FUERA DEL SISTEMA - Capítulo 7
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7: La espada del vacío 7: La espada del vacío La luz anaranjada del atardecer bañaba las antiguas ruinas, tiñendo de oro las piedras rotas y los muros cubiertos de musgo.
Axel, Kolt y Lira avanzaban cautelosamente entre escombros y columnas derrumbadas.
El viento soplaba con un murmullo helado, levantando polvo y hojas secas que parecían danzar en un ritmo antiguo y olvidado.
Cada paso resonaba con un eco profundo, como si las ruinas mismas respiraran.—Este lugar… no me gusta —murmuró Kolt, tensando la mandíbula y ajustando su espada—.
Tiene algo oscuro… algo que no pertenece a este juego.
—Cuidado —respondió Lira, sosteniendo su báculo mientras una luz azulada emergía de su cristal—.
Las lecturas de energía están fuera de control.
Aquí pasa algo… que no debería pasar.
Un silencio pesado los envolvió.Entonces, una luz celeste se encendió en el corazón de las ruinas.
En el centro, sobre un pedestal de piedra fracturada, una espada flotaba en el aire, girando lentamente sobre sí misma.
Su hoja negra emanaba reflejos violáceos, y las runas en su superficie palpitaban como un corazón vivo.
—¿Qué… qué es eso?
—susurró Axel, hipnotizado.
Kolt se adelantó, extendiendo el brazo frente a él.
—¡Espera!
No sabemos qué es… ¡podría matarte!Pero Axel no escuchó.
Sentía una fuerza interna, un llamado que vibraba en su pecho.
Algo dentro de él reconocía esa espada, como si hubiera estado esperándolo toda su vida.
La Espada del Vacío se deslizó lentamente hacia él, deteniéndose frente a su corazón.—Axel… —susurró Lira con voz temblorosa—.
No lo hagas… no sientas que tienes que hacerlo.
Pero ya era tarde.
Axel extendió la mano.En el instante en que sus dedos tocaron la empuñadura, una onda de energía oscura explotó desde la espada, lanzando a Kolt y Lira varios metros atrás.—¡Axel!
—gritaron al unísono.
Una oscuridad absoluta cubrió su visión.
Dentro de su mente, una voz profunda y distorsionada habló:“Finalmente… has venido…” Axel abrió los ojos jadeando.
La espada flotaba a su lado, girando suavemente, vibrando con un zumbido que parecía un suspiro.—Es… increíble… —susurró, sintiendo una corriente de poder recorriéndolo desde el pecho hasta la punta de los dedos.
Kolt se incorporó, con el rostro cubierto de sudor.
—Esa cosa… te eligió.
No hay otra explicación.—Debemos salir de aquí antes de que algo más… —empezó Lira, pero se detuvo en seco.
El eco de pasos resonó desde fuera.Cuando salieron de las ruinas, más de cincuenta jugadores los rodeaban.
Las miradas cargadas de odio y codicia no dejaban lugar a dudas: venían por ellos.
—¡Ahí están!
¡Ese es el chico de la espada flotante!
—gritó uno.—¡Mátenlos!
¡Esa espada será nuestra!
—bramó otro.
Axel apretó los dientes.
La Espada del Vacío comenzó a girar a su alrededor, lanzando chispas oscuras.—Kol… Lira… —murmuró—.
Déjenmelo a mí.
—¿Qué?
¿Estás loco?
—gritó Kolt, desenfundando su espada.Axel sonrió con calma.
—No estoy solo.
Ella… luchará conmigo.
Los enemigos cargaron.La batalla estalló.
La Espada del Vacío se movía por su cuenta, trazando cortes imposibles, dejando tras de sí estelas de sombra que desgarraban el aire.
Axel acompañaba sus movimientos con precisión sobrenatural, esquivando, rodando, contraatacando.Era una danza entre humano y arma viva.Los gritos de los enemigos se mezclaban con el zumbido de la energía oscura.
—¡Imposible!
¡¿Cómo demonios esquiva todo eso?!
—gritó uno antes de caer.Kolt y Lira combatían a su lado, cubriendo sus flancos, pero no podían apartar la mirada de Axel.
En lo alto de una montaña cercana, Zenith observaba con una sonrisa enigmática.—Finalmente… alguien digno —susurró.
La lucha continuó.
Axel se movía más rápido, pero su respiración se volvía irregular.
Su cuerpo comenzaba a fallar.
La espada vibraba descontrolada, consumiendo su energía vital.De repente, cayó de rodillas.
—No… —jadeó—.
No puedo… controlarla… La espada cayó al suelo, clavándose.Los jugadores notaron su debilidad.—¡Ahora!
¡Acaben con él!
—rugió uno, lanzándose con su lanza alzada.
Axel apenas alcanzó a alzar la mirada antes de desaparecer en un destello oscuro junto a Kolt y Lira.
—¡¿Dónde están?!
—exclamó un jugador, confundido.
A unos metros, Lira y Kolt aparecieron tras unas rocas, jadeando.—¿Axel?
¿Dónde está Axel?
—preguntó Lira, desesperada.Kolt señaló a la montaña, donde una figura se recortaba contra el cielo.
Axel estaba frente a Zenith.
—¿Por qué… me salvaste?
—preguntó Axel, con la voz entrecortada.Zenith lo observó en silencio unos segundos antes de responder con una sonrisa fría.—No podía permitir que alguien con tanto potencial muriera de una forma tan patética.
—¿Sabes qué me pasa?
—dijo Axel, aún tambaleante.—Claro.
—Zenith se cruzó de brazos—.
La Espada del Vacío consume tu energía vital.
Peleas a un nivel que tu cuerpo todavía no soporta.
Axel bajó la mirada, apretando el puño.
—Entonces… ¿qué hago?—Sube de nivel, rápido.
Si sigues así, no durarás ni cinco minutos en el torneo final.—¿Torneo… final?
—preguntó Axel, confuso.Zenith sonrió.
—Cuando termine el evento, solo uno quedará en pie.
Solo uno será digno de controlar el sistema.
Axel lo miró con desconfianza.
—¿Y tú cómo sabes todo eso?Zenith soltó una risa baja.
—Yo sé muchas cosas… más de las que imaginas.
Pero por ahora, solo inténtalo.
Sorpréndeme, Axel.
Axel respiró hondo.
—Lo haré.
Te lo prometo.
Mientras tanto, en el mundo real, en un bar oscuro lleno de humo, un hombre de traje entregaba un sobre a un cazarrecompensas.
—Toma.
Quiero que averigües todo sobre este chico.El hombre hojeó la carpeta y alzó una ceja.—Jack Germán… Zenith, ¿eh?
Vaya… esto se pondrá interesante.—No falles —dijo el trajeado antes de desaparecer entre las sombras.
En el juego, el marcador se actualizó:Clan Errante – Puesto 99 de 100.Habían sobrevivido una ronda más… pero el verdadero desafío apenas comenzaba.
CONTINUARÁ…
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