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Fuego cruzado - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 45 La Nueva Normalidad del Placer
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45: Capítulo 45: La Nueva Normalidad del Placer 45: Capítulo 45: La Nueva Normalidad del Placer El amanecer llegó como un golpe seco en el cráneo de Aria.

No era el ruido de la ciudad, sino el eco de la victoria y el exceso de la noche anterior.

La resaca era una marea ácida que le recorría el cuerpo, un recordatorio físico del champagne de celebración, el humo del club y el hedonismo desenfrenado en el palco VIP de Kael.

Aria entreabrió los ojos.

La suite de Kael (no la de ella) estaba inundada de una luz fría y matutina.

Él ya no estaba.

Su lado de la cama de seda estaba vacío, apenas arrugado, prueba de la rapidez con la que el “héroe roto” había regresado a sus deberes corporativos.

Justo al pie de la cama, esperándola con la paciencia de un perro guardián, estaba Clara.

Vestida con su uniforme impecable, la asistente sostenía un vaso de agua con hielo y un par de pastillas efervescentes.

Aria sonrió, una curva seca y dolorida que se sentía extraña en su rostro.

“Mi salvadora,” murmuró, la voz áspera y baja.

“A tus órdenes,” respondió Clara, entregando el vaso con la misma devoción que había mostrado en la cama.

El intercambio era íntimo y público a la vez.

El lazo entre ellas había pasado de la dominación al pacto silencioso, una complicidad sellada por el placer.

Liz tomó las pastillas, sintiendo el chisporroteo del medicamento en el agua.

Esperó a que la neblina de la resaca se dispersara antes de abordar el trabajo.

“¿Cómo va todo con el Faro?” preguntó Liz, su voz volviendo a su tono profesional, el cambio de rol era instantáneo.

Clara se movió un paso atrás, asumiendo su posición de reporte.

“En tiempo y forma, Liz.

Los materiales de construcción de élite, que usted solicitó, llegarán a puerto en tres días.

La licitación por el proyecto de remodelación estructural ha concluido.

Elegimos un diseño ganador que no solo cumple con el código histórico, sino que lo supera, elevando el valor del inmueble.” Liz asintió.

La fachada era crucial.

Mientras más honesta y legal pareciera la remodelación física, más seguro estaría Kael de que su dinero estaba a salvo y más blindada estaría la operación de blanqueo que se ocultaba en los contratos subsidiarios.

“Kael me ha informado del evento,” continuó Clara.

“Ya tengo gente coordinando a la prensa para el día que iniciemos obras.

La narrativa del ‘rescate histórico’ se venderá a la perfección.

Es el anzuelo de relaciones públicas que necesitábamos.” Liz se recostó en la almohada, sintiendo un profundo escalofrío de satisfacción recorrer su cuerpo, más intenso que el placer de la noche anterior.

“Todo va de maravilla, entonces,” dijo Liz, con una sonrisa amplia y genuina.

Clara asintió, su voz llena de la admiración que sentía por su nueva ama, un reflejo de la admiración que el mundo sentía ahora por Valerius Corp.

“Así es, Liz.

Valerius Corp.

jamás había sido tan fuerte y respetada como es ahora.

Incluso algunos competidores nos temen.

Hay quienes dudan de la legalidad de nuestros activos por la huida de Massimo, pero por más auditorías que pidan, no encontraran absolutamente nada, limpiaste todo.

La corporación, Kael, todo está a salvo en tus manos.” Liz sintió cómo la verdad se tejía con la mentira.

Clara creía que la limpieza era total.

Kael creía que Liz era su genio de la estrategia.

Solo Liz sabía que había dejado el veneno en el sistema.

Los contratos, los números, el blanqueo, todo era una red invisible y letal.

El plan estaba avanzando a una velocidad vertiginosa.

El sentimiento de triunfo era embriagador, y la necesidad de poder era ya un vicio que no podía controlar.

Liz miró a Clara a los ojos.

El cansancio de la noche, la resaca, el traje de poder de Kael…

todo desapareció.

Solo quedaba la urgencia de su propia necesidad.

“Solo hay una cosa que quiero en mis manos en este momento,” dijo Liz, su voz bajando a un susurro sedoso, el tono que era el disparador de la sumisión de Clara.

Clara no necesitó más instrucciones.

Su rostro no mostró sorpresa, solo una devoción total.

Ella entendía que la urgencia de Liz no era por el trabajo, sino por la confirmación de su dominio.

Clara asintió, su cuerpo ya reaccionando a la orden invisible.

Sus manos se movieron de forma precisa, desabrochando el uniforme y quitándose la ropa con una eficiencia entrenada.

Se desnudó sin pudor, entregándose de nuevo.

Lo que sucedió entre ellas en esa cama solo confirmaba una cosa: Liz estaba en control.

No de la situación legal o financiera (pues la trampa, si bien estaba armada, aún tenía que detonar), ni del capo criminal más grande de la ciudad.

Liz estaba en control de ella misma.

Por momentos, no quedaba rastro de Aria, la vengadora con un objetivo moral.

Contratos, números y sexo eran la nueva normalidad, una normalidad que se había permitido disfrutar sin las ataduras de la moralidad, completamente corrompida por el poder que le había dado el control absoluto sobre otros.

La venganza se había convertido en un festín de hedonismo y dominación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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