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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - Capítulo 52: Llegada A La Capital Del Imperio
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Capítulo 52: Llegada A La Capital Del Imperio

Ubicación: Avaloria, Capital del Imperio del Emperador Eterno,Hora: 10:22 AM

El aire de Avaloria no sabía a salitre ni a muerte, a diferencia de los últimos recuerdos que ambos guardaban de la Isla. Aquí, el aire sabía a incienso caro, a metal pulido y a la estabilidad asfixiante de un imperio que se jactaba de no haber cambiado en un milenio.

Damien caminaba con las manos en los bolsillos de su gabardina oscura, con la capucha baja, permitiendo que el sol de la mañana iluminara su rostro. A su lado, Selene se movía con una elegancia que rozaba lo mecánico; sus ojos, ocultos tras unas gafas de sol de montura fina, no dejaban de escanear la arquitectura de la Plaza de los Héroes. Para cualquier ciudadano, eran solo dos viajeros más en la metrópolis más grande del mundo. Para el tejido de la realidad, eran dos anomalías que el sistema aún no sabía cómo procesar.

—Es fascinante —murmuró Selene, su voz apenas un susurro que Damien captaba gracias a su percepción aumentada—. Mira las frecuencias de maná en las farolas. No son para iluminación. Son repetidores de señal. El Imperio no solo gobierna Avaloria, la mantiene en una red de resonancia constante.

Damien asintió, deteniéndose frente a una fuente de mármol blanco donde el agua fluía en patrones geométricos perfectos.

—Todo parece estar en orden —dijo Damien, entornando los ojos—. Demasiado orden. Si escuchas las noticias en los puestos de los pregoneros, Altheria está viviendo una era de paz sin precedentes. Pero el suelo… el suelo vibra con una estática que me resulta familiar.

—Ciclo 49 —sentenció Selene—. Las piezas ya están en el tablero, Damien. Bran y Steven están fuera de la ecuación, pero los que quedaron… están haciendo ruido. Mucho ruido.

◇◇◇

Caminaron hacia el Distrito de los Archivos, una zona donde las bibliotecas de piedra se elevaban como acantilados de conocimiento. Mientras avanzaban, Selene consultaba un dispositivo discreto en su muñeca, una reliquia tecnológica que había logrado rescatar y adaptar.

—He estado rastreando las fluctuaciones de energía en el continente durante los últimos meses —explicó ella, proyectando una interfaz táctica que solo Damien podía ver—. Hay tres focos de inestabilidad que los informes oficiales del Imperio están clasificando como “desastres naturales” o “revueltas de bandidos”. Pero los datos dicen otra cosa.

Selene señaló un punto al norte, en las regiones gélidas de Glaciem.

—Aquí, hay registros de energías congeladas que no responden a las leyes de la termodinámica. No es solo frío; es una detención del tiempo molecular. Algo o alguien está intentando preservar la realidad de forma violenta.

—Natsumi —murmuró Damien, recordando el perfil de la chica del hielo—. Sigue intentando mantener las cosas unidas.

Selene deslizó el mapa hacia las fronteras de las Tierras Muertas y Umbralis.

—Aquí, las sombras han dejado de ser ausencia de luz. Se han convertido en vectores de fuerza. Hay alteraciones de sombras que han borrado campamentos enteros de la organización criminal. Los supervivientes hablan de un fantasma que no deja rastro.

—Erwan —Damien sonrió de lado—. Nunca fue bueno dejando que otros controlaran su espacio.

Finalmente, Selene señaló una cicatriz roja que recorría los nodos logísticos del sur y el centro.

—Y esto es lo más preocupante. No es preservación ni sigilo. Es destrucción selectiva.

Almacenes de suministros, depósitos de núcleos, intermediarios clave… todo está siendo desintegrado hasta el nivel atómico. No hay fuego, solo ceniza verde y un vacío de información.

—Zerek —concluyó Damien—. El mercenario finalmente ha dejado de aceptar encargos y ha empezado a cobrarlos.

◇◇◇

Se sentaron en una terraza de un café con vista a la Gran Torre del Consejo. Damien observaba a los patrulleros imperiales con sus armaduras doradas, moviéndose con una sincronía que parecía ensayada por un coreógrafo invisible.

—Lo que no entiendo —dijo Damien, tomando un sorbo de un líquido amargo— es por qué Avaloria sigue tan tranquila. Si tres de los supervivientes más poderosos del ciclo están destrozando la infraestructura del Consejo en las provincias, la capital debería estar en estado de sitio.

Selene bajó sus gafas, revelando una mirada analítica y fría.

—Eso es lo que vine a descubrir. He accedido a la red de comunicación sub-espacial del Imperio. No hay pánico porque el Consejo de los Siete está filtrando la información. Pero hay algo más…

Ella manipuló su dispositivo y mostró una serie de logotipos y firmas digitales que aparecían en los registros de las zonas destruidas. Eran símbolos de una organización que operaba en las sombras, una red logística que Damien reconoció de inmediato.

—La organización criminal —dijo Damien—. No están combatiendo a Zerek, Natsumi o Erwan. Están… recalibrándose.

—Exacto —confirmó Selene—. No es un fallo en el sistema. Alguien lo calculó todo. Cada destrucción de Zerek, cada barrera de Natsumi y cada asesinato de Erwan está siendo absorbido por la red. Los están dejando actuar. Es como si estuvieran usando a los tres para “limpiar” las partes obsoletas de la estructura de Altheria.

Damien golpeó rítmicamente la mesa con los dedos. Su capacidad para detectar patrones estaba trabajando a máxima potencia.

—Si yo fuera el arquitecto de este caos —especuló Damien—, no intentaría detener a tres fuerzas de la naturaleza. Los guiaría.

Los empujaría hacia un solo punto. No es caos, Selene. Es una convergencia diseñada. El continente no está cayendo, está siendo moldeado para un evento final.

◇◇◇

Selene abrió un archivo encriptado que acababa de terminar de procesar. Era una comunicación interna entre la capital y un nodo remoto.

—Mira esto, Damien. Hay lagunas extrañas en los reportes de bajas. Según el Imperio, los intermediarios que Zerek mató en el puerto de Ocaso murieron en un “incendio accidental”. Pero en los registros de pensiones del Imperio, sus familias están siendo compensadas por “servicios de transición”.

—Están pagando por el silencio y por la salida de escena —Damien se inclinó hacia adelante—. El Imperio y la organización criminal son la misma cosa con diferentes máscaras. Vaelen, el Supervisor del que hablaban los archivos de la Isla, no solo vigila el ciclo. Él es el dueño de la logística de este mundo.

Selene cerró la proyección y miró hacia la Gran Torre.

—Si eso es cierto, entonces Natsumi, Erwan y Zerek no están luchando contra el sistema. Están cumpliendo la Fase 2 sin saberlo. Creen que están saboteando al enemigo, pero solo están borrando las huellas que el enemigo ya no necesita.

—No del todo —intervino Damien—. Zerek rechazó el trato. Erwan está matando a los que no debería. Natsumi está preservando lo que debería morir. Son variables rebeldes, pero siguen moviéndose por el mapa que el Supervisor les trazó.

—¿Y nosotros? —preguntó Selene.

Damien miró su propia mano, recordando el peso de la responsabilidad que sentía hacia aquellos con los que compartió el cautiverio.

—Nosotros somos los observadores que el Supervisor no incluyó en su informe de hoy. Si los vectores siguen su curso, van a chocar en el centro del continente. Y ese choque va a generar tanta energía que el Sello del Primero se abrirá.

◇◇◇

Caminaron de regreso hacia su refugio temporal, una pequeña casa en el barrio de los relojeros, lejos de los ojos de los centinelas mágicos. La ciudad de Avaloria empezaba a encender sus luces nocturnas, una red de puntos dorados que desde el cielo debía parecer un circuito impreso perfecto.

Selene se detuvo un momento, mirando una estatua de bronce del Emperador Eterno.

—Damien, si intervenimos ahora, el Supervisor nos detectará. Si no intervenimos, los tres se matarán entre ellos o alimentarán el ritual final.

Damien se detuvo a su lado, observando la imperturbable estatua de metal.

—No vamos a intervenir directamente. Todavía no. Selene, necesito que encuentres la ubicación de los nodos que Zerek aún no ha tocado. No para destruirlos, sino para marcarlos.

—¿Marcarlos?

—Si van a chocar —dijo Damien con una voz que cargaba la autoridad de quien ha visto el fin de los tiempos—, quiero asegurarme de que el lugar del impacto no sea el que Vaelen ha preparado. Vamos a introducir ruido en su señal. Vamos a ser la interferencia que no pueden calcular.

Selene asintió, una chispa de determinación en sus ojos. Entendía el plan. No se trataba de salvar a los tres protagonistas de su destino, sino de cambiar el escenario del destino mismo.

El sol se ocultó tras los rascacielos de piedra de Avaloria. Damien y Selene desaparecieron en las callejuelas, mientras en las pantallas mágicas de la ciudad, el heraldo anunciaba que el mundo nunca había sido más seguro. Pero bajo el pavimento, en las líneas de datos y en los flujos de maná, la cuenta atrás para el Arco 4 había comenzado oficialmente.

El continente no estaba en paz; estaba conteniendo el aliento antes del estallido.

—Si creen que esto es el final —susurró Damien a la oscuridad—, es porque no han visto quién está moviendo las piezas ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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