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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 18

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  4. Capítulo 18 - 18 Hielo vs Fuego
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18: Hielo vs Fuego 18: Hielo vs Fuego Día 2-3 en Altheria – Aldea de Pinos Blancos Natsumi no partió al amanecer como había planeado.

Su cuerpo se rebeló.

Dos días en la Isla de la Muerte, luego la batalla final, luego cinco horas caminando herida en nieve profunda.

Incluso su voluntad tenía límites.

Pasó los siguientes dos días recuperándose.

Marcus y los aldeanos la trataron como heroína—le trajeron comida (poca, pero la mejor que tenían), cambiaron sus vendajes, le dieron ropa nueva.

Durante ese tiempo, Natsumi aprendió sobre Altheria.

Aprendió que el Continente Glacial era uno de 155 continentes.

Que estaba gobernado por múltiples reinos, siendo el Reino del Norte solo uno de ellos.

Que los Despertados eran raros pero no únicos—tal vez uno de cada mil personas tenía poder mágico.

Aprendió sobre los Templos—lugares donde la gente adoraba a dioses que realmente existían y otorgaban bendiciones.

Marcus le habló del Templo de Khione en la capital, donde la Diosa del Hielo Eterno supuestamente residía.

Y aprendió más sobre la Hermandad de Kharos.

Una organización que controlaba el crimen en las regiones del norte.

Extorsión, contrabando, tráfico.

Y según rumores, algo peor.

Algo que involucraba a Despertados desapareciendo.

En la tarde del tercer día, Natsumi finalmente se sintió lo suficientemente recuperada.

Su maná había regresado a aproximadamente 60%.

Sus heridas estaban cerradas.

El dolor era manejable.

Era hora de moverse.

◆ ◆ ◆ Día 4 en Altheria – Camino a Aldea de Río Helado, 2:17 PM El camino desde Pinos Blancos hasta la capital pasaba por otras aldeas.

Marcus le había dado un mapa tosco dibujado en pergamino.

La siguiente parada era Aldea de Río Helado—un día de viaje al sur.

Natsumi caminaba por el sendero nevado, Frostfang colgando de su cadera.

La espada mítica había sobrevivido al transporte desde la Isla.

Pequeño consuelo.

El paisaje era desolador pero hermoso de cierta forma retorcida.

Pinos cubiertos de nieve.

Montañas en la distancia.

Cielo perpetuamente gris.

Había estado caminando cuatro horas cuando vio el humo.

No era como antes.

No era columna de chimeneas domésticas.

Era negro.

Denso.

El tipo de humo que venía de edificios ardiendo.

Aceleró el paso.

◆ ◆ ◆ COBRO DE DEUDAS Aldea de Río Helado – 3:04 PM La aldea estaba bajo ataque.

No.

No ataque.

Extorsión.

Natsumi se ocultó detrás de un edificio en el borde de la aldea, observando la escena en la plaza central.

Veinte hombres armados.

Vestían armadura de cuero con un símbolo grabado—una llama roja rodeada por cadenas.

Rodeaban a los aldeanos que estaban arrodillados en la nieve, aterrorizados.

Pero estos no eran bandidos comunes.

Tres de ellos tenían aura.

Natsumi podía sentirlo—presión en el aire, energía mágica pulsando alrededor de sus cuerpos.

Despertados.

En el centro estaba el líder.

Un hombre de mediana edad con cabello negro peinado hacia atrás, barba recortada, y ojos que brillaban con crueldad casual.

Vestía armadura más elaborada que los demás, con el símbolo de la llama mucho más grande en su pecho.

Estaba contando monedas.

Lentamente.

Deliberadamente.

—Cuarenta y siete monedas de plata —dijo, su voz resonando—.

La mensualidad es cincuenta.

Un anciano—probablemente el jefe de la aldea—se arrodilló más profundo.

—Por favor, señor Castor.

La cosecha fue mala este año.

No tenemos más— —No tenemos más —Castor repitió, su tono burlón—.

¿Saben cuántas veces he escuchado eso?

¿Saben cuánto me importa?

Hizo un gesto.

Uno de sus hombres agarró a una niña—no mayor de ocho años—del grupo de aldeanos.

Ella gritó.

Su madre intentó alcanzarla pero fue golpeada al suelo.

—Tres monedas faltan —continuó Castor—.

Eso son…

¿qué?

¿Tres dedos?

Desenvainó un cuchillo.

La niña lloraba, intentando zafarse del agarre del hombre.

Natsumi sintió algo moverse en su pecho.

No era compasión.

No exactamente.

Era más…

irritación.

Repulsión ante el espectáculo.

Había visto demasiada crueldad innecesaria en la Isla.

Ya estaba harta.

Salió de su escondite.

—Déjala ir.

Veinte cabezas se giraron hacia ella.

Castor levantó una ceja, evaluándola con mirada fría.

—¿Y quién eres tú para dar órdenes?

—Alguien que está cansada de ver matones abusar de gente indefensa.

Castor sonrió.

No fue una sonrisa agradable.

—Ah.

Otra heroína idealista.

¿Sabes cuántas he visto?

¿Sabes dónde terminan?

Hizo un gesto hacia uno de sus Despertados.

Un hombre joven con tatuajes de llamas en sus brazos.

—Thorin.

Enséñale dónde terminan los héroes.

El hombre—Thorin—dio un paso adelante.

Sus tatuajes comenzaron a brillar con luz naranja.

Calor irradió de su cuerpo, derritiendo la nieve a su alrededor.

Despertado de Fuego.

Nivel…

Natsumi estimó.

Épico.

Tal vez Legendario inferior.

Ella era Mítico.

La pelea sería corta.

◆ ◆ ◆ HIELO CONTRA FUEGO Plaza Central – 3:11 PM Thorin no perdió tiempo en conversación.

Lanzó un puño.

Fuego explotó de su brazo en forma de bola ardiente.

Natsumi levantó su mano.

Una pared de hielo cristalino erupcionó del suelo.

La bola de fuego impactó contra ella.

Vapor explotó.

La pared se derritió parcialmente.

Pero aguantó.

Thorin frunció el ceño.

Lanzó dos más.

Luego tres.

Luego una ráfaga continua.

Natsumi mantuvo la pared, reforzándola constantemente.

Cada impacto de fuego derretía una capa.

Cada segundo, ella regeneraba el hielo.

Fuego contra hielo.

Una batalla clásica de elementos opuestos.

Pero había una diferencia.

El fuego de Thorin era caliente.

Poderoso.

Destructivo.

El hielo de Natsumi era absoluto.

Ella dejó caer la pared.

Thorin sonrió, pensando que se estaba rindiendo.

Preparó su ataque más grande—llamas cubriendo ambos brazos.

Natsumi tocó el suelo.

—Tormenta de Escarcha.

Hielo erupcionó en un círculo de veinte metros.

No solo del suelo.

Del aire mismo.

La temperatura cayó instantáneamente treinta grados.

La humedad en el aire cristalizó, formando miles de fragmentos de hielo flotando.

Thorin intentó mantener sus llamas.

Pero el frío era demasiado intenso.

Las llamas parpadearon.

Se redujeron.

Se extinguieron.

Natsumi hizo un gesto con su mano.

Los miles de fragmentos de hielo se movieron como enjambre.

Rodearon a Thorin desde todas direcciones.

—Última oportunidad.

Ríndete.

Thorin miró alrededor.

Vio los fragmentos.

Vio la expresión fría de Natsumi.

Vio que estaba completamente superado.

Levantó sus manos lentamente.

—Me rindo.

Los fragmentos cayeron a la nieve como lluvia.

Castor observó toda la escena con expresión inescrutable.

Luego, sorprendentemente, comenzó a aplaudir.

—Impresionante.

Muy impresionante.

¿Mítico?

¿Tal vez Mítico Superior?

Dio un paso hacia adelante, sin miedo aparente.

—Déjame adivinar.

Eres nueva en Altheria.

¿Días?

¿Una semana como mucho?

Natsumi no respondió.

Pero su silencio fue confirmación suficiente.

—Pensé que sí.

Tienes esa mirada.

La mirada de alguien que aún no entiende cómo funciona este mundo.

Hizo un gesto a sus hombres.

Liberaron a la niña.

Los aldeanos permanecieron inmóviles, aterrorizados de moverse.

—Aquí está la realidad, niña.

Puedes derrotarnos hoy.

Tal vez incluso matarnos a todos.

Pero somos solo una célula.

La Hermandad de Kharos tiene cientos.

Y si matas a esta célula, vendrá otra.

Y otra.

Y otra.

Sonrió.

—Eventualmente, vendrá alguien más fuerte que tú.

Y estos aldeanos pagarán por tu interferencia.

Con interés.

Natsumi apretó los dientes.

Lo odiaba.

Pero tenía razón.

Matar a estos hombres solo pospondría el problema.

Y ella no podía quedarse aquí para siempre protegiendo cada aldea.

—Entonces ¿qué propones?

—Nada.

Solo quiero que entiendas la situación.

Hoy, los aldeanos no pagan las tres monedas.

Porque tú interviniste.

Mañana, el interés será cinco monedas.

Pasado mañana, diez.

Hizo un gesto a sus hombres.

Comenzaron a retirarse.

—Disfruta tu victoria, niña.

Pero recuerda: en Altheria, las victorias pequeñas solo crean problemas más grandes.

Se detuvieron al borde de la plaza.

Castor se giró una última vez.

—Ah.

Una cosa más.

Si estás interesada en entender lo que realmente pasa en este reino…

pregunta sobre las desapariciones.

Pregunta qué les pasa a los Despertados jóvenes que viajan solos.

Sonrió.

—Tal vez descubras que la Hermandad no es tu verdadero enemigo.

Y se fueron.

Veinte hombres desapareciendo en el bosque.

Natsumi se quedó en la plaza, rodeada de aldeanos agradecidos pero aterrorizados.

Había ganado.

Técnicamente.

Entonces ¿por qué se sentía como si hubiera perdido?

◆ ◆ ◆ THORIN Aldea de Río Helado – 5:47 PM Natsumi se quedó en la aldea esa noche.

No porque quisiera.

Porque necesitaba respuestas.

Y las respuestas comenzaron a llegar de una fuente inesperada.

Thorin.

El Despertado de Fuego que había peleado contra ella había regresado.

Solo.

Sin armadura de la Hermandad.

Vestido como civil.

La encontró en la posada de la aldea—un edificio pequeño con seis habitaciones y un comedor comunal.

Entró sin invitación, sentándose frente a ella en la mesa donde estaba comiendo sopa de verduras.

—Necesitamos hablar —dijo sin preámbulo.

Natsumi no dejó de comer.

Pero su mano descansó cerca de Frostfang.

—¿Vienes a vengarte?

—No.

Vengo a advertirte.

Eso capturó su atención.

Lo miró directamente.

—Soy Thorin Ashvale.

Nivel Legendario inferior.

He trabajado para la Hermandad tres años.

Y estoy harto.

—¿Por qué me dices esto?

—Porque eres poderosa.

Porque eres nueva.

Y porque necesitas saber en qué te estás metiendo antes de que sea demasiado tarde.

Se inclinó hacia adelante, bajando la voz.

—La Hermandad de Kharos no es solo una banda criminal.

Es tapadera.

Para algo mucho peor.

—¿Tapadera de qué?

—No lo sé exactamente.

Solo sé que los niveles superiores adoran algo.

Algo que llaman “La Llama Eterna”.

Tienen templos ocultos.

Realizan rituales.

Y…

Hizo una pausa, su expresión oscureciéndose.

—Y secuestran Despertados.

Jóvenes.

Poderosos.

Los que nadie extrañará.

Natsumi se puso tensa.

—Las desapariciones.

—Exacto.

No son accidentes.

No son monstruos.

Es la Hermandad.

O más específicamente, el culto dentro de la Hermandad.

—¿Para qué los secuestran?

—No lo sé.

Sacrificios, tal vez.

Experimentación.

Lo que sea, no es nada bueno.

He visto a tres de mis compañeros desaparecer después de “ascender” a los niveles superiores de la organización.

Sacó un mapa pequeño, deslizándolo sobre la mesa.

—Aquí.

Montañas del Este, dos días desde la capital.

Hay un templo.

Oculto.

La mayoría de la Hermandad no sabe que existe.

Pero yo lo vi una vez, por accidente.

Señaló una marca en el mapa.

—Si quieres respuestas sobre las desapariciones, empieza ahí.

Pero ten cuidado.

Lo que sea que están haciendo…

involucra poder real.

Poder divino, tal vez.

—¿Por qué me ayudas?

¿Por qué no investigas tú mismo?

Thorin rió amargamente.

—Porque soy Legendario inferior.

Tú eres Mítico.

Si yo investigo, muero.

Si tú investigas…

tal vez tengas oportunidad.

Se puso de pie.

—Además, me humillaste hoy.

Completamente.

Y de forma extraña…

fue liberador.

Me mostró que no soy tan fuerte como pensaba.

Que seguir órdenes de matones no me hace poderoso.

Solo me hace cómplice.

—¿Y ahora qué harás?

—Desertar.

Huir al sur.

Comenzar de nuevo.

Y esperar que la Hermandad no me encuentre.

Caminó hacia la puerta, pero se detuvo.

—Una última cosa.

Si vas a ese templo…

no vayas sola.

No importa qué tan poderosa seas.

Lo que sea que están adorando allí, es más fuerte que tú.

Salió en la noche.

Natsumi miró el mapa.

Una marca simple en tinta negra.

Montañas del Este.

Templo Oculto.

Desapariciones de Despertados.

Un culto.

Rituales.

Algo que involucraba poder divino.

No era heroísmo lo que la empujaba a investigar.

Era curiosidad.

Y algo más profundo—el instinto de supervivencia.

Si había algo en este continente que estaba cazando a Despertados jóvenes y poderosos, ella necesitaba saber qué era.

Antes de que la cazaran a ella.

Dobló el mapa, guardándolo en su bolsillo.

Mañana continuaría hacia la capital.

Necesitaba información.

Recursos.

Tal vez aliados.

Y luego…

luego iría a las Montañas del Este.

A descubrir qué demonios estaba pasando con la Hermandad de Kharos y su “Llama Eterna”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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