Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fuego cruzado - Capítulo 43

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fuego cruzado
  4. Capítulo 43 - 43 Capítulo 43 La Corona y el Banquete de Socios
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

43: Capítulo 43: La Corona y el Banquete de Socios 43: Capítulo 43: La Corona y el Banquete de Socios El sol ya estaba alto cuando Liz despertó, la marca de la mordida de Kael aún ardía ligeramente en su hombro.

El dolor era sordo, un recordatorio físico de su absoluto dominio y de la traición que sellaba.

Aria se miró al espejo.

La mujer que la devolvía la mirada ya no era Aria, la vengadora herida, sino Liz, la estratega implacable.

El poder la había corrompido por completo, pero ella se aferraba a la única justificación que le quedaba: Todo es por un bien mayor.

Todo es parte del plan.

La reunión primer reunión del día se celebró en un salón de conferencias austero en la torre Valerius, un espacio diseñado para infundir temor.

Liz entró con Kael, flanqueándolo como un igual.

La sala estaba llena de ejecutivos y socios clave, hombres y mujeres de rostro serio que habían visto a su imperio tambalearse por la huida de Massimo.

Sus ojos, llenos de escepticismo, se posaron en Liz.

Kael tomó la cabecera.

Dejó que la tensión se acumulara un instante antes de hablar.

“Gracias por venir,” comenzó Kael, su voz firme, desprovista de la “decepción” pública que había mostrado en televisión.

“Mi padre tomó decisiones erróneas.

Pero Valerius Corp.

no morirá con él.

Hoy no les presento un plan, les presento a la persona que lo ha salvado.” Kael se giró hacia Liz, con una sonrisa que era mitad orgullo, mitad posesión.

“Permítanme presentarles formalmente a mi socia, Liz Torres.” La palabra “socia” resonó en la sala.

“Ella ha sido la arquitecta de nuestra estrategia de blindaje legal.

Ella es quien diseñó el plan para sanear nuestros activos y, en 48 horas, ha asegurado la viabilidad financiera de este imperio.

De ahora en adelante, las decisiones estratégicas de la Corporación Valerius serán consultadas y aprobadas por ella.

Su conocimiento es nuestro activo más valioso.” Liz sintió cómo los cimientos de la sala cambiaban.

La presión sobre su hombro era la confirmación de su estatus.

Ella ya no era la amante o la asistente, sino la Reina del juego.

La reunión se centró en los números.

Uno por uno, los socios cuestionaron la repentina solidez de Valerius Corp.

Liz no evadió ninguna pregunta.

“Hemos reestructurado todos los contratos de alto riesgo,” explicó Liz, con una voz calmada y autoritaria.

“No para esconderlos, sino para hacerlos ventajosos bajo el actual marco fiscal.

Hemos ajustado los precios de subcontratación y los plazos de entrega para maximizar el margen de ganancia.

Nuestros clientes ven un acuerdo más firme y menos susceptible a auditorías.” Un socio, un hombre mayor y escéptico, intervino: “Señorita Torres, he visto el nuevo acuerdo portuario.

Los términos de logística reducen nuestro margen de maniobra.” “Reducen su margen de maniobra a expensas de nuestro riesgo,” replicó Liz con rapidez y frialdad.

“Hemos creado una nueva entidad logística subsidiaria.

Valerius Corp.

asumirá la responsabilidad total del riesgo de sanciones aduaneras y las complejidades de la entrega.

Es una solución de blindaje total.

Usted pagará por la seguridad y nosotros nos encargaremos de la gestión de riesgo.

En este clima, la seguridad legal es nuestra mayor rentabilidad.” El socio se quedó en silencio, derrotado por la lógica del blindaje.

Liz no mentía; los contratos eran legalmente sólidos.

La única verdad que ocultaba era que la “entidad subsidiaria” que asumía el riesgo era el nodo de blanqueo controlado por ella.

El Activo Estratégico El mayor desafío vino de un abogado de la empresa, quien cuestionó la viabilidad de mantener ciertas propiedades de entretenimiento.

“El club nocturno, Infierno Dorado, es un activo con riesgo tributario y social considerable.

Sugerimos venderlo,” propuso el abogado.

Liz tomó la palabra antes de que Kael pudiera reaccionar.

“El Infierno Dorado es más que un club, señores,” afirmó Liz, su tono bajando a un susurro de confidencia.

“Es un activo estratégico que domina un sector nicho de alto poder adquisitivo.

Hemos reestructurado los contratos de servicio y su arquitectura financiera, eliminando el riesgo tributario a través de estructuras legales internacionales complejas.

Hemos convertido el riesgo en ventaja.” Aria sintió la emoción.

Estaba vendiendo su crimen, su obra maestra de ingeniería criminal, como un triunfo legal.

“Esa estrategia, que yo he diseñado, garantiza a Valerius Corp.

el control total de los flujos de efectivo de ese mercado.

No venderemos el club; lo optimizaremos.

Hemos convertido el activo más peligroso de Massimo en nuestra mayor fuente de liquidez.

Con el Faro en remodelación, que será nuestro símbolo de probidad, y la nueva arquitectura del club, hemos limpiado la superficie de la corporación y consolidado su poder.” El silencio en la sala fue la aprobación.

Liz no había mencionado una sola palabra de ilegalidad.

Había vendido blindaje legal y eficiencia fiscal a una élite que solo entiende el lenguaje de la ganancia.

Con cada contrato, Liz consolidaba su poder, ganando socios y cimentando su estatus.

Kael se acercó a Liz y le puso una mano en la espalda, un gesto de orgullo absoluto, no de deseo.

La junta había terminado.

Él era el Rey, pero ella era el cerebro.

Cuando se quedaron solos, Kael la miró, la admiración en sus ojos era total, la marca en su hombro invisible bajo la tela.

“Te has ganado esta ciudad, Liz.

Te has ganado este imperio.” Kael sonrió, su voz grave y complacida.

“Entonces, dime Liz, ¿Lista para sostener las llaves del imperio?” Liz sonrió, sus ojos brillando con el placer del control.

“La llaves son tuyas Kael, tú eres quien tiene el control total, yo solo ayudo con los aburrido contratos que llevaran tu firma.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo