Fuego cruzado - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Capítulo 52 La Normalidad de la Regla
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52: Capítulo 52: La Normalidad de la Regla 52: Capítulo 52: La Normalidad de la Regla El cuerpo de Liz todavía ardía por el encuentro con El Gallo en el sótano del club cuando llegó al apartamento.
La noche era joven, pero la urgencia de la limpieza era primordial.
Kael no tardaría en regresar de su transacción.
Se dirigió directamente a la ducha.
Se despojó de la ropa arrugada con un gesto de desinterés.
Bajo el chorro de agua hirviendo, no había arrepentimiento.
Se frotó la piel, no para borrar la suciedad, sino para limpiar la evidencia y honrar la violencia que había abrazado.
La mente de Aria estaba completamente ocupada por Liz, la Reina de Puerto Dorado.
Ya no había ascos ni dudas; solo transacciones frías con cheques o con el cuerpo como moneda.
Estaba orgullosa de su obra: el crimen organizado la había reconocido como su líder.
Salió del baño, vestida con un simple vestido de seda, y se dirigió al comedor justo cuando Kael entraba al salón.
Él se había quitado la corbata y la chaqueta de etiqueta, pero todavía emanaba el aura de éxito y formalidad.
“Pensé que ya estarías dormida,” comentó Kael, sin mirar realmente.
Se sentó a la mesa, donde Clara había dispuesto una cena fría para dos.
“No, la adrenalina del día es demasiada,” respondió Liz, con una voz tranquila y segura.
“Pero cerré todo con la constructora.
La mañana fue un éxito.” Liz se dedicó a construir el mito.
Habló de la reunión de la mañana y del futuro glorioso que les esperaba.
“La reconstrucción avanza a pedir de boca,” explicó Liz.
“En tres meses podremos inaugurar la Fundación Liam Valerius en el Faro.
Será un imponente museo abierto al mundo y un mausoleo digno a la memoria de Liam.
Los arquitectos están entusiasmados.” Kael solo asintió, concentrado en la comida.
“Perfecto.
Asegúrate de que los costos se justifiquen ante los auditores, no quiero nada sucio, no es ese faro, por algo mantenemos el bar.” El silencio se instaló, un silencio de pareja que comparte secretos y un trono.
Kael terminó de comer y se levantó.
“Tengo otra reunión,” anunció.
“No me esperes despierta.” “¿Qué tipo de reunión?
¿Negocios estratégicos?” Kael la miró, sus ojos grises llenos de la fría honestidad del depredador.
“Negocios casuales, nada significativo.
Vamos a adquirir un par de boutiques de lujo en el centro.
La dueña ha puesto un precio estúpido, así que tendré que ser especialmente persuasivo para gastar lo menos posible.” Se detuvo, y la sonrisa de Kael se hizo oscura.
“Esa golfa y su socia serán mías esta noche.
Una transacción simple.
El sexo es solo una moneda.” Liz sonrió, mostrando toda su aprobación.
Ella estaba orgullosa de su propia frialdad.
“Muy bien.
Espero que te diviertas.
Despiértame cuando llegues, conoces las reglas.” Kael devolvió la sonrisa, el orgullo de tener una socia que respetaba su sadismo.
“Claro que sí, Liz.
Ya regreso.” Respondió Kael, alejándose de la mesa con la seguridad de quien ejerce su derecho.
Liz se quedó sola.
Había cumplido con sus obligaciones: el trato político estaba sellado, el Faro avanzaba y el bajo mundo estaba contento.
La Reina de la mafia, impecable por fuera y podrida por dentro, solo podía esperar la llegada de su rey para el ritual de purificación y el restablecimiento de la regla.
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