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Fuego cruzado - Capítulo 2

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  4. Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 Cerca del Abismo
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2: Capítulo 2: Cerca del Abismo 2: Capítulo 2: Cerca del Abismo El balcón VIP era un oasis de silencio relativo.

Los sofás de cuero eran oscuros y profundos, y la música abajo sonaba apenas como un latido sordo.

Kael la soltó en cuanto llegaron, pero la distancia entre ellos era mínima, cargada de una electricidad densa.

Ella tomó asiento sin esperar la invitación.

Kael se sirvió un whisky en las rocas y luego deslizó la botella hacia ella.

“Pensé que las chicas guapas en mi club bebían champaña,” comentó, cruzándose de brazos y estudiándola.

“Las chicas guapas que están aquí por las razones equivocadas, quizá,” respondió Aria, sirviéndose un poco de whisky.

Puro.

Él arqueó una ceja.

“Interesante.

¿Y cuáles son tus ‘razones equivocadas?” Kael hizo una pausa… “Mi nombre es Elena” Aria tomó un sorbo.

El alcohol era fuego, le ayudó a centrarse.

“Soy una mujer de negocios.

El boca a boca dice que los Valerius tienen la llave de la ciudad.

Estoy buscando abrir algunas puertas.

O cerrarlas, si es necesario.” Era verdad, y a la vez, una mentira perfecta.

Le estaba dando la verdad de su falsa identidad: ambición fría.

Kael se rio, una risa seca, sin humor.

“Ambición.

Me gusta eso.

Pero las mujeres ambiciosas aquí no suelen ser tan crípticas.” Se inclinó hacia ella, el aroma de su colonia y el whisky llenando el espacio.

Su mirada era como un láser, buscando la fisura en su armadura.

“Dime la verdad.

¿Vienes por el dinero o por mí?” El directo ataque la pilló desprevenida.

Aria tardó un segundo en reaccionar, pero fue tiempo suficiente para que él notara el parpadeo en sus ojos.

Ella se enderezó.

“Valerius, hay miles de mujeres que están aquí por ti.

Si quisiera ser una más, no te estaría dando una batalla.

Y por tu dinero…

necesito algo más que la calderilla de un club nocturno.” El rostro de Kael se tensó.

El desafío no lo había alejado; lo había enganchado.

“Tú eres un reto.

Me gustan los retos,” musitó.

Se levantó, caminó hacia la barandilla de cristal y miró hacia abajo.

“La gente cree que sabe todo de mí.

Que soy solo el heredero borracho y mujeriego.

Y me gusta que lo crean.” Aria se levantó y se colocó a su lado.

Era su oportunidad de cambiar la dinámica.

Tenía que acercarse, tenía que obtener información.

Y tenía que hacerlo sin que él se diera cuenta de que estaba desmantelando su fachada.

“Supongo que no eres solo eso,” dijo Aria, su voz suave y seductora, por primera vez dejando a un lado la frialdad.

“Nadie llega a donde tú estás solo con una cara bonita y un apellido.” Ella deslizó su mano sobre la barandilla, casi tocando la suya.

Kael giró la cabeza bruscamente, sus ojos encontrándose con los de ella.

Estaban tan cerca que Aria podía sentir su aliento cálido en su rostro.

La intensidad era tan fuerte que el aire se sentía escaso.

“¿Qué ves, Elena?” preguntó él, retándola.

“Mírame de verdad, mira a Kael, no a la leyenda.” Ella no tuvo que fingir para hacer esto.

Ella lo estaba mirando de verdad.

Estaba mirando al hombre cuya familia había arruinado a la suya, el rostro que había visto en incontables fotografías.

Pero en persona, había una energía que sus fotos no captaban, una oscuridad que era extrañamente atractiva.

“Veo a un hombre que lleva el mundo sobre sus hombros, pero que finge que no le importa,” respondió Aria, la verdad mezclada con la manipulación.

“Y veo que la reputación de heredero malcriado es tu armadura.” Él sonrió de verdad esta vez.

Una sonrisa que le iluminó el rostro, por un segundo, pareció casi vulnerable.

“Eres peligrosa.” “Lo sé,” susurró ella.

En ese momento, el juego de seducción se rompió.

Kael dio un paso hacia ella, acortando la distancia de forma repentina.

Su mano izquierda atrapó su barbilla, obligándola a mirarlo hacia arriba, y su otra mano se posó en su cintura, atrayéndola a su cuerpo.

Ella sintió la dureza de sus músculos contra los suyos, el pulso acelerado de ambos.

“No has venido a hablar de negocios, ¿verdad, Elena?” preguntó Kael, con la voz llena de sospecha, pero también de una necesidad abrumadora.

“Has venido a jugar un juego que solo tú conoces.

Pero no me importa.

Me gustas.” Sus labios estaban a milímetros de los de ella.

Aria sintió el pánico, no por el peligro, sino porque deseaba ese beso con una fuerza que amenazaba con hacerla olvidar su misión.

Esto no era parte del plan.

Se suponía que la pasión era solo una herramienta.

“¿Y qué si es así, Valerius?” se atrevió a preguntar, su propia respiración entrecortada.

“Entonces, el juego termina ahora.

No me gustan las trampas.

Solo me gusta la posesión.” Él bajó la cabeza.

Justo cuando sus bocas estaban a punto de tocarse, un mensaje vibró en el bolsillo de Kael.

El sonido fue un corte brutal en la tensión.

Kael maldijo en voz baja, separándose a regañadientes.

“Problemas,” dijo, su expresión volviendo a ser de hielo.

Sacó su teléfono y leyó el mensaje.

Su rostro se oscureció.

“Tengo que irme.

Pero tú te quedas.” Antes de que Aria pudiera protestar, él tomó su rostro entre sus manos y la besó.

No fue tierno, fue una toma, un reclamo.

Fue rápido, intenso, y la dejó sin aliento, con los labios ardiendo y una mente en caos.

Kael se separó, con sus ojos grises clavados en los de ella.

“Quédate aquí.

Si te vas, te encontraré.

Y no te gustará cómo.” Salió del balcón sin mirar atrás, su figura desapareciendo entre la multitud.

Aria se quedó sola, con el sabor de su beso en la boca, y un terror recién descubierto: la venganza iba a ser mucho más difícil de lo que había imaginado.

Se acercó a la mesa, todavía temblando, y notó que, mientras la besaba, él había dejado su teléfono abierto sobre la mesa, con el mensaje de texto aún visible.

Era una dirección y un nombre: “El Contrato de la Dama Blanca.” No se había ido con las manos vacías.

La primera pista estaba allí, a la vista.

El peligro de Kael Valerius era real, pero su descuido era su arma.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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