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Fuego cruzado - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 La Falsificación del Yo
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9: Capítulo 9: La Falsificación del Yo 9: Capítulo 9: La Falsificación del Yo Aria sabía que el juego de Kael dependía de la sorpresa y el control.

Después del huracán en la oficina, él no la llamaría de inmediato.

Dejaría que la tensión se acumulara, que la espera la desesperara, para luego reclamarla con más fuerza.

Ella no le daría ese gusto.

Kael Valerius, según los informes discretos que Aria había estado recopilando, tenía un patrón: los domingos eran su único día “muerto”.

Lo dedicaba a conducir a alta velocidad por la costa o a desaparecer en su campo de tiro privado.

Era el día que Aria necesitaba.

La mañana era gris y húmeda.

Aria estaba en un barrio industrial, lejos de los rascacielos de cristal, esperando en la entrada trasera de una lavandería que era, en realidad, una fachada para un falsificador de documentos altamente cualificado.

El plan de Aria había evolucionado.

La identidad de “Elena”, la mujer ambiciosa del club ya estaba comprometida por Kael, quien la usaba con desdén.

Ella necesitaba una nueva capa, una identidad impenetrable que pudiera resistir cualquier investigación futura de los Valerius.

Necesitaba ser Liz.

El hombre que la atendió, conocido solo como “El Sastre”, era un profesional silencioso.

Aria le entregó un archivo digital.

“Necesito una identidad limpia.

‘Liz Torres’.

Historial bancario creíble, número de seguridad social, licencias de conducir.

Todo impecable.” “El precio se triplica por el tiempo de entrega,” respondió El Sastre, sin mirarla a los ojos, concentrado en la pantalla.

“Y si se trata de un encargo de los Valerius, se quintuplica.” “No es para los Valerius.

Es para hundirlos,” dijo Aria, con una calma que hizo que El Sastre levantara la vista.

Aria le mostró una tarjeta de acceso sin logo.

Era un pase temporal al Club Infierno Dorado, robado la noche de su primer encuentro.

El Sastre asintió, entendiendo que ella no era una broma.

“Dos días,” dijo.

“Y el precio completo por adelantado.

Incluyendo un pasaporte diplomático ficticio.

Es bueno tener una salida de emergencia.” Aria asintió.

La inversión era alta, pero necesaria.

Pagaría con dinero de la cuenta que había mantenido escondida durante años, el único vestigio de la fortuna de su familia que Massimo Valerius no había podido tocar.

Mientras El Sastre trabajaba en la creación de “Liz Torres”, Aria regresó a su apartamento para borrar los rastros de “Aria”.

Quemó cualquier nota escrita a mano con su verdadero nombre, destruyó los chips de seguridad viejos y archivó mentalmente cada documento de su vida anterior.

Su concentración era total.

El peligro de los besos de Kael y la tentación del deseo eran un recordatorio constante de que su mente era su única defensa.

Si se enredaba emocionalmente, perdería el juego.

Manipularlo, enamorarlo, domarlo.

El nuevo mantra de la venganza.

“Liz” sería la compañera que Kael quería: despiadada, inteligente y descaradamente ambiciosa.

La usaría para escalar posiciones, para ganarse la confianza de Massimo, si era necesario, y para convertirse en la sombra de Kael, observando cada debilidad.

Mientras se miraba en el espejo, vio a la joven entrenada en el dolor.

Había pasado de ser una víctima a una vengadora, y ahora, a una falsificación.

No podía permitirse errores.

El próximo encuentro con Kael sería decisivo.

A la mañana siguiente, El Sastre entregó el paquete.

Dentro había una cartera de cuero, y en ella, la vida completa de Liz Torres.

Aria sintió un escalofrío al ver el rostro de “Liz” en las identificaciones, era ella, pero con una expresión más dura, más fría.

“Liz” era la perfección que “Elena” no había sido.

Kael finalmente llamó el lunes por la tarde.

No era una cita; era una orden.

“Tienes una hora.

Hotel Elíseo.

Sala de conferencias privada,” dijo Kael, sin preámbulos.

Su voz sonaba distante, casi aburrida.

Era el tono que usaba para sus subordinados.

“¿Y qué nombre uso hoy?” preguntó Aria, con una sonrisa tensa en el rostro.

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

“Mi abogado quiere que conozcas a la gente de Saíto.

Te llamaremos ‘Elena’.

Es más…

memorable para el negocio,” respondió Kael con sarcasmo.

“Entendido.

Elena estará ahí.

Y no olvides llevar la copia de ese contrato que vamos a reescribir,” replicó Aria.

Él quería que ella fuera “Elena” en el trabajo, la figura memorable.

Pero pronto, Liz se presentaría como una fuerza independiente que Kael no podría controlar.

Al llegar al Hotel Elíseo, Aria se sentó en su taxi, observando la entrada.

Este no era un encuentro casual.

Estaba siendo probada.

Kael quería exhibir su nueva adquisición, la mujer que, según él, había domesticado con un beso y una amenaza.

Aria entró al hotel.

Sabía que Kael la estaba esperando para humillarla con el poder de su presencia.

Pero esta vez, Aria no era solo una jugadora, era la dueña del juego.

Mientras subía en el ascensor, ajustándose el traje de negocios, Aria pensó en el pendrive de la oficina.

Pronto, muy pronto, “Liz” tendría que usar su nuevo acceso al mundo de Kael para conseguir la llave de su destrucción.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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