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FUKATSU - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 YAMI NO CHIKARA
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14: YAMI NO CHIKARA 14: YAMI NO CHIKARA El rugido del Rey de la Montaña no fue una amenaza.

Fue una sentencia.

El suelo estalló en grietas cuando avanzó un solo paso, y antes de que Ren pudiera reaccionar, los demás ya se habían lanzado al ataque.

No por valentía, sino porque quedarse quieto significaba morir.

Isamu fue el primero.

Su cuerpo se deformó con un crujido antinatural, huesos rompiéndose y rehaciéndose, carne expandiéndose hasta que un Sokuryu colosal ocupó el campo de batalla.

Escamas oscuras, alas incompletas, colmillos capaces de triturar roca.

Su rugido sacudió el cielo de la mazmorra mientras descendía sobre el oso como una catástrofe viviente.

El impacto fue brutal.

El Rey de la Montaña respondió con un zarpazo envuelto en rayos.

La colisión no fue limpia: fue una explosión de fuerza pura.

El Sokuryu salió despedido, atravesando árboles petrificados antes de estrellarse contra una pared de roca.

El oso no retrocedió ni un paso.

El aire se congeló.

Hielo brotó del suelo en picos afilados mientras fuego caía del cielo como lluvia invertida.

El campo de batalla se volvió un infierno cambiante, imposible de leer.

Ryu gritó.

No de miedo.

De rabia.

Se lanzó con la espada envuelta en electricidad, chocando directamente contra la barrera de rayos que rodeaba al oso.

Cada golpe era un trueno.

Cada choque hacía temblar el espacio mismo.

El Rey de la Montaña gruñó, clavó las patas en el suelo y respondió.

Por primera vez, se esforzó.

Un relámpago descendió desde arriba y atrapó a Ryu en pleno movimiento.

El hielo lo envolvió al instante, aprisionándolo hasta el pecho.

Aun así, Ryu no soltó la espada.

La clavó en el suelo, usando el impacto para no caer, resistiendo con los dientes apretados mientras la electricidad le recorría el cuerpo.

Kiri desapareció.

Invisible, silencioso, surgió detrás del oso y atacó directo al cuello.

Su espada atravesó la piel… apenas.

El Rey de la Montaña giró la cabeza con calma antinatural.

Olfateó.

El fuego brotó de su boca como un aliento divino.

Kiri salió despedido, su invisibilidad rota, el cuerpo envuelto en llamas.

Cayó rodando, vivo apenas por instinto, respirando humo y dolor.

Isamu volvió al ataque.

El Sokuryu alzó vuelo y descendió con todo su peso, garras, colmillos y cola golpeando sin tregua.

El oso retrocedió medio paso.

Solo medio.

Luego respondió con un golpe ascendente cargado de fuerza pura.

El impacto arrancó un brazo completo del Sokuryu.

La sangre cayó como lluvia negra.

Isamu rugió, cayendo de rodillas, su transformación colapsando entre espasmos.

Ren ya estaba corriendo.

No tenía poder.

No tenía aura.

No tenía nada especial.

Solo una espada, un cuerpo destrozado y una decisión absurda.

Golpeó.

Fue lanzado contra el suelo como si no pesara nada.

Se levantó.

Golpeó de nuevo, logrando romper un rayo de la barrera del oso.

El Rey de la Montaña giró la cabeza, sorprendido apenas un segundo… suficiente para aplastar a Ren con un manotazo que lo mandó volando, su cuerpo rebotando contra la roca, sangre en la boca, visión borrosa.

Ren se levantó otra vez.

Las piernas temblaban.

Los brazos no respondían.

No había energía.

No había runas activas.

Nada.

Pero seguía de pie.

El oso avanzó lentamente, cada paso haciendo temblar la mazmorra.

Alzó la pata, concentrando un rayo más grande que los anteriores.

Uno final.

Ren apretó la espada, sabiendo que no podría esquivarlo.

El rayo descendió.

Una figura enorme se interpuso.

Isamu.

Con un solo brazo.

El impacto lo atravesó, arrancándole un grito que no fue humano, pero no cayó.

Se mantuvo firme, clavando los pies en el suelo, recibiendo el castigo que no le pertenecía.

Giró la cabeza apenas hacia Ren, sonriendo con sangre en los labios.

—Con un brazo menos… —dijo, respirando con dificultad— no puedo dejar que te luzcas tú solo.

El Rey de la Montaña rugió.

La batalla aún no había terminado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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