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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 3

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  4. Capítulo 3 - 3 Los Primeros Caidos
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3: Los Primeros Caidos 3: Los Primeros Caidos Día 1, 3:47 PM — Centro de la Isla Trescientos veintidós estudiantes habían logrado reagruparse en un claro cerca del supuesto centro de la isla.

Ciento setenta y ocho no llegaron.

Bran estaba sentado sobre una roca.

Steven a su lado.

Ambos permanecían en silencio, intentando procesar lo imposible.

Alrededor de ellos, estudiantes lloraban, temblaban, o simplemente miraban al vacío con ojos muertos.

Algunos seguían perdidos en la jungla, probablemente luchando por sus vidas en ese mismo instante.

Otros… nunca regresarían.

—Conté los cuerpos que encontramos.

La voz hizo que varios saltaran.

Damien Crowford —un estudiante de 4-B conocido por su fascinación mórbida y su comportamiento inquietante— se acercó.

Sus manos estaban manchadas de sangre.

No la suya.

—Cuarenta y tres —dijo, con voz monótona, como si informara del clima—.

Muertos en las primeras tres horas.

Algunos por monstruos, otros por… accidentes.

—Hizo una pausa—.

Algunos por pánico.

—Cállate —Selene Morvayne le espetó, abrazándose a sí misma.

Sus ojos, normalmente vivos, estaban rojos e hinchados—.

Nadie necesita escuchar eso ahora.

—Sí que lo necesitan —respondió Damien, frío—.

Porque van a morir más.

Muchos más.

A menos que… —¿A menos que qué?

—Bran levantó la vista, por primera vez interviniendo.

Damien lo miró con esos ojos grises que parecían ver más allá de la realidad.

—A menos que los que tenemos… estas habilidades… tomemos el control.

Un murmullo incómodo recorrió el grupo.

Era cierto.

Nadie quería admitirlo, pero era imposible ignorarlo.

No todos habían despertado poderes.

De los trescientos veintidós sobrevivientes, quizás solo sesenta o setenta mostraban señales de haber desarrollado “algo”: ojos que brillaban, cambios físicos, temperaturas corporales anormales.

El resto seguía completamente humano.

Completamente indefenso.

—No somos líderes —dijo Steven—.

Solo éramos estudiantes.

Hace seis horas estábamos preocupados por exámenes y… —Tu hermano mató a un Apex-class con un gesto —interrumpió Damien—.

Y yo vi lo que hiciste tú también.

Escamas doradas.

Fuerza que levantó un tronco como si fuera de cartón.

Las criaturas nos temen ahora.

Señaló hacia la jungla.

—Los monstruos huelen el poder.

Los que no lo tienen… son presas.

Los que sí… depredadores.

—Eso es cruel —protestó Natsumi, recién llegada con un grupo de estudiantes más jóvenes, escarcha aún en las puntas de su cabello—.

Hablas de nuestros compañeros como si fueran… desechables.

—No son desechables —corrigió Damien—.

Son responsabilidad.

Una que debemos proteger si queremos sobrevivir todos.

—¿Y qué sugieres exactamente?

—una voz nueva emergió.

Zerek Noctis apareció junto a Erwan Shadowend.

Sus ropas estaban rasgadas, con manchas de sangre que claramente no era suya.

Sus ojos reflejaban algo nuevo: la mirada de quienes han matado por primera vez.

—Formemos grupos organizados —dijo Damien—.

Los que tienen poderes lideran y protegen.

Los que no los tienen siguen órdenes.

Es simple supervivencia.

—Suena a dictadura —murmuró alguien desde atrás.

—¿Prefieres democracia mientras un monstruo te arranca la cabeza?

—Damien replicó, sin mirar—.

A esas cosas no les importa tu opinión.

—Suficiente.

Bran se puso de pie.

Todos lo miraron.

Algo había cambiado en él.

No solo sus ojos —todavía con un tenue brillo dorado—, sino su presencia.

La forma en que el aire parecía responder a él.

—Damien tiene razón —dijo Bran, voz baja pero firme—.

No sobre ser crueles o crear jerarquías.

Pero sí sobre organizarnos.

Necesitamos grupos, recursos… entender dónde estamos y cómo salir de aquí.

—¿Quién decidió que tú eres el líder?

—un chico de tercer año se puso de pie, desafiante.

Bran no respondió con palabras.

Liberó apenas una fracción de su presencia.

El aire tembló.

El espacio a su alrededor se distorsionó, creando ondas visuales.

Varios estudiantes más débiles cayeron de rodillas, aplastados por una presión invisible pero absolutamente real.

El chico de tercer año palideció y retrocedió.

—Nadie me nombró líder —dijo Bran, calmado—.

Pero si alguien quiere el puesto, puede intentar quitármelo.

Nadie habló.

Nadie se movió.

—Eso pensé.

Día 1, 4:23 PM — Formación de Grupos La organización ocurrió de manera natural.

Los estudiantes con poderes se identificaron; algunos con orgullo, otros con miedo, la mayoría con resignación.

Los que no tenían poderes buscaron protección.

En treinta minutos, se formaron tres grupos principales: Grupo Alpha — Liderado por Bran Ashford Steven: transformación dragónica parcial, fuerza sobrehumana Natsumi Yukimura: manipulación de hielo de nivel alto 15 estudiantes con poderes menores 23 estudiantes sin poderes bajo protección Grupo Beta — Co-liderado por Zerek Noctis y Erwan Shadowend Zerek: habilidades de muerte y deterioro (incipientes) Erwan: manipulación de sombras sólidas 12 estudiantes con poderes variados 18 estudiantes sin poderes Grupo Gamma — Liderado por Damien Crowford Selene Morvayne: poderes latentes perceptibles Cassian Threadweaver: manipulación de hilos invisibles 8 estudiantes con poderes menores 11 estudiantes sin poderes Grupos dispersos: Cerca de 180 estudiantes fragmentados, desorganizados y aterrorizados.

Mientras el sol descendía, tiñendo el cielo de naranja y púrpura, Bran observaba desde una colina.

Fogatas iluminaban el campamento, refugios improvisados de hojas y ramas se levantaban, y algunos habían encontrado frutas comestibles.

Parecía… pacífico.

Una ilusión.

—¿Crees que llegaremos a casa?

—preguntó Steven, bajo la tenue luz del atardecer.

Bran no respondió.

Había visto algo mientras exploraba: ruinas antiguas, cubiertas de enredaderas.

En su centro, un resplandor dorado pulsante, similar al círculo que los trajo aquí.

—No lo sé —admitió Bran—.

Pero algo nos trajo aquí.

Y nos observa.

Un rugido lejano respondió, sacudiendo la noche que caía.

No era un monstruo.

Era humano… o lo había sido.

Y reía.

Día 1, 8:34 PM — Primera Guardia Nocturna Natsumi no podía dormir.

No después de lo que había hecho.

No después de lo que había visto.

Tres criaturas muertas por su poder de hielo.

Instinto puro.

Poder que desconocía hasta hoy.

Sus manos ahora eran normales, cálidas y humanas.

Temporal.

Podía sentir el frío, apenas contenido bajo la piel.

—No puedes dormir tampoco.

Zerek estaba detrás de ella, ojos verdes extrañamente brillantes bajo la luz de la luna.

—Me asustaste —dijo Natsumi.

—Turno de guardia.

Revisando perímetro —respondió Zerek.

Permanecieron en silencio, escuchando las olas.

—¿Mataste hoy?

—preguntó Zerek.

—Sí.

¿Tú?

—Seis —respondió él, mostrando sus manos—.

Seis bestias y… un estudiante.

Natsumi se tensó.

—¿Qué?

—Fue un accidente —dijo Zerek—.

Su poder se descontroló.

Tuve que detenerlo.

Su contacto marchitó vegetación.

—Mi poder es deterioro —explicó—.

Cuando lo toqué, se deshizo.

—Zerek… —Tenía catorce años.

Ni siquiera sé su nombre.

Y lo maté.

Natsumi sostuvo su mano, transmitiendo calor y consuelo.

—No fue tu culpa.

Antes de poder responder, un grito desgarró la noche.

—¡Están atacando!

—alguien gritó.

Corrieron hacia el campamento: una pesadilla.

Criaturas de todo tipo destruían refugios y arrastraban estudiantes hacia la jungla.

—¡Formen líneas defensivas!

—gritó Bran—.

¡Los que tienen poderes, al frente!

Natsumi actuó instintivamente: levantó ambas manos.

El aire se congeló.

Un muro de hielo de tres metros emergió, deteniendo a los monstruos.

El muro crujió bajo el peso del asalto.

—¡Zerek!

—gritó Natsumi.

Él tocó el hielo.

Su poder de deterioro se fusionó con él.

Los fragmentos de hielo infectaban a las criaturas, pudriéndolas desde dentro.

—¡Funciona!

—rugió Steven, destrozando un monstruo del tamaño de un oso.

Veinte minutos de sangre, gritos y muerte.

Cuarenta y dos monstruos yacían muertos o moribundos.

Siete estudiantes no volverían a levantarse.

Día 2, 6:15 AM — Primer Amanecer Bran no había dormido.

Coordinó guardias, reforzó defensas y contó cuerpos.

Supervivientes: 443 de 500.

Muertos: 57 en un día.

El sol pintaba el cielo de rosa y dorado.

Bran miró hacia la jungla: las ruinas aún lo llamaban.

—Bran.

Erwan se acercó.

Serio.

—Encontramos algo que debes ver.

Un mensaje tallado en un árbol: BIENVENIDOS A LA ISLA DE LA MUERTE SOLO LOS DIGNOS SOBREVIVIRÁN EL CICLO COMIENZA DE NUEVO 500 ENTRARON ¿CUÁNTOS SALDRÁN?

TIENEN 14 DÍAS Debajo, una lista de números: supervivientes de ciclos anteriores.

Ciclo 1: 500 → 23 Ciclo 2: 500 → 67 … Ciclo 49: 500 → ???

—Somos el Ciclo 49 —susurró Bran.

Un aplauso lento interrumpió sus pensamientos.

De la jungla emergió una figura humanoide, cubierta de armadura de hueso negro, ojos rojos brillantes y una espada de oscuridad sólida.

—Bien, bien… qué grupo tan prometedor —dijo con voz resonante—.

Soy el Guardián de la Isla de la Muerte.

Solo los dignos saldrán vivos.

Dio un paso.

La espada ardía en llamas negras.

—¿Quién quiere morir primero?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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