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Fuego cruzado - Capítulo 14

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14: Capítulo 14: Los Secretos 14: Capítulo 14: Los Secretos El sol de la mañana se filtraba por las ventanas de la Torre Valerius.

El lujo del ático del Hotel Elíseo era un recuerdo reciente; ahora, Aria estaba de regreso en el ambiente frío y metálico del poder corporativo.

Kael la condujo a través del complejo de oficinas, su expresión impasible.

Aria, en su traje de negocios, se sentía como una extensión de su dominio.

Kael la guio a través de un escáner de retina, y la puerta de acero reforzado de su oficina se abrió con un silbido.

“Bienvenida a mi verdadero dominio,” dijo Kael, señalando el espacio.

Aria se concentró en la pared lateral, donde una caja fuerte oculta detrás de un panel de arte moderno era el verdadero tesoro.

El pendrive con el archivo de la venganza estaba probablemente allí.

“El primer paso,” dijo Kael, sentándose en su escritorio de cuero, “es el contrato del puerto.

Quiero que lo revises de nuevo, pero esta vez con acceso a los balances y al historial de licencias de mi padre.

Necesito saber cuánto más podemos exprimir a Saíto sin que se rompa.” Kael le lanzó un pase de acceso electrónico.

“Esto te dará acceso a los archivos de los últimos cinco años.

Úsalos con sabiduría.

Si mi padre descubre que estás husmeando donde no debes, no podré protegerte.” Aria asintió, tomando el pase.

Esto era lo que necesitaba.

El acceso al servidor central.

Mientras Kael se levantaba para atender una llamada en la pared de cristal de la oficina, Aria activó la terminal.

Con su entrenamiento de hacker silencioso, comenzó a descargar rápidamente los archivos más sensibles—balances, acuerdos colaterales y la correspondencia con el área legal—a un disco encriptado que llevaba oculto en el forro de su chaqueta.

Su mente trabajaba a la velocidad de la luz: Kael estaba ocupado, la oportunidad era ahora.

El pendrive no estaba a la vista; ahora el objetivo era recopilar la información periférica que le permitiera descifrar la clave de la caja fuerte.

Kael regresó del teléfono, con una expresión de furia contenida.

“Mi padre está enojado,” dijo Kael, su voz baja y peligrosa.

“Dice que ‘su’ abogado le informó sobre tu ‘intromisión’ de ayer.

Dice que las mujeres en esta oficina deben limitarse al café o a obedecer.” Aria se enderezó, enfrentando su mirada.

“Si el abogado Vega hubiera hecho bien su trabajo, no habría tenido que interceder.

Su padre debería estar agradecido de que su hijo haya contratado a alguien que sabe lo que hace.” Kael se acercó, la rabia se transformó en deseo.

Su mano se apoyó en el escritorio, atrapándola.

“Tu insolencia es lo único que me mantiene cuerdo, Liz,” murmuró Kael.

Su rostro se acercó al de ella.

“Pero no olvides que eres una pieza que yo puedo mover.

No intentes tomar el control total.” “Estamos tomando el control juntos,” corrigió Aria, sosteniendo su mirada.

Ella tenía que manipular el afecto y la ambición.

“¿O acaso tu promesa de anoche fue una mentira, Kael?

¿Me trajiste aquí para que te aburriera con archivos?” El anzuelo funcionó.

Kael se olvidó de la ira de su padre y se concentró en el juego de la dominación que ella proponía.

“No te aburriré,” prometió Kael, y la besó.

Un beso profundo y repentino que la tomó por sorpresa.

Mientras Kael la besaba, Aria se concentró en mantener el control de la situación.

Ella no buscaba información física, sino mental.

Ella se entregó al beso, dejando que el erotismo fuera la distracción necesaria.

Era una prueba, un escrutinio de su lealtad, y Aria no podía fallar.

El beso fue tan intenso, tan demandante, que Kael perdió la noción de su entorno.

Cuando se separaron, Aria se sintió mareada, pero su mente había permanecido clara.

Había pasado la prueba de la pasión sin revelar sus verdaderas intenciones.

“Eso es suficiente,” dijo Aria, recuperando el aliento y girando hacia el monitor.

“Volvamos al trabajo, Kael.

Necesitamos encontrar la debilidad de tu padre, no distraernos con las nuestras.” Kael se rió, su frustración sexual canalizada hacia la ambición.

“Me gusta que me mantengas en línea.

Sigue buscando.

Yo tengo una reunión en el piso de arriba.

No salgas.

Si necesitas algo, pulsa el intercomunicador.” Kael se dirigió a la puerta, pero se detuvo.

Señaló la pared de arte moderno que ocultaba la caja fuerte.

“Y bajo ninguna circunstancia,” advirtió Kael, con su voz de vuelta a un tono de autoridad fría, “te acerques o toques esa caja fuerte.” Kael salió, cerrando la puerta.

Aria se quedó sola.

Tenía el acceso a los archivos.

Pero la caja fuerte, el lugar más probable donde Kael guardaría el pendrive con el verdadero secreto, seguía siendo el objetivo final y prohibido.

Aria sabía que, para obtener la combinación, no necesitaría un truco de espionaje.

Necesitaría la confianza absoluta de Kael, o la llave de una debilidad que aún no había descubierto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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