Fuego cruzado - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 Capítulo 15 La Máscara de la Estratega
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15: Capítulo 15: La Máscara de la Estratega 15: Capítulo 15: La Máscara de la Estratega El silencio en la oficina de Kael era denso, interrumpido solo por el murmullo bajo de los servidores y el ligero tecleo de Aria sobre el teclado.
Kael se había ido al piso de arriba, dejando a Aria a solas con las llaves de su reino financiero.
Aria se sumergió en los balances de Valerius Corp.
Los números eran un lenguaje que ella dominaba.
Analizó los flujos de caja del último trimestre, las estructuras de las subsidiarias offshore y, más importante aún, la relación entre las deudas de juego de terceros y las adquisiciones de propiedades portuarias.
La información era oro puro.
El entrenamiento de años cobró vida.
Su mente, una máquina de cálculo fría y eficiente, desmantelaba la compleja red de transacciones.
No solo estaba revisando el contrato de Saíto, sino que estaba rediseñando la estrategia de expansión de Kael.
Encontró errores contables del Abogado Vega que, si se corregían, ahorrarían a Kael una fortuna en impuestos el próximo año.
La figura de Liz Torres se hizo cargo por completo.
“Liz” era metódica, ambiciosa y estaba obsesionada con la eficiencia.
El traje profesional que llevaba no era un disfraz; era una segunda piel.
Era la versión de Aria sin el peso de la historia, libre de la herida de la venganza, enfocada únicamente en la victoria.
Las horas se deslizaron sin que ella se diera cuenta.
Las líneas de código y los informes financieros se convirtieron en un laberinto fascinante.
Se encontró a sí misma no solo corrigiendo, sino optimizando las operaciones de Kael.
Incluso sintió una punzada de satisfacción profesional al encontrar una laguna legal que le daría a Kael una ventaja decisiva en la próxima adquisición.
La línea entre la persona y el personaje se hacía cada vez más delgada.
La persona, Aria, estaba allí para la venganza; el personaje, Liz, estaba disfrutando demasiado el proceso de construir un imperio.
De repente, se detuvo.
Sus dedos quedaron suspendidos sobre las teclas.
Una sensación fría recorrió su espina dorsal.
Miró el reloj interno del sistema: habían pasado casi tres horas.
Tres horas donde había estado trabajando para Kael.
Había pasado tres horas fortaleciendo la Corporación Valerius en lugar de buscar la evidencia para su caída.
Rápidamente, escaneó la oficina.
La pared de arte que ocultaba la caja fuerte.
El objetivo prohibido.
Había pasado tres horas sin siquiera acercarse a ella, obsesionada por el orgullo de la estratega.
El pendrive con el archivo de su familia no era tan importante en ese momento como el triunfo sobre el Abogado Vega.
La rabia consigo misma fue intensa.
La maldición de su propia brillantez.
Kael había apostado a que su ambición profesional dominaría, y había acertado.
Control.
Recuerda el fin.
La venganza no era un juego de ajedrez rápido; era una guerra lenta, y el activo más valioso que podía tener era la confianza absoluta de Kael.
Y la confianza se ganaba con resultados.
Un sonido seco la sacó de su trance: el intercomunicador.
Aria se enderezó en la silla, tomó una respiración profunda y pulsó el botón.
Su voz, cuando respondió, era la de Liz: tranquila, profesional y completamente dominante.
“Liz.
¿Cómo va todo?” La voz de Kael al otro lado era impaciente, con el eco de una sala de conferencias grande.
“Calma, tigre,” respondió Aria, usando el tono desenfadado y seductor que les era exclusivo.
“Los números requieren paciencia.
No puedes manejar una corporación de este tamaño con la misma prisa que me manejaste a mí anoche.” Hubo un silencio tenso al otro lado, una pausa que Aria interpretó como una mezcla de enojo y fascinación.
“¿Y bien?
¿Algún error catastrófico?” Kael no estaba preguntando por el contrato de Saíto; estaba preguntando si su abogado lo había engañado.
“Solo el Abogado Vega es un error catastrófico,” replicó Aria con frialdad.
“El resto son fallos menores.
Tu cláusula de compensación está bien estructurada, pero es demasiado conservadora en las proyecciones de impuestos.
La estoy reescribiendo.
Te estoy ahorrando suficiente dinero para que compres un auto más potente.” La respuesta fue perfecta: desdén hacia el abogado de Kael y valor tangible.
“Envíame un resumen de las proyecciones en veinte minutos.
Quiero algo que pueda usar contra Vega,” ordenó Kael.
“Hecho,” dijo Aria, sin titubear, y cortó la comunicación.
Se reclinó en la silla, agotada pero victoriosa.
Había perdido tiempo valioso en la búsqueda del pendrive, pero había ganado la batalla clave: había cimentado su posición como la estratega indispensable de Kael.
La confianza es más importante que el pendrive, por ahora.
Ella se obligó a concentrarse de nuevo en el monitor.
Pero ahora, mientras trabajaba en los balances, su mente buscaba patrones ocultos.
No solo buscaba dinero, buscaba fechas de adquisición que coincidieran con la fecha de la ruina de su familia.
El próximo movimiento no sería un asalto a la caja fuerte, sino un estudio minucioso de la debilidad de Kael.
Ella lo derrotaría con su propia historia.
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