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Fuego cruzado - Capítulo 54

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  4. Capítulo 54 - 54 Capítulo 54 El Mausoleo y la Propuesta
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54: Capítulo 54: El Mausoleo y la Propuesta 54: Capítulo 54: El Mausoleo y la Propuesta Tres meses después.

La noche era fría y clara sobre el puerto, pero el calor de la celebración hacía temblar los cristales del Faro del Cuervo.

Había llegado el día de la inauguración de la Fundación Liam Valerius, la culminación de la “reestructuración” de la Corporación Valerius y la consagración de Kael como el salvador de Puerto Dorado.

La gala era un torbellino de opulencia.

Hombres de negocios con trajes hechos a medida, políticos sonrientes con sus esposas enjoyadas y artistas de renombre llenaban el vestíbulo circular del Faro.

Las cámaras de los medios de comunicación cubrían el evento con una frenesí que rivalizaba con la alfombra roja de los Óscar.

Kael, impecable en su esmoquin, se movía entre la multitud como un monarca indiscutible, con Liz Torres a su lado, la Reina de la estrategia.

Liz, deslumbrante en un vestido de gala color esmeralda, sonreía con la seguridad de la arquitecta detrás de esta farsa.

Ella había construido este templo de la probidad.

Con cada brindis, con cada apretón de manos de un político o banquero, se cimentaba la mentira.

El primer recorrido por el museo fue el punto culminante de la noche.

Los invitados se maravillaron con la exhibición de arte moderno y las colecciones históricas.

La fachada era un éxito: un homenaje a la cultura y la memoria.

Pero solo Liz sabía la verdad: Los Pisos Superiores: Rebalsaban de obras de arte, luz y cultura.

El Doble Sótano: Un piso más abajo de las zonas de almacenamiento de “arte sensible”, las bodegas rebosaban de armas, paquetes de droga prensada y dinero ilícito, el inventario criminal de los cinco capos que ahora operaban bajo la sombra de Valerius.

El Faro, el símbolo de la inocencia de Liam, era la base de operaciones de la mafia de Puerto Dorado.

En el centro de la recepción, dominando la entrada, se alzaba el símbolo de esta traición: un imponente retrato de Liam Valerius.

Bajo la imagen, un discreto grabado decía: In Memoriam.

Era un recordatorio constante para Kael de su pérdida, y para Liz, de la justicia que debía prevalecer.

La cena fue excelente, los discursos breves y efectivos.

Kael, en su discurso, dedicó la fundación a la “honestidad y el futuro,” agradeciendo públicamente a Liz Torres, su “socia, consejera y ancla,” por su genio.

La palabra ancla, prohibida en su lenguaje personal, le dio a Aria un escalofrío: el personaje de Liz había trascendido.

La noche avanzó hasta pasada la medianoche.

La mayoría de los invitados se había retirado, quedando solo un selecto grupo en la pista de baile instalada temporalmente.

Liz, sintiéndose en el pináculo de su poder, se permitía disfrutar del vals con Kael.

Había ganado.

La venganza había sido completada; solo faltaba la detonación final.

De repente, la música se detuvo.

El silencio fue abrupto y pesado, sofocando la risa de los pocos invitados restantes.

Liz, confundida, miró a su alrededor.

El equipo de seguridad de Kael se había movido sutilmente, retirando a los últimos rezagados.

Ella y Kael se quedaron solos en la inmensa pista de baile pulida.

Entonces sucedió: un reflector potente, normalmente usado para iluminar el retrato de Liam, se encendió y cayó directamente sobre ellos.

El haz de luz era cegador, atrapándolos en un foco de atención íntimo y aterrador.

Liz no supo qué estaba pasando.

Su mente, habituada al control absoluto, estaba en blanco.

¿Era un asalto?

¿Había alguien descubierto la bomba del Faro?

Su pulso se aceleró, buscando una amenaza invisible.

Kael la miró, no con la intensidad del depredador, sino con una vulnerabilidad que Liz no le veía desde el inicio de su relación.

Su sonrisa era genuina, cargada de una emoción que la estratega no podía computar.

Kael se arrodilló.

El movimiento la paralizó por completo.

Liz sintió que el mundo se detenía.

Su mente gritaba: No.

Esto no está en el guion.

No es parte del trato.

Kael sacó una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo.

Al abrirla, la luz del reflector atrapó el destello de un imponente anillo de diamantes, grande y cegador, que simbolizaba la fortuna que él había amasado.

“Liz,” dijo Kael, su voz fuerte y clara, resonando en el silencio del gran salón.

“Te casarías conmigo?” El shock fue absoluto, incluso para la Reina misma.

Liz sintió el colapso de sus dos identidades.

Aria, la vengadora, estaba aterrorizada.

Liz, la estratega, no tenía una respuesta programada.

La trampa del Faro, la bomba legal y la venganza, se desvanecieron ante el peso de un anillo de diamantes.

“Acepto” se leía en los titulares de noticiarios y redes sociales.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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