FRAGMENTS OF WILL - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 - La Realidad Según un Libro de Mierda
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10: Capítulo 10 – La Realidad, Según un Libro de Mierda 10: Capítulo 10 – La Realidad, Según un Libro de Mierda FRAGMENTS OF WILL Capítulo 10: La Realidad, Según un Libro de Mierda El peso en la cara.
Esa fue la primera sensación.
Algo pesado, plano, incómodo, presionándole los ojos, la nariz, la boca.
Como si alguien hubiera puesto un ladrillo sobre su cabeza y se hubiera olvidado de quitarlo.
Kairós intentó respirar.
No pudo.
El aire no entraba.
Algo le tapaba la boca, la nariz, todo.
Me estoy ahogando, pensó, la mente aún atrapada entre el sueño y la vigilia.
La cosa me tiene.
Me está matando.
No pude escapar.
No pude…
Su cuerpo reaccionó antes que su cerebro.
El brazo izquierdo—el que en el sueño colgaba inútil, el que la criatura había golpeado—se movió con una fuerza que no sabía que tenía.
La mano se cerró sobre aquello que le aplastaba la cara y lo apartó de un golpe.
El objeto salió volando.
Golpeó algo—¿la pared?
¿el suelo?—con un sonido sordo.
Kairós jadeó.
Aire.
Aire bendito entrando en sus pulmones.
Abrió los ojos de par en par, el corazón galopando, el sudor empapándole la camiseta.
La habitación.
Su habitación.
El techo con grietas.
La vela apagada.
La luz gris del amanecer filtrándose por la ventana.
Y en el suelo, junto a la pata de la cama, el Diario.
Abierto.
Con sus páginas hacia arriba.
Como un insecto panza arriba esperando que alguien lo levante.
Kairós se quedó mirándolo un largo rato.
La respiración aún entrecortada.
El cuerpo temblando.
Luego bajó la mirada a su brazo izquierdo.
Dolía.
Dolía de verdad.
El mismo dolor que en el sueño, cuando la criatura lo había golpeado.
Pero no había moratones.
No había hinchazón.
Solo dolor.
Como un eco.
Como un recuerdo.
—¿Qué…?
—susurró.
El Diario, desde el suelo, respondió.
Sus páginas pasaron solas—una, dos, tres—hasta encontrar una posición cómoda.
Luego la tinta apareció, brillando tenuemente en la penumbra.
¿”Qué”?
Esa es tu primera palabra después de casi morir asfixiado por un libro?
Podrías esforzarte más.
“Gracias”, por ejemplo.
“Te debo una”, también funciona.
“Eres el puto amo”, sería exagerado pero me gustaría.
Kairós parpadeó.
—¿Tú…?
—miró el libro, luego su brazo, luego el libro otra vez—.
¿Tú estabas en mi cara?
Correcto.
Abierto.
Página 247.
Justo sobre tus ojos y tu boca.
Una posición estratégica para asegurarme de que no pudieras respirar.
—¡Me estabas ahogando!
Te estaba ayudando.
La tinta parecía casi ofendida.
El sueño ese…
no era un sueño normal.
Algo te estaba atacando de verdad.
En tu mente.
En tu puta cabeza.
Y si no te despertabas, te comía vivo.
O te volvías loco.
O las dos cosas.
No lo sé, no soy experto en psicología de pesadillas, pero el resultado final era malo.
Kairós se masajeó las sienes.
La cabeza le latía.
—¿Y ponerte en mi cara era tu idea de ayuda?
Te di un golpe primero.
En la mano.
Para despertarte.
Pero tú, como el gran genio que eres, te limitaste a apartar la mano y seguir durmiendo.
Kairós recordó.
Una sensación.
Algo rozándole los dedos justo antes de caer en el sueño profundo.
—Ese golpe…
Ese golpe.
Mi obra maestra.
Mi “despierta, idiota”.
Y tú lo ignoraste.
Así que tuve que pasar al plan B.
—¿Ponerte en mi cara?
Exacto.
Si no podías respirar, te despertarías.
Lógica básica.
El problema es que…
El Diario dudó.
…me caí.
Kairós contuvo una risa.
Una risa histérica, de esas que nacen del agotamiento y la locura.
—¿Te caíste?
Sí.
Me caí.
Porque los libros no tienen manos, Kairós.
Nos caemos.
Y cuando me caí, me quedé en el suelo, mirando al techo, preguntándome qué había hecho yo para merecer un anfitrión tan patoso.
—Y mientras tanto, yo estaba soñando con esa cosa.
Mientras tanto, tú estabas soñando con esa cosa.
Exacto.
Kairós se quedó callado un momento.
Procesando.
—¿Y cómo…?
—señaló el libro, luego la cama, luego el suelo—.
¿Cómo volviste aquí?
El Diario tardó en responder.
Cuando lo hizo, la letra era más pequeña.
Casi incómoda.
Caminando.
—¿Los libros caminan?
Este libro camina.
Cuando hace falta.
Y te diré más: no fue fácil.
Caer desde esa altura para un libro es como para ti caerte de un segundo piso.
Me quedé noqueado un rato.
Cuando “desperté”, tú ya estabas en plena pelea.
Podía sentirlo.
Tu miedo.
Tu desesperación.
Esa cosa…
la sentía también.
Kairós sintió un escalofrío.
—¿Podías sentirla?
Sí.
Y ella también me siente a mí.
Por eso no se acercó demasiado.
Por eso no te mató cuando pudo.
Porque yo estaba aquí, siendo tu puto faro en la oscuridad.
El punto caliente.
La luz en medio de la negrura.
La dirección fija, constante, hacia la que había tenido que llegar.
—Eras tú —susurró—.
La salida.
Eras tú.
Exacto.
Tuve que levantarme—y créeme, levantarse sin manos es una putada—y luego caminar hasta la pata de la mesilla.
Luego trepar.
Luego llegar hasta la repisa.
Justo a tiempo para que mi “luz” te guiara.
Kairós miró el libro.
Luego la repisa.
Luego el libro otra vez.
—Estabas en la repisa —dijo—.
Cuando desperté, estabas en la repisa.
No en mi cara.
Porque cuando llegué, ya habías encontrado la salida.
Ya estabas despertando.
Solo necesitaba que siguieras un poco más.
Así que me quedé aquí.
Iluminando.
Esperando.
Silencio.
Kairós se pasó las manos por la cara.
El cansancio le pesaba como una losa.
Pero también había algo más.
Algo que no terminaba de entender.
—¿Por qué?
—preguntó al fin—.
¿Por qué me ayudaste?
Podrías haberte quedado en el suelo.
Podrías haberme dejado morir.
¿Qué más te da?
El Diario no respondió inmediatamente.
Las páginas pasaron lentamente, como si estuviera pensando.
Buena pregunta.
Otra pausa.
La respuesta es simple y complicada a la vez.
Pero antes de eso…
creo que es hora de que entiendas algo.
—¿Qué cosa?
Lo que eres.
Lo que tienes.
Lo que puedes perder.
La página del Diario cambió.
De repente, no era solo texto.
Era como si la superficie del libro se hubiera convertido en una ventana a otro lugar.
Números, palabras, diagramas, todo flotando en un espacio que no existía.
Kairós se quedó helado.
DIARIO VIVIENTE – REGISTRO DE PORTADOR NOMBRE: Kairós Elinan Thornen TÍTULO: El Relojero (por ahora, una mierda) RAZA: Humano ( probablemente).
ESTADÍSTICAS FÍSICAS Y MENTALES Atributo Valor Rango Descripción del Diario FUERZA 11 Humano normal-alto “Haces flexiones en casa.
Qué adorable.
No levantas un carro, pero tampoco te rompes al estornudar.” AGILIDAD 12 Humano normal-alto “Esquivas clientes aburridos con soltura.
Los monstruos reales, ya veremos.” VITALIDAD 11 Humano normal-alto “Aguantas bien el hambre y las malas noticias.
Un 10% de descuento en resacas metafísicas.” INTELIGENCIA 19 Humano muy alto “Aquí está la joya.
Casi 20.
Casi.
Lo suficiente para darte cuenta de que no entiendes nada.
Muy divertido.” SUERTE -2 Negativa “Le debes suerte al universo.
Siéntete agradecido de que te preste atención, aunque sea para joderte.
Es tu karma.” ESTADO GENERAL · Vida: 100% (físicamente intacto, mentalmente…
regular) · Aura: 3% (apenas un rescoldo de lo que absorbiste de la anciana) · Cordura: 78% (sigue bajando.
¡Participa!) GRADO DE ILUMINACIÓN GRADO ACTUAL: I – El Sensible “La herida empieza a sangrar.
Apenas un humano con una llaga abierta al mundo.” COMPRENSIÓN DEL MUNDO: 2% “Sabes que las grietas existen.
Sabes que puedes interactuar con ellas.
No sabes nada más.
Bienvenido al club de los que se rompen por dentro.” PRÓXIMO GRADO: [?
?
?] COMBUSTIBLE HUMANO Tipo Disponibles Descripción Triviales 47 “Dónde dejaste las llaves ayer.
El sabor del pan de anteayer.
Canciones que odias.
Mierda útil.” Emocionales 23 “Recuerdos con carga: la primera vez que Leinett te sonrió, el orgullo de un trabajo bien hecho.
Duele más quemarlos.” Fundacionales 3 “La cara de tu madre.
El olor del orfanato.
La promesa con Leinett.
Estos no los quemas ni en pedo.
¿Verdad?” PRÓXIMA QUEMA AUTOMÁTICA: No programada (pero puedo cambiar de opinión cuando quiera) HABILIDADES CONOCIDAS • Percepción de Grietas (Pasiva): Ves las fracturas en la realidad.
No siempre sabes lo que significan.
Grado I básico.
• Absorción de Aura (Inconsciente): Absorbes restos emocionales de quienes te rodean.
No sabes cómo funciona.
No sabes cómo controlarlo.
La anciana fue un ejemplo.
• Reparación de Artefactos (Profesión): No es una habilidad de Iluminado, pero te da de comer.
No la quemes.
O sí.
Sería gracioso.
RESTRICCIONES ACTIVAS • Ninguna (por ahora).
Eres demasiado débil para que el universo se moleste en ponerte cadenas.
Disfruta mientras dure.
OBITUARIO DE RECUERDOS (Vacío) “Todavía no has quemado ninguno.
Enternecedor.
Ya llegarán los días malos.” EL DIARIO OPINA “Ahí lo tienes, relojero.
Tu ficha de personaje.
Eres un tipo normal, con algo más de inteligencia que el resto, que vio cosas raras y ahora está en el punto de mira de medio universo.
No llegas ni a humano entrenado en fuerza, pero oye, al menos piensas rápido.
Ojalá eso sirva de algo cuando algo de 4 metros te quiera arrancar la cabeza.
Spoiler: no sirve.” — Kairós leyó una vez.
Luego otra.
Luego otra.
Las palabras no terminaban de encajar.
Eran demasiadas.
Demasiada información.
Demasiada…
realidad.
—¿Qué…
qué es esto?
—logró articular al fin.
—Tu ficha —respondió el Diario, con una nueva línea de texto—.
Tus estadísticas.
Tu estado.
Lo que eres.
Lo que tienes.
Lo que puedes perder.
¿Esperabas un manual de instrucciones?
Esto es lo que hay.
Kairós señaló la línea de inteligencia.
—¿19?
¿Eso es…?
—Bueno, casi 20 —lo interrumpió el Diario—.
No te flipes.
No eres un genio.
Solo eres más listo que la media.
Lo suficiente para hacer preguntas incómodas.
Lo suficiente para no tragar enteras las mentiras de los Galenos.
Lo suficiente para darte cuenta de que estás jodido.
Pero no lo suficiente para saber cómo salir de esto.
Kairós ignoró el comentario.
Sus ojos se clavaron en otra línea.
AURA: 3% —¿Esto?
—preguntó—.
¿De la señora Elara?
—Correcto.
Absorbiste su gratitud.
Su calidez.
Su humanidad.
La convertiste en energía.
Es lo que te permite…
hacer cosas.
Todavía no sabes qué cosas, pero ya llegarás.
—Una pausa—.
Por cierto, ese 3% no te va a servir de mucho.
Es como tener una cerilla en medio de una tormenta de nieve.
Bonita, pero inútil.
Kairós apretó los labios.
—¿Y la suerte?
¿Por qué es negativa?
El Diario tardó en responder.
Cuando lo hizo, la letra era más pequeña.
Casi incómoda.
—Porque sí.
Porque naciste en el momento equivocado, en el lugar equivocado, con el trauma equivocado.
Porque el universo te debe una, y en lugar de pagártela, te cobra intereses.
Porque los Galenos existen.
Porque viste lo que viste en ese callejón.
Porque Elara.
Porque el Historiador.
—Otra pausa—.
Porque estás leyendo esto en lugar de estar durmiendo como una persona normal.
La suerte negativa no es un número.
Es una descripción de tu existencia.
Kairós se quedó en silencio.
Luego, casi sin querer, sonrió.
No era una sonrisa feliz.
Era una sonrisa de esas que se le escapan a la gente cuando ya no le quedan lágrimas.
—47 recuerdos triviales —leyó en voz alta—.
23 emocionales.
3 fundacionales.
—La cara de tu madre.
El olor del orfanato.
La promesa con Leinett.
—El Diario completó la lista—.
Esos tres son los que te definen.
Los que te hacen ser quien eres.
Si los quemas…
bueno.
Mejor no quemarlos.
Kairós asintió lentamente.
—No pienso hacerlo.
—Ya veremos.
La necesidad tiene cara de hereje.
Kairós cerró el libro de golpe.
La página desapareció.
La habitación volvió a la normalidad.
Solo madera, luz gris, y el silencio del amanecer.
Pero él ya no era el mismo.
Sabía lo que era.
Sabía lo que tenía.
Sabía lo que podía perder.
Y sabía que el Diario, ese libro de mierda, lo había salvado.
Dos veces.
Respiró hondo.
Se enderezó.
El brazo izquierdo le dolía, pero podía moverlo.
La cabeza le latía, pero podía pensar.
—Diario —dijo.
—¿Mmm?
—la voz llegó desde el libro cerrado, amortiguada pero audible.
—¿Por qué lo hiciste?
Silencio.
—¿Por qué me ayudaste?
Otra pausa.
Luego, las páginas del libro se abrieron solas.
Una línea apareció, escrita con una tinta más tenue de lo habitual.
Porque si tú mueres, yo vuelvo a donde estaba.
A esa oscuridad.
A esa cosa que me devoró durante milenios.
Kairós sintió un escalofrío.
—¿Estuviste…?
Atrapado.
Sí.
Dentro de algo como eso que viste en el callejón.
Pero más grande.
Más antiguo.
Más hambriento.
Mil años, Kairós.
Mil años en esa oscuridad, sintiendo cómo me devoraban página por página, recuerdo por recuerdo, sin poder morir del todo.
Hasta que un día…
escapé.
—¿Cómo?
No lo sé.
No lo recuerdo.
Mi mente…
hay partes de mí que desaparecieron allí.
Lagunas.
Huecos.
A veces creo oír voces de páginas que ya no existen.
Kairós tragó saliva.
—Lo siento.
No lo sientas.
Solo…
no mueras.
¿Vale?
No mueras.
Porque si mueres, yo vuelvo allí.
Y no pienso volver.
Kairós asintió.
Un gesto pequeño, pero firme.
—No pienso morir.
Bien.
—La tinta se volvió más firme—.
Porque además, eres el primer idiota en años que me trata como si fuera algo más que una herramienta.
Me insultas, sí.
Me cierras de golpe, sí.
Pero me hablas.
Me escuchas.
Me llamas “libro de mierda” con el mismo cariño con que llamas “hermana” a Leinett.
Kairós sonrió.
Una sonrisa pequeña, pero real.
—Eres un libro de mierda.
Lo sé.
Y tú eres un relojero de mierda.
Pero aquí estamos.
Se quedaron en silencio un momento…
—Oye, Kairós —escribió el Diario, casi de pasada—.
¿Te imaginas pasar un mes entero siendo atacado por esos Reflejos cada noche?
Sin descanso.
Sin tregua.
Kairós sintió un escalofrío que no venía del moretón.
—Si sobreviviera a un mes de esas cosas…
—dudó—.
Sería un monstruo.
El Diario no respondió.
Pero en el borde de la página, un diminuto “ñi-ñi-ñi” apareció y desapareció.
—Experimenta —concluyó el libro, volviendo al tema.
Luego Kairós se levantó.
Fue hacia la ventana.
Miró hacia fuera.
Ferren despertaba.
Los primeros trabajadores caminaban hacia las fábricas.
La luz sucia del amanecer lo teñía todo de gris y naranja.
Normalidad.
La horrible, pesada, cómplice normalidad de siempre.
Pero él ya no era parte de ella.
—Diario —dijo sin volverse.
¿Sí?
—Gracias.
Por todo.
El Diario no respondió con palabras.
En su página, lentamente, apareció un dibujo: un libro sonriendo.
Una sonrisa torcida, casi tierna.
Kairós la vio desde donde estaba.
Y por un instante, sintió que no estaba tan solo, al menos no tanto como lo creía..
Por : Hanzonex
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