FUERA DEL SISTEMA - Capítulo 21
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21: No es solo un juego.
Parte 4: Instintos que despiertan.
21: No es solo un juego.
Parte 4: Instintos que despiertan.
La ciudad digital ardía.
Los edificios temblaban con cada impacto, las calles se resquebrajaban como si no fueran más que una ilusión frágil frente a dos voluntades que se negaban a ceder.
El cielo, antes azul artificial, parpadeaba con fallos de renderizado, como si el propio mundo no supiera cómo reaccionar ante lo que estaba ocurriendo.
Axel retrocedía.
Paso a paso.
Golpe tras golpe.
Zenith avanzaba.
No corría.
No se apresuraba.
Cazaba.
Cada movimiento suyo era más pesado que el anterior, más preciso, más brutal.
El Modo Bestia no solo amplificaba su fuerza: analizaba, corregía, evolucionaba en tiempo real.
Cada error de Axel era aprendido.
Cada patrón, destruido.
Axel bloqueó un puñetazo— y aun así fue lanzado contra un coche digital, que explotó en partículas luminosas al impacto.
HP: 55% 48% 41% Las alertas parpadearon en rojo.
Axel cayó de rodillas, dejando una marca profunda en el pavimento.
Su respiración era errática, pesada, como si el aire no alcanzara.
—Maldita sea… —murmuró.
Zenith caminó hacia él con calma, los ojos brillando con un tono salvaje, casi inhumano.
—¿Lo sientes?
—dijo—.
Cuanto más lucho… más fuerte me vuelvo.
Este es el límite que no puedes cruzar.
Axel apretó los dientes.
Por primera vez… dudó.
Tal vez… no puedo ganar.
Ese pensamiento lo atravesó como una cuchilla.
Y con él, llegaron los recuerdos.
Axel — Quiebre (Primera persona) Otra vez estoy aquí.
Otra vez perdiendo.
La habitación vacía.
El ruido del estómago.
Las miradas de desprecio.
“Nunca llegarás a nada.” “¿Para qué lo intentas?” “Ríndete.” Siempre fue así.
En la escuela.
En la vida.
En todo.
Genesis Online fue lo único que me dio una oportunidad… y ahora siento que la estoy perdiendo.
Zenith es demasiado fuerte.
Su habilidad no tiene fin.
¿Y si este era mi límite?
¿Y si… nunca pude cambiar nada?
—¿Eso es todo?
—la voz de Zenith lo arrancó de su mente—.
Pensé que serías diferente.
Axel levantó la cabeza.
El cielo digital se oscurecía aún más.
Fragmentos de datos caían como lluvia rota.
El sistema estaba bajo presión.
—No estoy satisfecho —continuó Zenith—.
Muéstrame que no eres un error.
Muéstrame que puedes superarme.
Vamos, Axel… para algo llegaste aquí, ¿no?
Las palabras pesaron.
Pero entonces… Otra voz surgió.
No venía del sistema.
No era una interfaz.
Era real.
—Axel, no importa si tienes miedo… mientras no te detengas.
—Lira.
—Hermano, aunque caigas mil veces, yo voy a gritar tu nombre mil una.
—Kolt.
Axel tembló.
No de miedo.
De emoción.
Ellos… apostaron todo por mí.
Creyeron cuando nadie más lo hizo.
—No… —susurró—.
No puedo rendirme ahora.
Se puso de pie.
El suelo bajo sus pies crujió.
Su aura azul comenzó a arder con violencia, distorsionando el espacio a su alrededor.
Las líneas del mundo se doblaron.
Los datos vibraron.
—No peleo solo por mí.
Instinto Divino — Despertar.
Una oleada de energía explotó desde su cuerpo.
Axel avanzó en un instante, desapareciendo del radar.
—¿¡Qué—!?
Una patada giratoria cargada de luz impactó de lleno en Zenith.
El Top #1 salió disparado varios metros, atravesando dos edificios antes de detenerse en una nube de partículas y datos corruptos.
Silencio.
El mundo enmudeció.
Zenith se incorporó lentamente… y sonrió.
—Así que aún te quedaba eso.
Su aura estalló.
Oscura.
Salvaje.
Primordial.
El suelo se fracturó bajo sus pies.
—Entonces… iré al máximo.
Modo Bestia — Liberación Total.
Una presión monstruosa cubrió la ciudad.
—Este será el último round.
Axel levantó los puños, firme.
—Dalo todo.
Genesis Corp — Lugar Secreto En la oficina de Javier, el aire era irrespirable.
—Ya basta del teatro —dijo Darian Voss, entrando acompañado de guardias—.
Creyeron que esto era una visita inocente.
Carlos reaccionó primero.
Golpeó a un guardia con la culata de su arma.
Stiven se lanzó contra otro.
La oficina estalló en caos.
Vidrios rotos.
Disparos.
Gritos.
—¡Javier, bastardo!
—gritó Stiven, sujetándolo—.
¡Todo esto fue una trampa!
Javier temblaba… pero sonreía.
—Nunca pensé que saldrían vivos del muelle —confesó—.
Pero Darian decidió… dejarlos llegar.
—¿Por qué?
—rugió Stiven.
Darian avanzó, imperturbable.
—Porque algunos testigos… sirven más vivos que muertos.
Los redujeron.
Los esposaron.
Los arrastraron por pasillos ocultos.
Un ascensor descendió más allá de lo permitido.
El lugar secreto los esperaba.
Y allí… La vieron.
Una máquina gigantesca.
Tubos.
Cápsulas.
Interfaces orgánicas.
Latía.
No parecía tecnología.
Parecía… consciente.
Carlos tragó saliva.
—Esto… esto no es normal.
Stiven sintió un frío recorrerle la espalda.
—Esto no es un videojuego.
Darian sonrió.
—Exacto.
Mientras tanto, en Genesis Online… Dos instintos.
Dos voluntades.
Dos destinos.
Colisionaban con todo lo que tenían.
Y el sistema… comenzaba a romperse.
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