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Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 54

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Capítulo 54: El Observador

Ubicación: Refugio Seguro – Distrito de los Relojeros, Avaloria,Hora: 03:45 AM

El silencio en el refugio del Distrito de los Relojeros no era la ausencia de sonido, sino una construcción artificial de seguridad. Las paredes de la vieja casa de piedra estaban recubiertas con láminas de plomo y rúnica aislante, diseñadas para que ninguna frecuencia mágica del Imperio pudiera penetrar. Sin embargo, a las tres de la mañana, ese silencio fue violado por un fenómeno que Selene no pudo registrar con sus sensores electrónicos de última generación, pero que Damien sintió como una aguja de hielo clavándose directamente en la base de su cráneo.

Fue una presión gélida, una alteración ontológica del espacio. Damien estaba sentado frente a la mesa de madera, observando los planos robados de la biblioteca, cuando sintió que el aire se volvía denso, casi sólido. La atmósfera en la habitación cambió de repente; el oxígeno parecía haber sido reemplazado por una estática pesada que hacía que el vello de sus brazos se erizara y que el sabor del cobre invadiera su boca.

No era una presencia física en el sentido tradicional. No hubo el crujido de una madera ni el desplazamiento de una cortina. Pero las sombras en las esquinas de la habitación comenzaron a alargarse de forma antinatural, proyectándose hacia el centro de la estancia como dedos negros que buscaban algo que tocar. Damien se puso en pie lentamente, con los músculos en tensión, sintiendo cómo su propia energía interna —esa capacidad de análisis y predicción que lo definía— reaccionaba violentamente ante un intruso que no ocupaba un lugar en el espacio, sino en la realidad misma.

—No te molestes, Selene —dijo Damien, su voz sonando amortiguada, como si hablara bajo el agua. Sus ojos estaban fijos en el espacio vacío sobre la mesa—. No está aquí. No de la forma en que lo entiendes. Pero nos está mirando desde el otro lado del velo.

Selene, que estaba en el rincón procesando los datos extraídos, dejó caer su terminal. Sus ojos artificiales emitieron un destello azul mientras activaba sus protocolos de defensa de emergencia, pero sus pantallas solo mostraban cascadas de estática geométrica y códigos de error que nunca antes había visto. Sus sistemas estaban siendo anulados por una presencia que operaba en una capa de la realidad para la que no había sido programada.

En el centro de la mesa, justo donde el holograma del mapa de Altheria parpadeaba, la luz de las lámparas de aceite comenzó a curvarse. La luz no se dispersaba; se doblaba hacia adentro, creando un pequeño punto de oscuridad absoluta en el centro del aire. El mapa táctico que mostraba las trayectorias de Natsumi, Erwan y Zerek brilló con una intensidad cegadora, un estallido de colores azul, negro y verde que luego se extinguió en un gris ceniza.

En su lugar, una sola palabra comenzó a formarse en el aire. No estaba escrita con luz, ni con tinta, ni con maná. Estaba tallada en el vacío mismo, como si alguien hubiera recortado la realidad para revelar la negrura que hay debajo.

> “VECTORES”

◇◇◇

—¿Vaelen? —preguntó Selene. Su voz, procesada para mantener la calma incluso en situaciones de combate, salió con un ligero desfase eléctrico. Estaba experimentando un miedo lógico: el miedo a lo que no se puede medir.

—No —respondió una voz.

No venía de los pulmones de un hombre, ni de un altavoz oculto. Era una resonancia que vibraba en el calcio de sus huesos y en el líquido de sus ojos. No era la voz burocrática, cínica y mortal de Vaelen, el Supervisor que Zerek había descrito en sus informes. Esta voz era vasta, desprovista de cualquier rasgo de humanidad o emoción, evocando el sonido de placas tectónicas moliéndose o el susurro de un sistema estelar colapsando en el vacío.

—Vaelen es el arquitecto que dibuja los planos —continuó la voz, llenando la habitación como si el refugio entero se hubiera sumergido en un océano de conciencia—. Yo soy el edificio terminado. Yo soy la estructura en la que respiráis.

Damien dio un paso adelante, apretando los puños hasta que sus nudillos blanquearon. Sentía una fuerza invisible que presionaba sus hombros, intentando obligarlo a arrodillarse ante la magnitud de lo que estaba sintiendo.

—¿Quién eres? —desafió Damien, su mirada buscando un punto de apoyo en la nada—. ¿El Emperador Eterno? ¿O eres lo que el Consejo llama “El Primero”?

—Nombres insignificantes —la voz parecía divertirse con la necesidad humana de categorizar lo incategorizable—. Categorías creadas por vuestras mentes limitadas para intentar dar sentido al infinito. Soy el Observador de la Sincronicidad. He visto cuarenta y ocho ciclos nacer, florecer y ser segados en el silencio de los eones. El Ciclo 49 es… una irregularidad fascinante.

Vosotros sois una impureza en mi cristal.

La palabra “VECTORES” que flotaba sobre la mesa desapareció en un parpadeo, reemplazada por una frase que hizo que el corazón de Damien diera un vuelco:

> “No interfieran demasiado. Que los vectores sigan su curso.”

◇◇◇

El Juego Psicológico de la Omnipotencia

Damien no era un guerrero de espada, pero su mente era una fortaleza. Intentó localizar la fuente de la transmisión, expandiendo su percepción más allá de las paredes del refugio. Buscó en los hilos de maná que alimentaban las farolas de Avaloria, en las señales de comunicación que Selene había rastreado, en las líneas ley que cruzaban el subsuelo de la capital.

Pero no encontró nada. Solo un muro de perfección absoluta. Era como si estuviera intentando encontrar una mota de polvo en un espejo pulido por dioses. No había rastro de origen, porque la presencia estaba en todas partes. Era el sistema operativo del mundo hablándoles directamente.

—¿Por qué nos hablas? —preguntó Damien, recuperando la compostura—. Si somos anomalías, si somos impurezas que no pertenecen al plan del Ciclo 49, ¿por qué no nos borras ahora mismo? Tienes el poder para desintegrarnos antes de que terminemos de respirar.

—Porque la anomalía es necesaria para la pureza del resultado final —explicó el Observador, y esta vez hubo una vibración que Selene identificó como lógica pura—. Las tres piezas actuales —la Preservadora, el Interceptor y el Catalizador— están actuando bajo la gloriosa ilusión del libre albedrío. Natsumi cree que su hielo salvará a los inocentes. Erwan cree que su sombra limpiará la corrupción. Zerek cree que su fuego verde destruirá las cadenas de su pasado. Pero sus trayectorias están fijadas en la geometría del destino. Son vectores de fuerza, no individuos.

La habitación comenzó a enfriarse. El agua en un vaso sobre la mesa empezó a congelarse desde el centro hacia afuera, formando una estrella de seis puntas perfecta.

—Si ustedes interfieren —continuó la entidad—, el ángulo de colisión en el Corazón de la Convergencia cambiará. Y el resultado debe ser perfecto. La ignición del Sello requiere una sincronización absoluta de energías opuestas. Cualquier desviación… cualquier “ayuda” externa… podría provocar un fallo de sistema que no destruiría al Consejo, sino que desangraría el mundo entero.

Selene, cuyos procesadores estaban trabajando a una temperatura crítica intentando descifrar la señal, notó algo. Un pequeño desfase en la modulación de la voz. Un micro-retraso de nanosegundos cada vez que Damien mencionaba la libertad o la interferencia.

—Estás dejando que elijan porque no tienes otra opción —intervino Selene, su voz ahora más estable—. Zerek rompió tu red logística. Vaelen tuvo que improvisar porque el mercenario no siguió el guion. No tienes el control total de los vectores, por eso te has manifestado aquí. Tienes miedo.

El refugio tembló violentamente. Un jarrón de porcelana en la estantería explotó, convirtiéndose en polvo fino que quedó flotando en el aire estático.

—El miedo es una función biológica primitiva —la voz se volvió más pesada, cargada de una gravedad que hacía difícil respirar—. Yo poseo la necesidad de equilibrio. Si intentan desviar a los tres de la coordenada central, Altheria colapsará antes de la ignición. Millones de vidas se extinguirán en un suspiro si el ritual no se completa debido a una interferencia externa. ¿Es ese el heroísmo que buscan? ¿Salvar a tres para matar a un continente?

◇◇◇

La Epifanía de Damien: La Debilidad del Algoritmo

Damien miró a Selene. Sus ojos se encontraron y, en ese breve intercambio, ambos comprendieron el juego. El Observador no estaba allí para eliminarlos físicamente. Si pudiera hacerlo sin consecuencias, ya lo habría hecho. Estaba allí para paralizarlos psicológicamente. Estaba usando la lógica, la responsabilidad y el peso de las consecuencias como grilletes morales.

Era una táctica de contención.

—Dices que sus trayectorias están fijadas —dijo Damien con una calma gélida, caminando alrededor de la mesa—. Pero si el destino fuera tan inamovible como afirmas, no estarías perdiendo tu “vasto tiempo” hablando con dos impurezas en un refugio de mala muerte. Viniste porque sabes algo que nosotros acabamos de descubrir.

Damien señaló el mapa grisáceo.

—Viniste porque Natsumi, Erwan y Zerek están a punto de hacer algo que no está en tus archivos de los ciclos anteriores. El “choque” que esperas… el sacrificio de uno para la supervivencia de dos… no va a ser el que has planeado. Tienes miedo de que la voluntad humana sea, por fin, una variable que no puedas factorizar.

La presencia comenzó a desvanecerse de la habitación. La presión en la base del cráneo de Damien disminuyó, y las sombras en las esquinas volvieron a sus dimensiones normales. El punto de oscuridad sobre la mesa se cerró como un ojo cansado.

—Sigan observando, supervivientes de la Isla —fue el último susurro del Observador, una resonancia que parecía alejarse hacia las profundidades de la tierra—. Miren cómo sus compañeros se convierten en el combustible de lo que juraron destruir. Pero recuerden mi advertencia: en el Corazón de la Convergencia, no hay lugar para observadores. Solo hay lugar para el resultado. Si entran en el centro, se convertirán en parte de la combustión.

◇◇◇

Cuando la presencia desapareció por completo, Damien cayó de rodillas, apoyando las manos en el suelo de madera fría. Estaba empapado en sudor y sus pulmones trabajaban a marchas forzadas para recuperar el oxígeno que la entidad parecía haber consumido. El esfuerzo mental de sostener la mirada metafísica de aquella entidad lo había dejado físicamente exhausto, como si hubiera corrido un maratón en un minuto.

Selene se arrodilló a su lado inmediatamente. Sus manos, de un polímero sintético que imitaba perfectamente la piel, se posaron en los hombros de Damien mientras conectaba un cable de monitorización a su muñeca para estabilizar su pulso.

—Damien, tus niveles de cortisol están por las nubes. Respira. Ese ser… ¿qué era? ¿Un dios?

—Es el sistema operativo del mundo, Selene —dijo Damien, levantando la vista hacia la mesa donde el holograma volvía a funcionar normalmente—. No es un dios. Es una conciencia rúnica ligada al núcleo del continente. Es la suma de toda la lógica del Consejo de los Siete. Y tiene razón en algo: los tres se dirigen a una trampa de la que no son conscientes.

Selene revisó rápidamente los registros que su terminal había logrado capturar durante la intrusión, a pesar del bloqueo.

—El Observador bloqueó mis sistemas, pero en su arrogancia dejó una huella de datos de alta frecuencia. El patrón que conecta a las tres regiones no es solo geográfico o logístico. Sus movimientos están calculados para que lleguen al centro con sus poderes en el punto máximo de inestabilidad. Natsumi ha acumulado demasiado hielo, Erwan demasiada sombra y Zerek… Zerek es una bomba de tiempo de deterioro. Estás siendo sobrecargados a propósito para que su colisión genere la energía necesaria para el Arco 4.

Damien se puso en pie con dificultad, apoyándose en la mesa. Su expresión ya no era de agotamiento o duda, sino de una resolución peligrosa, la mirada del hombre que ha encontrado la grieta en el muro.

—Él quiere que no interfiramos para que el choque sea “perfecto” y el ciclo se reinicie una vez más —Damien miró directamente al punto central del mapa, la coordenada que latía en el vacío—. Cree que nuestra única opción es ayudarlos a evitar el choque, lo cual causaría el colapso del continente, o dejar que ocurra, lo cual nos convertiría en cómplices del Consejo. Pero hay una tercera vía que un sistema puramente lógico no puede concebir.

—¿Cuál? —preguntó Selene, ya empezando a recalcular las rutas de escape.

—Si el Observador quiere un choque de tres vectores para generar una energía específica —Damien extendió la mano sobre el mapa y trazó una cuarta línea imaginaria que cruzaba las otras tres—, vamos a darle un cuarto vector que su algoritmo no pueda procesar. No vamos a detenerlos para salvar el mundo, Selene. Vamos a cambiar la naturaleza misma del impacto.

Damien se giró hacia su compañera, con los ojos brillando bajo la luz de las lámparas.

—Vaelen y el Observador creen que conocen el final de la historia porque la han escrito cuarenta y ocho veces. Pero nunca han tenido a dos fantasmas de un ciclo anterior caminando por los pasillos de su propia casa. No vamos a ser héroes, Selene. Vamos a ser el virus que reescribe el código en el momento del impacto.

Cierre de capítulo: Selene comenzó a teclear con furia renovada, sus procesadores zumbando mientras preparaba los paquetes de datos y las señales indirectas que enviarían a los tres protagonistas. Damien se acercó a la ventana y miró hacia la Gran Torre del Imperio, que se alzaba como una aguja negra contra las estrellas de Avaloria.

les había mostrado su poder creyendo que los intimidaría, pero en su lugar, les había dado la última pieza del rompecabezas: el miedo de un sistema perfecto a la imperfección del azar.

—Si el edificio es el Observador —susurró Selene mientras las coordenadas empezaban a alinearse en su pantalla—, es hora de empezar a poner cargas explosivas de información en los cimientos.

Damien asintió en silencio. El Ciclo 49 estaba a punto de terminar, pero no sería con un susurro de sumisión, sino con el estruendo de una interferencia que nadie, ni siquiera el arquitecto del mundo, había visto venir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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