Fuego cruzado - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 Capítulo 21 La Conexión Olvidada
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21: Capítulo 21: La Conexión Olvidada 21: Capítulo 21: La Conexión Olvidada Aria se despertó en una suite de hotel que era tan lujosa como impersonal.
Kael había cumplido su palabra.
Estaba a salvo, pero confinada.
La ropa de la noche anterior, incluyendo el vestido que ahora se sentía como una reliquia de guerra, había sido discretamente enviada a la tintorería.
El cuerpo de Aria todavía sentía las secuelas del encuentro en el club.
Cada músculo dolía, no por el placer, sino por la ferocidad de la batalla.
El recuerdo de Kael arrodillándose, arrastrándose a su llamado, era una inyección de poder.
Él creía que el juego había terminado; Aria sabía que acababa de empezar la ronda más peligrosa.
Su mente, libre de la presencia inmediata de Kael, se centró en la información.
Se puso una de las batas blancas del hotel y encendió su laptop encriptada.
Tenía tres objetivos claros: Analizar la evidencia del Faro del Cuervo.
Buscar una debilidad emocional de Kael.
Planear cómo acceder a la caja fuerte en la oficina.
Aria comenzó con el Faro.
Revisó las fotografías del pequeño diario de mantenimiento que había encontrado en el Faro.
La imagen borrosa de Kael adolescente la intrigaba.
Era un joven con ojos sombríos, visiblemente aislado.
El Faro no era solo un conducto de dinero; era un ancla emocional de su juventud.
Cruzó esa fecha con los archivos corporativos que había descargado.
La propiedad fue transferida a la Corporación Valerius en el año exacto en que Kael cumplió dieciséis años.
Antes de eso, había pertenecido a una fundación benéfica menor.
¿Qué pasó en su vida a los dieciséis?
Aria se sumergió en el historial de noticias y registros de la ciudad, buscando cualquier incidente relacionado con la familia Valerius en ese año.
Fue una búsqueda tediosa, llena de artículos sobre galas y adquisiciones corporativas, pero finalmente, encontró una mención en un obituario encriptado de hace ocho años.
El Hermano de Kael… Kael Valerius había tenido un hermano mayor llamado Liam.
Él había fallecido en un “trágico accidente” a la edad de dieciocho años.
La fecha de la muerte de Liam coincidía con la fecha en que la Corporación Valerius adquirió el Faro del Cuervo.
Aria sintió un escalofrío.
El Faro no era un recuerdo de la infancia; era un monumento a una pérdida.
Buscó más sobre Liam.
Encontró artículos de prensa viejos que describían a Liam como el “niño problemático” de la familia, rebelde y propenso a las peleas.
La causa oficial de su muerte fue un accidente de coche en una carretera costera.
La mente de Aria, entrenada para el espionaje, detectó la fisura.
La Corporación Valerius era experta en encubrir desastres.
¿Fue realmente un accidente?
¿O el Faro se convirtió en un símbolo de la culpa o el dolor de Kael?
Aria sentía una punzada.
Era la primera vez que la historia de Kael se superponía con la suya: ambos cargaban con el peso de una pérdida brutal causada por el imperio Valerius.
El Juego de la Vulnerabilidad El intercomunicador de la suite sonó.
Era Kael.
“Te quiero lista en diez minutos en el lobby.
Y no dejes que la criada vea lo que estás haciendo,” ordenó Kael, su voz con el tono áspero y directo que usaba para el trabajo.
Aria sonrió.
Él no estaba preguntando si podía entrar a su habitación; estaba asumiendo que ella estaba ocupada como una profesional.
“Muy bien, estaba organizando los archivos del Faro,” mintió Aria.
Estaré lista en quince minutos.
El uso de la palabra “Faro” lo detuvo.
“Bien.
Te espero en el lobby.” Aria se vistió rápidamente.
En el ascensor, la línea entre Liz y Aria era cada vez más borrosa.
Como Liz, ella había descubierto la vulnerabilidad de su socio y sus propias pervesiones; como Aria, sentía una extraña mezcla de empatía, vulnerabilidad y triunfo.
Kael la esperaba en el lobby, vestido de forma elegante.
En sus manos, no llevaba una maleta, sino un plano enrollado.
“Tenemos que ir al Faro,” dijo Kael, sin preámbulos.
“Vamos a tomar posesión.
Necesito que veamos el lugar en persona.
Necesito un informe real, no el que mi padre solía aceptar.” Mientras caminaban hacia el coche, Aria vio su oportunidad.
Tenía que usar el nombre de Liam.
“Parece un lugar muy personal, Kael,” comentó Aria, manteniendo su tono casual.
“¿El Faro?
No parece una adquisición de rutina.” Kael se tensó visiblemente.
Su cuerpo se puso rígido, y su mirada se oscureció.
Aria había tocado una herida abierta.
“Es un activo.
Y lo era para mi hermano,” respondió Kael, con la voz baja y controlada.
“¿Liam?” preguntó Aria, su voz suave, casi susurrando el nombre.
Kael se detuvo abruptamente.
Se giró hacia ella, sus ojos grises llenos de una intensidad que era más peligrosa que cualquier amenaza.
“¿Cómo sabes su nombre, Liz?” Aria sintió el pánico, pero no lo mostró.
Ella no podía revelar que había estado husmeando en sus archivos corporativos.
Tenía que improvisar.
“¿Además de toda la prensa que ha cubierto a tu familia, desde siempre?
Lo vi en un informe de activos.
Un pequeño pago de manutención que se sigue haciendo a una cuenta de la fundación Liam Valerius.
Un error, supuse.
Pero si es personal…
puedo hacerlo desaparecer discretamente de las cuentas, Kael.” La mentira fue perfecta: mezcló un hecho robado (el nombre de Liam) con una justificación de negocios impecable (eliminar gastos inútiles).
Kael la miró, su expresión relajándose lentamente, aunque la sombra del dolor permanecía.
Aria había pasado la prueba.
Ella no estaba preguntando por curiosidad; estaba ofreciendo protección.
“Déjalo,” dijo Kael, su voz ahora suave, un susurro que la acercó a la intimidad.
“Es la única cosa que mi padre no ha podido corromper.
Es mi…
contrapeso.
No la toques.
Pero gracias por notarlo.” Él la guio al coche.
Aria sintió el triunfo.
Kael no solo había confirmado la importancia del Faro y de su hermano, sino que la había puesto en una posición de protección sobre su dolor.
El Faro, el recuerdo de su pérdida, era ahora parte de la venganza de Aria.
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