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Fuego cruzado - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Capítulo 28 La Traición Selectiva
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28: Capítulo 28: La Traición Selectiva 28: Capítulo 28: La Traición Selectiva La soledad en la suite era una bendición, una cámara de descompresión después de la exhibición de la mañana.

Aria sentía el cuerpo cansado por la batalla de la mañana, pero su mente estaba despierta.

Kael se había ido a buscar su “diversión”, y ella tenía la noche entera para desenmascarar el imperio.

Aria se dirigió a la terminal, conectó su portátil encriptado y utilizó los datos biométricos de Kael capturados bajo la coartada del amor.

El sistema parpadeó, los firewalls cedieron.

La pantalla de su portátil se inundó con el contenido del archivo más peligroso: ‘Operación Fénix’.

El archivo no solo revelaba la podredumbre del imperio, sino que exponía décadas de corrupción financiera, una red de sobornos y lavado de dinero que hacía que el fraude del Abogado Vega pareciera un juego de niños.

La euforia fría de la victoria era intensa.

Ella tenía la evidencia.

Pero mientras revisaba los documentos más recientes, su euforia se congeló.

Había piezas clave de información que apuntaban directamente a Kael.

Él no era solo un peón de su padre.

Había diseñado ciertos esquemas de evasión fiscal y aprobado personalmente la destrucción de documentos sensibles.

Si usaba esos archivos ahora, la venganza sería inmediata.

Kael caería junto a Massimo.

Pero la información estaba dispersa, y la caída de ambos dejaría lagunas legales que el imperio Valerius podría usar para sobrevivir.

Si caen juntos, la prensa se enfocará en el drama familiar.

Massimo se convertirá en un mártir y aun si el pasa el resto de sus días en prisión, Kael podría recuperarse, la información en su contra era contundente, pero quizá insuficiente.

Aria se levantó del asiento y caminó hacia el ventanal.

La isla brillaba en la distancia.

Su misión era la destrucción total.

Si lo entrego ahora, la Corporación se fragmenta.

Mi venganza será a medias.

La estratega, Aria, luchaba por la coherencia.

Debo concentrar toda la mierda en Massimo.

Kael debe parecer la víctima, el heredero limpio que lucha contra la corrupción.

Pero la voz de Liz era más suave, más persuasiva: Si lo cubres, lo salvas.

Y si lo salvas, te quedas con el hombre que amas, solo para destruirlo después.

La decisión fue un acto de autocastigo.

Aria regresó al portátil, su rostro pálido.

Ella no solo iba a encubrirlo; iba a hacer que pareciera un héroe.

Comenzó a trabajar con una intensidad febril, suplantando digitalmente las firmas de Kael con la de Massimo o de ejecutivos secundarios.

Las decisiones de Kael fueron reasignadas a “errores de Vega.” La coartada era simple: Kael era demasiado joven e inexperto para haber ideado estos planes.

Él era una víctima de su padre.

Aria trabajó durante horas en la base de datos, tejiendo una red de mentiras que limpiaba el nombre de Kael y lo posicionaba como el único superviviente moral y financiero.

En cada tecla, sentía la traición.

La dulce satisfacción que Liz experimentaba al limpiar el nombre que juró destruir era un veneno lento que consumía el alma de Aria.

La ironía era brutal: la mujer que venía a destruir el imperio ahora era la única que lo estaba salvando, todo para asegurar que la venganza fuera más dolorosa y completa, o al menos eso se repetía en la mente.

El trabajo estaba terminado.

Aria había respaldado toda la evidencia contra Massimo y había borrado digitalmente la complicidad de Kael.

Había creado una narración perfecta para la caída de los Valerius.

Cerró su portátil.

Los primeros indicios de la luz del amanecer se colaban por las cortinas.

Justo entonces, escuchó el sonido de la suite abriéndose.

Kael había regresado.

Aria se enderezó.

Kael entró en la sala, su traje desaliñado, pero con una sonrisa de satisfacción cansada.

Su aliento olía a licor y el perfume caro de otra mujer.

Aria sintió la punzada de los celos, pero la usó como combustible.

“No te has ido a dormir,” comentó Kael, sus ojos grises evaluándola.

“Estaba trabajando,” respondió Aria, con una calma que desmintió el caos interno.

Kael se acercó y la besó.

No fue un beso de pasión, sino un reclamo de posesión que olía a un perfume ajeno.

“Yo también estuve trabajando,” dijo Kael, con una sonrisa cansada.

“Mi ‘diversión’ fue productiva.

Una mujer de negocios importante.

Tenemos un nuevo contacto en el gobierno.” Kael metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y arrojó un par de bragas de seda color crema a las manos de Aria.

La tela cayó en la palma de Aria, una prueba física de la traición y, al mismo tiempo, la prueba que ella misma había exigido con burla.

Aria miró la prenda en su mano, la humillación quemándola, pero sin permitir que su rostro se resquebrajara.

Devolvió la sonrisa de la estratega.

“Excelente.

Más contactos por revisar.” Kael le respondió con soberbia, “¿Quién dijo que tú revisarías ese contrato?” Aria lo miró a los ojos, la calma de la estratega era absoluta.

“Hoy encontré información que podemos utilizar contra Massimo.

Pero la mitad de los registros te incriminan.

Si no me dejas limpiar tu cagadero, caerás con él.” Kael se tensó.

El golpe fue directo.

“Necesito que regresando a tu oficina me dejes trabajar en paz, limpiando tu nombre para que no te arrastre la mierda de Massimo.

Por eso…” Aria se inclinó, usando el recuerdo de su intimidad.

“…cariño, es que tú me dejarás ver y ajustar el contrato de ser necesario.

Las visitas conyugales en prisión no son uno de mis fetiches.” Kael la miró fijamente.

La furia por haber sido espiado se mezclaba con el terror a la traición de su padre y el alivio de que ella ya hubiera visto la verdad y estuviera protegiéndolo.

“Siempre tan desafiante, Liz,” dijo Kael, una risa áspera saliendo de su garganta…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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