Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 26
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Capítulo 26: Asalto Monte Ignis
Nivel 1 del Templo – 3:02 AM
Natsumi y su equipo arrastraron los cuerpos de los guardias a las sombras. Uno de los soldados—un especialista en cerraduras llamado Finn—se arrodilló junto a la puerta de entrada.
—Cerradura mágica triple —murmuró—. Dame treinta segundos.
Sus manos brillaron con luz verde mientras manipulaba los mecanismos invisibles. Veinte segundos después, la puerta se abrió con un clic suave.
Entraron al Nivel 1.
El interior era exactamente como el mapa mostraba: pasillos de piedra oscura iluminados por antorchas cada diez metros. El símbolo de la llama grabado en las paredes. El aire olía a incienso quemado y algo más—miedo.
Natsumi activó su Velo de Escarcha nuevamente, extendiendo la supresión mágica sobre todo el equipo.
—Formación: Daren adelante como explorador, yo en el centro, Finn y los demás cubriendo flancos. Silencio absoluto. Señas de mano únicamente.
Todos asintieron.
Se movieron como sombras a través de los pasillos. Daren iba adelante, literalmente disolviéndose en sombras cada vez que necesitaban verificar esquinas.
Primera patrulla: tres guardias regulares. Daren los neutralizó en cinco segundos. Ninguno tuvo oportunidad de gritar.
Segunda patrulla: dos Despertados Épicos. Natsumi creó hielo bajo sus pies. Resbalaron. Finn y otro soldado los noquearon con precisión quirúrgica.
Tercera patrulla: ninguna. El cambio de guardia había creado un vacío temporal perfecto.
Llegaron a las escaleras que descendían al Nivel 2 sin haber disparado ninguna alarma.
Pero entonces escucharon algo desde arriba—un rugido masivo seguido de explosiones.
El Equipo B había comenzado su distracción.
◆ ◆ ◆
CAOS CONTROLADO
Entrada Principal – 3:03 AM
Marcus Steelhart desenvainó su espada bastarda y cortó la puerta principal en dos con un solo movimiento. El metal reforzado cayó como papel.
—¡AHORA! —rugió.
Diez soldados y Thorin entraron como tsunami. Fuego, espadas, magia elemental—todo convergiendo en explosión de violencia.
Los guardias del Nivel 1 no estaban preparados. Veinte cayeron en los primeros treinta segundos.
Pero las alarmas sonaron. Luces rojas iluminaron todo el templo. Campanas resonaron.
Y de las barracas profundas emergieron cientos de guardias.
Marcus sonrió.
—Eso es. Vengan todos a mí.
Su espada brilló con luz dorada. Activó su habilidad Legendaria: Juicio de Acero.
Cada corte de su espada se multiplicaba por diez. Un movimiento creaba una tormenta de cuchillas que cortaban todo en un radio de diez metros.
Thorin lo cubría con paredes de fuego, creando un perímetro defensivo.
—¡Mantengan la posición! —ordenó Marcus—. ¡No los dejen pasar al Nivel 2!
Los soldados formaron una línea. Escudos al frente. Magia detrás. Coordinación perfecta nacida de años entrenando juntos.
Pero los números enemigos eran abrumadores. Por cada guardia que caía, dos más aparecían.
Y entonces llegaron los Despertados del culto.
Quince figuras vestidas con túnicas rojas, todos emanando auras de nivel Épico.
Al frente estaba una mujer de belleza cruel: cabello rojo fuego, ojos dorados, y llamas corruptas danzando alrededor de sus manos.
—Sacerdotisa Lyra —se presentó, su voz resonando con poder—. Y ustedes son intrusos profanando tierra sagrada.
Marcus la evaluó.
—Legendario. Fuego Corrupto. Thorin, ella es tuya.
—Entendido.
Thorin dio un paso adelante.
—Hola, Lyra. ¿Recuerdas al desertor? Estoy de vuelta.
Los ojos de Lyra se ensancharon con reconocimiento y furia.
—Traidor. Te haré sufrir antes de morir.
—Inténtalo.
Ambos lanzaron fuego simultáneamente. La colisión sacudió todo el nivel.
◆ ◆ ◆
EL NIVEL DE LAS PRISIONES
Nivel 2 – 3:10 AM
Natsumi y su equipo descendieron las escaleras rápidamente. El sonido de batalla arriba era su cobertura perfecta.
El Nivel 2 era exactamente como lo describieron los rescatados: un laberinto de celdas, cada una conteniendo tres prisioneros conectados a máquinas de drenaje que pulsaban con luz roja enfermiza.
Cuarenta celdas en total. Ciento veinte espacios para prisioneros. Solo ciento diecinueve ocupados—esperaban el número ciento veinte.
Esperaban a Natsumi.
Doce guardias patrullaban el nivel. Natsumi hizo señas: ataque coordinado.
En tres segundos, los doce guardias cayeron. Seis por Daren. Tres por Natsumi. Tres por los soldados.
—Rápido —ordenó Natsumi—. Destruyan las máquinas. Liberen a todos.
Comenzó con la primera celda. Tres prisioneros—un hombre mayor, una mujer joven, un adolescente—todos inconscientes, conectados a docenas de tubos.
Natsumi tocó los tubos. Hielo Absoluto. Congeló todo el sistema. Los tubos se volvieron frágiles. Los arrancó.
Las máquinas chillaron y murieron.
Los tres prisioneros colapsaron, libres pero débiles.
Natsumi repitió el proceso. Segunda celda. Tercera. Cuarta.
Daren y los soldados hacían lo mismo en otras celdas.
Quince minutos. Cuarenta celdas. Ciento diecinueve prisioneros liberados.
Pero entonces una voz resonó desde las sombras.
—Impresionante trabajo. Pero inútil.
Natsumi se giró, Frostfang desenvainada.
De las sombras emergió un hombre que no estaba en ningún reporte: alto, delgado, vestido con túnica negra adornada con símbolos plateados. Su rostro era pálido como cadáver. Y sus ojos…
Sus ojos eran completamente negros. Sin pupilas. Sin iris. Solo vacío.
—Sacerdote Malachar —dijo, inclinando su cabeza—. Guardián del Nivel 2. Y portador de la Maldición del Vacío.
Su aura era Mítica. Tan poderosa como Varek.
—Mierda —murmuró Daren.
Malachar levantó su mano. El aire mismo comenzó a distorsionarse.
—Liberaste sus cuerpos. Pero sus esencias ya fueron extraídas. Ya están en el altar. El ritual continuará.
—Entonces destruiré el altar —respondió Natsumi.
—Primero tendrás que pasar por mí.
Malachar chasqueó sus dedos. Dominio del Vacío: Campo de Aniquilación.
Un círculo negro de veinte metros se expandió desde él. Todo dentro del círculo comenzó a desintegrarse—piedra, metal, aire.
Natsumi saltó hacia atrás.
—¡Evacuen a los prisioneros! ¡YA!
Daren y los soldados comenzaron a cargar a los ciento diecinueve prisioneros inconscientes hacia las escaleras de escape sur.
Natsumi enfrentó a Malachar sola.
◆ ◆ ◆
BATALLA CONTRA EL VACÍO
Nivel 2 – 3:28 AM
Natsumi atacó primero. Tormenta de Escarcha—mil fragmentos de hielo convergiendo en Malachar.
Él no se movió. Los fragmentos entraron en su Campo de Aniquilación y desaparecieron como si nunca hubieran existido.
—El Vacío consume todo —dijo Malachar—. Tu hielo no es excepción.
Contraatacó. Esferas de energía negra volaron hacia Natsumi. Ella las esquivó, pero donde impactaban, el suelo simplemente dejaba de existir.
No destrucción. Aniquilación. Como si esas secciones de realidad fueran borradas.
Natsumi activó su Hielo Negro. Las marcas en su piel brillaron. El frío se mezcló con vacío.
—Interesante —observó Malachar—. Hielo infundido con esencia de vacío. ¿Cómo obtuviste ese poder?
—Luchando contra monstruos como tú.
Lanzó Hielo Negro: Lanza del Vacío.
La lanza atravesó el Campo de Aniquilación sin desintegrarse. Impactó el hombro de Malachar, perforándolo.
Él retrocedió, sorprendido.
—Tu vacío es igual al mío. Se anulan mutuamente.
—Exacto.
Natsumi presionó su ventaja. Creó docenas de Lanzas del Vacío, disparándolas desde todos los ángulos.
Malachar las bloqueó con barreras de vacío puro, pero cada bloqueo consumía su maná.
El intercambio continuó durante cinco minutos. Ambos quemando reservas masivas de poder.
Finalmente, Natsumi vio una apertura. Malachar había sobreextendido su defensa del lado izquierdo.
Se teletransportó usando Paso del Vacío—una técnica que había desarrollado combinando hielo y vacío.
Apareció detrás de él. Frostfang atravesó su espalda, emergiendo por su pecho.
Malachar tosió sangre negra.
—Bien… jugado…
Cayó de rodillas.
Pero sonrió.
—Pero ya es… tarde… El ritual… comenzará en… una hora… Con o sin… tu esencia…
Murió.
Natsumi se apoyó contra la pared, jadeando. Su maná estaba al 30%. Ese combate había sido más costoso de lo esperado.
Activó el comunicador mágico que Marcus le había dado.
—Nivel 2 asegurado. Ciento diecinueve prisioneros liberados. Un Mítico eliminado. Pero confirmo: sus esencias ya fueron extraídas. El ritual puede continuar sin sus cuerpos físicos.
La voz de Marcus respondió, entrecortada por sonidos de batalla:
—Entendido. Nivel 1 casi asegurado. Thorin derrotó a Lyra. Pero llegan refuerzos masivos del exterior. No podemos… mantener la posición… mucho más.
—¿Daren evacuó a los prisioneros?
—Elena confirma: todos ciento diecinueve recibidos. Están siendo transportados… a zona segura.
—Bien. Subo al Nivel 3. Voy a destruir el altar.
—Natsumi, espera… Varek está ahí arriba… No puedes—
La comunicación se cortó. Interferencia mágica desde el Nivel 3.
Natsumi guardó el comunicador. Miró hacia las escaleras que ascendían.
Nivel 3. La Cámara del Ritual. Donde Varek esperaba. Donde el altar acumulaba ciento diecinueve esencias.
Donde todo terminaría.
Respiró profundo. Bebió una poción de maná. Su reserva subió al 60%.
Suficiente.
Tenía que serlo.
Comenzó a subir.
◆ ◆ ◆
ASCENSO AL INFIERNO
Escaleras al Nivel 3 – 3:45 AM
Las escaleras hacia el Nivel 3 eran diferentes. No de piedra normal, sino de obsidiana negra que parecía absorber la luz. Símbolos antiguos brillaban en las paredes con luz roja sangre.
Cada paso hacia arriba, la temperatura aumentaba. No calor natural. Calor mágico que hacía arder el aire mismo.
Natsumi contrarrestaba con su aura de frío, creando una burbuja de temperatura soportable alrededor de su cuerpo.
Cien escalones. Doscientos. Trescientos.
Finalmente, llegó a una puerta masiva. Diez metros de altura. Hecha de metal negro cubierto con inscripciones que reconoció de la Isla de la Muerte.
Lenguaje de los Dioses Antiguos.
Traducciones fragmentadas aparecieron en su mente, cortesía del Sistema:
“Aquí yace el Portador de la Llama Eterna”
“Sellado por los Nueve hasta el fin de los tiempos”
“Que ningún mortal rompa este sello”
Pero el sello estaba debilitado. Grietas recorrían la puerta. El poder antiguo que la protegía estaba casi agotado.
Natsumi empujó. La puerta se abrió lentamente, rechinando como si protestara.
Y reveló la Cámara del Ritual.
◆ ◆ ◆
LA CÁMARA DEL RITUAL
Nivel 3 – 3:55 AM
La cámara era circular, cincuenta metros de diámetro. El techo estaba abierto, mostrando el cielo pre-amanecer donde el sol comenzaba a teñirse de rojo.
El Eclipse de Fuego había comenzado.
En el centro de la cámara estaba el altar. No como los que había visto antes. Este era masivo: veinte metros de diámetro, hecho de piedra negra que pulsaba con energía viva.
Ciento veinte círculos mágicos estaban grabados en su superficie. Ciento diecinueve brillaban intensamente—cada uno conteniendo la esencia drenada de un prisionero. El círculo número ciento veinte estaba apagado, esperando.
Y de pie junto al altar, mirando el cielo carmesí, estaba Varek Thorne.
Se giró al sentir su presencia.
—Sabía que vendrías —dijo, su voz tranquila—. No pudiste resistirte.
Natsumi desenvainó a Frostfang.
—El ritual no se completará.
Varek rió suavemente.
—Ya es demasiado tarde. ¿Ves? —señaló los ciento diecinueve círculos brillantes—. Liberaste los cuerpos de los prisioneros. Pero sus esencias fueron extraídas durante semanas. Cada día, cada hora conectados a esas máquinas, drenándolos gota a gota.
—Sus magias ya son nuestras. Solo falta una pieza.
Sus ojos se fijaron en Natsumi.
—La tuya. El Hielo Absoluto. El elemento que completa el equilibrio perfecto necesario para romper el sello.
El sol se volvió completamente rojo. El Eclipse había alcanzado su fase inicial.
—Puedes rendirte y donar tu esencia voluntariamente —continuó Varek—. Será indoloro. O puedo arrancártela por la fuerza. Será agonizante.
Natsumi activó su Hielo Negro. Las marcas en su piel brillaron intensamente.
—Tercera opción: destruyo el altar y a ti con él.
Varek sonrió.
—Intentalo.
Ambos atacaron simultáneamente.
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