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Fuego cruzado - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 Capítulo 46 El Mensaje del Fantasma y el Vicio del Miedo
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46: Capítulo 46: El Mensaje del Fantasma y el Vicio del Miedo 46: Capítulo 46: El Mensaje del Fantasma y el Vicio del Miedo La mañana había pasado entre el placer corrosivo de la dominación con Clara y la revisión de los primeros reportes de la remodelación del Faro.

La tarde, sin embargo, trajo el verdadero peligro.

Liz ya estaba en la oficina con Kael revisando un contrato cuando Clara entró con el rostro más pálido de lo habitual.

“Señor Valerius, Señorita Torres,” anunció Clara, su voz temblorosa.

“El Señor Damián Rostova ha solicitado una reunión de emergencia.

Se niega a irse.” Rostova.

Aria recordó el nombre de los archivos de Massimo.

Un inversor de la vieja guardia, uno que operaba en las sombras, con fondos limpios y sucios enredados en la estructura corporativa.

Rostova no era un socio, era un cliente, y su lealtad era puramente mercenaria.

Esta vez, no hubo presentación de “socia.” Kael sabía que Rostova era peligroso y que la demostración de poder debía ser un espectáculo de un solo hombre.

Rostova entró en la oficina: un hombre corpulento, de traje caro y ojos inexpresivos, llevando el peso del secreto y el poder.

La tensión en la sala era palpable.

Rostova no estaba ahí para suplicar; estaba ahí para evaluar al nuevo rey.

“Valerius,” saludó Rostova, sin sentarse, su voz áspera.

“Tu padre se ha ido.

Mis activos están en el limbo y no tolero la incertidumbre.

Dime una razón por la que no deba retirar mi capital ahora mismo.” Kael no se inmutó.

Se levantó y caminó lentamente hacia el Rostova, su altura y su aura de control llenando el espacio.

Liz se quedó inmóvil, observando cómo Kael se convertía en el depredador que ella misma había coronado.

“Te daré una razón, Damián,” respondió Kael, con un tono frío y sarcástico.

“Porque mi padre era un anticuario.

Yo soy el futuro.” Kael se sentó en el borde del escritorio, asumiendo una postura de total dominio.

“Mi socia, la Señorita Torres, acaba de rediseñar esta corporación.

Tus activos están congelados por el pánico de Massimo, no por nuestra negligencia.

Pero hemos creado una nueva arquitectura de blindaje que te garantiza el doble de la seguridad y el doble de la rentabilidad que mi padre te ofrecía.” Kael deslizó un tablet hacia Rostova.

“Mira esos números.

Es la proyección de crecimiento del Subsidio de Restauración Privada que Liz ha creado.

Es completamente legal, completamente ajeno a la auditoría, y moverá tu dinero más rápido que cualquier paraíso fiscal que Massimo usara.

Yo no te ofrezco viejos secretos; te ofrezco una eficiencia del siglo XXI.” La demostración de Kael fue brillante.

Él no había recurrido a las amenazas, sino al poder de la mente de Liz.

Rostova miró los gráficos, sus ojos entrecerrados evaluando la solidez de la trampa financiera.

Liz sintió el orgullo de la estratega; su blanqueo era tan perfecto que el crimen organizado lo aceptaba como legítimo.

“Estoy complacido con las explicaciones,” dijo Rostova finalmente, con un leve asentimiento.

Se sentó, la tensión cediendo.

“Lamento la huida de Massimo.

El hombre era un activo valioso.

Mantendré mis activos y capital con Valerius Corporación.” El alivio de Kael fue breve.

Rostova se inclinó, su voz bajando a un susurro de conspiración.

“Tengo un mensaje,” dijo Rostova.

“De Massimo en persona.

Se mantiene oculto en el extranjero, pero en contacto con un selecto grupo de personas.

Quiere su imperio de vuelta.

Tiene un ejército de abogados trabajando con él.

Si logra evitar la cárcel, volverá con la furia de mil soles para retomar el imperio que le han robado.” Rostova se enderezó, clavando sus ojos en Kael.

“Si alguien me pregunta, esta conversación nunca ocurrió, dicho esto me parece que ‘eliminar peligros’ debería ser tu prioridad, Kael.” Kael respondió con una calma sarcástica, el desprecio filtrándose en su voz.

“¿Y yo que pensé que eras su mejor amigo, Damián?

¿Por qué me adviertes?” El rostro de Rostova se contorsionó en una sonrisa fría.

“Mi mejor amigo es el dinero, niño bonito.

Mi lealtad es para Valerius.

Si es con Massimo o Kael, eso está por verse.

Pero los dividendos deben llegar.” Rostova se levantó, dejando la amenaza de Massimo flotando en el aire.

Se retiró con el silencio de un depredador satisfecho.

Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó a la oficina.

Kael se quedó inmóvil, con la furia creciendo en sus ojos.

Liz se acercó a Kael, su cuerpo reaccionando a la tensión y el peligro.

Su corazón latía con una mezcla de miedo y una excitación oscura.

La forma en que Kael había dominado a Rostova era la confirmación de que su elección era correcta.

“La forma en que lo domaste, Kael,” susurró Liz, su voz ronca de admiración.

“Es…

excitante.” Kael, aun furioso por la amenaza que Rostova había traído de regreso, tomó a Liz por el cuello con una mano.

No la apretó, pero la presión era un recordatorio de su poder absoluto.

“La amenaza es real, Liz,” gruñó Kael, sus ojos grises llenos de una intensidad brutal.

“Si quieres seguir disfrutando la corona sobre tu cabeza, si quieres que tu brillantez siga siendo relevante, debemos solucionar el asunto de mi padre de una vez por todas.” Liz jadeó, no por el aire, sino por el miedo y el deseo que la invadían.

La amenaza la hizo sentir viva.

“Sí, señor,” respondió Liz, la sumisión en su voz era absoluta, una aceptación del riesgo y el peligro.

Kael la besó con furia, un beso posesivo que era más una afirmación de dominio que un acto de placer.

Luego se retiró, dejándola sola en la oficina.

Liz se quedó inmóvil, su cuello todavía sensible por el agarre de Kael.

Una sonrisa lenta y oscura se formó en sus labios.

Ese bastardo, pensó.

El maldito hace que me tiemblen las piernas.

La corrupción era total: el miedo, el control, y la inminente destrucción de Kael se habían convertido en su nuevo y aterrador afrodisíaco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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