Fuego cruzado - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Capítulo 25 El Vuelo del Predador
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25: Capítulo 25: El Vuelo del Predador 25: Capítulo 25: El Vuelo del Predador La mañana después de la confesión de amor y la obtención de la “llave de emergencia”, Aria se presentó en la oficina de Kael con la seguridad renovada de una mujer que había ganado la primera batalla.
El amor, aunque falso, le había otorgado la armadura de la confianza.
Aria estaba analizando los primeros informes de la Fundación Liam Valerius que había logrado descargar con el nuevo acceso cuando Kael entró en la oficina.
No preguntó cómo iba el progreso.
Su tono era, por primera vez en días, el del Kael frío y dominante que ella había conocido inicialmente.
“Prepara tus maletas, Liz,” ordenó Kael, sin mirar de sus papeles.
“Mañana por la mañana viajamos.
Destino: una pequeña isla en el Mediterráneo.
Tengo un par de negocios que cerrar que requieren mi presencia, y necesito a mi socia más valiosa a mi lado.” No era una pregunta.
Era una orden.
El Kael profesional había recuperado el timón, pero ahora lo hacía bajo la ilusión de la alianza amorosa.
“¿Podría saber qué tipo de negocios?” preguntó Aria, manteniendo el tono de socia eficiente.
“Asuntos de tierra y mar.
Fondos de cobertura que mi padre ha usado como escudos por años,” respondió Kael.
Luego, finalmente levantó la mirada y le dedicó una sonrisa lenta y seductora, aquella que le recordaba al tigre que se arrastraba.
“Y, además, no tolero dormir solo.
Te necesito a mi lado, enamorada.” Aria sintió la punzada de la palabra.
Ella asintió.
“Estaré lista.” ————————————– En su suite, Aria no hizo un equipaje de placer, sino de guerra.
Empacó un par de vestidos de noche, ropa de negocios elegante, y, lo más importante, su kit de espionaje encubierto: discretos guantes de seda que no estorbarían al tacto, un pañuelo de microfibra de alta densidad y una pequeña cámara infrarroja del tamaño de un botón.
Su objetivo para el viaje era claro: los biométricos.
El archivo ‘Operación Fénix’ estaba a un escaneo de huella digital de distancia.
Un viaje de varias horas en un entorno controlado, íntimo y lujoso era la oportunidad perfecta.
Él me cree enamorada, pensó Aria, doblando un vestido de seda.
Cree que lo amo por el hombre que es, no por el imperio que quiero destruir.
Esta noche, Liz le dará a Kael todo lo que él necesita para bajar la guardia.
La coartada del amor era una droga potente, y Aria estaba a punto de dosificarla hasta que Kael quedara inhabilitado para la desconfianza.
El Vuelo del Lujo A la mañana siguiente, Kael y Aria fueron conducidos al aeropuerto privado en un SUV blindado.
El trayecto fue silencioso, pero la tensión entre ellos era eléctrica.
Al llegar, un jet privado los esperaba.
No era un avión, era un palacio volador: interiores de cuero blanco, detalles en oro mate, y un mayordomo silencioso que ofrecía café expreso.
Kael la guio a la parte trasera, a un salón que se transformaba en una suite privada.
El jet despegó con una suavidad imperceptible.
Aria tomó asiento, fingiendo admirar la vista de la ciudad que se hacía pequeña.
Kael se acercó, sirviendo dos copas de cristal.
No era champagne; era un whisky ambarino, fuerte y con carácter, el mismo licor que habían bebido en el club.
“Brindo por los negocios,” dijo Kael, sus ojos oscuros mientras la escudriñaba.
“Y por el placer que nos merecemos.” “Brindo por nosotros,” respondió Aria, usando la coartada del amor.
El licor se sentía como fuego líquido.
Kael no tardó.
Él se sentó a su lado, la tensión acumulada de los últimos días explotando.
El beso que siguió no era la toma de posesión del pent-house, ni la rabia exhibicionista del club.
Era una urgencia profunda, nacida de su vulnerabilidad.
Kael la quería con la necesidad de un hombre que ha encontrado refugio.
“No puedo esperar a la isla,” susurró Kael, su aliento caliente en su oído.
“¿Y por qué esperar?” replicó Aria, tomando la iniciativa, usando su cuerpo como un cebo táctico.
El jet era el escenario perfecto para su intimidad.
En la suite privada, la tela de sus ropas no duró.
Kael, con la fuerza de su cuerpo, la tomó contra la pared de madera noble, luego contra el suave sofá de terciopelo.
El aire se llenó de jadeos y el sonido de la piel al chocar.
Aria se concentró en la tarea.
En el momento de mayor intensidad, mientras Kael se movía en ella con una pasión desesperada, Aria deslizó su mano sobre la cara de él, acariciando su mandíbula.
Biométricos.
Necesito su mano.
Aria guio su mano, la de Kael, hacia su propio pecho, forzándolo a cubrir su piel con la palma abierta.
No es suficiente.
Ella se permitió gemir el nombre de él con una voz real, empujándolo al borde.
Cuando el clímax se acercaba, la urgencia de Kael la hacía olvidar las precauciones.
Aria sujetó con fuerza la muñeca de él.
En el instante de su mayor éxtasis, Aria deslizó su propio dedo, sutilmente, sobre la base del pulgar de Kael, registrando mentalmente cada línea, cada surco de su huella digital, como si quisiera memorizarla.
El acto fue tan breve, tan incrustado en la furia de la pasión, que Kael no pudo haberlo notado.
Solo sintió el deleite de la entrega total.
El éxtasis fue explosivo, compartido, sellando el pacto de su engaño en un acto de lujuria a miles de pies de altura.
La Clave requerida Agotados, Kael la abrazó, ambos envueltos en la manta de seda.
Él estaba relajado, expuesto, creyendo que su amor los había salvado.
Aria, sin embargo, estaba alerta.
Pensando en cómo obtener la huella o un escaneo de su retina, la tarea no sería nada fácil.
“Ahora eres mía,” susurró Kael, besando su hombro.
“Tuya,” mintió Aria.
Ella sabia que “las huellas” en sus pechos, no serian suficiente, que la pequeña cámara podría grabar los ojos, pero no escanearlos, su jugada tendría que ser magistral, quizás, una vez más tendría que recurrir a la manipulación, su plan era seguro pero su mente ya no tanto, un pensamiento oculto en negación, ¿Cuántas veces podrás repetir te amo sin creerlo tu misma?
El jet privado comenzó su descenso.
El mar azul turquesa de la isla se extendía bajo ellos, hermoso y peligroso.
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