Fuego cruzado - Capítulo 32
- Inicio
- Todas las novelas
- Fuego cruzado
- Capítulo 32 - 32 Capítulo 32 La Esclava de la Estrategia
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
32: Capítulo 32: La Esclava de la Estrategia 32: Capítulo 32: La Esclava de la Estrategia El despertador digital de la suite de invitados marcaba las 7:00 a.m.
Aria, o la fachada pulcra de Liz, se levantó con el peso de la noche no dormida.
Había cumplido la orden de Kael; había pasado la noche bajo vigilancia, con el pendrive Fénix como único testigo de su trabajo.
Era la llave física de un backdoor digital que Massimo había escondido.
Era el seguro de vida de Kael, y ahora estaba en manos de su verdugo.
Mientras se vestía con la calma artificial de una mujer que acaba de ganar una pequeña batalla, un suave golpe resonó en la puerta.
Aria abrió.
Era Clara, con su uniforme inmaculado y esa sonrisa profesional que no revelaba nada.
“Me alegra ver que sigue aquí, Señorita Torres,” dijo Clara, con la voz templada.
Su mirada, sin embargo, era penetrante, un escaneo sutil que evaluaba el cansancio de Aria.
“Parece algo cansada.” Aria se apoyó en el marco de la puerta, la arrogancia de la estratega asomando.
“Trabajé toda la noche, Clara.
Pero estoy bien.
Dile a tu jefe que puede estar tranquilo.” La frase era un puñal envuelto en seda; le estaba diciendo a Kael, a través de su intermediaria, que su prueba de lealtad había sido superada y que él podía relajarse.
Clara asintió, su sonrisa se expandió ligeramente.
“Bien.
Si necesita algo más, lo que sea, Kael me dijo que debo complacerla en todo, así que no dude en llamar.” Aria sintió cómo el aire se volvía frío en sus pulmones.
El cansancio momentáneo desapareció, reemplazado por la tensión del cazador que detecta un movimiento inesperado.
Esas palabras rompieron la narrativa del “amor puro” que estaba construyendo.
Complacerla en todo.
Era una orden, un contrato, una nueva forma de servidumbre que Kael había impuesto.
Liz la miró con sorpresa, la estupefacción apenas contenida por la máscara.
Clara, notando el efecto de sus palabras, solo sonrió de nuevo, una curva enigmática que ya no era dulce, sino cómplice.
Se retiró, dejando a Aria de pie en el umbral, con la mente en un torbellino.
La estratega se obligó a volver al trabajo.
En su laptop, el archivo de la Operación Fénix era una obra maestra de limpieza digital.
Aria terminó de asegurar el nombre de Kael en el informe, eliminando toda mención que lo implicara en las décadas de corrupción.
Tenía terabytes enteros que implicaban a Massimo y a su abogado en fraudes, blanqueo y crímenes incontables.
La información original estaba guardada en su portátil, en el corazón de su venganza, esperando el momento de la verdad.
Pero el problema seguía siendo el mismo.
Un nudo frío se le apretaba en el pecho.
Si hundo a Massimo, lo pudro en prisión ¿y Kael?
Ya no podía usar la evidencia original contra él.
La había limpiado.
Si ella revelaba la verdad ahora, la versión original, ella caería como cómplice por haberla ocultado, por manipular la información.
Era un callejón sin salida, una celda que ella misma había construido.
Aria era esclava de su propio plan.
La venganza perfecta requería que Kael fuera el villano público, no la víctima redimida que ella acababa de crear.
Ella debía asegurar que la caída de Kael fuera orquestada por él mismo.
Necesitaba ponerle una nueva trampa, una que fuera de dominio público y cuya evidencia no dependiera de los archivos que ella había manipulado.
¿Cómo?
¿Cómo hacer que Kael cometiera actos de corrupción con ella como socia, de modo que ella pudiera exponerlo y, a la vez, pudiera parecer la víctima inocente arrastrada por la avaricia de su amante?
El nuevo plan debía ser perfecto.
Debía usar su amor, su posesión, para que él la involucrara en un crimen que lo destruyera a él y la liberara a ella.
El Faro del Cuervo, el único activo que él protegía por motivos sentimentales, tenía que ser el cebo.
Ella debía presionarlo para que lo usara, para que lo corrompiera, para que rompiera la única regla moral que le quedaba.
Mientras su mente trazaba las líneas del nuevo y peligroso plan, un pensamiento cruzó su mente sin permiso, más punzante que la estrategia.
La sonrisa de Clara.
La obediencia en sus ojos.
¿A qué mierda se refería Clara con complacerme?
La estratega Aria se sintió invadida por la Liz celosa y despechada.
¿Era esa orden de Kael una burla, una prueba final, o la admisión velada de que había usado a Clara para vigilar o, peor, satisfacer las necesidades de su nueva “socia” mientras la mantenía en cuarentena?
La necesidad de venganza se mezcló con un celo primario.
Tenía que descubrir la verdad sobre Clara.
Tenía que controlar esa variable.
Pero, sobre todo, tenía que asegurarse de que, en el juego que acababa de empezar, Kael jugara según sus nuevas reglas.
El depredador iba a ser devorado por la víctima que él mismo había mimado.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com