Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 17
- Inicio
- Todas las novelas
- Fragmentos De Otro Mundo
- Capítulo 17 - 17 Despertar En el Frio
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
17: Despertar En el Frio 17: Despertar En el Frio Día 1 en Altheria – Montañas del Norte, 6:47 AM El dolor fue lo primero que regresó.
Natsumi abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz blanca cegadora que rebotaba en la nieve circundante.
Su cuerpo entero protestaba—cada músculo gritaba, cada articulación crujía.
Los efectos residuales de la batalla en la Isla de la Muerte todavía la perseguían.
Se puso de pie con esfuerzo, sus piernas temblando bajo su peso.
Miró alrededor.
Montañas.
Nieve.
Cielo gris.
Viento cortante.
Y absolutamente ninguna señal de civilización.
—¿Dónde…?
Su voz sonó ronca, áspera.
Cuánto tiempo había estado inconsciente, no lo sabía.
El Cáliz la había transportado aquí—a este páramo congelado en medio de la nada.
Revisó su cuerpo.
La ropa estaba destrozada en varios lugares.
Cortes menores cubrían sus brazos.
Una herida más profunda en su costado sangraba lentamente, la sangre cristalizándose en hielo casi inmediatamente al tocar el aire.
Extendió su mano.
Intentó convocar hielo.
Un pequeño cristal se formó en su palma.
Tembló.
Se disolvió.
—Mierda…
Su maná estaba casi vacío.
La batalla final, el Área de Control de Bran que había restaurado a todos temporalmente, el agujero negro—todo había drenado sus reservas.
Y ahora, sola en un mundo extraño, estaba funcionando con vapores.
Miró hacia el horizonte.
Montañas en todas direcciones.
Pero en la distancia, muy tenuemente, vio algo.
Una columna de humo.
Gris contra el cielo gris.
Humo significaba fuego.
Fuego significaba personas.
Comenzó a caminar.
◆ ◆ ◆ Cinco Horas Después – 11:52 AM Cada paso era agonía.
Natsumi había estado caminando durante cinco horas.
Cinco horas a través de nieve que le llegaba a las rodillas.
Cinco horas luchando contra viento que cortaba como cuchillas.
Cinco horas con una herida en el costado que se negaba a dejar de sangrar completamente.
El humo estaba más cerca ahora.
Mucho más cerca.
Podía ver estructuras—edificios pequeños, tal vez una docena de ellos.
Una aldea.
Sus piernas cedieron.
Cayó de rodillas en la nieve.
La visión se nubló.
El agotamiento finalmente la alcanzaba.
No.
Levántate.
Muévete.
O mueres aquí.
Se obligó a ponerse de pie.
Un paso.
Otro.
Otro más.
La aldea estaba a solo doscientos metros ahora.
Podía ver movimiento.
Figuras humanas.
Y entonces escuchó los gritos.
◆ ◆ ◆ BIENVENIDA A ALTHERIA Aldea de Pinos Blancos – 12:04 PM Natsumi se obligó a moverse más rápido, ignorando el dolor.
Los gritos se volvieron más claros.
No eran gritos de alegría.
Llegó al borde de la aldea y vio la escena.
Doce casas de madera, la mayoría deterioradas por el clima.
En el centro, una plaza pequeña donde veinte aldeanos—hombres, mujeres, algunos niños—estaban arrodillados en la nieve.
Rodeándolos, siete hombres armados.
Espadas, hachas, una ballestas.
Vestían armadura de cuero reforzada con placas de metal.
Bandidos.
O algo peor.
El líder—un hombre grande con cicatriz cruzando su rostro—pateó a un anciano al suelo.
—¡Última oportunidad, viejo!
¿Dónde están escondiendo la comida?
—Ya les dijimos…
—el anciano tosió sangre—.
No tenemos más.
El invierno fue duro…
—¡Mentiras!
El líder levantó su espada.
Natsumi se movió antes de pensarlo conscientemente.
Su mano se extendió.
Maná—lo poco que tenía—fluyó.
Hielo cristalizó en el aire, formando tres estacas del grosor de un brazo.
—Suficiente.
Su voz cortó a través de la plaza.
Los bandidos se giraron.
El líder la miró de arriba abajo.
Una chica adolescente, cubierta de sangre y suciedad, apenas capaz de mantenerse en pie.
Sonrió.
—¿Y quién mierda eres tú?
—Alguien que está teniendo un muy mal día —respondió Natsumi—.
Aléjate de ellos.
Ahora.
El líder rió.
Los otros seis se unieron.
—Escuchen eso, chicos.
La niña ensangrentada nos está dando órdenes.
Hizo un gesto con su mano.
—Mátenla.
Luego continuamos con el viejo.
Tres bandidos se movieron hacia Natsumi.
Espadas desenvainadas.
Confiados.
Ella era solo una chica herida, después de todo.
Natsumi esperó hasta que estuvieron a cinco metros.
Luego liberó las estacas de hielo.
Tres proyectiles atravesaron el aire a velocidad de bala.
El primero atravesó el pecho de un bandido.
El segundo se clavó en el cuello de otro.
El tercero perforó el estómago del último.
Los tres cayeron.
Muertos antes de tocar la nieve.
Silencio absoluto.
El líder miró los cuerpos.
Luego a Natsumi.
Su expresión cambió—de burla a cautela.
—Eres una Despertada…
—Y tú eres un cadáver si no te largas en los próximos diez segundos.
Natsumi convocó más hielo.
Esta vez, docenas de fragmentos pequeños flotaron alrededor de ella como enjambre mortal.
Cada uno afilado como navaja.
El esfuerzo casi la hace colapsar.
Su visión se oscureció momentáneamente.
Pero mantuvo la pose.
Mantuvo los fragmentos flotando.
El líder evaluó la situación.
Cuatro contra una.
Pero ella acababa de matar a tres de sus hombres sin esfuerzo aparente.
Y esos fragmentos de hielo…
Escupió en la nieve.
—Esto no termina aquí, perra.
Vamos a informar a la Hermandad.
Ya verás lo que les pasa a quienes se meten en nuestros asuntos.
—Me muero de miedo.
Ahora lárgate antes de que cambie de opinión sobre dejarlos vivos.
El líder hizo un gesto a los tres restantes.
Se retiraron lentamente, sin dar la espalda a Natsumi.
Cuando estuvieron a veinte metros, corrieron hacia el bosque.
En el momento en que desaparecieron de vista, Natsumi dejó caer los fragmentos de hielo.
Cayeron a la nieve como lluvia cristalina.
Y ella cayó de rodillas.
Maná completamente vacío.
Cuerpo al límite.
Visión oscureciéndose.
Lo último que vio antes de desmayarse fue al anciano corriendo hacia ella, gritando algo que no pudo entender.
Luego, oscuridad.
◆ ◆ ◆ PRIMERAS RESPUESTAS Día 1, 6:34 PM – Casa del Anciano Natsumi despertó en una cama.
No.
No una cama.
Un colchón de paja cubierto con mantas gruesas.
Pero después de cinco horas caminando en nieve, se sentía como lujo.
Se sentó lentamente.
Su cuerpo todavía dolía, pero menos.
Alguien había vendado sus heridas.
La herida del costado estaba limpia, cosida con hilo tosco pero efectivo.
Miró alrededor.
Una habitación pequeña.
Paredes de madera.
Una chimenea ardiendo en la esquina.
Y sentado en una silla junto a la puerta, el anciano que había visto en la plaza.
Sus ojos se encontraron.
—Despertaste —dijo el anciano, su voz suave—.
Bueno.
Temimos que no lo harías.
Has estado inconsciente seis horas.
—¿Dónde…?
—Mi casa.
En Aldea de Pinos Blancos.
Reino del Norte, Continente Glacial.
Continente Glacial.
Así se llamaba este lugar.
—Soy Marcus —continuó el anciano—.
Jefe de esta aldea.
Y tú…
nos salvaste la vida.
—No fue nada.
—Mataste a tres miembros de la Hermandad de Kharos.
Eso definitivamente es algo.
Natsumi frunció el ceño.
—¿Hermandad de Kharos?
Marcus suspiró pesadamente.
—Organización criminal.
Controlan la mayoría de aldeas en las regiones montañosas.
Extorsión, robo, peor.
Hemos estado pagándoles “protección” por años.
Hoy…
no teníamos suficiente.
Se levantó, caminando hacia la ventana.
—Iban a matarme.
A hacer ejemplo.
Gracias a ti, aún respiro.
—Dijeron que iban a informar.
¿Qué significa eso?
Marcus se giró, su expresión sombría.
—Significa que vendrán más.
Muchos más.
La Hermandad no tolera desafíos.
Especialmente de Despertados.
—¿Despertados?
—Personas con poderes mágicos.
Como tú.
Como los que controlan la Hermandad.
Se acercó a ella, bajando la voz.
—Necesitas irte.
Hoy.
Antes de que regresen.
La capital—Ciudad de Glaciem—está a tres días al sur.
Allí estarás más segura.
Hay guardias, autoridad.
La Hermandad no tiene tanto poder allí.
—¿Y ustedes?
—Somos campesinos.
Sobrevivientes.
Encontraremos la forma.
Siempre lo hacemos.
Natsumi miró por la ventana.
El sol se estaba poniendo, tiñendo la nieve de naranja y rosa.
Tres días al sur.
Ciudad de Glaciem.
Un lugar para reagruparse.
Para entender este mundo.
Para encontrar respuestas.
—Está bien.
Me iré mañana al amanecer.
Marcus asintió, aliviado.
—Te daremos provisiones.
No es mucho, pero…
—Es suficiente.
Gracias.
El anciano se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo.
—Una cosa más.
Ten cuidado en el camino.
Últimamente…
han habido desapariciones.
—¿Desapariciones?
—Despertados.
Jóvenes, en su mayoría.
Viajan hacia la capital y nunca llegan.
Algunos dicen que es la Hermandad.
Otros…
otros dicen que es algo peor.
Salió, cerrando la puerta suavemente.
Natsumi se recostó en el colchón de paja, mirando el techo de madera.
Primer día en Altheria.
Ya había matado tres personas.
Ya había hecho enemigos.
Ya había escuchado sobre amenazas misteriosas.
Y de alguna forma, esto le parecía más familiar que aterrador.
Quince días en la Isla de la Muerte la habían preparado para esto.
Cerró los ojos.
Mañana comenzaría el viaje.
Mañana buscaría respuestas.
Pero esta noche…
esta noche descansaría.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com