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Fuego cruzado - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 La Serpiente y el Faro
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16: Capítulo 16: La Serpiente y el Faro 16: Capítulo 16: La Serpiente y el Faro Aria ignoró el pulso de su propio cuerpo y se concentró en la pantalla.

Su objetivo era el informe de proyecciones fiscales que Kael había solicitado, pero su mente, ahora activada por la adrenalina del espionaje, no podía limitarse a la superficie.

Ella no solo revisó la estructura de compensación; se sumergió en el área legal.

Encontró lo que buscaba en los archivos de la nómina del Abogado Vega.

No eran errores.

Eran fugas.

Pequeños desvíos de fondos, casi imperceptibles, disfrazados como “gastos de consultoría externa” y pagos a “agentes subcontratados”.

Los montos eran menores para un imperio como Valerius, pero su constancia a lo largo de los meses sumaba una cifra considerable.

Otra serpiente en el nido pensó Aria con frialdad.

El imperio de Massimo no estaba construido sobre la lealtad, sino sobre una red de depredadores luchando entre sí.

Vega, el supuesto guardián legal de Kael, estaba robando de sus propios bolsillos.

Este hallazgo era una ventaja táctica: un enemigo fácil de eliminar, y una demostración de valor a Kael.

Luego, al cruzar la información de las proyecciones de impuestos con la lista de activos corporativos, Aria encontró la anomalía más extraña: un activo inmobiliario llamado “El Faro del Cuervo”.

Los archivos lo marcaban como una “mala inversión histórica”.

Una propiedad costera vieja y abandonada que generaba costos de mantenimiento constantes y no producía ningún ingreso.

Era un pozo negro de dinero, pero la cantidad que se destinaba a su “seguridad y preservación” era desproporcionada.

Aria profundizó.

No había planes de desarrollo.

No había ventas.

Solo pérdidas.

El Faro del Cuervo no era una mala inversión, era un conducto de dinero.

Una propiedad olvidada que la Corporación utilizaba para justificar salidas de efectivo, probablemente para pagar sobornos o para blanquear ganancias.

Era la debilidad perfecta de un negocio sucio.

La pieza final del rompecabezas cayó en su lugar.

Aria sintetizó sus hallazgos en tres puntos clave: Ahorro Fiscal: Proyecciones optimizadas para Kael.

El Traidor: Evidencia para despedir a Vega por desvío de fondos.

El Activo Fantasma: La anomalía de El Faro del Cuervo.

La línea entre Liz y Aria casi desapareció.

Estaba tan inmersa en la estrategia y la emoción del descubrimiento que el recuerdo de la venganza era solo una motivación, no el acto.

Estaba jugando a ser la mano derecha de Kael, y era increíblemente buena en ello.

Un golpe seco en la puerta la hizo sobresaltar.

“Adelante,” dijo Kael, entrando sin esperar respuesta.

Estaba tenso por su reunión con su padre.

Su aura de poder llenaba la oficina.

“¿Y bien, Liz?

No tengo tiempo para juegos,” exigió Kael, con el ceño fruncido.

Aria se levantó de la silla.

En lugar de darle el informe, ella caminó hasta el borde del escritorio, obligándolo a encontrarse con ella en un terreno neutral.

“Tu abogado, el Abogado Vega, es un ladrón.

Y tu padre es ciego,” dijo Aria sin rodeos.

La acusación fue tan directa y chocante que la tensión en el rostro de Kael se congeló.

“Explícate,” ordenó Kael, su voz baja y gélida.

Aria deslizó la tableta hacia él, mostrando las proyecciones financieras.

“Punto uno: Con esta reestructuración, te ahorraré un 20% en impuestos.

Tus abogados están dejando pasar lagunas obvias.

Esto te da capital inmediato para la adquisición que planeas,” dijo Aria, con el tono de una profesional de alto nivel.

“Punto dos: El Abogado Vega no solo es incompetente; te está robando,” continuó Aria.

Ella le mostró el extracto de los pequeños desvíos de fondos.

“Lo ha camuflado en gastos de consultoría.

Es un veneno lento, Kael.

Es un signo de que tu corporación está podrida desde dentro.

Los hombres de tu padre se están alimentando de tus sobras.” Kael miró la pantalla.

Su expresión se endureció.

El resentimiento por la traición, el odio a la debilidad era más fuerte que cualquier placer que ella pudiera haberle dado.

“Lo mataré,” murmuró Kael, no como una amenaza, sino como un hecho.

“No,” intervino Aria, poniendo una mano en su hombro.

El contacto fue profesional, pero cargado de sensualidad de la noche anterior.

“Lo despides, lo humillas.

Demuestras que eres más inteligente que él y que tu control es absoluto.

Si lo matas, tu padre encontrará a otro Vega.

Si lo usas, él sabrá que tienes un nuevo estratega que es leal a ti.” Aria sintió cómo Kael se relajaba bajo su toque.

Él la escuchaba.

“Y el punto final,” dijo Aria, volviendo a la tableta.

“El Faro del Cuervo.

Es un activo que ha costado millones en ‘mantenimiento’ sin generar un solo centavo de ganancia.

Esto no es un error.

Es un conducto de fondos opaco, probablemente para sobornos o para ocultar ganancias.

El Faro es la debilidad de tu padre.

Quien controle ese activo, controla el grifo del dinero sucio.” Kael tardó un largo momento en procesar la información.

Su mirada regresó a Aria.

El deseo se había ido; solo quedaba la admiración, el reconocimiento de una aliada formidable.

“En tres horas has encontrado más podredumbre que toda mi oficina legal en un año,” dijo Kael, su voz llena de un asombro peligroso.

Agarró su muñeca, no con fuerza, sino para acercarla a él.

“Me has demostrado que no eres solo mi obsesión, Liz,” continuó Kael.

“Eres la mente que necesito.

Y tienes razón.

El Faro no es de mi padre.

Es el activo más antiguo de la Corporación.

Quien lo controla, tiene un poder inmenso.” Kael soltó una carcajada.

Una risa genuina, fría y llena de ambición.

“Vega está fuera.

Mañana,” sentenció Kael.

“Ahora, quiero que tomes mi lugar.

Quiero que vayas al Faro.

Quiero que investigues cada factura de mantenimiento.

Quiero que encuentres la llave del dinero sucio de mi padre.

Quiero que lo tomes.” “Hecho,” dijo Aria, la victoria era suya.

Acceso total.

Kael se acercó y la besó.

No fue un beso de pasión, sino de gratitud profesional mezclada con el deseo ineludible.

Era un pacto sellado.

“Tú eres la única persona que confío para esto.

No me traiciones, Liz.

Porque si lo haces, no me detendré a preguntarte por qué,” susurró Kael, su advertencia clara.

Aria sonrió, una curva de desafío.

No te preocupes tigre.

Puedes confiar en mí.

Kael se alejó en dirección a la puerta, cuando estuvo lo suficientemente lejos, como para que Liz no pudiera escuchar, murmuro… Por tu bien, eso espero

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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