Fuego cruzado - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 Capítulo 20 La Exhibición del Poder
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20: Capítulo 20: La Exhibición del Poder 20: Capítulo 20: La Exhibición del Poder El primer clímax no fue un final, sino una pausa.
Aria y Kael se miraron, jadeando, sus cuerpos empapados y el terciopelo del sillón marcado por el encuentro.
Ambos sabían que la batalla no había terminado, solo había cambiado de escenario.
Kael se irguió, su antifaz cubriendo la mitad de su rostro, pero la intensidad en sus ojos grises era ineludible.
El desafío de Aria lo había encendido de una manera que la sumisión nunca podría igualar.
Él no la dejó sentarse.
La levantó con un brazo, pegándola a la pared de cristal.
El frío del vidrio en sus pechos era un contraste bienvenido al calor de sus cuerpos.
Con todo el bar de fondo y las siluetas enmascaradas como testigos, la exhibición continuó.
Kael la sujetaba por las caderas, tomando posesión de su activo más valioso, el aliento de Aria dejaba marcas en el cristal, sus pechos presionados contra el muro de vidrio eran un espectáculo que provocaba algo mas que miradas en los espectadores, ella noto excitada como varios testigos de daban placer mirándola.
Kael continuo cona la iniciativa, y Aria se permitió ceder girando su cuerpo, mirando a Kael a los ojos, su rendición era parte de su estrategia.
Ella se aferró a él, sus uñas arañando ligeramente su espalda, recordándole la marca que le había dado.
El sonido de sus cuerpos al chocar era rítmico, fuerte, resonando en el pequeño nicho.
La pasión era una marea salvaje, sin la delicadeza de la noche anterior.
Era cruda, primitiva, una afirmación de posesión en un espacio diseñado para el voyerismo.
Kael se movía con una fuerza implacable, buscando borrar cualquier rastro de la resistencia de Aria.
Pero Aria era más astuta.
Ella usó su cuerpo desnudo como una herramienta.
Sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura, no para aferrarse, sino para guiarlo, para forzarlo a sus ritmos, invirtiendo sutilmente la dominancia.
En los momentos álgidos, Aria forzaba su boca contra la de él, silenciando sus gruñidos en un beso prolongado que era tanto un acto de amor como de control.
El público al otro lado del vidrio parecía celebrar el espectáculo.
Aria se dio cuenta de que no eran solo voyeurs; eran testigos de una transferencia de poder, aunque no lo entendieran.
Kael estaba exhibiendo a su nueva socia, pero Aria estaba exhibiendo su dominio sobre él.
El segundo clímax llegó con una intensidad desgarradora.
Kael soltó un grito ahogado que fue absorbido por el antifaz.
Aria se aferró a él, agotada, sintiendo el triunfo absoluto de haber sobrevivido y dominado el encuentro.
Permanecieron así por un momento, respirando el mismo aire, compartiendo el mismo agotamiento.
Lentamente, Kael la bajó al suelo.
Ya no había furia; solo una profunda satisfacción.
Ambos se sentaron en el sillón, por primera vez las figuras enmascaradas de la cortina, un hombre y una mujer, se movieron, tomaron una par de toallas de mano que estaban en una pequeña repisa casi imperceptible de cada lada le muro de cristal, el hombre se acercó a Aria, permítame madame dijo antes de limpiar el sudor de su cuerpo con la toalla, cada tacto enviaba un pulso eléctrico por el cuerpo su cuerpo sobre estimulado, su mirada atenta en Kael y la chica que lo secaba a el con sutileza Kael se puso su pantalón, el antifaz todavía en su rostro, cubriendo la evidencia.
Aria, con la misma calma, recogió el vestido destrozado del suelo.
Aria se vistió lentamente, cada movimiento medido.
Cuando salió del cubículo, su figura se sentía diferente, el vestido que se puso por primera vez con vergüenza, ahora se sentía como una armadura llena de seguridad y poder.
Kael tomó su mano y la guio fuera del club.
El silencio en el pasillo se sentía como un alivio.
Llegaron al auto negro.
Kael no se quitó el antifaz hasta que estuvieron dentro.
“Hemos terminado por hoy, Liz,” dijo Kael, con un tono de voz lleno de una nueva autoridad, mezclada con una familiaridad peligrosa.
“Ha sido un espectáculo memorable.
Ahora, volvamos a la tierra.” “¿Al pent-house?” preguntó Aria, esperando la invitación a la intimidad, que podía ser usada para el espionaje.
Kael la miró, sus ojos grises eran ahora un abismo de cálculo.
“No.
Al hotel.
Estarás en una suite separada, en el mismo piso.
Mañana te necesito fresca.
Tenemos una corporación que desmantelar, y no puedo permitir que te distraigas con nuestras…
interrupciones.” El golpe fue sutil.
Kael no la había liberado, solo la había puesto en cuarentena.
La había alejado de su cama para proteger su agenda, pero asegurando su proximidad.
Kael confiaba en su intelecto, pero temía el poder de su pasión.
Aria asintió, su rostro impasible.
Kael todavía pensaba que podía controlar cuándo comenzaba y terminaba el juego.
No te preocupes, Kael, pensó Aria, mientras el auto se dirigía de vuelta a la ciudad.
La distancia solo me da tiempo para encontrar tu verdadera debilidad.
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