Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fragmentos De Otro Mundo - Capítulo 57

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fragmentos De Otro Mundo
  4. Capítulo 57 - Capítulo 57: El Continente Que No Existe
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 57: El Continente Que No Existe

Ubicación: El Nexo Gris – Periferia de la Zona de No-Retorno

Hora: Incalculable (El flujo temporal ha sido suspendido por el sistema)

Zerek Noctis avanzaba por la llanura de ceniza gris, y con cada kilómetro que recorría, la sensación de estar caminando sobre una mentira se hacía más insoportable.

En los mapas que había estudiado en las bibliotecas robadas del Consejo, y en los registros náuticos que los mercenarios usaban para cruzar de las Tierras Muertas a Umbralis, el centro del mundo siempre había sido descrito como el “Velo de los Mil Vientos”: un océano indómito, una masa de agua tan vasta que separaba los tres continentes por meses de navegación.

Pero bajo sus pies no había agua. No había salitre, ni el rugido de las olas, ni el horizonte curvo de un planeta.

Zerek se detuvo y se arrodilló, hundiendo su mano enguantada en el suelo. La sustancia grisácea no era arena ni tierra orgánica. Al frotarla entre sus dedos, el material se desintegraba en pequeñas partículas de luz blanca que parpadeaban antes de apagarse, dejando tras de sí un residuo de estática que entumecía su piel. No era materia física; era geometría sólida.

Era el material de construcción del mundo, el andamio sobre el que el Consejo había edificado la ilusión de Altheria.

—No es un océano —susurró Zerek, su voz siendo devorada por el vacío de sonido—. Es el pegamento.

Se puso en pie y miró hacia atrás. La frontera de las Tierras Muertas, de donde él venía, ya no era visible. No porque estuviera lejos, sino porque la atmósfera misma del Nexo Gris funcionaba como un filtro de renderizado. El mundo que conocía simplemente había dejado de existir a sus espaldas. Altheria no era un globo; era un conjunto de islas de realidad flotando en un mar de datos estáticos, y él estaba caminando por los pasillos internos de la máquina.

◇◇◇

La Arquitectura del Vacío

A medida que se internaba más profundamente, el Nexo Gris comenzó a revelar su verdadera naturaleza. El paisaje ya no intentaba imitar una llanura. Zerek se encontró frente a una formación que parecía una cordillera, pero las montañas no estaban hechas de roca.

Eran prismas de cristal opaco, perfectamente angulares, que se elevaban hacia el cielo gris en ángulos imposibles. Algunos de estos prismas estaban suspendidos en el aire, girando lentamente con un chirrido metálico que vibraba directamente en los huesos de Zerek.

—¿Qué tipo de mente diseña algo así? —se preguntó, sintiendo cómo el brazo derecho violeta —la marca de Vaelen— palpitaba con una familiaridad asquerosa.

Su brazo no estaba doliendo; estaba “sincronizando”. La energía violeta se extendía por sus venas, iluminando su piel como si fuera un circuito integrado. El Nexo Gris no lo atacaba porque, para el sistema, Zerek todavía era una “unidad autorizada”. Él era el Catalizador del Deterioro, la pieza que debía limpiar el tablero, y el Nexo lo estaba reconociendo como parte de su propia infraestructura.

Zerek golpeó uno de los prismas con su mano izquierda, la del fuego verde. El impacto no rompió el cristal; provocó una cascada de código rúnico que fluyó por la superficie del prisma como si fuera una pantalla de ordenador dañada. Vio nombres de ciudades, registros de población, flujos de maná de regiones que estaban a miles de kilómetros.

—Este lugar es el servidor —concluyó Zerek, el horror instalándose en su pecho—. Todo lo que pasa en el mundo, cada vida, cada muerte, cada brizna de hierba que crece en Glaciem, está siendo procesado aquí mismo, bajo esta ceniza.

Altheria no era un continente habitado. Era un simulacro masivo, y el Nexo Gris era la sala de máquinas donde el Consejo de los Siete ajustaba las variables para que el Ciclo 49 no se saliera de control. El “Continente que No Existe” era el secreto mejor guardado porque era la prueba de que nada en sus vidas era real. Ni sus luchas, ni sus logros, ni siquiera el aire que respiraban.

◇◇◇

El Eco de los Otros

Zerek continuó su marcha, pero pronto notó algo que hizo que se le helara la sangre. En el suelo de ceniza, vio huellas.

No eran sus propias huellas. Eran rastros que parecían haber sido dejados hace minutos. Se detuvo para examinarlos. A la izquierda, una serie de marcas ligeras, casi imperceptibles, rodeadas por una fina capa de escarcha que se negaba a derretirse a pesar de la falta de sol.

—Natsumi —masculló Zerek, apretando los dientes.

A la derecha, no había huellas físicas, sino una serie de manchas de oscuridad absoluta, como si alguien hubiera quemado el suelo con una sombra tan densa que el gris del Nexo no podía cubrirla.

—Erwan.

Estaban allí. O al menos, sus ecos estaban allí. Debido a las distorsiones espaciales del Nexo, Zerek podía ver los rastros de sus compañeros de clase aunque ellos estuvieran en “capas” de realidad diferentes. El sistema los estaba acercando, plegando los continentes de Glaciem y Umbralis hacia este punto central, pero aún los mantenía aislados en celdas de procesamiento separadas.

Zerek sintió una punzada de rabia. Vaelen estaba jugando con ellos, guiándolos como ratas en un laberinto cuyas paredes estaban hechas de datos y ceniza. Podía sentir la presencia de Natsumi, ese frío persistente y moralista que siempre lo había irritado en la escuela; y podía sentir la sombra de Erwan, esa sensación de estar siendo observado por mil ojos desde la penumbra.

—¡Sé que estáis aquí! —gritó Zerek, su voz rebotando contra los prismas de cristal—. ¡Natsumi! ¡Erwan! ¡Salid de una vez!

Su grito solo obtuvo como respuesta un trueno sordo que provino del cielo gris. El firmamento se rasgó por un momento, revelando una red de líneas violetas que parpadeaban con una frecuencia frenética. El sistema estaba bajo estrés.

El hecho de que tres Catalizadores estuvieran pisando el pegamento del mundo al mismo tiempo estaba provocando fallos de memoria en la realidad.

◇◇◇

La Revelación del Supervisor

De repente, el movimiento de los prismas se detuvo.

El chirrido metálico cesó y el silencio regresó, más pesado que antes. Frente a Zerek, la ceniza comenzó a arremolinarse, formando una figura humana. No era física, era un holograma de alta resolución que emitía una luz blanca tan pura que dolía mirarla.

No era Vaelen, el Supervisor. Era una interfaz de ayuda del sistema, una máscara que el Consejo usaba para comunicarse con sus “herramientas”.

—Unidad V-03: Zerek Noctis —dijo la figura, su voz carente de género y emoción—. Habéis entrado en el Núcleo de Gestión Logística. Vuestra presencia no ha sido autorizada en este sector, pero vuestro vector de Deterioro es necesario para la purga del Ciclo 49.

Zerek soltó un gruñido y cargó energía verde en su puño.

—Ahorraos el discurso de la máquina. ¿Dónde están los otros? ¿Dónde está la chica del hielo y el tipo de las sombras?

—Las Unidades V-01 y V-02 se encuentran en fase de aproximación sincronizada —respondió la entidad—. El Nexo Gris está comprimiendo las distancias para facilitar la Convergencia. Sin embargo, el contacto físico directo entre las variables está prohibido hasta que se alcance el Corazón de la Antena. Cualquier intento de reunión prematura resultará en una desestabilización del 40% del continente de Umbralis.

Zerek se detuvo. Miró hacia el horizonte, donde las huellas de escarcha de Natsumi parecían estar a solo unos metros, pero al intentar alcanzarlas, el suelo se estiraba infinitamente, manteniéndolo siempre a la misma distancia. Era una paradoja de Zenón hecha realidad por un software maligno.

—Estáis usándonos para mantener el mundo unido mientras lo destruís —dijo Zerek, dándose cuenta de la ironía—. Este lugar… el Nexo… es el que recibe el impacto de todo lo que hacemos. Por eso no hay nadie aquí. No es un continente para vivir, es un amortiguador.

—Correcto —confirmó la voz—. Altheria requiere un sacrificio de coherencia para permitir el renacimiento.

El Nexo Gris absorbe la paradoja para que las ciudades de los tres continentes puedan seguir creyendo en la mañana.

La figura desapareció en una ráfaga de estática, dejando a Zerek solo con sus pensamientos y las huellas de dos personas a las que no podía tocar.

◇◇◇

El Peso de la Soledad

Zerek se sentó en el suelo de ceniza, sintiendo cómo su energía violeta empezaba a consumir su fuerza vital. Estaba en el centro del mundo, en el lugar donde se guardaban todos los secretos de la creación, y nunca se había sentido tan impotente. Sabía que Natsumi estaba sufriendo en su propia capa de realidad, intentando “preservar” un mundo que ahora sabía que era falso. Sabía que Erwan estaba intentando “controlar” una sombra que era, en realidad, un cable del sistema.

Miró sus manos. La derecha, violeta y ordenada. La izquierda, verde y caótica.

—Si este es el pegamento del mundo —susurró Zerek, clavando sus dedos en el suelo—, entonces solo tengo que encontrar la forma de que deje de pegar.

Se puso en pie con una nueva determinación. No buscaría a Natsumi ni a Erwan por ahora; el sistema no se lo permitiría. En su lugar, buscaría las costuras. Si Altheria era un programa, tenía que tener un código de salida. Y si el Nexo Gris era el hardware, solo tenía que golpearlo lo suficientemente fuerte en el lugar adecuado.

Zerek reanudó su marcha hacia la torre negra que se vislumbraba en el centro del Nexo. Estaba solo, rodeado de huellas de amigos que no podía ver y de un cielo que era una mentira. Pero mientras avanzaba, el Deterioro en su mano izquierda empezó a brillar con una intensidad que no era verde, ni violeta, sino un blanco puro y destructivo.

El Catalizador estaba empezando a entender que para liberar a los tres, primero tenía que romper el continente que los sostenía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo