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Fuego cruzado - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 El Desgarro y la Ola
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12: Capítulo 12: El Desgarro y la Ola 12: Capítulo 12: El Desgarro y la Ola La mano de Kael en la cintura de Aria la arrastró con fuerza contra la pared de cristal de la alberca.

El frío del vidrio contrastaba con el fuego que se encendía entre sus cuerpos.

La ciudad, centelleando a través del agua, era un mero telón de fondo para el combate de voluntades que se desataba.

“Aquí, Liz, te mostraré quién establece las reglas,” susurró Kael, su voz ronca de deseo y autoridad.

Sus labios se estrellaron contra los de ella, un beso salvaje que no pedía permiso.

Aria respondió con una ferocidad que lo sorprendió.

No se sometió, sino que elevó el desafío.

Sus manos se aferraron a su cuello, sus dedos se enterraron en su cabello húmedo.

Sus cuerpos, impulsados por la química y la rabia, se movieron en una danza de poder y entrega.

El agua, una cómplice silenciosa, amplificaba cada roce, cada gemido ahogado.

Kael la empujó contra el cristal, una muestra de su fuerza, pero Aria usó la presión para arquear su espalda, su pecho contra el suyo, intensificando el contacto.

Sus piernas se entrelazaron con las de él, cerrando la distancia, atrapándolo.

Era un juego de toma y daca.

Cada beso de Kael, demandante, era recibido con una respuesta igualmente apasionada de Aria.

Cada caricia suya, posesiva, era correspondida con un toque que prometía aún más, seduciéndolo a un terreno más peligroso.

El vapor de la piscina empañaba el cristal, creando un velo íntimo alrededor de ellos.

Las luces de la ciudad se distorsionaban en un caleidoscopio brillante.

Kael la levantó, sus piernas rodeando su cintura, y la sostuvo contra él con una fuerza que le quitaba el aliento.

“Eres fuego,” jadeó Kael contra su boca, sus dientes rozando su labio inferior.

“Y tú eres el combustible,” replicó Aria, una sonrisa secreta en sus labios, sintiendo el triunfo de su resistencia.

Sus bocas se separaron, solo para que Kael dejara un rastro de besos húmedos por su cuello, su hombro, hasta el borde de su traje de baño.

Aria arqueó la espalda, una mezcla de placer y desafío.

Fue en ese momento de vulnerabilidad controlada que Kael hizo su movimiento.

Su mano, que había estado acariciando su cadera, se detuvo abruptamente en la tela del traje de baño.

Con una fuerza repentina y un rugido bajo, Kael destrozó el traje de baño de Aria.

La tela se rasgó con un sonido ahogado por el agua, arrancándose de su cuerpo.

Aria sintió el desgarro, el frío del agua sobre su piel desnuda, y una oleada de sorpresa y humillación la invadió.

Su armadura de tela había sido destruida.

Pero en lugar de mostrar pánico, Aria se aferró a la furia.

Kael la había desnudado a la fuerza, un acto de dominación pura.

Él esperaba una reacción de vergüenza o derrota.

Él la miró, sus ojos grises llenos de una satisfacción salvaje.

Para Kael, ese acto era la victoria.

Él creía haberla dominado.

Pero Aria no era una mujer que se quebrara.

Con un movimiento calculado, Aria se liberó de su agarre, empujándolo suavemente para crear espacio.

Se giró y nadó hacia el borde opuesto de la alberca con una calma pasmosa.

Cada brazada era un acto de desafío silencioso.

Salió del agua con una gracia que desafiaba la agitación de su corazón.

Completamente desnuda, con el agua goteando de su cuerpo, se mantuvo erguida.

A pesar de estar exhausta y con la respiración agitada por el encuentro, su postura era imponente, estoica.

No se cubrió.

No mostró pudor.

Sus ojos, oscuros y brillantes, se encontraron con los de Kael.

Él todavía estaba en el agua, mirándola, la sorpresa mezclada con el deseo animal en su rostro.

Él creía haber ganado.

Él creía haberla desarmado.

Aria sonrió, una curva apenas perceptible en sus labios.

“Me debes un traje de baño nuevo,” dijo Aria, su voz tranquila y firme, sin una pizca de reproche, solo una exigencia.

Luego, con la misma calma, se dio la vuelta y comenzó a caminar lentamente hacia la cama, su cuerpo desnudo una silueta poderosa contra el pent-house.

Sus movimientos eran deliberados, sin prisa, como si supiera que Kael la observaba cada centímetro.

Aria se detuvo al borde de la cama, sin siquiera mirarlo, y se giró apenas, lanzándole una mirada por encima del hombro.

“¿Me va a acompañar a la cama, Señor Valerius?” dijo Aria, con una voz cargada de un desafío silencioso y una promesa implícita, “¿o se limitará a mirar mi trasero desde lejos?” Kael la observó, inmóvil en el agua, por un momento.

La audacia de Aria, su negación a ser quebrada era una fuerza magnética.

Él había intentado dominarla, y ella había respondido con una provocación que lo invitaba a ir más allá.

Él también creía ser el ganador.

Había roto su armadura, la había visto vulnerable.

Una sonrisa lenta y peligrosa se extendió por el rostro de Kael.

Él se impulsó fuera del agua, su cuerpo goteando, sus ojos fijos en el de Aria.

El encuentro en la alberca había sido solo el preludio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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