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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 49

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Capítulo 49: La Limpieza

Ubicación: Valle de los Suministros – Sector 4 de la Red Logística,Hora: 02:14 AM

Vaelen esperaba que yo fuera por su cabeza. Esperaba que, en un arrebato de justicia poética, el “Catalizador” corriera ciegamente hacia Aethelgard para intentar asesinar al Arquitecto en su trono de cristal. Pero un mercenario que ha sobrevivido a las peores calas de la Isla de la Muerte sabe que la guerra no se gana cortando la lengua de la serpiente si el cuerpo todavía tiene fuerza para asfixiarte. No matas al líder si antes no has dejado a sus soldados sin botas, sin pan y, sobre todo, sin la energía que los mantiene en pie.

No iba a tocar sus rituales. No iba a jugar a su estúpido juego de “alta magia” ni a intentar desentrañar los misterios del despertar del Primero. Iba a hacer lo que mejor sabía hacer, lo que el Consejo me había entrenado para ejecutar con precisión quirúrgica antes de que decidiera rebelarme contra el guion: Deteriorar.

◇◇◇

02:20 AM – El Almacén de Núcleos

El primer objetivo de mi lista negra fue el depósito de energía de la frontera norte. No era una torre mágica imponente custodiada por dragones, sino un almacén rectangular de metal gris y hormigón rúnico, diseñado para ser ignorado por cualquiera que no supiera leer las líneas ley del suelo. Para el Consejo, este lugar era un trámite burocrático, un punto de recarga en el mapa; para mí, era la yugular de su presencia militar en el sector.

Me deslicé entre las sombras de los perímetros exteriores. El aire vibraba con el zumbido de los núcleos de maná procesado. Los guardias no eran humanos; eran autómatas de bajo nivel, máquinas de vigilancia que seguían rutas predecibles marcadas por la Sincronicidad.

—Qué irónico —susurré, sintiendo el hormigueo violeta en mi brazo derecho—. Vuestra propia eficiencia es vuestra condena.

Me acerqué a los cimientos principales del edificio. No ataqué a los centinelas metálicos; no valía la pena gastar energía en chatarra que se apagaría sola en unos minutos. Puse mis manos, la izquierda cargada de un verde esmeralda tóxico y la derecha vibrando en una frecuencia de interferencia, directamente sobre las vigas de carga.

—¡Deterioro: Pulso de Decadencia!

No hubo una explosión ruidosa. Solo un suspiro metálico. En cuestión de segundos, el acero reforzado, diseñado para aguantar asedios, se volvió quebradizo como el cristal podrido. La estructura misma de la materia fue traicionada por mi tacto. El techo colapsó con un estruendo sordo, aplastando los miles de núcleos de energía que debían alimentar a los Ejecutores de Porcelana de toda la región.

Miré cómo la luz azul de los núcleos se extinguía bajo los escombros. Sin esa energía, los asesinos de élite del Consejo en este sector no eran más que estatuas decorativas de barro cocido.

◇◇◇

05:40 AM – Los Intermediarios

Tres horas después, me encontraba a kilómetros de distancia, en la ciudad portuaria de Ocaso. El olor a salitre y pescado podrido se mezclaba con el hedor del miedo. Allí, en una oficina oculta tras una fachada de exportación de grano, encontré al “Pagador”.

Era un hombre gordo, de piel cetrina y manos siempre sudorosas. Él era quien gestionaba los contratos anónimos, el que movía el oro que me había mantenido encadenado a la voluntad de Vaelen durante años. Cuando entré por la ventana, ni siquiera tuvo tiempo de gritar.

—No vengo por el oro, gordo —dije, apartando la daga que intentó sacar con una torpeza patética.

No lo maté. La muerte es un final demasiado limpio para alguien que comercia con la vida de los catalizadores. Simplemente puse mi dedo sobre su libro de registros, un tomo encuadernado en piel que contenía rutas, nombres y deudas.

—Todo lo que has construido, cada contacto, cada ruta de contrabando, cada vida que creías poseer… —susurré mientras el papel se convertía en ceniza negra en sus manos—. Ahora es nada. Dile a tu Supervisor que sus manos en este puerto han sido cortadas. A partir de hoy, el Consejo no tiene crédito en Ocaso.

El terror en sus ojos, al ver cómo el trabajo de su vida se deshacía en polvo ante él, fue el pago más satisfactorio que había recibido en toda mi carrera. Me marché dejando atrás a un hombre que ya no tenía nada que vender, ni siquiera su propia lealtad.

◇◇◇

El Colapso Silencioso

Vaelen no apareció. Esperaba una proyección, una voz burlona que me llamara “pieza rebelde”, pero el silencio del Arquitecto era más aterrador que su presencia. El Supervisor respondió con la frialdad inhumana de un sistema operativo corrigiendo un error de código.

A medida que avanzaba la mañana, comencé a ver el precio de mi sabotaje. Yo estaba destruyendo la infraestructura que mantenía el equilibrio artificial de las regiones, y como resultado, el mundo mismo comenzó a sangrar. Sin los nodos de energía y los reguladores de maná que yo había derribado, el clima en el Valle de los Suministros se volvió errático, casi histérico.

Las nubes se tornaron de un color púrpura tóxico. El aire se volvió pesado y eléctrico. Vi desde una colina cómo las cosechas de las aldeas cercanas, que dependían de los sistemas de riego rúnico alimentados por el Consejo, se marchitaban y morían en cuestión de minutos.

—”Si rompes el soporte, el ecosistema cae contigo” —parecía susurrar la lógica implacable de Vaelen en el viento.

No era una casualidad. Vaelen estaba usando mis propios ataques para castigar a las poblaciones civiles. Estaba manipulando las consecuencias de mi “liberación” para convertirme en el villano que el mundo necesitaba odiar. Cada almacén que yo destruía se traducía en una aldea sin luz, en una ciudad sin suministros médicos. Estaba forzando el colapso de regiones enteras solo para demostrarme una tesis cruel: que mi libertad era sinónimo de caos absoluto para los inocentes.

◇◇◇

11:00 PM – La Respuesta del Consejo

Para la noche, el aire se había vuelto tan denso que costaba respirar. Me encontraba en la linde de un bosque de pinos negros, observando el horizonte. No estaba solo. A través del mapa holográfico de mi cilindro, pude ver cómo otros agentes, firmas de energía mucho más densas y oscuras que los simples Interceptores, se movilizaban hacia mis coordenadas con una precisión geométrica.

El Consejo ya no enviaba herramientas de medición. Ya no les importaba “calibrarme”. Estaban enviando a los Reguladores de Realidad.

—¿Así que esta es la escala del juego? —dije en voz alta, mirando cómo una aldea a lo lejos ardía en llamas de un azul antinatural por el fallo crítico de un nodo que yo mismo había saboteado—. Quieres que sienta el peso de cada muerto. Quieres que vuelva al redil por el peso de la culpa, para “detener el desastre” que yo mismo inicié.

Apreté los dientes hasta que sentí que iban a quebrarse. Miré mis manos: el verde del Deterioro y el violeta de la Sincronicidad estaban más integrados que nunca, fluyendo en una espiral que devoraba la luz a mi alrededor.

—No va a funcionar, Vaelen. Si tengo que convertir Altheria en un páramo para que dejes de jugar a ser dios con ella, que así sea. Las cenizas no pueden ser gobernadas.

◇◇◇

11:15 PM – El Mensaje en los Escombros

El último almacén de la noche fue el más difícil. Era una central de distribución de suministros médicos y catalizadores de estabilidad rúnica. Dudé por un segundo antes de hundir mis manos en el reactor central. Sabía que, al hacerlo, condenaba a los hospitales de la capital provincial a una oscuridad total.

Pero el Deterioro no conoce la piedad. El reactor implosionó, llenando la sala de un humo esmeralda.

En medio de las llamas verdes, algo llamó mi atención. Sobre una mesa de metal que no se había derretido, un cristal de comunicación parpadeaba con una luz roja insistente. No era una señal general; estaba dirigido específicamente a mi frecuencia personal.

Me acerqué y lo activé. El holograma de Vaelen no apareció, solo una línea de datos, letras frías y blancas que flotaban en el aire viciado:

> “La limpieza es incompleta, Zerek. Tu sabotaje ha cortado el flujo de energía hacia el norte. El factor Natsumi se encuentra ahora sin el soporte de las Barreras Térmicas de Glaciem. Está a punto de ser purgada por los horrores del vacío que ella intentaba contener. Ella morirá por tu falta de suministros.”

Y luego, la pregunta que me heló la sangre más que el frío de la montaña:

> “¿Qué pesa más en tu balanza, Catalizador? ¿Tu sed de sabotaje o la vida de la única persona que comparte tu carga?”

Vaelen había previsto mi “limpieza”. Había dejado que destruyera la logística del sur para tener una excusa técnica y cortar la energía del norte, dejando a Natsumi —la portadora del fragmento de Hielo— desprotegida y rodeada de enemigos. Había convertido mi rebelión en el arma que asesinaría a mi única aliada potencial.

—Maldito seas… mil veces maldito —gruñí, golpeando la mesa de metal hasta dejar la marca de mi puño.

Había sido una trampa maestra. Una convergencia forzada por la necesidad, no por el destino. Para salvar a Natsumi, para evitar que el ciclo se rompiera por el eslabón más débil, tendría que detener mi ofensiva de inmediato. Tendría que dejar de ser el saboteador y convertirme en el rescatista, corriendo directamente hacia el lugar donde Vaelen más me quería: cerca de los otros fragmentos.

◇◇◇

Zerek Noctis no miró atrás. Dejó que las ruinas del almacén terminaran de arder y se lanzó hacia el bosque, girando su cuerpo hacia las montañas de hielo del norte. Su silueta desapareció en una explosión de velocidad, una estela verde y violeta que cortaba la noche como un cometa de mal agüero.

El rastro de destrucción que dejaba atrás era una cicatriz profunda en la piel del mundo, un testimonio de que la infraestructura del Consejo era vulnerable. Pero mientras corría hacia Glaciem, Zerek comprendió que, aunque hubiera herido al gigante, el Arquitecto todavía sostenía la batuta, dirigiendo la sinfonía del desastre con una precisión aterradora.

El encuentro en el frío estaba cerca. Y por primera vez, Zerek no iba a una batalla por dinero o por odio, sino para evitar que sus propias manos terminaran de destruir lo poco que quedaba de esperanza en el Ciclo 49.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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