Fuego cruzado - Capítulo 11
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11: Capítulo 11: Juegos de Cristal 11: Capítulo 11: Juegos de Cristal Kael no esperó a que Aria respondiera.
Su mano firme en su espalda la guio fuera de la sala de conferencias y hacia el ascensor privado.
La sensación de ser conducida era irritante, pero Aria mantuvo la compostura.
Cada movimiento era una oportunidad para observar.
El pent-house ejecutivo ocupaba todo el piso superior.
Era una obra de arte fría y moderna, con ventanales que ofrecían una vista vertiginosa de la ciudad.
Pero el punto focal, el verdadero golpe de efecto, era la alberca.
Estaba situada en el rincón más alejado, encajada justo al borde del edificio, con paredes de cristal que daban directamente al abismo.
El agua, de un azul profundo, estaba templada y liberaba un vapor suave que invitaba a sumergirse y ocultarse.
Era un oasis en el cielo, y a la vez, una trampa de cristal.
“Quiero que lo veas,” dijo Kael, su voz baja.
“Mi vida.
Mis celebraciones.” Aria se detuvo a la orilla del agua.
El reflejo del neón de la ciudad en la superficie creaba un efecto hipnótico.
Era hermoso, era peligroso.
Kael se acercó a una mesa auxiliar donde había una botella de champán reposando en hielo y un paquete de papel fino.
“Esto es para ti,” dijo Kael, deslizando el paquete hacia ella.
La marca era de diseñador, elegante y costosa.
Aria lo tomó.
El paquete era ligero.
Lo abrió con cuidado, manteniendo su expresión neutral.
Dentro había un traje de baño.
No era un bikini; era una pieza única, pero cortada de forma extremadamente atrevida, con aberturas estratégicas y un corte que apenas era más que tela.
Aria sintió la sangre subirle a la cara, no por vergüenza, sino por la audacia de Kael.
Él había ordenado esto.
Era un movimiento de posesión absoluta.
Kael no esperó su reacción.
Se desabrochó la camisa con movimientos lentos y estudiados, revelando un torso esculpido y duro.
Cada músculo parecía tallado para el poder.
Sus ojos, fijos en Aria, eran un desafío silencioso.
“Te espero en el agua,” declaró Kael, quitándose los pantalones de vestir.
Se quedó solo con unos shorts de lycra para natación oscuros, su cuerpo una promesa peligrosa.
Se lanzó al agua sin un chapoteo, deslizándose con una facilidad que solo tenía un depredador.
Aria se dirigió al baño del pent-house, un espacio de mármol y espejos.
Cerró la puerta, apoyándose en la frialdad del cristal.
Miró de nuevo el atuendo.
El bastardo había atinado la talla de forma precisa.
El corte alto apenas cubriría su trasero, y las aberturas laterales expondrían casi toda su cadera.
Era una provocación diseñada para quitarle el aliento y la cordura.
Muy bien.
Si eso es lo que quiere, es hora de jugar.
El pánico inicial se transformó en una determinación de hierro.
Esto no era una debilidad, era una oportunidad.
Si Kael la quería exhibida, lo haría con control total.
Ella usaría cada centímetro de piel expuesta como una distracción, mientras su mente trabajaba en su venganza.
Aria se desvistió, desechando su traje profesional.
Se puso el traje de baño.
La tela fría se ajustó a su cuerpo.
Dio un paso hacia el espejo.
La mujer que la miraba no era Aria, la vengadora herida.
Era Liz, la depredadora.
Ella se humedeció los labios.
Usaría su sensualidad como la máscara más efectiva de todas.
Abrió la puerta del baño y caminó con paso firme hacia la piscina.
Kael la esperaba en el extremo de cristal, su cuerpo mojado brillando bajo la luz artificial, una figura oscura con la ciudad como telón de fondo.
Cuando Kael la vio, su respiración se detuvo visiblemente.
La mirada en sus ojos grises era puramente animal, sin la capa de arrogancia o desdén que solía usar.
Era admiración sin filtro, un reconocimiento de su belleza y el poder que ella ejercía incluso en la desnudez de la tela.
Aria se acercó a la orilla de la piscina.
Se detuvo un momento, saboreando el silencio entre ellos.
Podía ver cada detalle del pent-house reflejado en la superficie brillante del agua.
Kael no dijo una palabra.
Simplemente extendió una mano desde el agua.
Una invitación, una orden silenciosa.
Aria se arrodilló lentamente en el borde de la piscina.
El vapor caliente acariciaba su piel.
El sonido de su traje de baño mojándose ligeramente mientras se hundía en el agua era el único ruido en el pent-house.
Se sumergió, dejando que el calor la envolviera, y luego nadó hacia Kael con movimientos fluidos y decididos.
Se detuvo a centímetros de él.
El agua les llegaba al pecho.
La proximidad era electrizante.
“El traje te queda perfecto, Liz,” susurró Kael, su voz ronca.
“Atinaste la talla.
Atinaste la audacia,” replicó Aria, con un tono neutro, negándole la satisfacción de una reacción emocional.
“Pero no atinaste el juego.” “¿No?” “No soy tu trofeo,” dijo Aria, poniendo sus manos en el borde de cristal, con su cuerpo muy cerca del suyo.
“Soy tu socia.
Y las socias no se limitan a ser exhibidas.
Ellas dirigen.” Ella usó su rodilla para rozar deliberadamente la suya bajo el agua.
La provocación era una estrategia.
Tenía que recordarle que no importaba cuán expuesta estuviera, ella controlaba el intercambio.
Kael atrapó su mirada.
El agua amplificaba la tensión.
El aire se hizo pesado con el deseo no expresado y la lucha de voluntades.
“Dirigirás,” concedió Kael, su voz apenas un hilo.
“Pero primero, te haré una demostración de poder.
Solo para recordarte quién establece las reglas en esta piscina.” Con una velocidad impresionante, Kael la tomó por la cintura, atrayéndola con fuerza contra la pared de cristal.
Aria sintió el frío del vidrio y la presión implacable del cuerpo de Kael.
La venganza y la pasión se fundieron en un momento de peligro.
Ella estaba completamente atrapada en su territorio, bajo su poder, pero en ese instante de cercanía, su mente solo pensaba en la ubicación del pendrive en su oficina.
La venganza era la meta, y este erotismo era simplemente el camino.
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