Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 23
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23: Revelaciones En La Oscuridad 23: Revelaciones En La Oscuridad Día 7 en Altheria – Ubicación Desconocida, 2:47 PM Natsumi despertó con dolor pulsando en cada centímetro de su cuerpo.
Abrió los ojos lentamente.
Techo de madera.
Paredes de piedra.
Una ventana pequeña dejando entrar luz gris.
Estaba acostada en un colchón duro cubierto con mantas ásperas.
Intentó sentarse.
Dolor explotó en su hombro, muslo, costado.
Jadeó, cayendo de regreso.
—No te muevas todavía —una voz familiar dijo desde la esquina.
Thorin estaba sentado en una silla desgastada, vestido con ropa civil simple.
Se veía cansado.
Ojeroso.
Pero vivo.
—¿Dónde…?
—Casa segura.
A tres kilómetros de la capital.
Pertenece a un amigo que me debe favores.
Nadie sabe que estamos aquí.
Se levantó, acercándose con una taza de agua.
—Bebe.
Despacio.
Natsumi tomó la taza con manos temblorosas.
El agua estaba fría, refrescante.
La ayudó a aclarar su mente.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Treinta y seis horas.
Casi mueres.
Las heridas del Fuego Negro no sanan normalmente.
Tuve que encontrar a un curandero dispuesto a arriesgar su vida por una fugitiva.
—¿Fugitiva?
Thorin suspiró.
—Destruiste un laboratorio de la Hermandad.
Liberaste prisioneros valiosos.
Y peleaste contra el maldito Coronel Varek Thorne.
La Hermandad ha puesto una recompensa de mil monedas de oro por tu cabeza.
Viva, preferiblemente.
Mil monedas de oro.
Suficiente para vivir cómodamente por años.
Natsumi maldijo internamente.
—¿Y tú?
¿Por qué me ayudaste?
—Porque eres la primera persona en años que me hizo darme cuenta de que seguir órdenes de monstruos me convertía en monstruo.
Porque me derrotaste sin matarme cuando podías haberlo hecho.
Y porque…
Hizo una pausa.
—Porque alguien necesita detenerlos.
Y claramente, tú eres lo suficientemente estúpida o valiente para intentarlo.
Sonrió levemente.
—Además, estoy en la misma lista de fugitivos.
Así que estamos atrapados juntos.
◆ ◆ ◆ EL GRAN RITUAL Casa Segura – 4:23 PM Después de que Natsumi logró sentarse—con ayuda y mucho dolor—Thorin trajo comida simple.
Pan, queso, sopa de verduras.
No era lujoso, pero era exactamente lo que necesitaba.
Mientras comía, él habló.
—Necesitas entender contra qué te enfrentas.
La Hermandad de Kharos no es solo una organización criminal.
Es fachada.
El verdadero poder es la Orden de la Llama Eterna.
—El culto —dijo Natsumi entre bocados.
—Exacto.
Y no son solo fanáticos locos.
Tienen un plan.
Algo que llaman “El Gran Ritual”.
Sacó un pergamino doblado de su bolsillo.
Lo extendió sobre la mesa.
Era un mapa del Continente Glacial con múltiples marcas rojas.
—Estos son los lugares donde han estado secuestrando Despertados en los últimos seis meses.
Veintitrés aquí en el reino del norte.
Treinta y dos en el reino del oeste.
Diecisiete en el este.
Cuarenta y uno en el sur.
—Ciento trece en total —calculó Natsumi—.
Todos Marcados, supongo.
—Todos con poderes raros o únicos.
Rayo.
Cristal.
Vacío.
Magnetismo.
Sombra.
Control de Gravedad.
Manipulación de Tiempo Menor.
Cualquier magia que no sea elemental básica.
Señaló el centro del mapa.
Una montaña masiva marcada con una X negra.
—Todos están siendo llevados aquí.
Monte Ignis.
La montaña más alta del continente.
Hay un templo antiguo en la cima.
Diez mil años de antigüedad, según rumores.
La Orden lo ha estado restaurando por décadas.
—¿Para qué?
Thorin la miró directamente a los ojos.
—Para alimentar el Gran Ritual.
Van a sacrificar a los ciento trece Despertados.
Drenar toda su magia.
Toda su esencia vital.
Y usarla para despertar algo.
—¿Despertar qué?
—No lo sé exactamente.
Pero escuché a sacerdotes de alto rango hablando.
Mencionaron algo llamado “El Portador de la Llama Eterna”.
Algo sellado hace milenios.
Algo que necesita poder masivo para liberarse.
Natsumi sintió un escalofrío recorrer su espina.
Esto le recordaba demasiado a la Isla de la Muerte.
Al Dios Antiguo del Vacío que había sido sellado hace diez mil años.
—¿Cuándo planean realizar el ritual?
—En siete días.
Durante el Eclipse de Fuego.
Es un fenómeno astronómico que ocurre cada cincuenta años.
El sol se vuelve rojo sangre por tres horas.
Dicen que es el momento perfecto para rituales de este tipo.
Siete días.
Ciento trece Despertados siendo sacrificados.
Un templo antiguo.
Un eclipse.
Y algo antiguo y poderoso siendo despertado.
—¿Quién lidera todo esto?
No puede ser solo Varek.
—No lo es.
Varek es el líder regional.
Pero hay alguien por encima de él.
El Sumo Sacerdote.
Lo llaman Kharos.
Nunca lo he visto.
Nadie de mi nivel lo ha visto.
Pero dicen que es antiguo.
Mucho más antiguo que Varek.
Y que su poder…
Thorin se estremeció.
—…es como nada en este continente.
Kharos.
El mismo nombre que la Hermandad.
Así que era una persona.
El verdadero líder.
—Los quince que rescaté del laboratorio.
¿Qué pasó con ellos?
—Llegaron a la ciudad.
La mayoría sobrevivió.
Están bajo protección de la Guardia Real ahora.
Testigos valiosos.
Aunque…
Frunció el ceño.
—El ataque a la capital duró seis horas.
La Hermandad se retiró al amanecer.
Pero no antes de causar daño masivo.
Trescientos soldados muertos.
Doscientos civiles.
Y una sección de las murallas sur completamente destruida.
—¿Por qué atacaron?
Solo para capturarme no justifica una invasión completa.
—No fue solo por ti.
Fue demostración de poder.
Mensaje para el reino: no pueden detenernos.
Y también…
distracción.
Mientras todos estaban enfocados en la batalla, la Orden secuestró a seis Despertados más de otras partes de la ciudad.
Natsumi apretó los puños.
Cada movimiento causaba dolor, pero la rabia lo superaba.
—Ciento diecinueve ahora entonces.
—Ciento diecinueve.
Y tú serías la ciento veinte si te capturan.
Tu Hielo Absoluto es exactamente el tipo de poder raro que buscan.
Silencio cayó entre ellos.
Natsumi procesaba toda la información.
Un culto milenario.
Un ritual masivo.
Ciento diecinueve vidas en juego.
Y solo siete días para hacer algo al respecto.
—¿Por qué me cuentas todo esto?
—preguntó finalmente—.
Podrías haberte ido.
Desertado completamente.
Empezar de nuevo en otro continente.
—Porque —respondió Thorin, su voz firme—, fui parte de esto durante tres años.
Ayudé a capturar a doce personas.
Doce Despertados que ahora están siendo drenados en algún laboratorio o prisión.
Sus muertes están en mis manos.
Se puso de pie, caminando hacia la ventana.
—No puedo deshacerlo.
Pero puedo intentar detener que suceda a ciento diecinueve más.
Y tú…
tú ya demostraste que estás dispuesta a luchar.
Así que te estoy dando toda la información que tengo.
Lo que hagas con ella…
Se giró hacia ella.
—…esa es tu decisión.
◆ ◆ ◆ CICATRICES Y DECISIONES Casa Segura – 6:15 PM Después de que Thorin terminó su explicación, Natsumi pidió estar sola.
Se quedó sentada en la cama, mirando sus manos.
Las heridas del Fuego Negro habían dejado marcas oscuras en su piel—líneas negras como venas que se extendían desde los puntos de impacto.
No eran solo cicatrices físicas.
Podía sentirlas.
Pulsando débilmente.
Como si el fuego negro todavía estuviera ahí, dormido pero no muerto.
Cerró los ojos.
Concentró su poder.
Hielo cristalizó alrededor de sus dedos—pero no era puro como antes.
Había trazas de oscuridad en el hielo.
Pequeñas impurezas negras flotando dentro de los cristales.
Corrupción.
El Fuego Negro había dejado su marca no solo en su cuerpo, sino en su magia misma.
“Te lo dije,” la voz del sistema resonó en su mente.
“Una cicatriz mágica.
Pero también una oportunidad.” —¿Qué oportunidad?
—susurró Natsumi.
“El Fuego Negro es consumición.
Entropía.
Lo opuesto a la creación.
Pero tu Hielo Absoluto es control total.
Orden perfecto.
Son opuestos absolutos.” —Y eso significa…
“Que si aprendes a controlar las trazas de Fuego Negro en tu sistema, podrás fusionar ambos poderes.
Hielo y Fuego Negro.
Congelación y consumición.
Será doloroso.
Peligroso.
Pero si lo logras…” Una pausa.
“Serás la única Despertada en Altheria con poder sobre ambos extremos del espectro.
Creación absoluta y destrucción absoluta.” Natsumi abrió los ojos.
Miró el hielo corrupto flotando sobre su palma.
—¿Cómo?
“Práctica.
Dolor.
Y tiempo que no tienes.
Pero puedo guiarte.
Si estás dispuesta.” —¿Cuál es el costo?
“Ninguno.
Esto es parte de tu evolución natural.
El Fuego Negro te forzó a adaptarte.
Ahora simplemente estás aprovechando esa adaptación.” Natsumi consideró.
Siete días.
Ciento diecinueve prisioneros.
Un ritual apocalíptico.
Un enemigo con quinientos años de experiencia.
Necesitaba toda ventaja posible.
—Hazlo.
◆ ◆ ◆ ENTRENAMIENTO EN LA OSCURIDAD Casa Segura – 7:34 PM El sistema le dio instrucciones simples pero brutales.
“Primero, necesitas aceptar el Fuego Negro dentro de ti.
No rechazarlo.
No suprimirlo.
Aceptarlo como parte de tu poder.” Natsumi se sentó en posición de loto en el suelo.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
Buscó las trazas de Fuego Negro en su sistema.
Las encontró fácilmente—líneas ardientes de dolor conectando sus heridas.
Normalmente, su instinto era rechazarlas.
Congelarlas.
Suprimirlas.
Esta vez, las aceptó.
El dolor fue inmediato.
Como sumergir su cuerpo en lava hirviendo mientras simultáneamente era congelada desde dentro.
Gritó.
Sus manos se aferraron al suelo.
Hielo y fuego negro erupcionaron simultáneamente alrededor de ella.
“No te detengas.
El dolor es el precio.
Sigue adelante.” Natsumi apretó los dientes.
Siguió empujando.
Las líneas de Fuego Negro comenzaron a mezclarse con su Hielo Absoluto.
No fusionándose.
No todavía.
Pero coexistiendo.
Hielo negro comenzó a formarse.
No corrupto.
No débil.
Sino hielo infundido con las propiedades del fuego—consumición contenida dentro de orden perfecto.
Era hermoso.
Aterrador.
Poderoso.
Y luego el dolor se volvió demasiado.
Colapsó, jadeando.
“Suficiente por hoy.
Descansa.
Mañana continuaremos.” Natsumi se quedó acostada en el suelo, temblando.
Sudor cubriendo su cuerpo a pesar del frío de su propia magia.
Pero había funcionado.
Apenas.
Mínimamente.
Había creado Hielo Negro.
La puerta se abrió.
Thorin entró, alarma en su rostro.
—¿Qué diablos—?
Escuché gritos y vi luces— Se detuvo al ver el hielo negro flotando alrededor de Natsumi.
Sus ojos se ensancharon.
—Eso no es…
eso no debería ser posible.
Hielo y Fuego Negro no pueden coexistir.
Son opuestos absolutos.
Uno anula al otro.
Natsumi se sentó lentamente, limpiando el sudor de su frente.
—Aparentemente, pueden.
Si estás lo suficientemente desesperada.
Thorin la miró con una mezcla de asombro y preocupación.
—Si la Orden descubre que puedes hacer esto…
te querrán más que nunca.
Serías el espécimen perfecto para su ritual.
—Entonces será mejor que no lo descubran.
Se puso de pie, tambaleándose ligeramente.
Thorin la estabilizó.
—Necesito entrenar más.
Tengo siete días para dominar esto.
Siete días para estar lista.
—¿Lista para qué?
Natsumi lo miró directamente.
—Para infiltrarme en Monte Ignis.
Para sabotear el Gran Ritual.
Y si es posible…
Apretó su puño.
Hielo negro cristalizó alrededor de él.
—Para matar a Kharos.
◆ ◆ ◆ PLANIFICACIÓN Casa Segura – 9:47 PM Thorin extendió el mapa sobre la mesa una vez más.
Esta vez, Natsumi estaba lo suficientemente recuperada como para estudiarlo apropiadamente.
—Monte Ignis está aquí —señaló la montaña central—.
Doscientos kilómetros al norte de la capital.
El templo está en la cima, a 4,500 metros de altitud.
Rodeado por precipicios en tres lados.
Un solo camino accesible.
—Fácil de defender.
—Exacto.
Y lo han fortificado durante décadas.
Estimaría que hay al menos quinientos guardias permanentes.
Cincuenta Despertados de nivel Épico o superior.
Diez Legendarios.
Tres Míticos además de Varek.
—Y Kharos mismo.
—Y Kharos.
Cuyo nivel de poder ni siquiera puedo estimar.
Natsumi estudió el mapa.
Un asalto frontal era suicidio.
Incluso con su nuevo Hielo Negro, no podía enfrentar quinientos enemigos.
—¿Hay rutas alternativas?
¿Túneles?
¿Pasajes secretos?
—Rumores de un sistema de cuevas en el lado este.
Pero nadie lo ha confirmado.
Y si existen, probablemente están vigilados o colapsados.
—Entonces necesito infiltrarme.
Sola.
Durante la noche.
Justo antes del eclipse.
—Eso te da…
¿qué?
¿Seis días de preparación y un día de infiltración?
—Suficiente.
Si uso ese tiempo sabiamente.
Thorin frunció el ceño.
—Estás asumiendo que sobrevivirás el entrenamiento.
El Hielo Negro casi te mata hace una hora.
—Entonces será mejor que mejore rápidamente.
Marcó tres puntos en el mapa con un trozo de carbón.
—Primero, necesito información actualizada.
Patrullas.
Defensas.
Disposición del templo.
¿Tienes contactos que puedan ayudar?
—Tal vez.
Hay un comerciante que suministra provisiones a la Orden.
Le debo un favor.
Podría convencerlo de compartir mapas.
—Bien.
Segundo, necesito equipo.
Mi armadura está destruida.
Frostfang está intacta, pero necesito armas de respaldo.
Pociones.
Herramientas de infiltración.
—Hay un mercado negro en el Distrito Este.
Puedo conseguir lo que necesites.
Por un precio.
—Tengo dinero.
—Tercero —continuó Natsumi—, necesito saber exactamente cómo funciona el ritual.
No puedo sabotearlo si no entiendo qué están intentando hacer.
Thorin vaciló.
—Eso…
es más difícil.
Los detalles del ritual son conocimiento de sacerdotes de alto rango solamente.
Nunca tuve acceso.
—¿Pero tienes suposiciones?
—Basadas en fragmentos que escuché…
el ritual requiere ciento veinte vidas.
Ciento diecinueve están capturadas.
Te quieren a ti como la número ciento veinte.
Sin ti, teóricamente el ritual no puede completarse.
Natsumi frunció el ceño.
—Pero dijiste que capturaron seis más durante el ataque.
Eso los deja a uno de distancia incluso sin mí.
—Cierto.
Lo cual significa que el reloj está corriendo.
Podrían intentar capturar al último Marcado en cualquier momento.
O peor…
—Podrían decidir que ciento diecinueve son suficientes y comenzar temprano.
—Exacto.
Natsumi miró el mapa.
Siete días era su estimación.
Pero podría ser menos.
Mucho menos.
—Entonces no tengo tiempo para entrenar perfectamente.
Solo lo suficientemente bien como para sobrevivir.
Se puso de pie, ignorando el dolor protestando en sus heridas.
—Dame una lista de todo lo que necesito.
Consíguelo mañana.
Comenzaré a entrenar el Hielo Negro esta noche.
—¿Esta noche?
Apenas puedes mantenerte de pie.
—Entonces será un buen entrenamiento de resistencia también.
Thorin la miró con una mezcla de exasperación y respeto.
—Estás completamente loca.
Natsumi sonrió débilmente.
—Lo sé.
Pero la locura es lo que me mantuvo viva en la Isla de la Muerte.
Y es lo que me mantendrá viva aquí.
Se dirigió hacia la puerta trasera.
Hacia el pequeño claro detrás de la casa donde podría entrenar sin ser vista.
—Descansa —dijo por encima de su hombro—.
Mañana tendrás mucho trabajo consiguiendo suministros.
—¿Y tú?
—Yo tengo trabajo convirtiendo mi debilidad en mi arma más fuerte.
Salió en la noche fría.
El viento soplaba suavemente.
Las estrellas brillaban sobre ella.
Y en algún lugar, a doscientos kilómetros al norte, ciento diecinueve personas esperaban.
Sin saber que su única esperanza era una Despertada herida, corrupta, y completamente decidida.
Natsumi levantó su mano.
Hielo Negro cristalizó en su palma.
—Siete días —susurró—.
Solo necesito sobrevivir siete días.
Y comenzó a entrenar.
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