Fuego cruzado - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 El Faro del Cuervo y la Confrontación
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17: Capítulo 17: El Faro del Cuervo y la Confrontación 17: Capítulo 17: El Faro del Cuervo y la Confrontación Parte I: La Herramienta de Liz Aria llegó al Faro del Cuervo en un vehículo todoterreno de la Corporación Valerius, conducido por un chófer tan silencioso como un guardia de seguridad.
El Faro no estaba en una zona turística, sino en un acantilado remoto y azotado por el viento, con vistas a un mar gris y furioso.
La estructura era impresionante: una torre de piedra oscura, antigua y sólida, que emitía una sensación de melancolía y abandono.
La luz del faro no funcionaba.
El lugar estaba cercado por una valla oxidada y vigilado por dos guardias somnolientos que, al ver la identificación de Liz Torres, con el logo personal de Kael, se pusieron nerviosos y se apartaron.
Un hoyo negro de dinero pensó Aria.
El mantenimiento que registraban los archivos era para una fortaleza; la realidad era una ruina.
Aria inspeccionó el lugar.
Su objetivo no era el faro en sí, sino el pequeño edificio de administración adjunto.
Dentro, encontró lo que buscaba: la oficina de un administrador que debía llevar la contabilidad del sitio, pero que claramente había sido un cómplice de Vega.
La oficina estaba llena de polvo y documentos desordenados.
Aria se puso los guantes y comenzó la minuciosa tarea de verificar las “facturas de mantenimiento” contra la realidad del lugar.
El fraude era descarado.
Facturas por miles de dólares en “cableado de cobre de alta resistencia” cuando el cableado estaba obsoleto y cortado.
Pagos por “reparación de estructuras de la base” cuando las grietas en la mampostería eran visibles.
El dinero estaba siendo desviado directamente.
Mientras trabajaba, la línea entre el personaje y la persona se difuminó aún más.
“Liz” sentía una punzada de indignación profesional por la incompetencia y el robo descarado.
Estaba haciendo el trabajo de Kael, encontrando su dinero.
Pero al fondo de su mente, Aria buscaba otra cosa.
Buscaba patrones que se conectaran con la caja fuerte de Kael.
Buscaba la debilidad de Kael, no solo la de su padre.
En un cajón cerrado con llave (que Aria abrió con una púa metálica del tamaño de una tarjeta de crédito), encontró un diario de mantenimiento.
No contenía nada útil, excepto una foto borrosa pegada a la tapa.
Era una imagen vieja, granulada, de Kael cuando era un adolescente, con un corte de pelo descuidado, de pie junto al faro, con una expresión sombría.
El Faro del Cuervo no era solo un conducto de dinero.
Era un lugar personal para Kael.
Aria sintió un escalofrío.
La propiedad no era solo una mala inversión de Massimo; era un punto de anclaje emocional para Kael.
Esto explicaba por qué se había mantenido en los libros a pesar de las pérdidas.
Kael no la había dejado caer porque tenía un significado.
El hallazgo era invaluable.
No era una clave numérica, sino una clave emocional.
Kael, el hombre, se estaba abriendo emocionalmente a ella de manera indirecta, revelando un fragmento de su pasado a través de un activo abandonado.
Aria fotografió la imagen y el diario de mantenimiento.
Sabía que esta información la acercaba más a la verdad de Kael que cualquier número de cuenta.
La verdadera llave de la caja fuerte no estaba en una USB, sino en la historia de Kael.
Seis horas después, Aria había clasificado la evidencia del fraude, asegurando la caída del administrador local y documentando el desvío de fondos de Vega.
La misión había sido un éxito rotundo para “Liz”.
Ahora solo quedaba usar el descubrimiento del Faro como palanca.
Parte II: La Confrontación de Kael Mientras Aria estaba en el faro, Kael había regresado a la oficina central, con la rabia contenida y el informe preliminar de Liz en la mano.
Convocó a una reunión de emergencia en la sala de juntas, incluyendo a su padre, Massimo, y al Abogado Vega.
La atmósfera era tan fría que el aire parecía cortarse.
Kael fue directo al ataque.
“Abogado Vega,” comenzó Kael, su voz un escalofrío de acero.
“Mis nuevas proyecciones de estrategia han detectado irregularidades en tus informes de los últimos seis meses.” Vega palideció.
“Señor Valerius, debe ser un error.
Mis informes han sido siempre aprobados por su padre—” “No hablo de mis proyecciones, hablo de tus robos,” interrumpió Kael.
Kael arrojó la tableta sobre la mesa.
La evidencia de los desvíos de fondos estaba ampliada.
Los pagos a “consultores” falsos.
La mano de Vega tembló cuando vio las cifras.
“Es una calumnia, señor.
Esta información debe provenir de su…
su nueva ‘socia’,” tartamudeó Vega, tratando de desviar la culpa hacia Aria.
Massimo, sentado a la cabecera, observaba con ojos de águila.
Sabía que esto no era solo sobre dinero, sino sobre la guerra de sucesión.
“Tu nueva socia,” dijo Massimo, su voz profunda y autoritaria.
“Esa mujer es un riesgo, Kael.
Nunca debiste darle acceso a la Corporación.” Kael ignoró a su padre y se dirigió únicamente a Vega.
“No te robaste mucho, Vega.
Eso es lo patético.
Te robaste lo suficiente para ser un traidor menor y lo hiciste mal.
Ahora, tienes dos opciones: te vas tranquilamente con una cláusula de confidencialidad que te prohíbe trabajar en esta ciudad por diez años, o te entrego a mi padre.” La amenaza era clara.
Massimo no se limitaría a despedirlo.
Vega, derrotado, se rindió.
“Me iré.
Acepto la cláusula.” Kael miró a Massimo.
“Tu equipo está podrido, Padre.
Yo lo estoy limpiando.
Mi ‘riesgo’ acaba de ahorrarle a la Corporación millones y se ha deshecho de una serpiente que tú ni siquiera notaste.” Massimo no mostró emociones, pero la derrota era palpable.
La “novia de verano” de Kael no era una distracción; era una amenaza para su dominio.
“¿Y quién es esta mujer realmente?” preguntó Massimo.
“Es mi estratega.
Es la mujer que me ayudará a tomar el control del Faro del Cuervo,” respondió Kael con una sonrisa fría.
“Ella está allí ahora.
Limpiando tu desorden.” Massimo se inclinó, su voz apenas audible.
“Ten cuidado, hijo.
Los que limpian tu desorden suelen ser los que te apuñalan por la espalda.” Kael se levantó, dando por terminada la reunión.
Se sentía poderoso.
Acababa de desmantelar una pieza del juego de su padre y Aria lo había hecho posible.
Mientras regresaba a su oficina, le envió un mensaje a Aria.
El mensaje era solo un lugar y una hora: 21:00.
Lobby del hotel.
Pero el sentimiento detrás era claro: Aria había ganado el derecho a estar a su lado.
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