Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 24
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24: Ecos De Un Mundo Más Grande 24: Ecos De Un Mundo Más Grande Días 8-10 en Altheria – Casa Segura Los siguientes tres días fueron de recuperación forzada.
Las heridas del Fuego Negro sanaban lentamente.
Demasiado lentamente.
El curandero que Thorin había traído—un anciano discreto que hacía pocas preguntas—explicó que el Fuego Negro no solo quemaba carne.
Quemaba esencia mágica.
Eso significaba que el maná de Natsumi se regeneraba a la mitad de velocidad normal.
Su cuerpo tardaba el doble en sanar.
Y el dolor era constante, punzante, recordándole cada segundo lo cerca que había estado de la muerte.
Pero no estaba dispuesta a quedarse en cama y esperar.
El segundo día pudo sentarse sin ayuda.
El tercero pudo caminar, aunque cojeando.
El cuarto día estaba haciendo ejercicios de rehabilitación básicos, ignorando las protestas de Thorin.
—Vas a reabrir las heridas —advirtió mientras ella practicaba estiramientos.
—Entonces volverán a sanar —respondió Natsumi—.
No tengo tiempo para descansar completamente.
Dijiste siete días.
Ya pasaron tres.
—Y no podrás hacer nada si estás medio muerta cuando llegue el momento.
—Entonces me aseguraré de no estar medio muerta.
Thorin suspiró, reconociendo que era inútil discutir.
Durante esos días, él traía información del exterior.
Noticias.
Rumores.
Movimientos de la Hermandad.
Y algo más.
◆ ◆ ◆ RUMORES DE OTRO CONTINENTE Día 9 en Altheria – Casa Segura, 7:34 PM Thorin entró esa noche con expresión preocupada.
Traía pan fresco, queso, y un periódico doblado.
—Escuché algo extraño hoy —dijo mientras servía la cena—.
Rumores desde el sur.
Del Continente de las Arenas Eternas.
—¿Qué tipo de rumores?
—Disturbios.
Violencia masiva.
Dicen que una ciudad entera—Zirath, población de cincuenta mil—fue atacada por algo.
No un ejército.
No monstruos.
Algo.
Desplegó el periódico.
El titular decía: “CATÁSTROFE EN ZIRATH: 30,000 MUERTOS EN UNA NOCHE” Natsumi leyó el artículo.
Era vago en detalles, pero los hechos básicos eran claros: hace cinco días, la ciudad de Zirath había sido atacada.
No hubo advertencia.
No hubo ejército invasor visible.
Solo destrucción masiva que apareció de la nada.
Edificios colapsados.
Calles destruidas.
Treinta mil muertos.
Veinte mil heridos.
Y los supervivientes hablaban de sombras.
De oscuridad que se movía.
De algo que consumía.
—Suena a Despertado perdiendo control —comentó Natsumi.
—Eso pensé al principio.
Pero hay más.
Otros informes, menos oficiales, de otras ciudades en ese continente.
Desapariciones masivas.
Poblaciones enteras que dejan sus hogares sin razón aparente.
Y algo sobre un culto que predica el fin del mundo.
Thorin se sentó frente a ella.
—No sé si está conectado con lo que pasa aquí.
Pero el timing…
justo cuando el Gran Ritual está a punto de realizarse, otro continente experimenta caos masivo.
Parece demasiada coincidencia.
Natsumi guardó el periódico.
Algo en su mente le decía que esto era importante.
Que había una conexión más grande.
Pero ahora no podía enfocarse en eso.
Tenía su propio problema aquí.
Su propio ritual que detener.
—Lo tendré en mente.
Pero primero, Kharos.
◆ ◆ ◆ CONOCIENDO ALTHERIA Día 10 en Altheria – Casa Segura, Mañana Mientras su cuerpo sanaba, Natsumi aprovechó para aprender.
Thorin había traído libros, mapas, y documentos que había…
adquirido…
de diversas fuentes.
Y a través de ellos, comenzó a entender el mundo en el que ahora vivía.
Altheria: Lo Básico Altheria no era un mundo unificado.
Era 155 continentes separados, cada uno con sus propias naciones, culturas, y sistemas de poder.
El Continente Glacial—donde Natsumi estaba ahora—era uno de los continentes menores.
Diez millones de habitantes divididos entre cuatro reinos.
Reino del Norte (donde estaba Ciudad de Glaciem), Reino del Sur, Reino del Este, Reino del Oeste.
Cada reino adoraba a diferentes dioses.
El Norte adoraba a Khione, Diosa del Hielo Eterno.
El Sur a Boreas, Dios del Viento del Norte.
El Este a Skadi, Cazadora del Invierno.
El Oeste a Frosti, Guardián de las Nieves Eternas.
Estos dioses eran reales.
No metáforas.
No leyendas.
Reales.
Otorgaban bendiciones a sus seguidores.
Respondían oraciones.
Y ocasionalmente, intervenían directamente en asuntos mortales.
Pero eran Dioses Menores.
No todo-poderosos.
No omniscientes.
Solo…
muy, muy fuertes.
Los Templos Los Templos eran la columna vertebral de la sociedad en Altheria.
Cada ciudad tenía al menos uno.
Ciudades grandes tenían docenas.
Los Templos servían múltiples funciones: lugares de adoración, centros de curación, academias para entrenar Despertados jóvenes, y a veces, bases de poder político.
Los sacerdotes legítimos podían canalizar poder de sus dioses.
No tanto como los dioses mismos, pero suficiente para ser respetados y temidos.
Y ahí estaba el problema con la Orden de la Llama Eterna.
Operaban como Templo.
Construían estructuras religiosas.
Realizaban rituales.
Pero no adoraban a un dios real.
O al menos, no a uno reconocido.
“La Llama Eterna” no aparecía en ningún registro oficial.
Ningún otro Templo la reconocía.
Ningún texto antiguo la mencionaba.
Era una invención.
O algo mucho, mucho peor.
Los Ciclos Natsumi también investigó sobre los Ciclos.
Había referencias dispersas en textos históricos.
Cada quinientos años, quinientos personas de “otros mundos” llegaban a Altheria.
Siempre a través de la Isla de la Muerte.
Siempre cien sobrevivientes (o menos).
Los Ciclos habían estado ocurriendo por diez mil años.
Eso significaba veinte Ciclos antes del suyo.
Algunos supervivientes de Ciclos anteriores se habían convertido en figuras legendarias.
El Emperador Eterno (Ciclo 48) gobernaba medio continente.
La Reina de Hielo Elsa Frostborn (Ciclo 32) había construido un reino.
Y había otros, dispersos por Altheria, algunos inmortales, otros muertos hace siglos.
Y ahora Varek Thorne.
Ciclo 46.
Quinientos años atrás.
Superviviente que había decidido que Altheria necesitaba “corrección”.
¿Cuántos otros supervivientes de Ciclos anteriores estaban trabajando en secreto?
¿Cuántos habían abandonado su humanidad por poder?
El Continente Central Uno de los libros mencionaba el Continente Central—el más grande y poderoso de los 155.
Allí estaba Avaloria, capital del Imperio del Emperador Eterno.
Ciento cincuenta millones de habitantes.
Ejércitos de millones.
Despertados de nivel Divino sirviendo como generales.
Y en el centro de todo, el Emperador mismo—nivel desconocido, pero rumoreado estar más allá de Divino.
Si Natsumi alguna vez necesitaba aliados poderosos, ese sería el lugar para buscar.
Pero también había advertencias.
El Imperio no ayudaba gratis.
Todo tenía precio.
Y el Emperador no toleraba amenazas a su poder.
◆ ◆ ◆ DECISIÓN Día 10 en Altheria – Casa Segura, 8:47 PM Esa noche, Natsumi estaba de pie frente a la ventana, mirando hacia la capital en la distancia.
Las luces brillaban en la oscuridad.
Vida continuando a pesar del caos.
Thorin entró con té caliente.
—Cuatro días restantes —dijo en voz baja—.
¿Qué vas a hacer?
Natsumi tomó el té.
Lo sostuvo entre sus manos, sintiendo el calor.
O intentándolo.
Aún no sentía temperatura completamente.
—Voy a detenerlos.
—Eres Mítico.
Varek es Mítico con quinientos años de experiencia.
Y Kharos está por encima de él.
No puedes ganar sola.
—Entonces no iré sola.
Se giró hacia él.
—Los quince que rescaté.
Están bajo protección de la Guardia Real.
Daren Frost, Elena Brightwind, Viktor Ironbane.
Todos Legendarios o Míticos.
Si están dispuestos a luchar, tenemos oportunidad.
—Están débiles.
Fueron drenados por días.
—Tenemos cuatro días.
Elena es curandera.
Puede acelerar su recuperación.
Y yo…
Miró sus manos.
Hielo comenzó a cristalizar en sus palmas.
—Yo también me estoy recuperando.
Y cuando llegue el momento, estaré lista.
Thorin la estudió en silencio.
Luego asintió lentamente.
—Está bien.
Entonces necesitamos un plan.
Y necesitamos contactar a la Guardia Real sin ser detectados por espías de la Hermandad.
—¿Puedes hacerlo?
—Conozco a alguien.
Capitán de la Guardia.
Honorable, no corrupto.
Si alguien puede organizar una reunión secreta, es él.
Natsumi asintió.
—Hazlo.
Mañana.
Cuanto antes mejor.
Thorin se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo.
—Natsumi.
Aunque logremos detener el ritual…
aunque rescatemos a los ciento diecinueve prisioneros…
Varek seguirá vivo.
Kharos seguirá vivo.
La Orden no desaparecerá.
—Lo sé.
—Entonces esto no terminará en Monte Ignis.
Será solo el comienzo.
—También lo sé —respondió Natsumi—.
Pero no puedo pensar en eso ahora.
Primero, salvar ciento diecinueve vidas.
Luego…
veré qué sigue.
Miró de nuevo hacia la capital.
Hacia el monte Ignis más allá.
Hacia el templo donde el Gran Ritual se realizaría en cuatro días.
Había llegado a Altheria hace solo diez días.
Herida.
Sola.
Perdida.
Ahora tenía un propósito.
Aliados potenciales.
Y una cuenta regresiva.
Cuatro días para prepararse.
Cuatro días para reunir fuerzas.
Cuatro días antes de que enfrentara un culto milenario, un ritual apocalíptico, y un enemigo que había sobrevivido quinientos años en este mundo brutal.
Las probabilidades eran terribles.
Pero había sobrevivido la Isla de la Muerte.
Había derrotado a Inmortales.
Y no iba a detenerse ahora.
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