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Fuego cruzado - Capítulo 36

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  4. Capítulo 36 - 36 Capítulo 36 El Nuevo Trato de Socios
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36: Capítulo 36: El Nuevo Trato de Socios 36: Capítulo 36: El Nuevo Trato de Socios A la mañana siguiente, Kael irrumpió en el apartamento con la energía de un huracán contenido.

Venía vestido de manera informal, con pantalones oscuros y una camisa de seda entreabierta, y su aura de victoria llenaba la habitación.

Se acercó a la mesa de la cocina, donde Aria/Liz estaba sentada bebiendo un café negro, y se sirvió un espresso.

La caída de Massimo lo había vuelto más arrogante, más dueño de su mundo, y a la vez, extrañamente más humano en su relajación.

Kael se apoyó en la encimera, mirándola con una sonrisa de depredador satisfecho.

Había una curiosidad juguetona en sus ojos grises, la misma que usaba para medir una presa antes de la matanza.

“¿Estás complacida con Clara?” preguntó Kael sin preámbulos, dando un sorbo a su café.

Aria sintió un escalofrío.

El placer de la noche anterior, la mezcla intoxicante de lujuria y poder, todavía se sentía como un residuo oscuro en su piel.

Era la pregunta de un amo sobre el estado de su propiedad.

“Sí,” respondió Liz, con la misma calma que él, sin levantar la voz.

El monosílabo era una afirmación de su dominio y una provocación velada.

Luego, deslizó la contra pregunta con dulzura.

“¿Y a ti cómo te fue con tu socia?

Espero que haya valido la pena la espera.” Kael se rió, el sonido resonó con una arrogancia que a Liz le recordó al viejo Kael, el que buscaba la adrenalina y el placer.

“Ella solo quería sexo.

No tenía negocios interesantes que tratar, así que perdí el tiempo.

“No olvides las reglas Kael” dijo Liz con seriedad absoluta.

“Jamás” respondió Kael “Entonces, ¿por qué no te estás desvistiendo?

El acuerdo era muy claro, Kael.

Si te acuestas con otras, vienes directo a mí para que te limpie y tome lo que es mío” “Así es,” confirmó Kael, dejando la taza.

“Pero no me la cogí, por eso no estás aseándome en este momento.

En su lugar, me fui a beber con unos amigos.

Celebramos la inminente caída de mi padre.” Su expresión se endureció.

“El bastardo tomó su jet privado y salió del país para evitar la cárcel.

Huyó como la rata que es.” Aria sintió la satisfacción de la venganza cumplida, pero también el pánico de la nueva fase.

Massimo fuera del país era un problema.

No podía destruirlo si ya estaba fuera del tablero.

Kael continuó con un tono de negocios serio: “Sus fondos y los activos de la empresa se encuentran congelados por el momento.

Así que, antes de reconstruir Troya, debemos enfocarnos en cooperar con las autoridades.

Necesitamos que descongelen la empresa y poner todo a mi nombre.

Hay que movernos rápido.

¿Estás lista para eso, Liz?” “Claro que sí, Kael,” respondió Aria, enderezándose.

Había llegado el momento de usar la jugada de Clara para establecer un nuevo límite de poder.

“Por cierto, Clara me contó cómo la usabas.” Kael la miró, su expresión impasible, sin rastro de vergüenza.

La miró a los ojos, esperando.

“¿Y qué con eso?” fue su única respuesta, un desafío silencioso.

Aria sonrió, una curva lenta y predatoria que prometía peligro.

“Es…

excitante,” respondió Liz.

“Tanto, creo que la usaré yo también.” Kael se encogió de hombros, volviendo a su taza de café como si estuviera discutiendo el clima.

“Mientras tu lealtad sea mía, puedes hacer lo que quieras con ella, o con quien lo decidas.

Solo consulta conmigo primero.

No te quiero revolcándote con el enemigo a menos que sea para nuestro beneficio y yo lo haya ordenado.” “¿Ordenado?” dijo Aria, su voz alzándose por primera vez con una punzada de auténtico resentimiento.

Esa palabra, “ordenado,” la devolvía al estatus de esclava.

Kael captó el cambio, y su sonrisa se hizo más encantadora, más peligrosa.

Él sabía que había cruzado una línea que la estratega no permitiría.

“Costumbre,” dijo Kael, cediendo estratégicamente para mantener a la ficha más importante en el juego.

Su rostro se suavizó.

“¿Sugerido le parece más adecuado, socia?” La palabra “socia” resonó.

No “amante”, no “juguete”, sino “socia”.

El estatus que Aria había anhelado para su venganza.

“Sí, lo es,” respondió Aria, la tensión abandonando su cuerpo.

Había ganado ese pequeño pero crucial punto en el tablero.

Había pasado de ser una posesión consentida a una socia en la dominación.

Kael asintió, su voz volviendo a ser la del líder indiscutible.

“Bien, pues a trabajar.

Debemos planear qué diremos y qué mostraremos a las autoridades.

Necesito la narrativa perfecta, la que nos libre de toda sospecha y nos entregue el imperio.

Muéstrame lo que tienes, Liz.” Aria se levantó y se dirigió a su portátil, sintiendo el peso del pendrive Fénix aún escondido.

La venganza contra Massimo había concluido.

Ahora, con Kael a su lado, en la cúspide de su poder, la nueva fase estaba lista.

Él se había abierto, se había despojado de sus barreras, listo para gobernar un imperio congelado.

Aria, su socia, estaba lista para ser la víctima que lo arrastraría a la caída más grande.

La trampa del Faro del Cuervo, el único activo que Kael amaba, era el siguiente paso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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