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Fuego cruzado - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Capítulo 4 La Consecuencia de la Desobediencia
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4: Capítulo 4: La Consecuencia de la Desobediencia 4: Capítulo 4: La Consecuencia de la Desobediencia Aria no había dormido.

La adrenalina de la noche anterior, el sabor a whisky y el pánico del “Contrato de la Dama Blanca”, la mantuvieron despierta.

Sabía que Kael la encontraría.

La advertencia en el balcón no fue una simple amenaza; fue una promesa de posesión.

Estaba trabajando en una biblioteca pública, analizando documentos del puerto, buscando la conexión entre la señora Solari y el imperio Valerius.

Necesitaba un eslabón legal.

El sonido de la notificación en su teléfono la hizo saltar.

Era un número desconocido.

MENSAJE: Tus botas oscuras hacen ruido en el suelo de madera.

Y tú concentración en los papeles es adorable.

Gira despacio.

Aria sintió un escalofrío helado que no tenía nada que ver con el aire acondicionado.

Kael estaba aquí.

Levantó la cabeza lentamente.

La biblioteca estaba casi vacía.

Y allí, apoyado casualmente en el estante de historia antigua, a no más de diez metros, estaba Kael Valerius.

Llevaba una camiseta oscura y una chaqueta de cuero, luciendo aún más intimidante y fuera de lugar que en su club.

Su mirada gris la atrapó, y su sonrisa lenta y maliciosa fue el único castigo que necesitó.

Él caminó hacia ella, sin importarle el silencio solemne del lugar.

Se detuvo junto a su mesa, apoyando una mano sobre el libro que ella estaba leyendo.

“¿Historia antigua, Elena?

Pensé que te gustaba el drama moderno y sucio,” susurró Kael, su voz baja, pero cargada de poder.

Aria cerró el libro de golpe.

“Me gustan las historias de cómo caen los imperios.

Y no me llames Elena.

Es un nombre falso.” Kael se rio, acercándose más.

El contacto de su cuerpo no era necesario para que ella sintiera el peligro.

“Me gusta que me lo digas.

La verdad es deliciosa, aunque sea a medias.” Se inclinó hasta que sus labios casi rozaron su oreja, y ella sintió el calor de su aliento.

“Cuando regresé al club anoche, estaba muy decepcionado de no verte.

Pero para ser honesto, esperaba que fuera así.

No pareces del tipo ‘obediente’.” Aria tuvo que obligarse a no encogerse.

“No lo soy.

Y tú amenaza no me asusta, Valerius.” “Debería,” replicó él, su tono volviéndose duro de golpe.

Agarró su muñeca con la mano, sin ser doloroso, pero sí firme.

“Tú viniste a mí.

Y cuando yo reclamo algo, no lo suelto.

¿No te gustó mi despedida?” Ella miró fijamente su agarre.

“Fue un reclamo, no una despedida.

Y fue una interrupción barata.” “Bien.

Hoy no habrá interrupciones.” Él tiró suavemente de ella.

“Vienes conmigo.

Ahora.” “No voy a ninguna parte contigo,” respondió ella, tratando de mantener el control.

“Incorrecto.

No te estoy pidiendo permiso.

Y si gritas o causas un escándalo, tendremos una conversación muy incómoda con el bibliotecario sobre por qué la señorita ‘Elena’ está buscando información sobre la bancarrota de los viejos socios de mi padre.

¿Preferirías eso?” Aria sintió el golpe.

Él sabía.

O al menos, sospechaba lo suficiente como para asustarla.

Su plan de venganza pendía de un hilo.

Ella asintió rígidamente.

“Vamos.” Kael soltó su muñeca, pero la guio fuera de la biblioteca con una mano firme en la parte baja de su espalda.

Era un gesto de posesión a la vista de todos.

La llevó a su coche, un deportivo negro que gritaba dinero.

El viaje fue en silencio, solo roto por la música a bajo volumen y la tensión sexual que llenaba el espacio.

Aria se concentró en la ruta, tratando de adivinar su destino.

Llegaron a un edificio de apartamentos de lujo, uno de esos rascacielos de cristal donde vivían los verdaderos poderosos.

Kael la llevó a un ascensor privado que subía sin detenerse.

Cuando las puertas se abrieron, entraron en un ático que era puro exceso.

Vistas panorámicas de la ciudad, paredes de cristal, y un diseño minimalista que contrastaba con la oscuridad de Kael.

“Mi lugar.

Es más íntimo que un balcón abarrotado,” dijo él, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en el silencio.

Aria se quedó de pie en medio de la sala, su corazón latiendo con fuerza.

Este era un nivel de peligro completamente nuevo.

Estaba sola con su enemigo, en su territorio.

Kael se quitó la chaqueta de cuero y la arrojó sobre un sofá.

Luego se acercó a ella.

“¿Sabes por qué te busqué hoy, Elena?” “Para terminar el beso que dejaste a medias.” Aria intentó sonar cínica.

Kael sonrió, pero en sus ojos había algo más profundo.

“Eso es parte de ello.

Pero no es todo.” Se detuvo a centímetros de ella.

“Tú me provocaste.

Bailaste para mí.

Me miraste como si yo fuera un secreto que querías robar.

¿Y luego huyes?

Eso es una traición a la expectación que creaste.” Su mano se levantó y rozó la mejilla de Aria, un toque suave que era casi más aterrador que su agarre anterior.

“No puedes encender un fuego así y luego pretender que no te quemarás,” continuó Kael, su voz baja y seductora, atrayéndola a la trampa.

Aria se obligó a mantenerse firme.

Este era el momento de la verdad, de su venganza.

Tenía que usarlo.

“¿Y qué esperas que haga, Kael?

¿Qué te dé mi obediencia como la señora Solari firmó su contrato?” Aria se atrevió a mencionar la pista que había robado.

La mención del nombre fue como un latigazo.

La sonrisa de Kael se borró instantáneamente.

Su expresión se volvió fría, peligrosa.

“¿Cómo sabes ese nombre?” Su mano dejó su mejilla y la agarró del cuello, sin apretar, pero dejando muy claro quién tenía el poder.

Aria sabía que estaba jugando con fuego, pero era necesario.

“Tu teléfono, Kael.

Estaba abierto.

Eres descuidado.

O eres arrogante.

O ambas.” Kael la miró, sus ojos grises buscando una mentira que no estaba allí.

El miedo de Aria se mezcló con la emoción salvaje de haberlo acorralado, aunque fuera por un segundo.

Lentamente, Kael soltó su cuello.

En lugar de enojarse, una risa silenciosa sacudió su cuerpo.

“Inteligente.

Desobediente.

Y una ladrona.

Me gustas cada vez más, Elena.

Pero estás jugando con cosas que no comprendes,” dijo Kael, dando un paso atrás y señalando el panorama de la ciudad.

“Mi padre, Massimo, no tiene piedad.

Yo…

a veces soy un poco más flexible.” Se giró hacia ella, con una intensidad devastadora.

“Aquí está el nuevo trato.

Ya que no eres obediente, serás mía por elección.

Sé mi distracción, mi compañera, mi lo que sea que necesites para mantener esa mirada desafiante.

Y a cambio…

te diré lo que no está en esos documentos de bancarrota que investigas.” Aria sintió un vértigo.

Él le estaba ofreciendo acceso directo a la información que necesitaba para su venganza.

Pero el precio era…

ella.

“¿Y qué obtienes tú, Kael?” preguntó ella, con la voz apenas un susurro.

Él la acorraló contra la pared.

“Obtengo lo que quiero.

Y ahora mismo, quiero esto.” No le dio tiempo a responder.

Su boca se estrelló contra la de ella.

Fue un beso demandante, profundo, sin pedir permiso, reclamando la posesión que había prometido.

Aria intentó resistirse por un instante, recordando la venganza, la misión.

Pero el deseo era una marea poderosa, y ella se encontró a sí misma respondiendo a la fuerza, sus manos aferrándose a su camiseta.

El erotismo no era la herramienta, era el campo de batalla, y Aria acababa de rendir su primera posición.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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