FUERA DEL SISTEMA - Capítulo 23
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Capítulo 23: Cuando la realidad y el Juego chocan
El núcleo de la máquina emitía un zumbido constante.
No era un sonido mecánico común.
No era el típico ruido de motores o circuitos.
Era profundo.
Grave.
Vibraba en el pecho.
Como si la realidad misma estuviera siendo forzada a aceptar algo que no debía existir.
Las luces del lugar secreto de Genesis Corp comenzaron a encenderse una por una, formando un patrón que ningún lenguaje humano podía descifrar. Símbolos desconocidos recorrían los paneles como venas vivas. Los tubos que rodeaban el artefacto pulsaban, iluminándose con una intensidad creciente, como si la máquina respirara.
Carlos y Stiven observaban todo, atados a unas sillas metálicas reforzadas, incapaces de moverse.
El sudor recorría la frente de Stiven.
—Esto… esto no es tecnología normal —murmuró Carlos—. Parece algo salido de una pesadilla.
Darian Voss se colocó frente a ellos.
Su presencia era tranquila.
Demasiado tranquila.
—No fue sencillo —comenzó, con una voz baja pero firme—. Nada de esto lo fue.
Caminó lentamente alrededor de la máquina, pasando la mano por una de las superficies translúcidas. Al hacerlo, el núcleo reaccionó, emitiendo un pulso de luz.
—Gasté miles de millones —continuó—. Contraté a los mejores físicos del mundo, químicos, científicos cuánticos, neurocientíficos, ingenieros de realidades simuladas… personas que jamás trabajarían juntas bajo circunstancias normales.
Se detuvo.
—Les di recursos infinitos… y una sola orden: rompan el límite de la realidad.
Stiven sintió un nudo cerrarle la garganta.
—¿Alterar… la realidad? —susurró, incrédulo.
—Exacto —asintió Darian—. Genesis Online nunca fue solo un juego. Fue un laboratorio a escala global. Cada combate, cada derrota, cada despertar de poder… era data. Información pura sobre cómo el ser humano reacciona cuando las reglas dejan de existir.
Se acercó al núcleo.
—Esta máquina es el resultado final. Un artefacto capaz de transportar el sistema del juego al mundo real. No una simulación. No una proyección.
—Una superposición —dijo con énfasis—. El juego y la realidad coexistiendo como uno solo.
Carlos abrió los ojos, horrorizado.
—Eso sería caos… —dijo—. Gente muriendo de verdad.
Darian ni siquiera dudó.
—La gente ya muere —respondió—. Por enfermedades. Por guerras. Por límites absurdos. Aquí… al menos, tendrán la oportunidad de volver a levantarse. De evolucionar.
Stiven forcejeó con las cadenas.
—¡Estás loco! —gritó—. ¡Esto es el fin del mundo tal como lo conocemos!
Darian lo miró con una calma inquietante, casi triste.
—No —corrigió—. Es el inicio de uno nuevo.
Las alarmas comenzaron a sonar.
—Carga al 87%… 89%… —anunció una voz artificial.
Stiven logró girar la cabeza lo suficiente para ver su comunicador aún activo. Con un último esfuerzo, activó la transmisión.
—¡Aquí Stiven Ramos! —gritó—. ¡Genesis Corp, nivel subterráneo! ¡La máquina es real!
Puertas explotaron.
Fuerzas de seguridad irrumpieron en la sala. Gritos. Disparos. Órdenes cruzadas. Algunos guardias de Darian fueron neutralizados en segundos.
—¡Al suelo! —gritó un oficial—. ¡Voss, está arrestado!
Darian miró el núcleo.
—Demasiado tarde.
Extendió la mano.
—Activación manual.
—¡¡NOOO!! —gritó Stiven, con toda su alma.
El núcleo estalló en luz.
Genesis Online — El Último Round
El silencio fue absoluto.
La ciudad digital estaba irreconocible.
Edificios partidos a la mitad.
Calles abiertas como heridas.
Fragmentos de concreto flotando en el aire.
El cielo mismo parecía resquebrajarse.
Miles.
Millones de jugadores observaban.
Nadie hablaba.
Axel y Zenith permanecían frente a frente.
Dos auras colisionando.
Axel se movía como si el mundo le respondiera. Su Instinto Divino hacía que cada paso fuera perfecto, cada ataque imposible de anticipar. No pensaba. No dudaba. Fluía.
Zenith rugía mientras atacaba. Su Modo Bestia se adaptaba a cada golpe recibido, volviéndose más agresivo, más rápido, más letal. Su cuerpo parecía evolucionar en tiempo real.
Choque tras choque.
Las ondas de impacto pulverizaban muros.
El suelo se levantaba en pedazos.
—Esto… esto no parece un juego —susurró alguien en el chat global.
Zenith sonrió, jadeando.
—Así que este es tu verdadero poder —dijo—. Al fin… alguien que me hace pelear en serio.
Axel esquivó un ataque por centímetros.
—No estoy aquí solo para vencer a alguien fuerte —respondió—. Estoy aquí para cambiar este sistema.
Zenith atacó con furia renovada.
—¡Yo también quise cambiar algo! —rugió—. ¡Quise dejar de estar solo en la cima!
Pero comenzó a retroceder.
Por primera vez… estaba siendo superado.
Su barra de vida descendía peligrosamente.
—¡No…! —gruñó—. ¡No puedo perder!
Con sus últimas fuerzas, su aura explotó.
—Garra Bestial.
Un ataque monstruoso. Una proyección de energía salvaje que atravesó la ciudad como un colmillo gigante.
—¡Es el final! —gritaron muchos.
Axel cerró los ojos.
El mundo se ralentizó.
Sintió el flujo.
Y desapareció.
El ataque pasó de largo.
Axel apareció detrás de Zenith.
—Eres fuerte —dijo con voz firme—. Llegaste aquí siendo nadie… y te volviste el mejor.
Zenith temblaba.
—Esperabas a alguien que te recordara quién eras antes —continuó Axel—. Y eso… es lo que te daré.
Su puño se cubrió de luz azul y dorada.
—Castigo Divino.
Un golpe.
Dos.
Tres.
Un combo perfecto.
Zenith cayó de rodillas.
Luego al suelo.
Silencio absoluto.
—Jugador Zenith… derrotado.
La batalla había terminado.
Axel permaneció de pie.
Pero el cielo comenzó a romperse.
El sistema fallaba.
Porque mientras un número uno caía…
la realidad misma estaba siendo reescrita.
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