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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Llamas Negras
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22: Llamas Negras 22: Llamas Negras Día 6 en Altheria – En ruta a Ciudad de Glaciem, 3:12 AM Natsumi corría con quince personas debilitadas siguiéndola.

No era ideal.

No era rápido.

Pero era lo mejor que podía hacer.

El laboratorio ardía detrás de ellos, columnas de humo negro elevándose hacia el cielo nocturno.

Y a lo lejos, hacia la capital, veía luces rojas.

No de edificios en llamas.

De magia.

De batalla.

El ataque había comenzado.

Daren Frost, el Despertado de Sombra Viviente, se tambaleaba a su lado.

Estaba débil, drenado por días conectado a esas máquinas malditas, pero su determinación lo mantenía en pie.

—¿Cuánto falta?

—jadeó.

—Tres kilómetros.

Aguanta.

Elena Brightwind, la Despertada de Luz Curativa, había logrado estabilizar a los más heridos usando lo poco que le quedaba de maná.

Pero incluso ella se veía al borde del colapso.

Viktor Ironbane, el de Magnetismo, ayudaba a cargar a dos que no podían caminar.

Eran un grupo patético.

Heridos.

Exhaustos.

Apenas capaces de defenderse.

Y estaban corriendo directamente hacia una zona de guerra.

Natsumi apretó los dientes.

No había otra opción.

Dejarlos aquí significaba muerte segura cuando la Hermandad los encontrara.

Al menos en la capital habría guardias.

Muros.

Alguna forma de protección.

Esperaba.

◆ ◆ ◆ CAMPO DE BATALLA Murallas Sur de Ciudad de Glaciem – 3:47 AM Llegaron a la capital para encontrarla bajo asedio total.

Las murallas sur estaban cubiertas de soldados defendiendo.

Flechas volaban en ambas direcciones.

Escaleras de asedio se apoyaban contra las piedras.

Y abajo, en el campo abierto frente a la ciudad, un ejército de al menos dos mil combatientes vestidos con las insignias de la Hermandad de Kharos atacaba en oleadas organizadas.

Pero no era solo un ejército normal.

Natsumi vio Despertados.

Docenas de ellos.

Lanzando fuego, rayo, viento contra las defensas.

Creando brechas que los soldados comunes explotaban.

Y en el centro de todo, coordinando el ataque…

Una figura que brillaba con fuego negro.

No rojo.

No naranja.

Negro.

Llamas oscuras como la noche que no daban luz, solo calor distorsionado que hacía temblar el aire.

El hombre era alto, tal vez dos metros.

Vestía armadura de placas negras con el símbolo de la llama grabado en el pecho.

Su cabello era blanco como nieve, contrastando dramáticamente con su armadura oscura.

Y sus ojos…

incluso a distancia, Natsumi podía ver que brillaban con intensidad roja.

Levantó su mano.

Fuego negro se concentró en su palma, creciendo hasta formar una esfera del tamaño de un carruaje.

La lanzó hacia las murallas.

El impacto fue devastador.

Una sección de veinte metros de muro simplemente se desintegró.

No explotó.

No se derrumbó.

Se evaporó, como si nunca hubiera existido.

Quince soldados murieron instantáneamente.

Treinta más cayeron de las murallas, gritando.

—Dios mío…

—susurró Daren—.

¿Qué es eso?

—Poder Mítico —respondió Natsumi, su voz tensa—.

Igual que yo.

Pero su control…

es monstruoso.

Necesitaba tomar una decisión.

Llevar a los quince prisioneros rescatados directamente a la ciudad significaba atravesar el campo de batalla.

Pero esconderse aquí significaba dejarlos vulnerables.

Una voz gritó desde las murallas.

—¡Refuerzos desde el norte!

¡Abran la Puerta Este!

Puerta Este.

Estaba en el flanco, lejos del ataque principal.

Esa era su oportunidad.

—Síganme.

Todos.

Manténganse juntos y corran cuando yo diga.

Comenzaron a rodear el campo de batalla, manteniéndose ocultos detrás de colinas y árboles.

Estaban a mitad de camino cuando el hombre del fuego negro se giró.

Sus ojos rojos se fijaron directamente en Natsumi.

Y sonrió.

◆ ◆ ◆ EL CORONEL Campo de Batalla – 4:02 AM El hombre desapareció del centro del campo de batalla.

Y reapareció a cincuenta metros de Natsumi.

No corrió.

No voló.

Simplemente estaba ahí, como si el espacio entre los dos puntos no significara nada.

Natsumi empujó a los rescatados detrás de ella.

—Corran.

Ahora.

Puerta Este.

¡CORRAN!

Daren vaciló.

—Pero tú— —¡Yo los alcanzaré!

¡MUÉVANSE!

Los quince corrieron.

Algunos tropezando, otros ayudándose mutuamente.

Pero se movían.

Natsumi se giró hacia el hombre del fuego negro.

Desenvainó a Frostfang.

El hombre se acercó lentamente, sin prisa.

Como si supiera que ella no iría a ninguna parte.

Cuando estuvo a diez metros, se detuvo.

—Natsumi Yukimura —su voz era profunda, resonante—.

La Mítico de Hielo que ha estado causando problemas.

Destruiste el laboratorio.

Liberaste a nuestros sujetos.

Mataste a doce de mis hombres en dos días.

Hizo una pausa.

—Impresionante para alguien que lleva menos de una semana en Altheria.

—¿Quién eres?

—Coronel Varek Thorne.

Líder regional de la Orden de la Llama Eterna.

Y el hombre que va a capturarte.

Fuego negro comenzó a manifestarse alrededor de sus manos.

No explosivo.

Controlado.

Como extensiones vivas de su voluntad.

—Eres una Marcada.

Tu hielo es más puro que cualquier cosa que hayamos visto.

Serás una adición valiosa al Gran Ritual.

—No me dejaré capturar.

—No te estoy dando opción.

Atacó.

No con un gran movimiento.

No con advertencia.

Solo un movimiento de muñeca y una lanza de fuego negro atravesó el aire hacia el pecho de Natsumi.

Ella creó un muro de hielo.

La lanza lo atravesó como si no existiera.

Natsumi se ladeó en el último segundo.

El fuego negro pasó rozando su costado, quemando a través de su ropa y dejando una línea de dolor ardiente en su piel.

Imposible.

Mi hielo nunca— Otra lanza.

Esta vez desde arriba.

Natsumi rodó.

La lanza impactó el suelo y lo derritió, creando un cráter de tres metros.

Contraatacó.

Veinte estacas de hielo convergiendo desde todas direcciones.

Varek las evaporó con una onda de fuego negro.

Ni siquiera se molestó en esquivar.

—Tu hielo es fuerte —comentó casualmente—.

Pero el Fuego Negro consume todo.

Hielo.

Metal.

Carne.

Magia misma.

Nada puede resistirlo.

Chasqueó sus dedos.

Cincuenta lanzas de fuego negro aparecieron flotando alrededor de él.

Todas apuntando a Natsumi.

—Última oportunidad.

Ríndete y vive.

Resiste y te capturaré de todas formas, pero sufriendo.

Natsumi calculó.

Su maná estaba a 40% después de la infiltración y las batallas previas.

Varek parecía fresco, descansado, completamente en control.

No podía ganar.

No así.

Pero tampoco podía rendirse.

—Dominio de Hielo: Tormenta Absoluta.

Liberó todo su poder de una vez.

La temperatura en cien metros cayó a -80°C.

Hielo cristalizó en el aire, formando miles de fragmentos.

El suelo se congeló en una capa de medio metro.

Las cincuenta lanzas de fuego negro temblaron.

Se debilitaron.

Pero no desaparecieron.

Varek rió.

—Bien.

Muéstrame de qué eres capaz.

Lanzó las cincuenta lanzas.

◆ ◆ ◆ # DERROTA Campo de Batalla – 4:17 AM Natsumi bloqueó veinte lanzas con muros de hielo multicapa.

Esquivó quince más.

Desvió diez con torbellinos de hielo.

Las últimas cinco la alcanzaron.

Una atravesó su hombro izquierdo.

Otra su muslo derecho.

La tercera su costado.

La cuarta rozó su espalda.

La quinta perforó su brazo.

El dolor fue indescriptible.

No era solo quemadura.

Era consumición.

Como si el fuego negro estuviera comiéndose su carne, su magia, su esencia misma.

Cayó de rodillas.

Frostfang resbaló de su mano.

Varek caminó hacia ella lentamente.

Sin prisa.

Ya había ganado.

—Luchaste bien.

Para ser novata.

Pero no eres rival para alguien con quinientos años de experiencia.

Quinientos años.

Eso significaba…

—Eres de un Ciclo anterior —jadeó Natsumi, sangre goteando de su boca.

—Ciclo 46.

Hace quinientos años exactos.

Sobreviví la Isla de la Muerte.

Llegué a Altheria.

Y decidí que este mundo necesitaba…

corrección.

Se agachó frente a ella.

—El Gran Ritual completará esa corrección.

Y tú, querida niña, serás parte de él.

Extendió su mano hacia ella.

Y entonces algo explotó en el campo de batalla detrás de él.

Una columna de fuego naranja—no negro, normal—erupcionó desde las murallas de la ciudad.

Varek se giró, frunciendo el ceño.

—Refuerzos…

Miró a Natsumi.

Luego hacia la batalla.

Evaluando.

—Tienes suerte.

El ataque principal requiere mi atención.

Pero no importa.

Volveré por ti.

Y cuando lo haga…

Sonrió.

—No habrá escapatoria.

Desapareció en una explosión de fuego negro.

Natsumi colapsó completamente.

El dolor la consumía.

Su visión se oscurecía.

Sangre se acumulaba bajo su cuerpo.

Intentó moverse.

Falló.

Su cuerpo no respondía.

Voy a morir aquí…

Escuchó pasos acercándose.

Múltiples personas.

Voces hablando urgentemente.

Una voz familiar.

—¡Aquí!

¡La encontré!

¡Rápido, ayúdenme a cargarla!

Thorin.

Thorin Ashvale, el Despertado de Fuego que había desertado de la Hermandad.

Sintió manos levantándola.

Dolor explotó en cada herida.

Gritó.

—Lo siento, lo siento.

Tenemos que moverte.

Aguanta.

Por favor, aguanta.

◆ ◆ ◆ EXTRACCIÓN Campo de Batalla – 4:21 AM Natsumi apenas podía procesar lo que estaba pasando.

Su mente flotaba entre la consciencia y la inconsciencia, el dolor anclándola cruelmente al presente.

Thorin la cargaba sobre su hombro.

No delicadamente.

No había tiempo para delicadeza.

Corría, y cada paso enviaba oleadas de agonía a través de las heridas perforadas por el fuego negro.

—¡Soldado!

¡Necesito cobertura!

—gritó Thorin.

Una voz respondió.

Masculina.

Joven.

Disciplinada.

—¡Entendido, señor!

¡Formación defensiva!

Natsumi intentó abrir los ojos.

Lo logró parcialmente.

Vio borroso a tres soldados—todos Despertados—formando un semicírculo protector alrededor de Thorin mientras corría.

Uno lanzaba muros de tierra.

Otro disparaba ráfagas de viento para desviar proyectiles.

El tercero creaba escudos de luz translúcida.

Estaban retirándose hacia la Puerta Este.

La misma ruta que los quince rescatados habían tomado.

Una explosión sacudió el suelo cerca de ellos.

Natsumi sintió el calor.

Escuchó gritos.

Uno de los soldados cayó, su escudo destrozado por un proyectil de fuego.

—¡Siguen adelante!

—ordenó el soldado herido—.

¡Yo los cubro!

No esperaron para ver si sobrevivía.

Thorin siguió corriendo.

Sus pulmones debían estar ardiendo.

Su maná casi agotado.

Pero no se detuvo.

Finalmente, después de lo que parecieron horas pero probablemente fueron solo tres minutos, cruzaron el umbral de la Puerta Este.

Las puertas masivas se cerraron detrás de ellos con un estruendo ensordecedor.

Thorin colapsó, dejando a Natsumi en el suelo con tanto cuidado como pudo en su estado exhausto.

—Médico…

—jadeó—.

Necesitamos un médico…

¡AHORA!

Una mujer apareció.

Mayor.

Cabello gris.

Túnica blanca manchada de sangre—no suya, de otros pacientes.

—Déjamela ver.

Se arrodilló junto a Natsumi.

Sus manos brillaron con luz verde pálida.

Magia curativa.

Pero cuando tocó las heridas de fuego negro, la luz titubeó.

Se apagó.

La mujer frunció el ceño.

—Esto no es quemadura normal.

Es corrupción mágica.

El fuego negro está consumiendo su esencia.

Si no lo extraigo pronto…

—¿Cuánto tiempo tiene?

—preguntó Thorin, su voz tensa.

—Horas.

Tal vez menos.

—¿Puedes salvarla?

La sanadora vaciló.

—Puedo intentarlo.

Pero necesito un espacio tranquilo.

Y ayuda.

Esta corrupción es profunda.

—Llévala al Templo de Khione —dijo una voz nueva.

Natsumi giró su cabeza débilmente.

Era Daren Frost.

Los quince rescatados estaban ahí, observando con expresiones preocupadas.

—El Templo tiene sanadores especializados —continuó Daren—.

Si alguien puede curar corrupción de fuego negro, son ellos.

Thorin asintió.

—Ayúdenme a cargarla.

Entre Thorin, Daren y Viktor, levantaron a Natsumi y comenzaron a moverse hacia el interior de la ciudad.

La oscuridad la reclamó.

Pero antes de perder completamente la consciencia, escuchó algo.

Una voz.

No de las personas a su alrededor.

Más profunda.

Resonando desde dentro de su propia mente.

“Interesante.

Muy interesante.

El fuego negro está intentando consumirte.

Pero tu hielo…

tu Hielo Absoluto…

está resistiendo.

Luchando.

Adaptándose.” Era la voz del sistema.

El mismo que le había otorgado su poder en la Isla de la Muerte.

“Si sobrevives esto, serás más fuerte.

El fuego negro dejará una marca.

Una cicatriz mágica.

Pero también…

una oportunidad.” —¿Qué…

oportunidad…?

—susurró Natsumi, su voz apenas audible.

“Sobrevive primero.

Luego te mostraré.” La voz desapareció.

Y Natsumi se hundió en la oscuridad total.

◆ ◆ ◆ SANTUARIO Templo de Khione – 5:03 AM Cuando Natsumi recuperó algo de consciencia, estaba en una habitación blanca.

No solo blanca.

Pura.

Pristina.

Como si la esencia misma de la limpieza hubiera sido destilada en arquitectura.

Las paredes eran mármol blanco veteado con líneas azules.

El techo era cristal, mostrando el cielo pre-amanecer.

Y en el centro de la habitación, una estatua de hielo tallada con perfección imposible—una mujer de belleza etérea sosteniendo un cetro de escarcha.

Khione.

La Diosa del Invierno.

Natsumi estaba acostada en una cama de piedra cubierta con mantas gruesas.

Su cuerpo todavía dolía, pero el dolor agudo había sido reemplazado por un entumecimiento frío.

Miró sus heridas.

Estaban cubiertas con vendajes imbuidos con magia de hielo.

Podía sentir la energía fluyendo—no curativa exactamente, sino contenedora.

Manteniendo la corrupción del fuego negro en jaque.

—Estás despierta.

La voz venía de su izquierda.

Natsumi giró la cabeza.

Una mujer joven—quizás veinticinco años—estaba sentada en una silla de madera simple.

Vestía túnicas azul pálido con el símbolo de Khione bordado en el pecho.

Su cabello era rubio platino, casi blanco.

Y sus ojos eran azules cristalinos.

Una sacerdotisa.

—¿Dónde…

estoy?

—Templo de Khione.

Ala de sanación.

Has estado inconsciente por dos horas.

Dos horas.

Eso significaba que era casi el amanecer.

—¿El ataque?

—Continúa.

Pero la ciudad está resistiendo.

Las murallas sur fueron comprometidas, pero los defensores establecieron una segunda línea.

Por ahora, estamos sosteniendo.

La sacerdotisa se puso de pie, acercándose a la cama.

—Soy Hermana Livia.

He estado tratando tus heridas.

El fuego negro es…

problemático.

Normalmente requeriría meses de tratamiento.

Pero tu hielo…

es diferente.

Tocó uno de los vendajes.

Brilló con luz azul tenue.

—Tu magia está luchando contra la corrupción desde dentro.

Adaptándose.

Evolucionando.

Nunca he visto algo así.

—¿Voy a sobrevivir?

Livia asintió lentamente.

—Sí.

Pero las cicatrices permanecerán.

Mágicas y físicas.

Natsumi cerró los ojos.

Sobrevivir era suficiente.

Por ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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