Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Fuego cruzado - Capítulo 55

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Fuego cruzado
  4. Capítulo 55 - Capítulo 55: Capítulo 55: La Inercia del Trono
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 55: Capítulo 55: La Inercia del Trono

Seis meses.

Ese era el tiempo que había transcurrido desde que el destello del diamante en el Faro del Cuervo cegara a la vengadora y coronara a la Reina. Seis meses desde que el “Acepto” escapara de los labios de Liz, no como una mentira estratégica, sino como un sello de posesión mutua.

Puerto Dorado ya no era solo una ciudad; era el tablero personal de Liz Torres. La reconstrucción del Faro había terminado, convirtiéndose en el monumento a la hipocresía más grande del país. En la superficie, la Fundación Liam Valerius recibía a filántropos y críticos de arte que alababan la “nueva era de transparencia” de los Valerius. Dos pisos más abajo, el hormigón vibraba con el peso de los cargamentos de El Gallo y Dimitri.

La vida de Liz se había transformado en un banquete ininterrumpido de excesos. El dinero fluía con tal fuerza que los números habían perdido su significado real; ahora eran solo píxeles en una pantalla que confirmaban su dominio. Las juntas de resultados con los inversionistas eran coreografías perfectas donde ella, con una sola mirada, silenciaba cualquier duda sobre la procedencia de los dividendos. Los políticos locales ya no pedían favores; suplicaban instrucciones.

El sexo se había vuelto más oscuro, más transaccional y, paradójicamente, más necesario. Con Kael, los encuentros eran batallas de propiedad cada vez más violentas, donde él intentaba marcar su territorio y ella disfrutaba de la rendición fingida que la mantenía en el poder. Con Clara, el ritual de dominación era la válvula de escape para su ego inflado. Con los capos, era el recordatorio de que ella era la única que podía mantener a raya a la bestia que era Valerius Corp.

La venganza, el motor que había movido a Aria durante diez años, había quedado relegada a un rincón polvoriento y oscuro de su mente. La imagen de su familia reducida a cenizas, el dolor que solía despertarla por las noches… todo se sentía ahora como el guion de una película ajena, una historia de otra vida. Aria era un fantasma débil; Liz era la realidad tangible que vestía seda y mandaba matar con un susurro.

La bola de nieve oculta, sin embargo, seguía creciendo.

La arquitectura de blanqueo que ella misma había diseñado era tan compleja que empezaba a cobrar vida propia. El Faro estaba a plena capacidad. Los archivos que incriminaban a Kael, las pruebas de que cada ladrillo del museo estaba pegado con sangre y cocaína, estaban allí, almacenados en su servidor privado, listos para ser enviados a la Jefatura de Policía y a la INTERPOL con un solo clic.

La bomba estaba cargada. El detonador estaba en su mano. Liz tenía el poder de destruir a Kael en un segundo, de verlo caer desde la cima de su orgullo hasta la celda más oscura de una prisión de máxima seguridad. Tenía la justicia a un dedo de distancia.

Pero el problema —el verdadero y aterrador problema— era que no parecía querer hacerlo.

Liz se miraba al espejo mientras se ajustaba un collar de esmeraldas que costaba más que la vida de diez hombres. Ya no buscaba la justicia; buscaba el control. Destruir a Kael significaba destruir su propio reino. Significaba dejar de ser la Reina de Puerto Dorado para volver a ser la insignificante Aria.

A veces, en medio de la noche, mientras sentía el peso del brazo de Kael sobre su cintura, Liz se preguntaba si la trampa era para él o si, en su brillantez, ella misma se había encerrado en la jaula de oro que diseñó para su enemigo.

La venganza era un plato que se servía frío, pero Liz se estaba quemando en el fuego del poder, y por primera vez en su vida, el calor le gustaba demasiado como para apagarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo