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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 42

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Capítulo 42: Cazado

​Ubicación: Puerto Arenoso – Calle de los Curtidores 07:16 PM

Estado de Sujeto: Alerta Máxima (Fase de Medición)

​El callejón de los curtidores siempre olía a muerte, pero era una muerte orgánica: pieles de animales, taninos ácidos y el sudor de los trabajadores. Sin embargo, en un parpadeo, ese olor fue erradicado. El aire se volvió aséptico, frío y extrañamente pesado, como si la atmósfera misma hubiera sido reemplazada por un gas inerte diseñado para conservar especímenes de laboratorio.

​Zerek Noctis se detuvo en seco. Su instinto, forjado en la brutalidad del Ciclo 49 y refinado en la Isla de la Muerte, le envió una señal de alarma que le erizó el vello de la nuca. No era el miedo a un asesino común; era la sensación de estar siendo observado a través de un microscopio.

​Frente a él, tres figuras bloqueaban la salida hacia la plaza principal. No habían caminado hasta allí; simplemente estaban presentes, como si siempre hubieran formado parte del paisaje y él acabara de notar su existencia. Vestían túnicas grises que no se movían con la brisa del desierto y máscaras de porcelana blanca, lisas y carentes de cualquier rasgo humano.

​—Variable confirmada —dijo la figura del centro. Su voz no era una sola, sino una superposición de frecuencias metálicas que vibraban en los dientes de Zerek.

​—Nivel de respuesta biológica: 64% —añadió la figura de la izquierda—. Procediendo a la extracción de datos físicos.

Fase de medición: Iniciada.

​Zerek no esperó a que terminaran su diagnóstico.

En el mundo de los mercenarios, el que habla primero suele ser el que muere segundo, pero estas cosas no eran mercenarios. Eran herramientas. Y a las herramientas se las rompe.

​—¡Deterioro: Campo de Hambre! —rugió Zerek, golpeando el suelo con ambas palmas.

​La energía verde oscura estalló desde su posición, una neblina de entropía pura que devoraba todo a su paso. Las vigas de madera de los edificios colindantes se pudrieron en segundos, convirtiéndose en aserrín gris que caía como nieve sucia.

Las moscas que zumbaban sobre los desperdicios cayeron muertas, desintegradas antes de tocar el suelo.

​Sin embargo, cuando la onda de choque alcanzó a los Ejecutores, ocurrió algo imposible. La energía de Deterioro, que debería haber desintegrado sus túnicas y su carne, simplemente fluyó alrededor de ellos, como el agua de un río esquivando rocas lisas.

​—Corrosión detectada en la armadura externa —informó el Ejecutor central con una calma gélida—. El sujeto ignora las leyes de conservación de materia. Ajustando parámetros de resistencia.

​Sin previo aviso, los tres se lanzaron al ataque. No corrían; se deslizaban por el aire con una inercia antinatural. Sus dedos se extendieron, transformándose en agujas de porcelana de veinte centímetros que silbaban al cortar el aire.

​Zerek esquivó el primer ataque por un margen milimétrico. El sonido de las agujas perforando la pared de adobe detrás de él fue como un disparo: seco, preciso y letal. No hubo grietas en el muro; las agujas simplemente borraron el material en su camino, dejando agujeros perfectos.

​—¿Qué demonios sois? —gruñó Zerek, girando sobre sus talones y lanzando un arco de energía de Deterioro hacia el Ejecutor de la derecha.

​El asesino saltó en un ángulo que habría roto la columna de cualquier humano, rotando en el aire con una fluidez que desafiaba la gravedad. Zerek aprovechó el impulso para cerrar la distancia con el Ejecutor central. Si no podía corroerlos a distancia, lo haría de forma directa.

​Concentró cada onza de poder en su puño derecho. La llama verde se volvió tan intensa que se tornó casi negra, una singularidad de entropía concentrada en sus nudillos.

​—¡A ver si esto lo podéis “ajustar”! —gritó, hundiendo el golpe directamente en el pecho del líder.

​El impacto no produjo el sonido de huesos rompiéndose. Fue un sonido sordo, como una mano golpeando un vacío. El puño de Zerek atravesó la túnica y la porcelana, pero no encontró resistencia interna. El interior del Ejecutor era una cavidad de sombras violetas palpitantes.

​Entonces, los dedos de porcelana del Ejecutor se cerraron sobre el antebrazo de Zerek.

​El grito quedó atrapado en la garganta del mercenario. No era dolor físico, era algo mucho peor. Era la sensación de que su propia existencia estaba siendo “deshecha”. Donde la porcelana tocaba su piel, el color desaparecía, dejando una mancha blanca y muerta que no sentía nada. Estaban borrando su conexión con el mundo real.

​Zerek reaccionó por puro instinto de supervivencia. Usó su mano libre para agarrar la máscara del Ejecutor y, con un grito de rabia, liberó una descarga masiva de Deterioro directamente en lo que debería haber sido el rostro de la criatura.

​La máscara de porcelana estalló. Detrás no había ojos, ni boca, ni cráneo. Solo un núcleo inestable de energía pura que latía con una luz maligna. El Ejecutor salió despedido hacia atrás, soltando el brazo de Zerek.

​—Error de integridad —dijo la criatura mientras se levantaba, con el rostro fragmentado revelando el vacío en su interior—. El sujeto muestra picos de potencia superiores a los registros del Ciclo 48. Actualizando informe para el Supervisor.

​Zerek jadeaba, sujetándose el brazo derecho. La piel estaba blanca como la cera, gélida al tacto.

​—¿Supervisor? —Zerek escupió sangre—. Dile a tu jefe que si quiere mis datos, tendrá que venir a buscarlos él mismo. ¡No soy un maldito experimento!

​Los tres Ejecutores se posicionaron en un triángulo perfecto alrededor de él. El aire comenzó a vibrar con una nota alta, una frecuencia sónica que hizo que los ojos de Zerek comenzaran a sangrar y su visión se nublara. Estaban sincronizando sus núcleos para un ataque final.

​—Fase de recolección terminada —dijeron al unísono—. Iniciando secuencia de eliminación y purga de la variable.

​Zerek sabía que no podía ganar una pelea de desgaste contra máquinas que no sentían dolor ni fatiga. Necesitaba un colapso. Necesitaba que la entropía fuera absoluta.

​Cerró los ojos y se sumergió en lo más profundo de su conexión con el Cáliz. Ignoró el dolor de su brazo borrado y el ruido ensordecedor. Buscó la esencia del Deterioro: no solo la putrefacción, sino el fin de todas las cosas. El silencio final.

​—¿Queréis medir mi poder? —susurró Zerek, y su voz sonó como mil años de hojas secas crujiendo—. Pues comedos todo este vacío.

​Zerek expandió su aura, pero esta vez no la lanzó hacia afuera. La colapsó hacia adentro, convirtiéndose en un agujero negro de energía esmeralda. El suelo bajo sus pies desapareció, no en polvo, sino en nada. Las paredes del callejón comenzaron a curvarse hacia él, atraídas por la succión gravitatoria de su poder.

​Los Ejecutores intentaron atacar, pero sus agujas de porcelana se deshacían antes de llegar a tocarlo, atraídas por la vorágine. Zerek se lanzó hacia el Ejecutor con el rostro roto, el que parecía ser el nexo de la red.

​Lo agarró por lo que quedaba de su cuello de porcelana y hundió su mano directamente en el núcleo violeta.

​—¡Deterioro Total: Punto Cero!

​La energía del Cáliz inundó el núcleo del Ejecutor. Dos fuerzas opuestas —el borrado del Consejo y el deterioro de Zerek— chocaron en un espacio microscópico. El núcleo comenzó a brillar con una luz negra cegadora.

​—Sobrecarga detectada —dijo el Ejecutor, y por primera vez, hubo una pizca de algo parecido a la estática en su voz—. Datos… inabarcables. Secuencia de autodestrucción inevitable. Gracias por… la… muestra…

​El Ejecutor explotó.

​No fue fuego. Fue una onda de choque de realidad fracturada. Zerek sintió que el mundo se hacía pedazos a su alrededor. Fue lanzado a través de dos edificios, rompiendo piedra y madera hasta aterrizar en una calle lateral, a cincuenta metros de distancia.

​El silencio que siguió fue absoluto.

​Zerek abrió los ojos, cubierto de escombros. Le dolía respirar. Su túnica era poco más que jirones y su brazo derecho seguía pareciendo el de un cadáver, pero estaba vivo. Se puso en pie con dificultad y regresó al lugar del combate.

​El callejón de los curtidores ya no existía. En su lugar había un cráter perfecto, de bordes lisos y brillantes, como si una parte del mundo hubiera sido recortada con un bisturí divino. No quedaba ni rastro de los Ejecutores, excepto por un pequeño cristal translúcido que parpadeaba en el fondo del agujero.

​Zerek bajó al cráter y lo recogió. El cristal contenía una voluta de humo negro que parecía tener vida propia.

​—Sombras devoradoras —murmuró Zerek, reconociendo el patrón que el Excavador había descrito en su cuaderno—. Me usaron para probar su nueva tecnología.

​Miró hacia el horizonte, hacia las luces distantes de Aethelgard. Ahora entendía el juego. No era solo un mercenario cumpliendo contratos; era un motor de pruebas para un plan que involucraba a todo el continente. Los otros dos —la mujer de hielo y el usuario de sombras— debían estar pasando por lo mismo.

​Zerek guardó el cristal en su bolsa, apretando los dientes contra el dolor de su brazo.

​—Ya me habéis medido —dijo al aire vacío, sabiendo que en algún lugar, Vaelen estaba mirando—. Ahora os toca a vosotros rezar para que vuestros cálculos fueran correctos. Porque cuando nos encontremos, voy a asegurar que vuestra “sincronicidad” se desmorone hasta los cimientos.

​Con un paso pesado pero decidido, Zerek Noctis se alejó del cráter, desapareciendo en la oscuridad de Puerto Arenoso. La caza acababa de cambiar de bando.

​

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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