta que nadie quería hacer en voz alta: ¿Cuántos de ellos verían el Día 16?
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