Fuego cruzado - Capítulo 26
- Inicio
- Todas las novelas
- Fuego cruzado
- Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 El Espejismo de la Isla
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
26: Capítulo 26: El Espejismo de la Isla 26: Capítulo 26: El Espejismo de la Isla El jet privado aterrizó en la pista privada de una pequeña isla griega, bañada por el sol y el mar turquesa.
El contraste entre el infierno pasional del avión y la serenidad del paisaje era desconcertante.
Aria y Kael fueron recibidos con la discreción que solo la riqueza extrema puede comprar.
Un helicóptero los llevó al resort.
No era un hotel, sino una finca privada enclavada en un acantilado, rodeada de jardines de buganvilias y con vistas infinitas al Mediterráneo.
Kael la guio a la suite principal, un pabellón de cristal y piedra que se abría a una piscina infinita.
Una vez dentro, Kael no mostró la vulnerabilidad de la noche anterior.
El hombre de negocios había tomado el control.
“Dos días.
Es todo lo que tenemos,” dijo Kael, mientras desabrochaba su chaqueta.
“Hoy tengo reuniones.
Tú eres mi estratega; necesito que te familiarices con este lugar.
No con el sol.
Con los lugares.” Kael señaló una terminal de comunicación de diseño elegante cerca de la ventana, con una pantalla biométrica de huella digital y retina.
Aria sintió un latido acelerado.
El objetivo estaba a la vista.
“Esta terminal está conectada a la red local.
Es un hotspot seguro que usamos con nuestros socios.
Te daré acceso.
Pero no intentes hackearla, Liz.
Tiene un bloqueo de triple firewall.” “No lo haré, Kael,” respondió Aria, con una sonrisa de confianza.
“Usaré la llave que ya me diste.” Kael la besó rápidamente, un beso que era un reconocimiento a su intelecto, no a su cuerpo.
“Bien.
A las ocho, cena con Silas.
Es un pez gordo.
No lo intimides.
Solo sedúcelo.
Necesito que firme.” Kael se fue, dejándola sola con la suite lujosa, el mar infinito y la terminal con el acceso biométrico.
Aria se dirigió a la terminal.
Sabía que su sutil toque en el avión no era suficiente para un escaneo de alta seguridad.
Necesitaba una huella completa y un escaneo ocular, ambos en un entorno controlado.
Primero, sacó el disco encriptado de su equipaje.
Descargó el archivo ‘Operación Fénix’ de los servidores de la Fundación al disco.
El archivo estaba bloqueado con la restricción biométrica, justo como había predicho.
El error del sistema era su oportunidad.
El sistema pedía la huella digital y el escaneo de retina de Kael para autorizar el desbloqueo.
Aria sabía que no podía usar la terminal oficial; eso alertaría al sistema.
Necesitaba un pretexto para que Kael usara su mano o su ojo en un dispositivo secundario.
Comenzó a tejer la mentira.
Creó un informe falso de “errores de login” en su propio portátil, alegando que la configuración de la red de la isla era defectuosa y que, a menos que usaran un token biométrico para anclar ambos dispositivos, el firewall rechazaría sus comunicaciones.
La coartada del amor era su escudo.
A las ocho, Aria se encontró con Kael en el balcón.
Llevaba un vestido verde esmeralda que complementaba sus ojos y atraía la mirada.
Kael la miró con admiración, pero su mente estaba en los negocios.
Los acompañó a la mesa de la cena en la terraza del acantilado.
El nuevo socio, Silas, era un hombre de unos cincuenta años, delgado y nervioso, con una sonrisa demasiado rápida y ojos que evaluaban cada inversión con frialdad.
Era un agente financiero turbio que manejaba los fondos de cobertura más oscuros de la Corporación Valerius.
La cena fue una clase magistral de Aria en el arte de la manipulación.
Ella no solo sedujo a Silas, sino que lo desarmó.
“Silas,” dijo Aria, con la voz suave y directa.
“He revisado el fondo de cobertura ‘Orión’.
Es demasiado volátil.
Kael y yo necesitamos una estrategia más segura para mover esos activos a la Fundación.
Queremos que el riesgo sea cero.” Silas, halagado por la atención y la inteligencia de “Liz,” se abrió.
Le dio a Aria detalles internos de la estructura de las cuentas y los backdoors que usaban para evadir impuestos.
Aria, bajo la excusa de tomar notas para Kael, recopiló cada detalle.
Aria obtuvo una pieza de información crucial: Silas usaba una aplicación de encriptación biométrica en su móvil para gestionar los fondos más sensibles de los Valerius.
Silas era un contacto invaluable para la fase de destrucción.
Después de la cena, Kael estaba exultante.
“Silas se comió tu anzuelo, Liz.
Eres un genio.” De vuelta en la suite, Kael se relajó.
Aria aprovechó el momento.
“Kael, antes de que nos distraigamos,” dijo Aria, con un tono de urgencia profesional.
“La red de la isla es un caos.
No puedo abrir los archivos que me diste.
Necesito que hagas algo.
Rápido.” Ella deslizó su portátil hacia él.
La pantalla mostraba su falso “error de login”.
“El sistema me pide un token biométrico para sincronizar nuestras redes.
Es un protocolo de seguridad que detecta intrusos.
Tienes que escanear tu huella digital y mirar a mi cámara web, solo por un segundo.
Demostrarle al firewall que somos socios legítimos.” Kael dudó.
La desconfianza era un instinto antiguo.
“¿Qué tan seguro es esto?” preguntó Kael, sus ojos grises buscando una mentira.
Aria tomó su mano y la besó.
“Si confiamos nuestra vida entera el uno al otro, Kael, podemos confiarle una huella digital a mi portátil.
Es solo para proteger nuestra guerra contra Massimo.
Por favor.
Por nosotros.” La coartada del amor era inatacable.
Kael, con un suspiro de rendición, posó su pulgar sobre el escáner de la pantalla de Aria.
Al mismo tiempo, Aria encendió una luz minúscula en su cámara web, brillando directamente en sus ojos para el escaneo de retina.
“Hecho.
Ya tienes tu llave, socia,” dijo Kael, con una sonrisa de posesión.
Aria sonrió.
El Archivo Fénix estaba a punto de ser desbloqueado.
Aria se sintió victoriosa.
Había obtenido las claves biométricas.
Pero Kael, sentado en el sofá, no parecía terminado.
Su expresión se había vuelto seria, glacial.
“Estoy seguro de que la data accesible sin mis biométricos es suficiente para lo que tenemos que hacer ahora,” dijo Kael, su voz baja y uniforme.
Sin embargo, te entregue la muestra de mi confianza.
El tiempo de la traición final a Massimo debe ser perfecto.
Pero tú…
tienes que hacer algo por mí.
Algo que demuestre que el cuerpo es solo una herramienta, y el corazón es leal.” Aria sintió un escalofrío.
Sabía que venía.
Lo que sea, tigre,” respondió Aria, manteniendo la calma con esfuerzo.
“Recuerdas el club,” dijo Kael.
“Cómo olvidarlo,” respondió Aria, con una sonrisa de lobo.
“¿Pero ¿qué tiene que ver?” “Tiene todo que ver, Liz.
Tienes que saber que para mí lo importante es el corazón, la lealtad y la intención.
El cuerpo es como lo dije, solo una herramienta.” Kael se inclinó, su mirada oscura y demandante.
“Dicho esto, necesito que te acuestes con Silas.
Ya casi lo tenemos.
Pero si usas tu cuerpo como un bono por cerrar el negocio, bueno, sé que no se resistirá.” Aria miró a Kael con la boca entreabierta, el shock paralizándola.
El golpe fue tan brutal, tan inesperado, que su fachada se resquebrajó.
“Pero yo soy solo tuya,” protestó Aria, la frase sonando extrañamente real, una mezcla de dolor y furia.
“Y lo seguirás siendo,” afirmó Kael, con una frialdad aterradora.
“Mostrarás tu lealtad y compromiso, y tu desapego físico.
Mostrarás que tu mente me pertenece, y tu cuerpo es solo una herramienta de nuestra guerra.
Demuéstrale a Silas que eres una mujer de negocios total.
Tenemos un trato, ¿socia?” Aria sintió la náusea, la humillación.
Pero al mismo tiempo, la lógica fría de la estratega se impuso.
Esto era la prueba de lealtad definitiva.
Si se negaba, Kael la descartaría.
Si aceptaba, tendría acceso total a Silas y a los fondos de cobertura.
“Eres un degenerado, tigre,” dijo Aria, la furia hirviendo en sus ojos.
“Pero…
tienes un trato.” El pacto más oscuro de todos estaba sellado.
Kael sonrió, un gesto que no alcanzaba la calidez, y Aria sintió que la venganza acababa de exigir un precio que no estaba dispuesta a pagar, pero que, por el bien de su misión, pagaría.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com