Fuego cruzado - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - 34 Capítulo 34 La Bomba y la Inversión
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34: Capítulo 34: La Bomba y la Inversión 34: Capítulo 34: La Bomba y la Inversión Aria se sentó en el sofá de cuero blanco, en el inmenso y vacío apartamento de Kael.
El contenedor de comida china de un restaurante caro reposaba sobre la mesa auxiliar de cristal.
Había conseguido un momento de paz forzada, el silencio después de la tempestad de la noche anterior.
Ella encendió el televisor, buscando por los canales algo para distraerse, pero su mente no se relajaba, a la espera del próximo movimiento de Kael.
El ambiente se rompió con el zumbido de una notificación.
Un mensaje llegó a su celular, era de Kael: “Pon las noticias.” El corazón de Aria dio un vuelco.
No por miedo, sino por la adrenalina del triunfo.
Era el momento.
Buscó frenéticamente el canal local de noticias.
La imagen de la presentadora, con su tono de voz serio, confirmó el éxito de su plan.
Un titular gigantesco cruzaba la pantalla: “CAOS EN EL EMPORIO VALERIUS”.
La presentadora anunció un “hackeo masivo” a Industrias Valerius, una fuga de información que compromete gravemente la imagen de Massimo.
El rostro de Massimo Valerius apareció fugazmente, una imagen antigua, sombría.
La presentadora informó que el patriarca no había dado declaraciones aún, pero que se esperaba que después de la fuga de información se girara una orden de aprehensión en su contra.
El reportaje pasó a una mesa de análisis.
Varios comentaristas debatían las consecuencias.
“Muchos clientes y socios están pensando deshacer lazos con Industrias Valerius,” dijo uno de los analistas.
Otro, un hombre con traje intervino de inmediato: “¡Lo dudo!
Los documentos filtrados han sido muy selectivos.
No apuntan o incriminan para nada al ‘Príncipe de Oro’.
Kael Valerius tiene un historial intachable.
Si su padre va preso, él heredará y limpiará el imperio.
Este ‘hackeo’ es una purga, no una caída total.” Aria sonrió con fría satisfacción.
El plan de “traición selectiva” había funcionado a la perfección.
Había limpiado el nombre de Kael y lo había posicionado como el salvador de la corporación.
Su venganza contra Massimo era un hecho.
Mientras veía el debate de los analistas, su móvil volvió a vibrar.
Un nuevo mensaje de Kael: “Lo logramos, uno más.
Llegaré tarde, veré a una socia y llegaré directo al pent-house, no me esperes.” La estratega se preparó para ignorar la provocación, pero un tercer y último mensaje la detuvo.
Era solo una palabra: “Diviértete.” Aria miró el celular, bloqueó la pantalla, y dejó el aparato sobre la mesa de centro.
Los celos, ahora teñidos de una rabia controlada, eran un veneno lento.
El mensaje era claro: Kael no solo se sentía invencible por el golpe a su padre, sino que la estaba provocando, recordándole que él controlaba las reglas de su relación, y que ella era libre de “divertirse” con quien quisiera, siempre y cuando no lo esperara.
Era una invitación a usar la nueva “herramienta” que había puesto a su disposición.
Terminó su comida china, la tensión en su cuerpo no permitiéndole saborear el alimento.
Luego, con movimientos medidos, se dirigió al baño, se lavó los dientes y se recogió el cabello en una cola de caballo alta.
Se puso ropa más cómoda, unos pantalones de seda y una camisa holgada, quitando la última capa de la armadura de negocios.
Regresó al salón, la decisión ya tomada.
Se dirigió al intercomunicador que Kael había instalado para la comunicación interna entre pisos y presionó el botón.
“Clara…” La voz de Aria, o más bien, la voz de Liz sonó en el vacío.
Era el inicio de la segunda parte de su prueba de fuego, la que no era contra Massimo, sino contra el control de Kael y la sumisión de ella misma.
La nueva estrategia de la víctima estaba a punto de comenzar.
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