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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 44

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Capítulo 44: El Supervisor

Ubicación: Llanuras de Ceniza – Frontera de las Tierras Muertas

Hora: 05:42 AM

Estado: Perseguido / Variable en fase de rebeldía

El frío de la madrugada en las Llanuras de Ceniza no era como el del desierto. En las Tierras Muertas, el calor te abandonaba de golpe, dejando una sequedad que te agrietaba los labios. Aquí, en el límite del mundo civilizado, el frío era húmedo, una bruma grisácea que se filtraba por las costuras de mi túnica hecha jirones y entumecía los músculos que aún no se habían recuperado de la explosión en el búnker. Cada vez que inhalaba, sentía el sabor a azufre y tierra quemada, restos de una guerra antigua que nunca terminó de apagarse.

Caminaba siguiendo el rastro de una caravana fantasma. No había caballos, ni comerciantes, ni el ruido metálico de las carretas, pero las marcas estaban ahí: surcos profundos en la ceniza que seguían una geometría demasiado perfecta para ser natural. Era la huella de una logística que no debería existir en este páramo; el suministro silencioso de una organización que movía recursos por debajo de la piel del mundo.

Me detuve en medio de un círculo de piedras calcinadas. Eran monolitos de basalto, dispuestos en un patrón que recordaba a un reloj de sol roto. El aire aquí vibraba de una forma diferente, una frecuencia que hacía que los dientes me castañearan, y no por el frío.

—Sé que estás ahí —dije, mi voz rompiendo el silencio como un cristal al quebrarse. No me molesté en mirar atrás. Mi percepción, agudizada por la energía de Deterioro, detectaba la distorsión—. Has estado enviando ecos de energía durante los últimos tres kilómetros. Si vas a matarme, hazlo antes de que me muera de aburrimiento.

El aire frente a mí sufrió una torsión violenta. No fue un portal, ni una invocación de alta magia, ni el destello de un círculo de transmutación. Fue como si un fragmento de la realidad misma hubiera sido recortado por un bisturí invisible y reemplazado por la imagen de un hombre.

No era un guerrero. No llevaba la armadura dorada de los paladines de Aethelgard ni las túnicas ornamentadas de los magos del Consejo. Vestía una túnica académica de color gris plomizo, de un corte tan sobrio que resultaba inquietante. Sus gemelos de plata brillaban con una luz artificial que no procedía de las lunas ni del sol naciente. Su rostro era anodino, el tipo de cara que olvidas un segundo después de verla, el hombre que se mezcla entre la multitud sin dejar rastro. Pero sus ojos… sus ojos eran dos pozos de orden absoluto, carentes de cualquier chispa de caos o emoción humana.

—Zerek Noctis —dijo la proyección. Su voz era antinatural; no parecía emanar de la garganta del hombre, sino que resonaba desde el suelo, desde las piedras calcinadas y desde el interior de mi propio cráneo—. Es fascinante observar cómo el deterioro intenta resistirse a la estructura. Eres como una célula cancerosa que cree tener voluntad propia dentro de un organismo perfecto.

—¿Vaelen? —pregunté. No fue una suposición, sino una confirmación. El nombre que había desenterrado de los archivos prohibidos ahora tenía un rostro. Un rostro que odiaba por instinto.

—Un nombre es solo una etiqueta para una función. Yo soy el Supervisor de la Sincronicidad. Y tú… tú eres mi herramienta más valiosa, aunque seas la más difícil de calibrar.

Me reí. Fue un sonido seco, rasposo, como huesos chocando en un cementerio olvidado. Sentí el poder de Deterioro bullendo bajo mi piel, deseando saltar y consumir esa imagen imperturbable.

—Tu “herramienta” acaba de reventar uno de tus búnkeres de información. He visto tus informes, Supervisor. He visto cómo nos etiquetas. Si eso es ser valioso para ti, no quiero imaginar cómo tratas a tus enemigos. ¿Los invitas a cenar antes de borrarlos de la existencia?

—El búnker era obsoleto. Una reliquia de una fase de recolección que ya ha concluido. La información que extrajiste no fue un robo, Zerek. Fue una entrega. Era necesaria para tu evolución. Un catalizador que no comprende su propia naturaleza es ineficiente.

El Supervisor dio un paso hacia adelante. Su imagen parpadeó como estática, recordándome que no estaba físicamente allí, pero su presencia ejercía una presión real sobre el entorno. Las cenizas a su alrededor dejaron de volar, congeladas en el aire por una voluntad superior.

—No fuiste elegido para esta misión, Zerek. Fuiste inevitable. En un sistema cerrado donde el hielo intenta preservar cada átomo y la sombra intenta ocultar cada intención, el deterioro es la única fuerza capaz de romper la inercia. Eres el motor que forzará la repetición hasta que el Sello Central no tenga más opción que ceder.

Vaelen extendió una mano proyectada. En su palma, como si jugara con el destino de Altheria, aparecieron tres luces que giraban en una danza lenta: una azul gélida que emanaba calma y estancamiento; una violeta oscura que parecía devorar la luz a su alrededor; y una verde esmeralda, inestable y furiosa, que palpitaba con mi propia frecuencia cardíaca.

—Te ofrezco un trato, Variable 03 —continuó su voz omnipresente, filtrándose en mis pensamientos—. Deja de luchar contra el diseño. Es agotador, es fútil y, sobre todo, es una pérdida de tiempo para ambos. Si aceptas tu papel como el catalizador final, borraré tu rastro del Consejo. No más cazadores de porcelana pisándote los talones. No más recompensas sobre tu cabeza en cada puerto de Altheria. Te daré libertad total para destruir lo que desees, siempre que sea dentro de los parámetros de los nodos que yo asigne. Tendrás contratos infinitos, recursos que ni el rey de Aethelgard podría soñar y, lo más importante, paz.

Me quedé mirando la luz verde en su mano. Era una oferta tentadora. Libertad. Poder. Dejar de ser una presa que duerme con un ojo abierto y la mano en el mango de un cuchillo. Podría dejar de correr. Podría convertirme en el señor de mi propia destrucción.

—Libertad total… —repetí, bajando la cabeza. Dejé que mi cabello ocultara mis ojos. El silencio se prolongó, solo roto por el silbido del viento contra las piedras—. Suena bien. Realmente bien. Casi me convences, burócrata.

—Es lo lógico, Zerek. Eres un pragmático por encima de todo. No tienes la carga moral de Natsumi ni el resentimiento social de Erwan. Eres un profesional. Un profesional sabe cuándo aceptar una oferta que no tiene competencia.

—Lo soy —levanté la mirada, y mi ojo izquierdo brilló con una intensidad asesina, cargado de una energía esmeralda que comenzó a agrietar el suelo bajo mis pies—. Soy un profesional. Pero hay algo que el pragmatismo no perdona: que alguien me use como si fuera un estúpido.

Caminé hacia la proyección, ignorando la presión gravitatoria que intentaba obligarme a hincar la rodilla. Cada paso era una batalla contra la “Sincronicidad” que Vaelen intentaba imponer en el área.

—Me diste un contrato para matar a un hombre —dije, mi voz subiendo de tono—. Un arqueólogo que ya estaba muerto por dentro. Me ocultaste que su sangre era la llave de un ritual que vaporizaría a cientos de inocentes. Me usaste para “medir” la efectividad de tus soldaditos de porcelana, enviándolos a morir solo para ver cuánto podía estirarse mi poder antes de romperse.

Me detuve a escasos centímetros de su imagen. Podía ver la complejidad de las runas que formaban su proyección. Era una obra maestra de la ingeniería mágica, y eso me dio aún más asco.

—No me importa el destino del mundo, Vaelen. No soy un héroe como la chica del hielo ni un justiciero atormentado como el tipo de las sombras. Si el mundo arde, me aseguraré de estar sentado sobre las cenizas. Pero odio que me deban dinero. Y me debes quince monedas de oro de aquel contrato inicial que nunca terminaste de pagar… y el respeto de no tratarme como a una maldita pieza de ajedrez en un tablero que ni siquiera me gusta.

Cerré mi puño izquierdo. La energía de Deterioro no fluyó; explotó. No la dirigí contra la proyección —sabía que sería inútil golpear luz y sonido—, sino contra el nodo de anclaje que permitía que la imagen existiera. El suelo donde se proyectaba Vaelen comenzó a hervir, convirtiéndose en ceniza líquida y luego en nada.

—Rechazo el trato —sentencié. El verde esmeralda de mi poder tiñó la niebla de la madrugada—. Voy a buscar los otros nodos. No para activarlos por ti, ni para salvar a nadie. Voy a buscarlos para descuartizar tu infraestructura logística. Voy a matar a tus intermediarios, quemar tus depósitos de suministros y romper cada eslabón de tu cadena hasta que no quede nada de tu maldita “Sincronicidad”. Voy a ser la variable que destruya tu ecuación.

El Supervisor no mostró sorpresa. Su rostro permaneció impasible, pero su imagen comenzó a desvanecerse, pixelándose en fractales de luz gris. Sin embargo, antes de desaparecer, esbozó una sonrisa mínima, una expresión de satisfacción que me revolvió el estómago más que cualquier amenaza.

—Respuesta registrada, Zerek. Tu rechazo es predecible, y por lo tanto, es una forma de repetición. La fricción que generarás al intentar destruir el sistema solo producirá más energía para el despertar. Has elegido el camino más largo y doloroso, pero el destino sigue siendo el mismo.

Fase 2 iniciada: El Precio del Rechazo.

Su voz se volvió un eco distante, como si hablara desde el otro lado de un abismo.

—Buena suerte, Variable Noctis. La vas a necesitar. A partir de este momento, cada contrato que aceptes será una trampa, cada aliado que busques será un traidor y cada centímetro de Altheria se convertirá en los barrotes de tu celda. Nos veremos en la Convergencia.

La proyección desapareció con un chasquido seco.

El silencio volvió a las Llanuras de Ceniza, pero ahora era un silencio diferente. Ya no era la calma de la soledad, sino el peso de una ejecución inminente. El sol finalmente asomó por el horizonte, pero no trajo calor; solo iluminó el desastre que me rodeaba.

Miré mi brazo derecho, el que había sido alcanzado por la energía de “borrado” de los Ejecutores. La marca blanca, desprovista de vida, brilló levemente bajo la luz del alba antes de apagarse. No era una cicatriz; era un sensor. Vaelen no me había dado una advertencia; me había marcado como el objetivo prioritario número uno de todo un continente.

Me ajusté la capucha, ocultando mi rostro de las posibles miradas invisibles que el Consejo tenía en el cielo. Sentía el peso del cilindro de cristal en mi túnica, el mapa que contenía la ubicación de los otros dos supervivientes y los nodos restantes.

—Que vengan —murmuré, mi voz perdiéndose en el viento frío—. Al menos así no tendré que perder el tiempo buscándolos.

Había dejado de ser el cazador contratado. Ahora era la presa consciente. Y una presa que sabe quién es el cazador es la cosa más peligrosa de este mundo.

Caminé hacia el norte, dejando atrás las piedras calcinadas. El camino hacia Aethelgard era largo, pero cada paso que daba ahora no era para cumplir un diseño, sino para romperlo. Si Vaelen quería una repetición, yo le daría un final.

En este arco podemos ver un brutal cambio en la personalidad de zerek.

Como ha sido su evolución desde la Isla de la muerte como por ejemplo: Su relación de mejores amigos/ hermanos no de sangre con erwan parece no importarle, lo vivido en la Isla de la muerte parece darle igual

Será esto un efecto secundario de su magia?…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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