Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 27
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Capítulo 27: Batalla Final Vs Varek
Cámara del Ritual – 4:00 AM
El primer intercambio sacudió la montaña entera.
Varek lanzó Fuego Negro: Tormenta del Apocalipsis. Cientos de lanzas ardientes convergieron desde todos los ángulos.
Natsumi respondió con Dominio de Hielo: Fortaleza Absoluta. Un domo de hielo multicapa, cada capa reforzada con Hielo Negro, la protegió.
Las lanzas impactaron. Explosiones masivas. La onda expansiva agrietó el suelo en patrones de telaraña.
Cuando el humo se disipó, ambos seguían en pie.
Varek activó su forma final: El Conquistador. Su cuerpo se cubrió en armadura viviente de fuego negro. Su poder se triplicó. Su velocidad alcanzó niveles sobrehumanos.
Natsumi liberó el 80% de su Hielo Negro. Las marcas en su piel brillaron intensamente. Sus ojos se volvieron completamente azul-negro. Un aura de frío absoluto mezclado con vacío emanó de ella.
Se movieron simultáneamente.
Setenta intercambios en cuarenta segundos.
Cada golpe creaba ondas de choque. Cada esquiva dejaba imágenes residuales. Cada técnica distorsionaba el espacio mismo.
Natsumi recibió quemadura profunda en el costado. Varek recibió corte de hielo que atravesó su armadura y alcanzó el hueso.
La cámara se desmoronaba. Paredes colapsando. Techo fracturándose. El altar en el centro temblaba con energía acumulada.
—¡Quinientos años! —rugió Varek—. ¡Quinientos años perfeccionando el Fuego Negro!
Lanzó una ola masiva que consumió la mitad de la cámara.
Natsumi saltó, creando plataformas de hielo en el aire.
—¡Y yo tengo dos semanas! ¡Pero lucho por algo más grande que yo misma!
Desde arriba, lanzó su técnica más devastadora: Hielo Negro: Aniquilación del Vacío.
Una esfera de hielo negro—tan densa que parecía absorber la luz—apareció sobre Varek. Dentro de ella, la realidad misma se desintegraba.
Varek intentó escapar pero la esfera se expandió demasiado rápido. Lo atrapó.
Durante veinte segundos, su fuego negro luchó desesperadamente. Pero el vacío consumía todo. Incluso el fuego que consumía otras cosas.
La esfera colapsó.
Varek cayó de rodillas. Medio cuerpo congelado en hielo negro. Múltiples órganos fallando. Sangre goteando de docenas de heridas críticas.
Natsumi aterrizó a diez metros, también al límite. Su maná al 5%. Cada respiración dolía.
—Imposible… —Varek tosió sangre—. Derrotado por… una novata…
Intentó levantarse pero su cuerpo no respondió.
Miró hacia el altar que pulsaba con luz cada vez más intensa.
—Pero… no importa… El ritual… ya está en marcha…
◆ ◆ ◆
EL RITUAL INCOMPLETO
4:15 AM – Eclipse en su Punto Máximo
El altar brillaba cegadoramente. Los ciento veinte círculos mágicos pulsaban en sincronía perfecta.
Natsumi sintió algo siendo extraído de ella. No físicamente. Energéticamente.
Los rastros de su Hielo Negro—dispersados durante toda la batalla—estaban siendo succionados hacia el círculo número ciento veinte.
—Cada… ataque… —Varek sonrió débilmente—. Dejaste rastros… de tu poder. El altar… los absorbió… No necesitábamos… tu cooperación… Solo que… lucharas aquí… durante el Eclipse.
Los ciento diecinueve círculos brillaban con las esencias robadas de los prisioneros durante semanas. El círculo ciento veinte se iluminó—alimentado por la energía residual de Natsumi.
El altar comenzó a vibrar violentamente.
—Ciento veinte esencias… El número perfecto… El sello de Kharos… será—
Natsumi se obligó a moverse. Cada paso era agonía. Su cuerpo protestaba. Pero no podía detenerse.
Con sus últimas fuerzas, corrió hacia el altar.
—¡No lo permitiré!
Varek intentó detenerla pero su cuerpo estaba demasiado dañado.
Natsumi colocó ambas manos sobre el altar ardiente. El dolor fue instantáneo—como sumergir las manos en lava fundida.
Pero ignoró el dolor y vertió todo. Los últimos 5% de su maná. Cada gota de energía vital. Su consciencia comenzó a desvanecerse pero siguió empujando.
Hielo Absoluto: Congelación Conceptual.
No solo congeló el altar. Congeló la energía misma. El concepto del ritual.
El altar se agrietó. Los círculos parpadearon erráticamente.
—¡NO! —Varek gritó con sus últimas fuerzas—. ¡Lo arruinaste todo!
El altar explotó.
Pero no fue una explosión ordenada hacia el cielo. Fue caótica. Descontrolada. La energía de ciento veinte esencias—forzada a mezclarse en un patrón interrumpido—erupcionó en todas direcciones.
Natsumi fue lanzada contra la pared con fuerza brutal. Costillas rotas. Brazo fracturado. Pierna dislocada. Hemorragia interna.
Varek fue alcanzado por la explosión también. Su cuerpo, ya al límite, fue incinerado parcialmente.
—Maldita… seas… —fueron sus últimas palabras—. El sello… aún se debilitó… No mucho… pero suficiente… En siglos… Kharos… despertará…
Murió.
La explosión continuó. Aproximadamente 60% de la energía ritual se dispersó salvajemente—parte hacia el cielo, parte hundiéndose en la tierra, parte simplemente evaporándose. Pero el 40% restante logró filtrarse hacia abajo, hacia donde el sello de Kharos aguardaba.
El altar colapsó en escombros humeantes. Los círculos se apagaron.
El Eclipse comenzó a desvanecerse.
Y Natsumi, apenas consciente, vio el altar destruido antes de que la oscuridad la reclamara.
—Valió… la pena…
Perdió la consciencia.
◆ ◆ ◆
RESCATE DE EMERGENCIA
4:25 AM
Marcus, Thorin, Daren y los sobrevivientes irrumpieron en la cámara.
Devastación total. La estructura apenas reconocible. El altar reducido a escombros. Varek muerto. Y Natsumi inconsciente, gravemente herida, con quemaduras severas en ambas manos.
—¡Natsumi! —Daren corrió hacia ella—. ¡Tiene pulso pero es débil!
Elena se arrodilló inmediatamente, sus manos brillando con luz curativa de emergencia.
—Estado crítico. Agotamiento total de maná. Fracturas múltiples. Quemaduras de cuarto grado en las manos. Hemorragia interna severa. Si no la tratamos en los próximos diez minutos, morirá.
—Entonces nos movemos AHORA —ordenó Marcus, levantándola con extremo cuidado—. Thorin, despeja el camino. Daren, protege los flancos.
Viktor observaba los restos del altar, todavía humeantes.
—Lo destruyó… pero parte de la energía escapó. ¿Vieron esa luz que se hundió en la tierra?
—Ahora no —dijo Marcus—. Primero salvamos a Natsumi. Luego investigamos.
Descendieron a toda velocidad. Elena curaba mientras corrían, desesperada por estabilizar las heridas más críticas.
Emergieron del templo cuando el sol recuperaba su color normal. El Eclipse había terminado.
En el valle, los ciento diecinueve rescatados esperaban con el resto del equipo. Cuando vieron a Natsumi, un silencio pesado cayó sobre todos.
—Lo dio todo —susurró uno de los rescatados—. Literalmente todo.
◆ ◆ ◆
SEIS DÍAS EN COMA
Templo de Khione – Cámara de Sanación Intensiva
Natsumi estuvo en coma durante seis días completos.
Los sanadores de Khione trabajaron sin descanso. Hermana Livia lideró el equipo médico, usando todo el conocimiento acumulado en siglos de servicio al templo.
Sus manos fueron lo más difícil de tratar. Las quemaduras habían penetrado hasta el hueso. Tuvieron que reconstruir músculo y tejido nervioso usando magia de restauración avanzada.
Elena visitaba cada día, añadiendo su Luz Curativa al tratamiento.
En el sexto día, Natsumi abrió los ojos.
Livia estaba a su lado inmediatamente.
—Bienvenida de vuelta. Nos tenías preocupados.
Natsumi intentó hablar. Su voz era un susurro áspero:
—¿Los… prisioneros?
—Los ciento diecinueve están a salvo. Todos sobrevivieron.
—¿Nuestro… equipo?
Livia bajó la mirada brevemente.
—De los treinta y siete que atacaron… diecinueve sobrevivieron. Dieciocho cayeron en batalla.
Dolor atravesó el rostro de Natsumi. No físico. Emocional.
—¿El ritual?
—Interrumpido gracias a ti. Pero necesitas saber algo importante.
Livia sacó un pergamino con análisis de los Archivistas Reales.
—El Capitán Marcus consultó con los mayores expertos del reino. El ritual que interrumpiste no era para liberar a Kharos completamente. Era la primera etapa de un proceso de múltiples siglos diseñado para debilitar su sello gradualmente.
—¿Lo… detuve?
—Parcialmente. Destruiste el altar y dispersaste aproximadamente el 60% de la energía ritual. Pero el 40% logró filtrarse hacia el sello antes de la destrucción total.
Respiró profundo antes de continuar.
—Eso significa que el sello de Kharos fue debilitado en un 8-10%. Los Archivistas calculan que, sin más rituales, el sello colapsará naturalmente en aproximadamente trescientos a quinientos años debido a este daño acumulado.
Natsumi cerró los ojos.
—Entonces solo… gané tiempo.
—Ganaste siglos. Si el ritual se hubiera completado, habría debilitado el sello en un 40%. Habría colapsado en cincuenta años o menos. Gracias a ti, las futuras generaciones tendrán cientos de años para prepararse o encontrar una solución permanente.
—Dieciocho personas murieron… por una victoria parcial.
—Dieciocho personas murieron como héroes, salvando ciento diecinueve vidas y dándole al mundo siglos de tiempo. Eso no es victoria parcial. Es victoria costosa, pero victoria al fin.
◆ ◆ ◆
CEREMONIA DE LOS CAÍDOS
Dos Semanas Después – Plaza Central
La ciudad entera se reunió. Miles de personas llenando cada espacio disponible.
Dieciocho monumentos de mármol blanco estaban alineados, cada uno con el nombre y la historia de un héroe caído.
Natsumi asistió en silla de ruedas. Sus piernas aún no soportaban peso prolongado. Sus manos estaban vendadas—funcionaban, pero el dolor permanecía.
Marcus dio el discurso principal, su voz resonando con emoción contenida:
—Hace un mes, enfrentamos una oscuridad que amenazaba no solo este reino, sino todo el continente. Un culto milenario intentó despertar a un Dios Antiguo sellado hace diez mil años. Si hubieran tenido éxito, este mundo habría ardido en cincuenta años.
—Treinta y siete héroes respondieron al llamado. Diecinueve regresaron, heridos pero vivos. Dieciocho dieron sus vidas para que ciento diecinueve almas fueran salvadas y siglos de tiempo fueran ganados.
Señaló a Natsumi.
—Y esta mujer, Natsumi Yukimura, llegó a nuestro mundo hace apenas un mes. Forastera. Sin familia aquí. Sin razón para involucrarse en conflictos que no eran suyos. Pero cuando vio injusticia, actuó. Cuando vio personas sufriendo, luchó. Y cuando el ritual amenazó con completarse, sacrificó literalmente todo—su maná, su cuerpo, casi su vida—para detenerlo.
La multitud estalló en aplausos. Muchos lloraban abiertamente.
Después de la ceremonia, Daren empujó la silla de Natsumi hacia un jardín tranquilo.
—No te gustan las multitudes.
—No me gusta ser llamada heroína cuando dieciocho personas murieron.
—Murieron luchando por lo que creían correcto. Esa fue su elección, igual que la tuya.
Silencio.
—¿Qué harás ahora? —preguntó Daren.
—Cuando pueda caminar nuevamente… buscar a los demás supervivientes del Ciclo 49. Bran, Zerek, Selene, todos los dispersos por los continentes. Si Kharos eventualmente despertará, necesitaremos un ejército de los más poderosos.
—Eso podría tomar años.
—Tengo trescientos años antes de que Kharos despierte. Puedo dedicar algunos a esto.
◆ ◆ ◆
UN MES DESPUÉS – PARTIDA
Puerto de Glaciem
Natsumi estaba en el muelle, ahora caminando sin ayuda, observando el barco que la llevaría al Continente de las Tormentas.
Un mes de recuperación intensiva. Sus heridas habían sanado lo suficiente. Su maná había regresado al 100%. Su determinación era más fuerte que nunca.
Marcus, Thorin, Daren, Elena y Viktor vinieron a despedirse.
Marcus le entregó un cristal de comunicación especial.
—Este está conectado directamente con el templo donde está el sello de Kharos. Ahora lo vigilamos constantemente. Si detectamos cualquier cambio—cualquier debilitamiento adicional—serás la primera en saberlo.
Thorin añadió:
—Y hemos establecido una red de vigilancia en los 155 continentes. Si aparecen más cultos intentando más rituales, lo sabremos.
Elena la abrazó cuidadosamente.
—Prometiste buscar a tus amigos. Prométeme que también cuidarás de ti misma.
—Lo prometo.
Daren le entregó un colgante—cristal negro con un núcleo de hielo eterno.
—Lo hice con fragmentos del altar destruido y tu Hielo Absoluto. Si alguna vez necesitas ayuda, envía tu maná a través de esto. Lo sentiremos y responderemos.
Natsumi se puso el colgante, sintiendo su peso reconfortante.
—Gracias. Por todo. Me enseñaron que no estoy sola en este mundo.
Subió al barco. Mientras se alejaba, miró hacia atrás una última vez.
El Continente Glacial. Su primer hogar en Altheria. Donde había encontrado aliados. Donde había aprendido a luchar por algo más grande que ella misma.
Sacó el mapa. 155 continentes. Marcas indicando posibles ubicaciones de supervivientes del Ciclo 49.
Bran—reportado en el Continente de las Tormentas.
Zerek—rumores en el Desierto Eterno.
Otros en lugares aún más distantes.
Tenía siglos de trabajo por delante.
Pero por primera vez desde la Isla de la Muerte, tenía un propósito claro.
EPÍLOGO: EN LAS PROFUNDIDADES
Monte Ignis – Cámara del Sello Primordial
Kilómetros bajo la superficie, en una cámara que ningún mortal había visto jamás, un sello antiguo pulsaba débilmente.
Era masivo. Cien metros de diámetro. Inscrito con símbolos de los Nueve Dioses Primordiales que habían unido sus poderes para contener lo incontenible.
El sello había permanecido perfecto durante diez mil años.
Pero ahora, grietas microscópicas—apenas visibles incluso bajo escrutinio cercano—aparecían en su superficie. Tal vez el 8% del sello mostraba este daño mínimo.
40% de la energía del ritual interrumpido había logrado filtrarse hasta aquí, causando este debilitamiento.
Dentro del sello, en oscuridad más absoluta que el vacío entre estrellas, algo se movió.
Una consciencia más antigua que las montañas despertó parcialmente de su prisión milenaria.
“…Débil… el sello está… débil…”
“…No mucho… solo 8%… pero es un comienzo…”
“…Necesitarán más rituales… o… tiempo… mucho tiempo…”
“…Trescientos años… cuatrocientos quizás… y el sello colapsará por erosión natural…”
“…O si encuentran la forma de realizar el ritual seis veces más… cincuenta años…”
“…Paciencia… esperé diez mil años… puedo esperar unos siglos más…”
“…Y CUANDO DESPIERTE… ESTE MUNDO ARDERÁ…”
La consciencia volvió a su letargo.
Las grietas permanecieron. Pequeñas. Insignificantes por ahora.
Pero permanentes.
El reloj había comenzado a correr. No un reloj de décadas, sino de siglos.
Pero inevitablemente, el tiempo avanzaría.
Y Kharos—el Portador de la Llama Eterna, el primero de los Despertados, el Dios que rechazó la muerte—despertaría.
La pregunta no era “si”.
Sino “cuándo”.
Y si el mundo estaría preparado.
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