Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 20
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20: Los Marcados 20: Los Marcados Almacén Abandonado – 9:34 PM Natsumi arrastró al Legendario dentro del almacén.
Lo ató con hielo sólido a una columna de soporte.
Suficientemente fuerte para inmovilizarlo.
Suficientemente frío para recordarle que su vida dependía de su cooperación.
Se sentó frente a él, Frostfang descansando sobre sus rodillas.
—Nombre —ordenó.
El hombre escupió sangre.
—Vete al infierno.
Natsumi extendió su mano.
Un fragmento de hielo se formó en su palma.
Lo acercó al ojo del hombre.
—Puedo hacer esto doloroso.
O puedo hacer esto rápido.
Tú eliges.
El fragmento tocó su párpado.
Comenzó a congelarse.
—¡Espera!
¡Espera!
Koros.
Mi nombre es Koros.
Natsumi retiró el fragmento.
—Mejor.
Ahora dime.
¿Por qué me emboscaron?
—Ya te lo dije.
Estabas haciendo preguntas— —No.
La verdadera razón.
Me estaban esperando aquí específicamente.
En este lugar.
¿Por qué?
Koros vaciló.
Natsumi acercó el fragmento de nuevo.
—¡Está bien!
Está bien…
Este lugar es uno de nuestros puntos de recolección.
Traemos a los…
objetivos aquí antes de transportarlos.
—¿Objetivos?
—Los Despertados que desaparecen.
Los capturamos.
Los traemos aquí.
Luego…
Se detuvo.
—Luego ¿qué?
—Los entregamos.
—¿A quién?
Silencio.
Natsumi presionó el fragmento contra su mejilla.
La piel comenzó a congelarse.
Negro azulado.
Necrosis por congelación.
—¡A los Sacerdotes!
¡A los malditos Sacerdotes de la Llama Eterna!
Natsumi retiró el fragmento.
La Llama Eterna.
El culto que Thorin había mencionado.
—¿Por qué los Sacerdotes quieren Despertados?
—No lo sé.
Lo juro.
Solo sigo órdenes.
Capturamos personas con ciertos…
rasgos.
Los entregamos.
Nos pagan.
Eso es todo.
—¿Qué rasgos?
—Los Marcados.
Natsumi frunció el ceño.
—¿Los Marcados?
—Así los llaman.
Despertados con poderes raros.
Poderosos.
Los que no encajan en categorías normales.
Los Sacerdotes tienen una lista.
Buscan tipos específicos de magia.
Hizo una pausa, mirándola directamente.
—Tú eres una de ellas.
Por eso te queríamos capturar.
Tu hielo es diferente.
Más frío que el hielo normal.
Más…
puro.
Eso te marca.
Natsumi procesó esa información.
Los Marcados.
Despertados con poderes únicos siendo cazados.
Y ella era uno de ellos.
—¿Dónde los llevan después de capturarlos?
—No puedo decirte eso.
Si lo hago, me matarán.
Los Sacerdotes tienen formas de saber— —Y yo te mataré ahora si no hablas —interrumpió Natsumi, su voz fría como el hielo que la rodeaba—.
Elige: muerte segura en diez segundos, o muerte posible después.
Koros tragó saliva.
Sus ojos se movieron entre Frostfang y el fragmento de hielo flotando cerca de su rostro.
—Laboratorio.
Hay un laboratorio.
A las afueras de la ciudad.
Cinco kilómetros al este.
Edificio de piedra gris, oculto en un valle pequeño.
Ahí es donde los llevan primero.
—¿Y después?
—No lo sé.
Nunca he entrado.
Solo los Sacerdotes y los guardias de élite tienen acceso.
Lo que hacen adentro…
solo Dios sabe.
Natsumi se puso de pie.
Tenía lo que necesitaba.
—Una última pregunta.
¿Cuántos han capturado?
—En las últimas dos semanas…
veintitrés.
De toda la región norte.
Veintitrés personas.
Veintitrés Despertados con poderes raros desaparecidos.
Probablemente experimentados.
Torturados.
O peor.
Natsumi sintió algo oscuro moverse en su pecho.
No era compasión exactamente.
Era…
indignación.
Repulsión ante el desperdicio.
Estas personas habían sobrevivido al despertar de sus poderes.
Habían luchado para dominarlos.
Y ahora eran tratadas como ganado.
—¿Alguno de ellos…?
Se detuvo.
No sabía cómo preguntar sin revelar demasiado.
—¿Alguno de ellos era de otro mundo?
¿Como yo?
Koros la miró confundido.
—¿Otro mundo?
¿De qué hablas?
Así que no sabía sobre los Ciclos.
Bien.
Menos complicaciones.
—Olvídalo.
Se giró para irse.
—¡Espera!
¿Qué hay de mí?
¿Me vas a dejar aquí?
Natsumi lo miró sobre su hombro.
—El hielo se derretirá en tres horas.
Para entonces, ya estaré lejos.
Si tienes suerte, nadie te encontrará antes de que puedas escapar.
—¡Pero los Sacerdotes!
¡Si descubren que hablé—!
—Entonces te sugiero que corras muy lejos, muy rápido.
Salió del almacén, dejándolo atado y gritando.
◆ ◆ ◆ # PATRONES EN LA OSCURIDAD **Posada “La Estrella Congelada” – 11:47 PM** Natsumi no durmió esa noche.
No podía.
Estaba sentada en su habitación, una vela encendida en la mesa, mapas y notas dispersas frente a ella.
Había pasado las últimas dos horas regresando al Gremio de Aventureros, preguntando discretamente sobre desapariciones.
Había sobornado al recepcionista nocturno con veinte monedas de plata para acceder a los registros.
Y ahora tenía nombres.
Fechas.
Ubicaciones.
Tipos de poder.
Veintitrés Despertados desaparecidos en dos semanas: **Lista de Desaparecidos:** 1.
Markus Vell – Rayo (Legendario) – Distrito Bajo 2.
Lyra Snow – Cristal (Épico) – Mercado Norte 3.
Daren Frost – Sombra Viviente (Mítico) – Calle Frost 4.
Elena Brightwind – Luz Curativa (Legendario) – Templo de Khione 5.
Viktor Ironbane – Magnetismo (Épico) – Herrería Central 6.
Mira Voidwalker – Vacío Menor (Mítico) – Gremio de Magos 7-23.
[Nombres continúan…] Natsumi estudió los patrones.
**Patrón 1: Tipo de Poder** Todos tenían magias raras o únicas.
No simples elementales.
No fuego común o agua básica.
Eran Rayo, Cristal, Sombra Viviente, Magnetismo, Vacío.
Poderes que no encajaban en categorías estándar.
**Patrón 2: Nivel de Poder** Ninguno era débil.
El más bajo era Épico.
La mayoría eran Legendarios.
Cuatro eran Míticos.
Personas valiosas.
Personas que podían defenderse.
Y aun así desaparecieron sin lucha aparente.
**Patrón 3: Ubicaciones** La mayoría desaparecieron en el Distrito Bajo o sus alrededores.
Tres cerca del Templo de Khione.
Uno en el Gremio de Magos.
Lugares con poca vigilancia militar.
O lugares religiosos.
**Patrón 4: Tiempo** Todos en las últimas dos semanas.
Y la frecuencia estaba aumentando.
Uno por día al principio.
Tres en los últimos dos días.
Sea lo que sea que estén haciendo, se estaban apresurando.
Natsumi se recostó en su silla, mirando las notas.
Veintitrés personas.
Todas con poderes únicos.
Todas llevadas a un laboratorio en las afueras de la ciudad.
¿Para qué?
¿Experimentación?
¿Drenaje de poder?
¿Sacrificio?
Y más importante…
¿alguno de ellos era del Ciclo 49?
Cien supervivientes habían escapado de la Isla de la Muerte.
Dispersados por 155 continentes.
Las probabilidades de que alguno terminara en este continente específico eran bajas.
Pero no imposibles.
Bran.
Zerek.
Erwan.
Selene.
Steven.
Kael.
Damien.
Cassian.
¿Alguno de ellos estaba aquí?
¿Alguno había sido capturado?
Necesitaba saberlo.
Miró el mapa que Koros había descrito.
Cinco kilómetros al este.
Valle pequeño.
Edificio de piedra gris.
Podía ir ahora.
Esta misma noche.
Infiltrarse.
Buscar respuestas.
O podía esperar.
Planear.
Reunir más información.
La prudencia sugería esperar.
Pero algo en su pecho—una urgencia que no podía explicar—la empujaba a moverse.
Se puso de pie.
Revisó su equipo.
Frostfang.
Tres dagas de hielo en su cinturón.
Suficientes provisiones.
◆ ◆ ◆ # PREPARATIVOS EN LA OSCURIDAD Natsumi no salió inmediatamente.
Primero, había trabajo que hacer.
Se acercó a la ventana de su habitación.
La ciudad dormía bajo una capa de nieve fresca.
Las linternas de las calles parpadeaban débilmente, proyectando sombras largas entre los edificios.
Extendió su mano.
Sintió el frío nocturno responder a su llamado.
Pequeños cristales de hielo comenzaron a formarse en el aire, girando lentamente alrededor de sus dedos.
Durante los últimos tres días, había estado experimentando con su poder.
Empujando sus límites.
El Hielo Absoluto no era solo congelación—era control total sobre la temperatura a nivel molecular.
Podía crear hielo que nunca se derretía.
Hielo más duro que el acero.
Hielo tan frío que quemaba como fuego.
Pero también podía hacer algo más sutil.
Cerró los ojos.
Concentró su poder en una sola gota de agua flotando frente a ella.
La congeló.
Luego la descongeló.
Luego la volvió a congelar, pero esta vez formando una estructura específica.
Un cristal.
No natural.
Artificial.
Con una forma geométrica perfecta.
Lo sostuvo entre sus dedos.
Brillaba débilmente bajo la luz de la vela.
Un marcador.
Una señal.
Algo que podía dejar atrás para rastrear su camino.
Creó seis más.
Los guardó en una pequeña bolsa de cuero.
Luego se acercó al espejo.
Estudió su reflejo.
Cabello negro.
Ojos azules pálidos.
Rostro angular.
Cicatrices apenas visibles en su cuello y brazos—recuerdos de la Isla de la Muerte.
Se parecía a una Despertada común.
Nada especial.
Nada que llamara la atención.
Pero su hielo…
su hielo era diferente.
Koros lo había dicho.
Más puro.
Más frío.
Los Sacerdotes podían detectarlo.
Eso la hacía un objetivo.
Necesitaba ser cuidadosa.
Se cambió de ropa.
Dejó su armadura ligera de cuero.
En su lugar, usó prendas oscuras—pantalones negros, túnica gris, capa marrón con capucha.
Nada que reflejara luz.
Nada que hiciera ruido.
Revisó sus armas.
Frostfang estaba afilada.
Las dagas de hielo eran sólidas.
Creó dos más—cuchillos delgados, casi invisibles bajo la luz tenue.
Finalmente, tomó una pequeña cantimplora.
La llenó con agua.
Si necesitaba más hielo durante la misión, el agua sería su materia prima.
Estaba lista.
Miró por la ventana una última vez.
La ciudad seguía dormida.
Silenciosa.
Ajena al peligro que acechaba en sus sombras.
Natsumi abrió la ventana.
El viento frío golpeó su rostro.
Olía a nieve y a humo distante.
Saltó.
Aterrizó en el callejón detrás de la posada.
Sus botas apenas hicieron ruido contra la nieve acumulada.
Se quedó quieta por un momento, escuchando.
Ningún sonido.
Ningún movimiento.
Bien.
Comenzó a moverse hacia el este.
Evitando las calles principales.
Manteniéndose en las sombras.
Sus pasos eran ligeros, silenciosos—años de entrenamiento en sigilo durante el Ciclo 49 no se olvidaban fácilmente.
Pasó junto a un grupo de guardias patrullando.
Se escondió detrás de una pila de cajas, conteniendo la respiración.
Los guardias pasaron sin notar su presencia.
Siguió adelante.
Cruzó el Distrito Bajo.
Pasó las murallas exteriores de la ciudad a través de un punto débil que había identificado días atrás—una sección donde los guardias rara vez miraban, oculta por árboles y nieve.
Y finalmente, salió de Frosthold.
El paisaje se extendía frente a ella.
Campos nevados.
Bosques oscuros.
Montañas distantes bajo un cielo estrellado.
Y al este, a cinco kilómetros de distancia, oculto en algún valle pequeño…
Un laboratorio.
Con respuestas.
Con víctimas.
Y posiblemente, con supervivientes del Ciclo 49.
Natsumi apretó el mango de Frostfang.
Y salió en la noche.
Hacia el este.
Hacia el laboratorio.
Hacia respuestas.
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