Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 30
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Capítulo 30: El Consejo De Las Seis Sombras
Día 2 en Altheria – Templo de Nyx, 12:03 PM
Erwan despertó con el sonido de campanas.
No eran campanas ordinarias. El tañido resonaba en frecuencias que vibraban en sus huesos, en su maná, en las sombras mismas que se adherían a las esquinas de la habitación. Tres campanadas largas, seguidas de silencio. Luego tres más. Un ritual, claramente. O una advertencia.
Se levantó de la cama, sorprendido de haber dormido tan profundamente. Su cuerpo todavía estaba adolorido—los efectos residuales de la Isla de la Muerte no desaparecerían en una sola noche—pero su maná se había recuperado. Tal vez 70% ahora. Suficiente para pelear si era necesario.
Caminó hacia la ventana. La ciudad bajo la luz del “día” no era tan diferente de la noche. El cielo seguía siendo masa de oscuridad sin sol visible. Pero había luminiscencia ambiental, como si la atmósfera misma emitiera luz difusa suficiente para ver. Las calles estaban más concurridas ahora—comerciantes abriendo tiendas, niños corriendo hacia lo que presumiblemente eran escuelas, guardias cambiando turnos.
Una ciudad funcional en oscuridad perpetua. Impresionante, desde perspectiva puramente logística.
Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Adelante.
La puerta se abrió, revelando a un joven acólito—quizás dieciséis años, cabello negro corto, túnica gris. Se inclinó respetuosamente.
—Señor Shadowend. La Alta Sacerdotisa solicita su presencia en la Cámara del Consejo. El Consejo de las Seis Sombras lo está esperando.
—¿Ahora?
—Ahora, señor.
—Entendido. Guíame.
El acólito asintió y giró, caminando a paso medido. Erwan lo siguió, observando la disposición del templo a plena luz del día. Más acólitos se movían por los pasillos, realizando tareas diversas—limpieza ritual, preparación de altares, transcripción de textos sagrados. Algunos lo miraron con curiosidad mal disimulada. Otros ignoraron su presencia completamente, demasiado absortos en sus deberes.
Pasaron por un salón donde un grupo de niños—no más de diez años—estaba siendo instruido en manipulación básica de sombras. Un instructor mayor les enseñaba cómo formar formas simples. Erwan vio a una niña crear esfera perfecta de sombra del tamaño de su puño, su rostro iluminándose con orgullo mientras la sostenía en sus manos.
Entrenamiento desde joven. Inteligente. Si todos en la ciudad podían usar sombras básicas, la dependencia en usuarios de alto nivel disminuía.
El acólito lo llevó más profundo, descendiendo escaleras de piedra que se curvaban hacia abajo en espiral. Las paredes aquí estaban desnudas excepto por símbolos rúnicos que brillaban tenuemente—protecciones contra escucha, contra intrusión, contra magia no autorizada.
Finalmente llegaron a puerta masiva de obsidiana pulida. Dos guardianes la flanqueaban, ambos nivel Épico, ambos con armadura completa de placas negras. Evaluaron a Erwan con miradas frías antes de asentir al acólito.
—El Consejo está reunido. Puedes entrar.
El acólito tocó la puerta. Sombras fluyeron desde sus dedos, formando patrón de llave que se alineó con ranuras invisibles. La puerta se abrió hacia adentro sin sonido.
—Adelante, señor Shadowend. La Señora de las Sombras lo guíe.
Erwan entró.
◆ ◆ ◆
Cámara del Consejo – 12:09 PM
La habitación era circular, quizás veinte metros de diámetro. El techo era cúpula que mostraba cielo estrellado—no el cielo real de afuera, sino representación mágica de constelaciones que no existían en este mundo. Símbolos de Nyx, probablemente.
En el centro de la habitación había mesa hexagonal de mármol negro. Seis sillas la rodeaban. Y en cada silla, sentada con postura de autoridad absoluta, había una figura.
Las Seis Sombras.
Umbra estaba de pie junto a la mesa, no sentada. Su posición como Alta Sacerdotisa aparentemente la colocaba por encima del Consejo, observadora más que participante igual.
Ella habló primero.
—Erwan Shadowend. Permíteme presentarte al Consejo de las Seis Sombras. Estas son las personas que han estado protegiendo esta ciudad durante décadas. Y estas son las personas con quienes trabajarás para detener las desapariciones.
Gesticuló hacia la primera figura.
—Comandante Vex Ironshade. Líder de la Guardia de Sombras de la ciudad. Nivel Legendario bajo. Especialización: Sombras de Combate.
Vex era hombre de quizás cincuenta años. Musculoso, cicatrices visibles en manos y cuello. Cabello gris corto. Ojos grises que evaluaban a Erwan como soldado evaluaría amenaza potencial. Vestía armadura ligera bajo túnica militar negra con insignia de luna creciente en el pecho.
Asintió bruscamente.
—Shadowend.
Umbra continuó.
—Archivista Nyra Voidwhisper. Guardiana de los Registros Antiguos del Templo. Nivel Legendario bajo. Especialización: Sombras de Conocimiento.
Nyra era mujer de treinta y tantos. Delgada hasta parecer frágil, pero su aura sugería lo contrario. Gafas de montura oscura. Cabello negro recogido en moño perfecto. Dedos manchados de tinta. Ojos que brillaban con inteligencia afilada.
Ella inclinó la cabeza cortésmente.
—Un placer, Señor Shadowend. Espero que podamos intercambiar conocimientos en algún momento.
—Inquisidor Kael Nightbane. Cazador de Corrupción del Templo. Nivel Legendario medio. Especialización: Sombras de Purificación.
Kael era hombre joven—tal vez veinticinco. Pero había algo antiguo en sus ojos. Cabello negro largo hasta los hombros. Rostro angular, casi hermoso. Vestía túnica negra ajustada con símbolos rúnicos plateados bordados en los bordes. Y en su cinturón colgaban tres dagas de obsidiana.
Sus ojos encontraron los de Erwan y se estrecharon ligeramente.
—Divino. A tu edad. O eres prodigio… o fuiste forzado a ascender rápidamente. Lo cual significa trauma. Lo cual significa potencial inestabilidad.
No fue acusación. Solo observación clínica.
—Oracle Seris Moonveil. Vidente del Templo. Nivel Legendario bajo. Especialización: Sombras Proféticas.
Seris era mujer mayor—setenta, quizás ochenta. Cabello blanco largo. Piel arrugada pero ojos claros como cristal. Vestía túnica simple, sin adornos. Y alrededor de su cuello colgaba amuleto de plata con ojo abierto grabado.
Ella sonrió suavemente.
—Ya te he visto en mis sueños, Erwan Shadowend. Tu llegada fue… esperada. No por mí. Por las sombras mismas.
Eso era inquietante.
—Maestro de Asesinos Zephyr Blackthorn. Líder del Gremio de Sombras. Nivel Legendario medio. Especialización: Sombras de Muerte Silenciosa.
Zephyr era hombre de cuarenta. Altura promedio, complexión promedio, rostro que olvidarías cinco segundos después de verlo. Perfectamente diseñado para olvidabilidad. Vestía ropa oscura simple, sin armadura visible. Y sus ojos… sus ojos eran vacíos. No de emoción. De presencia. Como si parte de él no existiera realmente en esta habitación.
No habló. Solo asintió una vez.
—Y finalmente, Estratega Lyanna Duskborne. Consejera Táctica del Templo. Nivel Legendario bajo. Especialización: Sombras de Predicción Táctica.
Lyanna era mujer de cuarenta y tantos. Cabello negro con mechones plateados. Rostro severo pero no cruel. Vestía túnica militar similar a la de Vex, pero con insignias diferentes—símbolos de estrategia, mapas estilizados, torres de asedio. Sus dedos tamborileaban rítmicamente en la mesa mientras estudiaba a Erwan.
—Umbra dice que eres Divino. Demuéstralo.
No fue petición. Fue orden.
Erwan consideró sus opciones. Podía negarse. Podía simplemente decir “no” y observar cómo reaccionaban. Pero eso solo crearía fricción innecesaria.
Además, quería saber qué tan buenos eran realmente.
Extendió su mano. Sombras fluyeron desde sus dedos, pero no de las paredes o del suelo como hacían normalmente. Las creó de la nada, condensando oscuridad desde el aire mismo. Se materializaron en forma de espada—un metro de largo, filo perfectamente afilado, empuñadura ergonómica.
Luego la comprimió. La espada se redujo a daga. Luego a aguja. Luego a punto singular tan pequeño que era casi invisible.
Y entonces la expandió explosivamente.
Las sombras erupcionaron hacia afuera, llenando toda la habitación en fracción de segundo. No amenazadoramente.
Simplemente… presente. Como cortina que cubría todo, bloqueando toda luz, todo sonido, todo excepto las siete personas en la habitación.
Y en la oscuridad perfecta, Erwan habló.
—Soy Erwan Shadowend. Superviviente del Ciclo 49 de la Isla de la Muerte. Nivel Divino bajo. Y mis sombras responden solo a mí.
Disolvió la oscuridad tan rápido como la había creado. La luz púrpura del techo regresó, revelando las expresiones de los seis miembros del Consejo.
Vex sonreía. Sonrisa de lobo que acababa de encontrar presa digna.
Nyra tenía ojos abiertos completamente, claramente calculando cuánta energía habría requerido ese despliegue.
Kael seguía estudiándolo, pero ahora con respeto cauteloso en lugar de escepticismo.
Seris simplemente asintió, como si esto confirmara algo que ya sabía.
Zephyr no mostró reacción visible. Lo cual probablemente era su forma de impresionarse.
Y Lyanna… Lyanna estaba sonriendo. Pequeña sonrisa satisfecha.
—Bien. Eres real. Entonces podemos trabajar contigo.
Se levantó, caminando hacia el mapa que estaba extendido en la mesa. Era el mismo que Erwan había visto anoche—Ciudad de Sombras Perpetuas con treinta y siete círculos negros marcando ubicaciones de desapariciones.
—Escucha, Shadowend. Te voy a poner al día rápidamente porque no tenemos tiempo para cortesías prolongadas.
Tocó el mapa, y sombras fluyeron desde sus dedos, creando líneas que conectaban algunos círculos.
—Hace cuatro meses, comenzaron las desapariciones. Primero pensamos que eran crímenes no relacionados. Pero los números escalaron demasiado rápido. Y entonces encontramos esto.
Uno de los círculos se expandió, mostrando imagen tridimensional de símbolo rúnico—el mismo Sello de Invocación que Umbra le había mostrado anoche.
—Sellos de Invocación. Alguien está usando magia prohibida para crear Sombras Devoradoras. Y está usando ciudadanos como sacrificio. 847 hasta ahora. Y el ritmo está acelerando. En el último mes, hemos perdido 340 personas. Casi tanto como en los tres meses anteriores combinados.
Nyra se unió a ella junto al mapa.
—He estado investigando estos sellos. Son antiguos. Predatan al Templo de Nyx en esta ciudad por al menos mil años. Y requieren conocimiento que solo un puñado de personas en el continente poseen.
—¿Sospechan de alguien?
Kael respondió esta vez.
—Tenemos lista de dieciséis personas con conocimiento suficiente. Trece están vivas. Las hemos estado vigilando. Ninguna ha mostrado comportamiento sospechoso.
—¿Y las otras tres?
—Muertas. Hace siglos.
—¿Entonces tal vez no están muertas?
Vex gruñó.
—Consideramos eso. Enviamos equipos a verificar sus tumbas. Todas intactas. Todos los cuerpos presentes. A menos que tengan clones, están definitivamente muertos.
Zephyr habló por primera vez, su voz suave como susurro.
—Hay otra posibilidad. Alguien de fuera de la ciudad. Alguien que llegó recientemente y ha estado operando bajo detección.
Todos miraron a Erwan.
Él los miró de vuelta sin parpadear.
—Si pensaran que soy el culpable, ya estaría muerto o encadenado. Así que claramente no lo piensan. Sigan.
Umbra rió suavemente.
—Tiene razón. Y no, Erwan no es sospechoso. Sus sombras son demasiado puras. Una Sombra Devoradora deja rastro de corrupción en su creador. Él no tiene nada de eso.
Seris se levantó lentamente, sus huesos crujiendo audiblemente.
—He tenido visión. Tres noches atrás. Vi sombras devorando la ciudad. Vi calles vacías. Vi templo en llamas. Y vi figura de pie en el centro de la destrucción, riendo mientras todo moría.
—¿Pudiste ver quién era?
—No. Estaba envuelto en oscuridad incluso más profunda que las Sombras Devoradoras. Pero vi una cosa.
Sus ojos encontraron los de Erwan.
—Vi que solo alguien con sombras más puras que las suyas podía detenerlo. Y en tres siglos, nunca había sentido sombras tan puras como las tuyas hasta anoche.
Silencio cayó sobre la habitación.
Finalmente, Lyanna habló.
—Entonces aquí está el plan. Esta noche, Erwan se une a nosotros en patrulla. Dividimos la ciudad en sectores. Cada miembro del Consejo toma un sector, con Erwan rotando entre nosotros. Cuando encontremos una Sombra Devoradora, la matamos y rastreamos su origen. Y seguimos haciendo eso hasta que encontremos al creador.
—¿Y si el creador es más fuerte que nosotros?
Vex sonrió salvajemente.
—Entonces improvisamos. Como siempre.
Erwan estudió a los seis. Eran buenos. Experimentados. Coordinados. Pero había algo que no estaban diciendo. Podía verlo en la forma en que intercambiaban miradas, en la tensión que nunca abandonaba completamente sus posturas.
—¿Cuál es la trampa?
Lyanna lo miró directamente.
—La trampa es que las Sombras Devoradoras están volviéndose más fuertes. Las primeras que matamos eran nivel Épico bajo. Las más recientes son Épico alto. Y hace tres días, perdimos dos miembros de la guardia—ambos Épico medio—contra una sola.
—¿Nivel?
—Legendario bajo. Posiblemente medio.
—¿Y creen que si esta tendencia continúa…?
—En dos semanas, estaremos enfrentando Sombras Devoradoras de nivel Legendario alto. En un mes, Divino bajo. Y si llega a ese punto…
No necesitó terminar la oración. Si una Sombra Devoradora alcanzaba nivel Divino, esta ciudad estaba condenada. Incluso con todos ellos trabajando juntos, un monstruo de ese nivel podría devastar todo en horas.
Erwan asintió lentamente.
—Entendido. Entonces tenemos ventana de dos semanas. Después de eso, esto deja de ser misión de rescate y se convierte en evacuación.
—Correcto.
—¿Umbra? ¿Puede el Templo evacuar cincuenta mil personas en dos semanas si es necesario?
Umbra consideró la pregunta seriamente.
—Podríamos evacuar treinta mil. Los otros veinte mil… tendrían que quedarse y esperar. O huir por su cuenta.
—Entonces estamos trabajando contra reloj con vidas en la balanza. Maravilloso.
Kael se levantó.
—Bienvenido a nuestro infierno personal, Shadowend. Esperamos que tu presencia cambie las probabilidades.
—¿Y si no lo hace?
Kael sonrió. No fue sonrisa reconfortante.
—Entonces todos morimos juntos. Pero al menos moriremos peleando.
◆ ◆ ◆
Habitaciones de Huéspedes – 6:34 PM
Erwan pasó las siguientes horas preparándose.
Primero, practicó. Expandió su control de sombras, probando límites. Descubrió que aquí, en esta ciudad saturada con oscuridad, sus sombras respondían 20% más rápido que en la Isla. Podía crear construcciones más complejas con menos esfuerzo. Y su alcance se había expandido—en lugar de treinta metros, ahora podía controlar sombras hasta cincuenta metros de distancia.
Ventaja ambiental. Útil.
Segundo, estudió. Nyra le había enviado tres libros sobre Sombras Devoradoras—registros históricos de brotes pasados, métodos de detección, tácticas de exterminio. Los leyó en dos horas, memorizando información clave.
Las Sombras Devoradoras tenían debilidades. No muchas, pero algunas. Luz concentrada las debilitaba temporalmente. Fuego las dañaba. Y golpes directos a su núcleo—una esfera de oscuridad comprimida en su centro—las mataban instantáneamente.
El problema era llegar al núcleo. Las Sombras Devoradoras eran rápidas, regeneraban daño menor en segundos, y atacaban con docenas de extremidades simultáneamente.
Pelear contra una sería difícil.
Pelear contra múltiples sería pesadilla.
Tercero, meditó. Se sentó en posición de loto en el centro de su habitación, cerró los ojos, y sumergió su consciencia en las sombras alrededor de él. Sintió la ciudad. Sintió el movimiento de cincuenta mil personas. Sintió las corrientes de oscuridad fluyendo por calles como ríos invisibles.
Y sintió… algo más. Algo debajo. Como presencia masiva dormida bajo los cimientos de la ciudad. Antigua. Poderosa. Y definitivamente no humana.
Abrió los ojos bruscamente, sudando.
¿Qué diablos era eso?
Un golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
—Shadowend. Es hora. La patrulla comienza en diez minutos.
Era Vex.
Erwan se levantó, ajustó su ropa destrozada—necesitaría ropa nueva pronto—y abrió la puerta.
—Listo.
Vex asintió aprobadoramente.
—Bien. Esta noche patrullas conmigo. Sector Norte. Es donde ocurrieron las últimas tres desapariciones. Si va a pasar algo, pasará allí.
Comenzaron a caminar.
—¿Alguna vez has matado algo que solía ser humano, Shadowend?
Erwan pensó en Kael. En la Isla. En cómo había consumido estudiantes, convirtiéndose en monstruo. En cómo habían considerado matarlo pero decidieron darle oportunidad.
—Sí.
—¿Cómo te sentiste después?
—Como mierda. Pero lo hice de todas formas porque era necesario.
Vex sonrió.
—Buena respuesta. Recuerda eso esta noche. Porque cuando veas una Sombra Devoradora, cuando veas lo que solía ser persona retorcida en abominación… necesitarás recordar que matarla es misericordia. No asesinato.
Salieron del templo hacia calles oscurecidas de la ciudad.
La cacería había comenzado.
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