Fuego cruzado - Capítulo 30
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30: Capítulo 30: La Jaula de Oro.
30: Capítulo 30: La Jaula de Oro.
El viaje de regreso fue un remanso de calma tensa y agotamiento compartido.
Kael y Aria, con el cuerpo todavía vibrando por la ferocidad de su encuentro final en la isla, se habían refugiado en la suite del jet privado.
Esta vez, no hubo espacio para el juego de poder.
Ambos estaban completamente rendidos, buscando la única tregua que conocían: el sueño compartido.
Aria se acurrucó contra Kael, sintiendo el ritmo constante de su corazón, un tamborileo que se sentía extrañamente protector.
Él la abrazó con un brazo posesivo.
No hablaron de la nueva dinámica en su relación, ni de la Fundación, ni de la mentira del amor.
Solo durmieron, un merecido descanso que se sentía tan íntimo como peligroso.
Horas después, el jet aterrizó.
La luz de la tarde caía sobre la ciudad.
Un vehículo privado, elegante y discreto, los recogió.
Aria observaba cómo el coche se dirigía al corazón financiero de la ciudad, deteniéndose frente a una torre de departamentos ultra lujosa, de diseño minimalista y paredes de cristal.
Aria sintió la curiosidad.
“¿Tu departamento, Kael?” “Algo así,” respondió Kael, con un tono evasivo.
Él la guio a través del lobby frío y silencioso.
Los pisos de mármol pulido y los ascensores de cristal reflejaban una riqueza ostentosa, pero carente de alma.
El ascensor subió, deteniéndose dos pisos antes de la cima, donde Kael abrió la puerta con una llave magnética.
El departamento era vasto, un espacio de doscientas metros cuadrados, con vistas panorámicas de 360 grados.
El diseño era blanco, gris y negro; impecable y estéril, sin rastro de vida personal.
Era la antítesis de un hogar.
Kael se apoyó en el marco de la puerta, observándola.
“A partir de ahora, te mudarás aquí.
Yo vivo en el piso de arriba.” Aria sintió un escalofrío.
El hotel era una fachada.
Esto era una prueba definitiva de su posesión.
La cercanía era un arma de doble filo: acceso ilimitado para ella, vigilancia constante para él.
“El hotel es un gasto innecesario si queremos que mis empresas pasen por legales, ¿no crees?” dijo Kael, usando la coartada de negocios que Aria misma había creado.
La lógica era irrefutable, el control, absoluto.
“Dile a mi asistente tu dirección.
Pueden llevarte a recoger tu ropa y el resto de tus pertenencias.” Kael se acercó y la tomó por la barbilla.
Su mirada era penetrante.
“Ponte cómoda.
Acostúmbrate a tu nueva casa.” Jaula de oro, pensó Aria.
Había pasado de una suite de hotel temporal a un cautiverio de lujo.
Kael la soltó.
El tono profesional regresó, la barrera entre el amante y el jefe reconstruida con eficiencia.
“Mañana a primera hora, de vuelta a la oficina.
Tenemos que limpiar mi nombre.
Tocaré tu puerta a las siete.” “Que sea 7:15,” respondió Aria, una última jugada de dominio para recordarle que su estatus no había cambiado.
Kael se rió, una risa a medias que revelaba el cansancio y la satisfacción.
“Nunca cambies, Liz.” Se acercó y le dio un beso rápido, pero lleno de la promesa de la posesión que vendría.
Luego se retiró, subiendo las escaleras hacia su propio santuario.
Aria se quedó sola en el centro de la sala.
El silencio era opresivo, amplificado por el rugido distante del tráfico.
Bueno, ahora sí te metiste en la boca del lobo, pensó Aria en voz alta, mientras caminaba hacia el vasto ventanal.
Te tiene a dos pisos de distancia, donde puede verte entrar y salir, donde puede controlarte sin siquiera estar presente.
La guerra de poder había pasado de la oficina al ámbito doméstico.
Un leve golpeteo en la puerta la sacó de sus pensamientos.
Aria se tensó.
Abrió.
Era una chica, joven, dulce y elegantemente vestida con un uniforme discreto de la Corporación.
“¿Señorita Liz Torres?” preguntó la chica con una sonrisa suave.
“Me mandó el Señor Valerius.
Soy Clara, su asistente personal.
Estoy aquí para llevarla a su anterior residencia.
Podemos recoger sus pertenencias.” Aria sintió una punzada inmediata en el estómago.
Clara.
La asistente personal…¿Era solo una empleada?
¿O la estaba usando para vigilar a su nueva “socia”?
La idiota de Liz pensó Aria con furia fría, siente celos de una empleada.
¿Me pregunto si ya se acostó con ella?
El celo era irracional, una señal de que el personaje de “Liz” se estaba fusionando peligrosamente con los sentimientos de “Aria”.
Aria respondió con la calma helada de su personaje.
“Claro, vamos por mis cosas.
Entre más pronto acabemos con esto, más pronto podré darme un baño y descansar.” Mientras Aria salía de su “jaula de oro” en compañía de la asistente de Kael, sabía que la proximidad era el riesgo más grande que había corrido.
No solo ponía en peligro su venganza, sino también la última barrera entre el corazón de Aria y la persona de Kael.
La guerra de poder ahora se jugaba en los dos pisos de un lujoso edificio y en cada interacción con la sombra silenciosa de Clara.
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