FUKATSU - Capítulo 12
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12: Y si todo fuera un sueño?
12: Y si todo fuera un sueño?
La notificación apareció cuando el bosque aún estaba cubierto por la neblina de la madrugada.
No hubo sonido, ni urgencia, ni color de advertencia.
Simplemente estuvo ahí, como si siempre hubiera pertenecido al paisaje.
Día 19.
Evento activo: El Rey de la Montaña.
Tiempo restante: 11 días.
Ren la observó un largo rato antes de dejarla desvanecerse.
Once días parecían suficientes… hasta que recordaba lo lento que era el cuerpo humano para aprender a no morir.
La isla no medía el tiempo como ellos; para ella, once días eran apenas un parpadeo.
Salió de la choza con la espada colgada a la espalda.
El aire estaba frío y húmedo, cargado de un silencio que no pertenecía del todo a la noche ni al amanecer.
Akane ya estaba despierta.
Siempre lo estaba.
Disparaba flechas una tras otra, sin prisa, sin desperdiciar movimiento.
Cada impacto sonaba seco, definitivo, como una afirmación.
Ren pensó que la isla no volvía fuertes a todos por igual.
A algunos los quebraba.
A otros los afinaba hasta volverlos peligrosos sin que pareciera esfuerzo.
—Hoy no vamos a pelear —dijo Akane sin mirarlo—.
Hoy vas a aprender a quedarte quieto.
Ren frunció el ceño, pero obedeció.
Se quedó de pie, sintiendo el peso de su cuerpo que aún no respiraba como debía, escuchando el bosque existir sin necesitarlo.
Insectos entre las hojas, ramas que crujían a lo lejos, un ave que alzó vuelo y desapareció sin dejar rastro.
El mundo seguía girando aunque él no hiciera nada, y esa idea, simple y brutal, lo golpeó más fuerte que cualquier flecha.
Entendió entonces que el mundo no se organizaba alrededor de quienes luchaban, sino alrededor de quienes sobrevivían entre una lucha y otra.
No levantar la espada también era una forma de aprender.
Esa noche, cuando el fuego se redujo a brasas y Hikari dormía abrazada a King, Ren abrió el sistema.
No buscó habilidades ni estadísticas.
Abrió el renglón que hasta ahora había evitado: Historia.
No era un libro.
No era un registro ordenado.
Era un cúmulo de fragmentos antiguos, escritos por manos que ya no existían, pensamientos que parecían más recuerdos que información.
No explicaban.
Divagaban.
Antes, la isla no estaba fija.Antes, la montaña caminaba.Antes, los dioses discutían.
Ren leyó despacio.
No había fechas ni nombres claros, solo un “antes” que se repetía como un eco obstinado, como si el pasado se negara a quedar enterrado.
El Rey no fue siempre uno.El título precede al trono.Hubo un tiempo en que nadie quiso portar la corona.
Cerró el sistema con más preguntas que respuestas.
No había aprendido nada concreto, pero la sensación persistía: la isla había sido otra cosa, y aún la recordaba.
Los días siguientes trajeron cambios que no se anunciaron con violencia.
Los duendes dejaron de atacar de forma constante.
Aparecían a distancia, observaban, desaparecían.
Akane fue la primera en notarlo al revisar huellas que se detenían antes del claro.
—Ya no vienen a morir —dijo—.
Vienen a ver.
Ren recordó un fragmento de Historia sin decirlo en voz alta: Antes del ascenso, los ojos se multiplican.
Entrenaron más duro, pero de otra manera.
Menos ataques impulsivos, más bloqueos, más espera.
Ren cayó menos veces.
Y cuando caía, se levantaba más rápido.
Empezó a entender que esquivar no era huir, sino elegir el lugar donde seguir vivo.
La isla no premiaba al más valiente, sino al que aprendía cuándo la valentía era solo ruido.
Caminaron más lejos del claro.
Akane no lo llevó para combatir, sino para observar.
Árboles con marcas antiguas, piedras colocadas de formas que no parecían naturales, senderos que se desviaban solos.
—Nada aquí es casual —le dijo—.
La isla fue pensada.
No para nosotros… pero sí alrededor de nosotros.
Esa noche, Ren volvió a abrir Historia.
Cuando la montaña llama, el mundo se acomoda.Cinco días antes del cierre, el eje despierta.No todos escuchan el llamado.
No todos deben hacerlo.
Cinco días.
Levantó la vista.
El bosque parecía contener el aliento.
Fenrir no aulló esa noche.
King no se apartó de Hikari.
Incluso Akane caminaba con el arco más tenso de lo habitual.
La notificación apareció de nuevo, diferente, más pesada.
Día 25.
Evento del Rey de la Montaña.
Tiempo restante: 5 días.
Ren no sintió miedo.
Sintió algo más denso, más difícil de ignorar: responsabilidad.
No sabía qué era realmente el Rey de la Montaña.
No sabía si era una criatura, un rol o un castigo.
No sabía qué había sido la isla antes ni qué esperaba de ellos ahora.
Pero había entendido algo esencial.
Este mundo no se explicaba.Se recordaba a pedazos.
Cerró el sistema y miró hacia la montaña, apenas visible entre la bruma.
No sabía si estaba preparado, pero ya no permanecía quieto por ignorancia.
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