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Fuego cruzado - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Capítulo 1 El Desafío del Fuego
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1: Capítulo 1: El Desafío del Fuego 1: Capítulo 1: El Desafío del Fuego La música en el Infierno Dorado no era solo ruido, era un rugido salvaje.

El club era el patio de recreo de la familia Valerius, un laberinto de luces neón y sombras donde se cocinaban los peores secretos de la ciudad.

Aria ajustó el cuello de su vestido negro.

Se llamaba “Elena” esa noche, un nombre que sonaba tan falso como la sonrisa que se obligó a poner.

Había entrenado durante diez años para este momento, desde que la avaricia de los Valerius había reducido su vida a cenizas.

Hoy, no fallaría.

Su objetivo estaba en el balcón VIP, vigilando la sala como un depredador desde las alturas: Kael Valerius.

Tenía veinticuatro años y una reputación que olía a pólvora y dinero sucio.

Sus ojos grises, fríos como el hielo, parecían penetrar la oscuridad.

Era guapo de una manera que hacía que las chicas buenas se sintieran atraídas por el desastre.

El plan era simple: ser vista, ser deseada, ser irremplazable.

Aria ignoró la barra y se dirigió directamente al centro de la pista, donde una pequeña plataforma elevada esperaba.

Usualmente, era para bailarines del club, pero estaba libre.

Era el escenario perfecto para un desafío público.

Subió con una calma helada.

La música era un ritmo pesado y sensual.

Aria no bailaba para seducir a la multitud; bailaba para un solo hombre.

Cerró los ojos por un segundo, sintiendo el beat, y luego abrió su mirada.

Directo al balcón.

Kael estaba allí, su silueta recortada contra las luces.

Él no se había movido, pero su atención ahora estaba fija en ella, un ancla pesada en el mar de gente.

Aria comenzó a moverse.

Lenta, deliberadamente.

Cada giro de su cadera, cada arco de su espalda era una invitación.

Sus manos recorrieron la tela de su vestido, una caricia de seda sobre su propia piel que prometía mucho más.

El baile no era alegre; era poder y control.

Era erotismo con un propósito.

Podía sentir el calor de cientos de miradas sobre ella, pero no le importaban.

Solo sentía la presión de una: la de Kael.

Sus ojos grises eran ahora un fuego lento que la consumía.

Ella se inclinó hacia atrás, el cabello cayendo sobre sus hombros, y luego se irguió en un movimiento rápido, mirándolo directamente.

Él no bajó la mirada.

Al contrario, se sirvió otro trago sin despegar los ojos de ella, un gesto de arrogancia que gritaba: eres mi espectáculo.

Aria sonrió, un destello rápido, victorioso.

Había establecido la conexión.

El anzuelo estaba puesto.

Con un último y dramático movimiento, deslizó su cuerpo fuera de la plataforma.

La adrenalina le recorría las venas.

Era el momento de retirarse, dejarlo con las ganas.

Mientras se dirigía a la barra, no pudo evitar mirar de nuevo hacia el balcón.

El rincón VIP estaba vacío.

Kael Valerius se había ido.

La rapidez con la que había desaparecido la hizo tensar la mandíbula.

Había pasado de observador paciente a cazador en un segundo.

Llegó a la barra.

Pidió un whisky puro, para calmar el fuego que el baile y su mirada habían encendido.

El barman regresó con su copa, pero antes de que pudiera tomarla, una mano fuerte se deslizó a su lado y tomó el vaso.

“El líquido azul de la barra no es para ti, preciosa,” dijo una voz áspera y profunda, justo detrás de ella.

Ella se giró para enfrentar a Kael.

Estaba tan cerca que la cercanía de su cuerpo desprendía un calor que le quemó la piel.

Había recorrido la distancia entre el cielo y el infierno en segundos.

Olía a colonia cara y a algo más, algo peligroso, como la lluvia en el asfalto.

“¿Y tú quién eres para decidir lo que es o no para mí?”, replicó Aria, manteniendo su voz baja y firme, recuperando su control.

Él sonrió, pero solo con la comisura de los labios.

Era una expresión que prometía problemas.

“Soy el dueño.

Y a las caras nuevas que bailan así, nos gusta servirlas personalmente.

Ven conmigo.” Kael no preguntó, dio una orden.

Y para Aria, esta orden era la primera victoria en su venganza.

“Depende,” dijo ella, inclinando un poco la cabeza.

“Si tu servicio incluye una disculpa por robarme el trago.” Los ojos de Kael se entrecerraron.

Nadie le hablaba así, y ella lo sabía.

Había roto el guion.

“Te ofrezco algo mejor que una disculpa,” susurró él, estirando la mano y pasando un dedo sobre su muñeca.

Fue un toque breve, pero envió una descarga eléctrica que la tomó por sorpresa.

Control, Aria.

Control.

“Te ofrezco mi tiempo.

Y en este sitio, mi tiempo vale más que el oro.” “Está bien, Valerius,” dijo ella, permitiendo que una pizca de burla tiñera su voz.

“Tu tiempo.

Pero el mío también.

No esperes que te suplique.” Él la miró fijamente un momento, luego, su mano se posó en la parte baja de su espalda, una posesión casual, y la guio a través de la multitud.

Mientras subían las escaleras hacia el balcón, Aria sintió el peso de cientos de ojos sobre ella.

Estaba infiltrada.

Estaba con el enemigo.

Y por primera vez en años, su corazón latía con un ritmo que no era solo por la adrenalina, sino por el desafío de tenerlo tan cerca.

El juego había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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