Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 37
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Capítulo 37: Ruinas Que No Deberían Existir
Día 2 – Entrada a las Ruinas, 10:17 AM
La oscuridad era hambienta.
Zerek descendió las escaleras de piedra negra con una mano en la pared, la otra materializando pequeña llama de energía deteriorada—luz verdosa pálida que apenas iluminaba un metro adelante.
No era su método preferido de iluminación. El fuego era más confiable. Pero aquí, en estas ruinas, prefería tener su poder listo. Y su poder era Deterioro. Muerte. Descomposición acelerada.
La luz verdosa proyectaba sombras que parecían moverse independientemente.
Las escaleras descendían más profundo de lo que parecía desde arriba. Diez metros. Veinte. Treinta.
El aire se volvía más fresco cuanto más bajaba. No refrescante. Muerto. Como el interior de tumba sellada durante siglos.
Y el silencio.
No había eco de sus pasos. El sonido era absorbido por las paredes de piedra negra como si la estructura misma estuviera tragándolo.
Finalmente, las escaleras terminaron.
Zerek se encontró de pie en umbral de vasta cámara subterránea.
Expandió su llama de deterioro, forzándola a brillar más intensamente. La luz verdosa se extendió, revelando el espacio.
Y Zerek se congeló.
◆ ◆ ◆
La Cámara Principal – 10:23 AM
La cámara era masiva.
Cincuenta metros de diámetro. Techo abovedado que se elevaba veinte metros sobre él. Y cada centímetro de superficie—paredes, suelo, techo—estaba cubierto con grabados.
No jeroglíficos simples. Arte.
Representaciones intrincadas de figuras que parecían humanas pero no lo eran del todo. Demasiado altas. Demasiado delgadas. Con ojos que tenían demasiadas pupilas. Con manos que tenían demasiados dedos.
Y entre las figuras, símbolos.
Los mismos que había visto en la entrada. Los mismos que había visto en la Isla de la Muerte.
Círculos dentro de círculos. Espirales que se retorcían en patrones que dolían mirar directamente. Ojos que parecían observar.
Zerek caminó lentamente hacia el centro de la cámara, sus botas resonando débilmente en el suelo de piedra pulida.
En el centro exacto había círculo ritual.
No completo. Incompleto.
Tres cuartos del círculo estaban tallados perfectamente en el suelo—líneas tan precisas que parecían cortadas con láser. Símbolos entrelazados que formaban patrón geométrico complejo.
Pero el último cuarto estaba vacío.
Como si quien hubiera creado esto hubiera sido interrumpido. O como si deliberadamente lo hubiera dejado sin terminar.
Zerek se arrodilló junto al círculo, estudiándolo más de cerca.
No reconocía el estilo exacto. Pero la función era inconfundible.
Esto era ritual de invocación. O de sellado. O ambos.
Algo debía ser llamado. O contenido. O transferido.
Y el hecho de que estuviera incompleto significaba que nunca había sido activado.
¿O sí?
Se levantó, mirando alrededor de la cámara con nuevo escrutinio.
Había seis puertas distribuidas uniformemente alrededor del perímetro. Todas cerradas. Todas selladas con más símbolos tallados en marcos de piedra.
Y en las paredes, entre los grabados, había inscripciones.
Texto en idioma que Zerek no reconocía inmediatamente. Pero cuanto más miraba, más palabras comenzaban a traducirse en su mente.
No porque entendiera el idioma.
Porque el idioma era antiguo. Anterior a lenguas modernas. Y de alguna manera, su mente—probablemente ayudada por la magia residual en las ruinas—estaba llenando los espacios en blanco.
Leyó la inscripción más cercana:
“En el tercer ciclo, los Arquitectos construyeron siete pilares.
Cada pilar para contener fragmento del Primero.
Cada fragmento separado para que el todo nunca pudiera reformarse.”
Zerek frunció el ceño.
Arquitectos. Pilares. El Primero.
Terminología que no significaba nada para él. Pero el tono era inconfundible.
Esto no era historia. Era advertencia.
Se movió a la siguiente inscripción:
“Cuando los siete fragmentos se reúnan,
cuando el sello se rompa,
cuando el ciclo se complete—
el Primero despertará.”
Y otra:
“No busquen completar lo incompleto.
No busquen despertar lo dormido.
No busquen conocer lo olvidado.”
Advertencias. Todas advertencias.
Zerek sintió incomodidad creciente en su pecho. Esto no era simple ruina arqueológica. Esto era tumba.
O prisión.
O ambas.
Y alguien—su objetivo, “El Excavador”—había venido aquí deliberadamente.
¿Por qué?
◆ ◆ ◆
Exploración Más Profunda – 11:04 AM
Zerek probó la primera puerta.
Sellada. Los símbolos en el marco brillaban débilmente cuando tocó la piedra—rechazo activo. Magia defensiva todavía funcional después de quién sabe cuántos siglos.
Segunda puerta. Misma respuesta.
Tercera puerta. Cuarta. Quinta.
Todas selladas.
Pero la sexta—
La sexta estaba entreabierta.
Los símbolos en su marco estaban rotos. No desgastados por el tiempo. Destrozados deliberadamente. Cincelados. Raspados. Destruidos metódicamente.
Alguien había forzado esta puerta.
Recientemente.
Zerek empujó la puerta lentamente. Crujió en protesta—bisagras de piedra que no habían sido movidas en siglos.
Detrás había pasillo estrecho. Descendiendo más profundo aún.
Las paredes aquí eran diferentes. Menos ornamentadas. Más funcionales.
Y había señales de actividad reciente.
Marcas de herramientas en la piedra donde alguien había cincelado. Fragmentos de cuerda dejados atrás. Antorcha apagada apoyada contra pared.
Zerek siguió el pasillo.
Cincuenta metros. Cien. El aire se volvía más pesado. La presión aumentaba.
No presión física. Mágica.
Como peso invisible presionando contra su pecho. Dificultando respirar. Haciendo que cada paso requiriera esfuerzo consciente.
Y el silencio.
El silencio antinatural.
Exactamente como habían descrito los supervivientes en los registros del Gremio de Cartógrafos.
Finalmente, el pasillo se abrió en segunda cámara.
Más pequeña que la primera. Quizás veinte metros de diámetro. Pero con característica distintiva en el centro:
Altar.
O más precisamente, pedestal.
Cilindro de piedra de un metro de altura. Superficie superior perfectamente plana. Y grabado en esa superficie—
Otro círculo incompleto.
Pero este era diferente.
Este tenía ranuras. Siete de ellas, distribuidas uniformemente alrededor del círculo. Como si algo debiera ser insertado.
Seis ranuras estaban vacías.
Pero la séptima—
En la séptima ranura había cristal.
Del tamaño de puño. Brillando con luz roja pálida. Pulsando como corazón latente.
Y arrodillado junto al pedestal, con herramientas de excavación esparcidas alrededor, estaba hombre.
◆ ◆ ◆
El Excavador – 11:17 AM
El hombre no se giró cuando Zerek entró.
Simplemente continuó arrodillado. Mirando el cristal pulsante. Sus manos descansaban en sus muslos. Su respiración era lenta. Constante.
Esperando.
Zerek lo estudió desde la entrada.
Edad: cincuenta, tal vez sesenta. Cabello gris largo atado en coleta. Ropa de explorador—práctica, reforzada, cubierta con polvo de piedra. Sin armas visibles.
Pero su aura.
Zerek podía sentirla ahora que estaba más cerca.
Épico alto. Posiblemente tocando Legendario bajo.
No indefenso, entonces. Pero tampoco amenaza seria para Zerek, que era Divino bajo.
Zerek habló, su voz rompiendo el silencio antinatural.
—Tú eres El Excavador.
No fue pregunta.
El hombre finalmente se movió. Lentamente. Giró su cabeza para mirar a Zerek por encima del hombro.
Sus ojos eran grises. Sin emoción visible. Sin miedo. Sin sorpresa.
Como si hubiera estado esperando exactamente esto.
—Sí. Su voz era suave. Educada. —Y tú eres el asesino que enviaron.
Zerek no negó.
—Tienes contrato en mi cabeza. Treinta monedas de oro.
—Generoso. El Excavador sonrió débilmente. —Aunque sospecho que el pago real no es monetario.
—¿Qué significa eso?
El Excavador se levantó lentamente. No amenazadoramente. Solo… cansado. Como hombre que había cargado peso demasiado tiempo.
—Significa que quien te contrató no te quiere por tu habilidad para matar. Te quiere por tu poder.
Gesticuló hacia el pedestal. Hacia el cristal pulsante.
—¿Sabes qué es esto?
—No.
—Fragmento de sellado. Uno de siete. Diseñado para contener algo… antiguo. Algo que los Arquitectos—civilización que existió hace diez mil años—consideraban demasiado peligroso para permitir que existiera libremente.
Caminó alrededor del pedestal, sus dedos trazando los símbolos grabados.
—Pasé veinte años buscando estos fragmentos. Documentándolos. Entendiendo su propósito. Y descubrí algo… terrible.
Hizo pausa.
—Alguien está tratando de reactivarlos. No todos a la vez. Eso sería demasiado obvio. Pero uno por uno. Fragmento por fragmento. Ritual por ritual.
Miró a Zerek directamente.
—Y tu poder—Deterioro, Muerte—es exactamente el tipo de energía que necesitarían para activar este fragmento específico.
Silencio cayó sobre la cámara.
Zerek procesó la información.
—Estás diciendo que el contrato era trampa. Que quien me contrató quiere que te mate aquí. En este lugar específico.
—Exactamente. El Excavador asintió. —Tu acto de matarme—especialmente usando tu poder de Deterioro—liberará energía residual suficiente para activar parcialmente el fragmento.
—¿Parcialmente?
—El ritual no necesita éxito completo. Solo necesita repetición. Si activan los siete fragmentos parcialmente, eventualmente acumularán suficiente energía para romper el sello central.
Gesticuló hacia el círculo incompleto en el suelo de la cámara principal.
—Ese círculo que viste afuera. Está diseñado para canalizar la energía liberada aquí hacia ubicación central. Probablemente en otro continente. Probablemente donde están los otros fragmentos.
Zerek sintió frío recorriendo su columna.
—¿Qué pasará si tienen éxito?
El Excavador lo miró con algo que casi parecía lástima.
—El Primero despertará. Y según todas las inscripciones que he traducido, eso significará el fin de Altheria tal como la conocemos.
Hizo pausa.
—Pero aquí está la parte que debes entender, asesino: mi muerte es irrelevante.
Sonrió.
—Ya activé protecciones. Ya envié advertencias. Ya hice copias de mis investigaciones. Matarme solo acelera el plan de ellos.
—Entonces, ¿por qué no huiste?
—Porque necesitaba que alguien entendiera. Alguien con poder suficiente para potencialmente detener esto.
Dio paso hacia Zerek.
—Y ahora ese alguien eres tú. Zerek Noctis, superviviente del Ciclo 49, portador de poder Divino de Deterioro.
Zerek se tensó.
—¿Cómo sabes mi nombre? ¿Cómo sabes sobre la Isla?
—Porque quien te contrató no es amateur. Es alguien que ha estado planeando esto durante siglos. Alguien que rastrea Despertados poderosos. Alguien que los usa como piezas.
El Excavador extendió sus brazos, gesto de rendición.
—Así que adelante. Completa tu contrato. Mátame. Activa el fragmento. Conviértete en catalizador involuntario del apocalipsis.
Su sonrisa se ensanchó.
—O elige no hacerlo. Y enfrenta las consecuencias de romper contrato en las Tierras Muertas.
Zerek miró al hombre. Luego al cristal pulsante. Luego al círculo incompleto en la distancia.
Y entendió.
No había opción correcta.
Solo consecuencias.
Su mano se movió hacia su daga.
El Excavador no se movió. Simplemente esperó.
Sonriendo.
Como si ya supiera lo que Zerek haría.
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