Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 5
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5: Evolución Y Traición 5: Evolución Y Traición Día 3 – 10:22 AM Campo de entrenamiento improvisado – Costa Este de la Isla El aire estaba quieto.
Demasiado quieto.
La brisa salada del mar apenas se atrevía a tocar el claro donde cincuenta estudiantes se habían reunido.
Rostros cansados.
Ojos enrojecidos.
Algunos aún temblaban al recordar los gritos de la noche anterior.
Bran avanzó al centro, con la chaqueta rasgada y la mirada firme.
—Escuchen.
—Su voz sonó firme, sin alzar el tono—.
No voy a mentirles.
No tengo respuestas.
Pero sí tengo una decisión.
Nadie respiró.
Solo el sonido del viento entre las hojas acompañó sus palabras.
—Si queremos sobrevivir, no basta con escondernos o rezar para que los monstruos nos ignoren.
Tenemos que dominar lo que somos.
Antes de que eso nos destruya.
Una chispa recorrió los murmullos.
Algunos asintieron.
Otros se cruzaron de brazos, dudando.
Un chico de tercero —músculos, mirada desafiante— habló desde atrás: —¿Y tú quién te crees para dar órdenes?
Hace tres días eras tan inútil como cualquiera.
Bran lo miró sin enojo.
—Tienes razón.
—Entonces cállate y— —Pero… —Bran levantó su mano.
El aire comenzó a vibrar.
Las ondas se deformaron como si la realidad misma se estirara alrededor de su palma.
—Aprendí esto ayer.
—Su voz era baja, pero cada sílaba pesaba—.
Lo llamo Control Espacial.
El suelo tembló.
Una pequeña grieta se abrió en el aire, negra, profunda, devorando la luz misma.
El silencio fue absoluto.
Y luego, con un suspiro, la grieta desapareció.
Bran bajó la mano, con sudor en la frente.
—¿Ven?
Puedo destruir el espacio mismo… pero ni siquiera sé qué pasaría si hiciera algo más grande.
—… —Por eso estamos aquí.
No para ser más fuertes.
Sino para no volvernos monstruos.
Por un instante, todos quedaron en silencio.
Y luego Steven dio un paso al frente.
—Yo también mostraré el mío.
Su cuerpo empezó a cambiar.
Escamas doradas se extendieron por sus brazos.
Sus pupilas se convirtieron en rendijas de dragón.
El aire se volvió más pesado.
—Mi poder… es transformación dragónica.
Parcialmente puedo usar fuego y fuerza mejorada.
Abrió la boca.
Un chorro de fuego dorado iluminó el cielo.
Algunos retrocedieron; otros aplaudieron nerviosamente.
Pero Steven no sonreía.
—Cada vez que uso más poder… —susurró— escucho una voz.
Una voz antigua.
Me dice que deje de fingir ser humano.
Que me convierta… en lo que realmente soy.
Su voz tembló.
—Y cada vez, cuesta más ignorarla.
Bran frunció el ceño.
Esa misma sensación… esa misma llamada… él también la había sentido en sus sueños.
Pero antes de que pudiera hablar, otra voz surgió desde el borde del claro.
Fría.
Demasiado fría.
—¿Y si no queremos seguir siendo humanos?
Todos se giraron.
Yuki Frost caminaba lentamente hacia ellos.
Su cabello negro había desaparecido.
Ahora era plateado, y su piel tenía un tono azulado.
Sus ojos… ya no eran ojos humanos.
Eran cristales.
—Mi poder es Dominación del Invierno.
—Su tono era neutro, vacío—.
El frío ya no me afecta.
El calor no me importa.
Y las emociones… se están congelando.
Se detuvo frente a Bran.
—Y honestamente… me gusta.
Un escalofrío recorrió el grupo.
Natsumi dio un paso al frente.
—Eso no está bien, Yuki.
Te estás… perdiendo.
Yuki ladeó la cabeza, como si no entendiera las palabras.
—¿Perdiéndome?
No.
Estoy despertando.
El miedo, el dolor, la debilidad… todo eso es humano.
Y lo humano es frágil.
El aire se volvió gélido.
Copos de nieve comenzaron a caer, aunque el cielo estaba despejado.
—Si tengo que elegir… —susurró ella— entre ser humana y débil, o inhumana y libre… Su voz se rompió en un eco helado.
—Elijo… el poder.
Bran extendió una mano.
—¡Yuki, basta!
¡No—!
Demasiado tarde.
Una tormenta explotó desde su cuerpo.
El suelo se cubrió de escarcha, los árboles se congelaron.
Los estudiantes gritaban.
Bran creó barreras espaciales, intentando contener la presión.
Yuki se elevó, completamente hecha de hielo translúcido.
—Así… —su voz era melódica, inhumana— se siente la eternidad.
Las grietas comenzaron a aparecer en su cuerpo.
Primero pequeñas.
Luego, imposibles de ignorar.
—¿Q-qué…?
—sus ojos se abrieron, asustada por primera vez.
El brillo dentro de ella se intensificó.
—¡YUKI!
—gritó Steven—.
¡DETENTE, TE ESTÁS—!
Demasiado tarde otra vez.
Una explosión blanca devoró el claro.
El impacto tiró a Bran al suelo.
Las barreras colapsaron.
El aire se volvió silencio.
Cuando el polvo helado se disipó, solo quedó una figura: una estatua de hielo perfecta, con la expresión de Yuki… congelada en sorpresa.
Bran se levantó lentamente.
Se acercó.
Tocó la superficie.
Fría.
Muerta.
—Está… —susurró—.
Muerta.
Nadie dijo nada.
Solo el sonido del hielo derritiéndose lentamente acompañó la escena.
Día 3 – 4:18 PM Campamento Base La estatua de Yuki descansaba cubierta con una lona.
Nadie quería mirarla.
El recuento: 442 supervivientes.
El ambiente era pesado.
Cada palabra se sentía forzada.
Y en el silencio… algo empezó a quebrarse.
Natsumi hacía guardia junto a las hogueras cuando lo escuchó.
crunch masticar lento… húmedo… irregular.
Se giró.
El sonido venía de la zona de despiece, donde habían dejado el cuerpo de un monstruo cazado esa tarde.
—¿Kael?
—llamó suavemente.
Lo vio.
Arrodillado sobre el cadáver.
Pero no comía carne.
Su boca… absorbía el cuerpo.
Sombras negras fluían desde su garganta, envolviendo al monstruo, devorándolo como un vacío viviente.
—Kael… —susurró horrorizada.
Kael levantó la cabeza.
Sus ojos ya no eran solo negros.
Ahora brillaban, con un hambre antinatural.
—Natsumi.
—Su voz resonó con múltiples ecos—.
Tengo hambre.
—Kael… detente.
Estás— —El monstruo no fue suficiente.
—Su sonrisa se deformó—.
Pero tú… tú tienes tanto poder.
Tanto sabor.
Natsumi retrocedió.
—Kael, ¡resiste!
Sé que puedes hacerlo.
¡Recuerda quién eres!
—Ya no quiero recordar.
—Su voz era más grave—.
Quiero consumir.
Se lanzó hacia ella.
Instinto puro: Natsumi alzó una barrera de hielo.
Kael la absorbió de un toque.
El hielo desapareció.
La oscuridad creció.
—¡Ayuda!
—gritó Natsumi—.
¡KAEL ESTÁ—!
Su voz se cortó cuando Kael la tomó del cuello.
El poder de Natsumi comenzó a drenarse.
Su piel palideció.
—Delicioso —susurró él—.
Sabe a invierno eterno… Un destello púrpura.
Una espada de sombra cortó el brazo de Kael de un solo tajo.
—Aléjate de ella.
—Erwan apareció entre la niebla, ojos encendidos en furia.
Kael rugió, una mezcla de hombre y bestia.
Y su brazo… regeneró.
—Más… —rió—.
¡Más comida!
Steven llegó corriendo con llamas en las manos.
Zerek, con sus ojos encendidos.
Y Bran… con el espacio distorsionándose a su alrededor.
—¡Kael!
—gritó Bran—.
¡Detente ahora mismo!
Kael los miró a todos.
Sonrió.
—Tanto poder… tantos sabores distintos… Sus dientes eran afilados.
Sus pupilas, irreales.
—Voy a devorarlos a todos.
Y el campamento se convirtió en un campo de batalla.
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